Serbia: Las protestas y la violencia del estado exponen la crisis del régimen de Vučić

Se espera que hasta 300,000 trabajadores pierdan sus empleos este otoño. 

Sin embargo, las protestas que estallan en todo el país son en su mayoría amorfas, de tamaño relativamente pequeño y sin demandas claras. Esto los convierte en una elección fácil para los provocadores de la derecha y para una campaña sin precedentes de brutalidad policial y represión estatal.

Farsa electoral

El presidente de Serbia, Aleksandar Vučić, líder del partido más grande de la coalición gobernante, el Partido Progresista Serbio (SNS), había declarado una victoria espectacular en las recientes elecciones generales del 21 de junio. El SNS ahora tiene una supermayoría en el parlamento, mientras que los únicos partidos que no están en el gobierno son de oposición sólo de nombre: el Partido Socialista de Serbia (SPS, ex partido de Milošević y un aliado cercano del SNS), la Alianza Patriótica Serbia (SPAS – ‘ SALVACIÓN ‘, un partido nacionalista de derechas formado más recientemente) y los partidos de las minorías nacionales. Los partidos que realmente se oponen al gobierno de Vučić han boicoteado las elecciones o han fracasado miserablemente en alcanzar el umbral electoral del 3 por ciento.

Uno podría esperar que tal resultado marcara el comienzo de un período de estabilidad para el régimen del SNS, pero en realidad nada podría estar más lejos de la verdad. Obviamente, las elecciones en sí mismas fueron una farsa de principio a fin, marcadas por numerosas irregularidades (la Comisión Electoral de la República admitió irregularidades y tuvo que rehacer las elecciones en 234 colegios electorales en Serbia) y con la participación electoral más baja en la historia de Serbia, desde el comienzo de la restauración capitalista: alrededor del 48-49 por ciento. Las elecciones se organizaron en medio de la pandemia de COVID-19, y las medidas de cuarentena se eliminaron por completo para facilitar la campaña y los acarreos de votantes. Para aferrarse al poder, Vučić estaba dispuesto a escribir su nombre en los anales de la charlatanería e intentar decretar el fin de una pandemia. El Personal de Crisis, un cuerpo de médicos a cargo de determinar las medidas para combatir la pandemia, se inclinó bajo la voluntad del régimen y no hizo casi nada para aconsejar la desconvocatoria de las elecciones en una situación tan peligrosa. No solo eso, sino que recientemente ha habido informes de la Red Balcánica de Informes de Investigación (BIRN) de que las cifras reales de fallecidos por COVID-19 fueron manipuladas, que a las personas se les negaron las pruebas y que quizás nunca sepamos el número exacto de muertes por la enfermedad en Serbia.

Sin embargo, el mal manejo de la crisis pandémica no comenzó con las elecciones. Desde el comienzo de la pandemia, en marzo, el gobierno y sus expertos médicos emitieron declaraciones contradictorias sobre la gravedad de la amenaza. Uno de ellos incluso le dijo a la gente que el SARS-COV-2 era «el virus más ridículo de la historia», que solo existía en las redes sociales, llegando incluso a sugerir en broma que la gente debería ir de compras a Milán ¡mientras que Italia estaba siendo rebasada por el virus! Una vez que por fin reconocieron que la amenaza era real, introdujeron la ley marcial, prohibieron a las personas mayores abandonar sus hogares e instituyeron toques de queda nocturnos. Incluso ordenaron al ejército patrullar las calles. Sin embargo, lo que no hicieron fue cerrar los puntos críticos de la pandemia, lugares como fábricas, donde los trabajadores tenían que pasar horas todos los días en pasillos llenos de gente, viajando entre casa y trabajo en autobuses aún más concurridos. La ley marcial no se aplicaba a las industrias privadas. Para ellas, el gobierno simplemente emitió «recomendaciones»: propuestas que no eran legalmente vinculantes de manera alguna. La ley marcial motivó que los trabajadores en algunas fábricas presionaran a sus patrones para exigir medidas de protección a través de acciones huelguísticas. La presión de la opinión pública también ayudó a que algunas compañías enviaran a sus trabajadores a descansar. Sin embargo, nada de eso fue suficiente y solo fue cuestión de tiempo antes de que el número de infectados rebasara nuestro sistema de salud. Ese momento ha llegado ahora.

Muertes, negación y teatralidad

Por el momento, la pandemia de COVID-19 está causando estragos en Serbia. Los sistemas de salud en algunas ciudades se han saturado y hay informes de personas que mueren en los pasillos de los hospitales. Una vez que quedó claro que la pandemia no se había terminado y que lo que estaba sucediendo en Serbia después de las elecciones no fue una ‘segunda ola’, sino la continuación de la ola original de las infecciones por coronavirus, Vučić y el gobierno serbio, que él controla, se dispusieron a lo único que saben hacer: ocultar y distraer.

La fría brutalidad del cinismo del régimen se hizo particularmente evidente en la ciudad de Novi Pazar, en el suroeste de Serbia, la región conocida como Sandžak, donde la situación se volvió especialmente catastrófica. Según las declaraciones de los residentes locales a los medios de comunicación a fines de junio, cada persona en Novi Pazar tiene al menos 10 muertes por COVID-19 entre sus familiares, amigos o conocidos. Los hospitales se llenaron más allá de su capacidad y, según los informes, los respiradores no funcionaban correctamente y fueron desconectados. Se decía que la ciudad estaba cubierta con carteles de obituarios recién impresos. La respuesta del gobierno fue rápida. La primera ministra Ana Brnabić y el ministro de Salud Zlatibor Lončar realizaron una visita oficial al hospital de Novi Pazar, decididos a combatir este problema, explicando a la gente de allí que sus quejas eran mentiras y noticias falsas. El Primer Ministro incluso llegó a insinuar que las quejas de los ciudadanos de Novi Pazar tenían motivaciones políticas y que Sandžak era «un terreno excepcional, excepcionalmente fértil para la politización». Detrás de esta vil acusación hay un tipo particularmente insidioso de chovinismo poco velado, ya que Novi Pazar es una ciudad de mayoría bosnia/musulmana. A raíz de la llegada del primer ministro y del ministro de salud, según informan, los pasillos del hospital habían sido liberados de camas adicionales y de pacientes. Pero el régimen fue aún más meticuloso en su arte de ocultar. Los nuevos pacientes en estado grave fueron enviados a casa, ¡y los activistas locales del régimen estuvieron recorriendo la ciudad en busca de obituarios de muertos por COVID-19 y quitándolos! Es muy probable que Novi Pazar no sea una excepción, sino el ejemplo más deslumbrante de lo que están atravesando muchas partes del interior de Serbia.

Para cada vez más personas tiene muy claro, sin lugar a dudas, que al régimen le preocupa la muerte de los trabajadores comunes sólo como un problema de relaciones públicas que debe ser «solucionado», es decir, ser mandado al olvido con explicaciones que insultan la inteligencia. Sin embargo, no todo se puede ocultar con trucos de los medios y declaraciones idiotas. Para mantener la ilusión de que toman la pandemia en serio, Vučić y el gobierno, con la ayuda del Personal de Crisis involucrado y en bancarrota, recurrieron a más teatro.

Sin embargo, las medidas que el régimen anunció el 2 de julio no solo fueron inadecuadas y poco elaboradas, sino francamente contraproducentes y perjudiciales. Los estudiantes de los complejos del campus de Belgrado, que ya habían sido desalojados una vez al comienzo de la pandemia y luego forzados a regresar a las aulas de manera irresponsable para mantener las apariencias del tiempo de las elecciones, una vez más fueron desalojados y enviados a sus hogares por toda Serbia, supuestamente para evitar que la infección se propagara a través de los dormitorios de los campus. En una situación en la que hay un número creciente de jóvenes infectados y donde los hospitales están abarrotados por encima de su capacidad, la brillante solución del gobierno fue enviarlos a todos a casa para transmitir esta infección a los pasajeros en los autobuses, y a sus familias en sus ciudades y pueblos de origen.

Los estudiantes se mantienen firmes

Tan pronto como se anunció a los estudiantes la nueva medida de desalojo de las universidades en las últimas horas de la noche del 2 de julio, la ira y el miedo alcanzaron un punto de inflexión. En una muestra espontánea de indignación, los estudiantes de varios complejos de dormitorios universitarios de Belgrado salieron a las calles por miles, en una marcha nocturna hacia la Asamblea Nacional de Serbia, bloqueando el tráfico en el centro de la ciudad en el camino. Habían tenido suficiente de locura.

Coordinándose a través de las páginas de Facebook ‘Detengamos los desalojos de los dormitorios estudiantiles’ y de la Coalición ‘Krov nad glavom’ (‘Techo sobre nuestras cabezas’ es una coalición que lucha contra los desalojos hipotecarias ilegítimos, con las cuales la sección yugoslava de la CMItambién colabora), los estudiantes marcharon, cantando consignas contra los desalojos, transmitiendo en vivo todo el evento y obteniendo apoyo y simpatía de una gran audiencia a través de internet en toda Serbia. Socializada en la exYugoslavia, las generaciones mayores en Serbia siempre tienen una debilidad por los jóvenes, especialmente por los estudiantes universitarios. Los jóvenes educados son vistos casi por defecto como pioneros del cambio y una especie de vanguardia, como personas que arrojan una nueva luz y ofrecen nuevos puntos de vista y energía para resolver problemas de larga duración. No es de extrañar que las páginas de Facebook mencionadas se hayan inundado de innumerables comentarios como «¡Adelante, jóvenes!», «¡Bravo por nuestros hijos!» y otros comentarios similares. No es de extrañar que el régimen se haya visto obligado a parpadear y revertir su decisión de desalojar los campus un par de horas después del anuncio original.

Con algunas multitudes de estudiantes todavía en la marcha, que ni siquiera habían llegado al parlamento, ¡ya habían ganado! El régimen vaciló y, al hacerlo, expuso la parte más vulnerable de su reciente «victoria electoral aplastante». Era solo cuestión de tiempo antes de que alguien lo hiciera vacilar nuevamente.

Rata acorralada

Otra medida, anunciada la semana siguiente, fue la introducción de un toque de queda de tres días completamente arbitrario en fin de semana, que no haría nada para ayudar a detener la infección, pero haría mucho para impedir la obtención de suministros e impedir la vida cotidiana de millones de personas, incluidos los que se enferman cada día. ¿Quién en el mundo tomaría todo esto pasivamente? Estaba claro que iba a haber otra lucha y que Vučić tendría que vacilar por segunda vez. Sin embargo, como dice el dicho, una rata acorralada muerde al gato. Consciente de que probablemente también tendrían que retroceder por segunda vez, Vučić y sus títeres iban a hacer que esa victoria fuera costosa.

Como se esperaba, la rápida victoria de los estudiantes de Belgrado envalentonó a los jóvenes de la ciudad y la semana siguiente, el 7 de julio, se reunieron para protestar por la introducción del toque de queda del fin de semana, confiando en que esta decisión también podría ser revocada. Y revocada fue, poco después. Sin embargo, esta vez el régimen estaba listo. Vučić no iba a dejar que las protestas se salieran de control y provocaran una resistencia más generalizada, contra otras medidas que pudiera tomar, relacionadas con el coronavirus o no. Y hay muchas otras medidas, que seguramente causarán un gran revuelo.

Sería ingenuo suponer que se trataba solo de COVID-19. Vučić es una rata acorralada desde múltiples lados. El creciente número de muertes entre los pacientes con coronavirus es solo la causa inmediata de ira y angustia entre la población. También está la invasión de la crisis mundial del capitalismo, que está comenzando a afectar a la economía de Serbia. Ya hay despidos en el sector privado y se habla de más medidas que también afectarían al sector público, particularmente a Air Serbia, la aerolínea nacional de Serbia. Según Zoran Mihajlović, de la Confederación de Sindicatos Autónomos de Serbia, entre 250.000 y 300.000 trabajadores perderán sus empleos este otoño.

Un factor adicional es la reciente presión sobre Vučić por parte de las potencias imperialistas con respecto a la cuestión de Kosovo. Por un lado, existe una creciente insistencia de las potencias occidentales, en particular Alemania y Francia, para una resolución permanente, lo que claramente significa que esperan que Belgrado reconozca la independencia de Kosovo de Serbia. Por otro lado, parece haber una presión significativa en nombre de Rusia y algunas fuerzas pro-rusas dentro de Serbia para que no se permita el reconocimiento. A medida que se expande la crisis global del capitalismo, a medida que los mercados se contraen y las potencias imperialistas se vuelven cada vez más agresivas con respecto a sus intereses regionales, será cada vez más difícil para Vučić continuar con su intento de equilibrarse manteniendo a Serbia como un co-dominio, abierto a la explotación de todos. Está claro que Serbia, en algún momento y más temprano que tarde, tendrá que admitir la realidad de que Kosovo ya no es parte de su territorio. Incluso en esta época de fetichismo de la autoidentificación, está quedando claro que fingir e insistir en que las fronteras serbias todavía se extienden a las montañas de Šar de ninguna manera cambiará la realidad de la separación de Kosovo. Sin embargo, Vučić es plenamente consciente de que el mismo acto de reconocimiento de Kosovo podría ser muy traumático para una parte importante de la población de Serbia. Esto no es un asunto menor para él, ya que él mismo solía ser uno de los portavoces más escandalosos del chovinismo serbio extremo y de la histeria anti-albanesa. Incluso podría considerarse irónico que un hombre que construyó toda su carrera política sobre los delirios serbios y la mitomanía nacionalista ahora sería el que pondría el sello en el reconocimiento de un hecho que pasó dos décadas negando.

Pero, no se equivoquen, aquí no hay ironía. El imperialismo siempre utiliza los partidos nacionalistas para hacer más ventajosa la venta de la independencia de su país a los intereses del capital transnacional, al igual que los partidos reformistas se dejan utilizar para hacer más fáciles de tragar los recortes y asaltos a los derechos laborales. El problema con Vučić y su régimen es que trató de ser ambos. Su coalición ha estado haciendo lo que ningún Estado burgués sano o estable debería arriesgarse a hacer: crear una escena política unipolar, donde la izquierda y la derecha burguesas gobiernen abiertamente y dejen claro ante todos que no hay diferencia entre ellas. Dichas tácticas podrían garantizar que cierta camarilla política y que su líder permanezca en el poder durante varios mandatos consecutivos, pero el hecho de que hasta la apariencia de diferencias ideológicas desaparezca a favor de la dictadura de clase flagrante de magnates y corporaciones extranjeras, tarde o temprano vuelve con venganza y amenaza con volar todo el sistema.

Este problema se ve exacerbado por la incapacidad de los partidos de oposición burgueses de inspirar ninguna confianza significativa en sus partidos, que en general son vistos como más de lo mismo, o incluso una peor alternativa a Vučić. Bajo tales condiciones, un movimiento social de masas dirigido contra reformas gubernamentales particulares sería impredecible para la burguesía y podría ir en cualquier dirección. Una cosa es segura: si ganara tracción, a donde sea que condujera, sería el final de la carrera política de Vučić como mínimo, y es posible que ni siquiera los acuerdos internos con las fuerzas de la oposición pudieran detener el impulso de represalias y venganza. Esto tenía que pararlo.

¿Ensayo de guerra civil?

Lo que siguió fue una campaña de represión policial que no se ha visto en este país durante al menos 30 años, si no más. Incluso un par de comentaristas de los medios dijeron que era algo que nunca antes habían visto en Serbia. Las protestas durante el período de la guerra civil en la década de 1990, cuando Slobodan Milošević estaba en el cargo, solían ser de 10 a 20 veces más grandes que las actuales. Sin duda se enfrentaron a algunas represiones bastante duras por parte de la policía antidisturbios y matones contratados vestidos de civiles. Sin embargo, la respuesta de Milošević palidece en comparación con lo que ha estado sucediendo esta semana.

La represión comenzó el 7 de julio, tan pronto como la propia protesta, y continúa hasta el día de hoy, 13 de julio. El carácter espontáneo de la protesta y la falta de dirección, organización o demandas claras la hicieron vulnerable a elementos infiltrados y provocadores. Esta vulnerabilidad fue totalmente aprovechada por el régimen. A medida que la masa de (según algunos informes) hasta 10.000 personas se reunía, grupos de matones fascistas y lúmpenes comenzaron a actuar. Entre ellos se encontraba un miembro del parlamento serbio, así como una pandilla de las llamadas «patrullas del pueblo», que hostigan a los refugiados a altas horas de la noche y se jactan de ello en Youtube. Cantaban consignas y canciones sobre Kosovo y los refugiados y luego encabezaron un ataque en el salón de la Asamblea Nacional. Después de irrumpir, fueron escoltados fuera por la policía a cargo de la seguridad del Parlamento. Sin embargo, las provocaciones no terminaron allí. Poco después, cuando la policía antidisturbios y la gendarmería se acercaron (la Gendarmería es una unidad especial de la policía, fuertemente armada y blindada, utilizada para combatir el terrorismo y sofocar disturbios masivos), los matones comenzaron a arrojarles piedras y dispositivos pirotécnicos, convirtiendo el lugar en una zona de guerra. Lo que fue muy interesante es que estos grupos de lúmpenes parecían estar altamente coordinados, sin tener ningún líder aparente o centro de organización. Esto lleva a sacar la única conclusión posible: que había un centro de mando que no era aparente, que organizó y coordinó encubiertamente estos grupos aparentemente fracturados. Estos actos de violencia aleatoria por parte de los lúmpenes convirtieron la protesta en un motín, la despolitizaron y dieron a sus colegas del otro lado toda la excusa que necesitaban para tomar medidas enérgicas.

¡Y vaya si tomaron medidas enérgicas! Nunca antes en nuestras vidas la policía se ha enfrentado a una multitud relativamente pequeña de manifestantes con tanta fuerza bruta (teniendo en cuenta que Belgrado es una ciudad de 1,5 millones). Policías antidisturbios, perros de ataque, caballería, incluso vehículos blindados ligeros con gases lacrimógenos y lanzadores de bombas de choque estaban allí. La manifestación se disolvió con bastante rapidez, con un nivel de brutalidad sin precedentes. Un video incluso mostró a la policía agrediendo a un grupo de jóvenes que estaban descansando en un banco en el parque. En los siguientes días, mientras este patrón de comportamiento continuaba, la policía comenzó a practicar varios tipos de tácticas brutales, incluida la infame práctica de arrodillarse sobre el cuello de una persona y esconder policías blindados en una ambulancia, listos para saltar sobre las personas que huían de sus colegas. Era, simple y llanamente, una campaña de terror. Según algunos informes en los medios de comunicación, provenientes de fuentes aún no verificadas y negadas vehementemente por el régimen, incluso la unidad de élite del Ejército de Serbia, la 63ª Aerotransportada, recibió la orden de intervenir en las calles de la ciudad de Niš (en el sur del país), una orden que supuestamente se negaron a llevar a cabo.

La operación descrita anteriormente fue replicada en toda Serbia, con diferentes grados de intensidad. ¿Por qué el régimen usaría técnicas de represión sin precedentes contra una protesta relativamente pequeña? ¡Seguramente, este es un comportamiento irracional para una élite gobernante que acaba de proclamar una sorprendente victoria electoral y tiene de jure una mayoría de dos tercios y de facto una mayoría del 100 por ciento en la Asamblea Nacional! La respuesta obvia es que Vučić y sus títeres tienen mucha menos confianza en su popularidad y capacidad para controlar a las masas a través de medios normales de lo que pretenden mostrar. Vučić está fallando en todos los campos: estadista burgués, gestión de crisis de salud, gestión de la economía. Nunca ha tenido éxito en otra cosa que no sea humo y espejos, pero el brote de coronavirus dejó en claro que su gobierno realmente puede matar. Además de eso, las válvulas de seguridad social, como la emigración de trabajadores serbios a los países de la UE, se han cerrado debido a la pandemia. Peor aún, puede que nunca sean tan abiertas como solían ser, una vez que la crisis golpee con toda su fuerza a países como Alemania, Italia, Austria y otros. La juventud de Serbia que «votó con los pies» pronto podría enfrentarse a una grave privación de sus derechos. Con la disminución del PIB de Serbia y el aumento de la deuda externa, con los actuales inversores extranjeros reevaluando la rentabilidad de su permanencia en este país y preparándose para despedir a cientos y posiblemente miles, la estrategia habitual de lavado de cerebro con los medios (por la cual Vučić se ha hecho notorio internacionalmente) ya no es suficiente. Aprendiendo de la experiencia de sus predecesores, Vučić no quiere correr ningún riesgo. Quiere estar preparado para lo peor y quiere que la gente lo sepa. Convertir las protestas en simulacros policiales, por lo tanto, tiene un doble propósito: represión y ensayo. Vučić está realizando un recuento de su aparato represivo. Necesita saber con qué fuerzas puede contar cuando se trata de pasar a la acción. Necesita un ensayo para una situación que podría descender hacia una guerra civil.

Las técnicas que está aplicando son útiles para estudiar, reconocer y denunciar a nivel mundial. Esto es especialmente cierto porque la provocación en las protestas siempre es doble. No se trata solo de iniciar un disturbio y dar a la policía blindada una excusa para intervenir. Antes de que comience el disturbio, hay esfuerzos concertados para despolitizar la protesta, para desviarse de los problemas sociales agudos, como el empleo y la crisis COVID-19, y convertir todo en el tema del reconocimiento de Kosovo. Desviar la ira popular dirigida a la clase dominante local hacia un enemigo extranjero, incluso si ese enemigo es el imperialismo o aquellos que se perciben como herramientas imperialistas, protege tanto a la clase dominante como a ese enemigo extranjero. Si se vacía la protesta de cualquier demanda viable, se convierte en aullidos a la luna. Las reivindicaciones abstractas, nacionalistas y basadas en la identidad son la muerte de cualquier movimiento social, independientemente de cuán legítimas sean sus quejas. No hay lucha antiimperialista exitosa sin internacionalismo proletario. Aquellos que quieren mantener su lucha limitada en términos de nación y etnia son idiotas útiles para la burguesía, rodeados y habilitados por provocadores.

Según los últimos informes, el número de manifestantes ha disminuido significativamente, de entre 5-10.000 la primera noche a alrededor de 1.100 el 11 de julio. La mayoría de las personas que decidieron no asistir a la protesta declararon como su razón el hecho de que fue «secuestrada por los derechistas». El entusiasmo por estas protestas puede estar disminuyendo, pero las contradicciones sociales que las provocaron solo van a empeorar.

Acción de los marxistas

Inicialmente, cuando estallaron las protestas, la sección Yugoslava de las CMI (Organización marxista «Rojos») decidió no participar en ellas, después de una cuidadosa deliberación. Hubo múltiples razones para esta decisión.

En primer lugar, el creciente número de personas infectadas con coronavirus hizo que asistir a una protesta fuera un asunto muy arriesgado, lo que impediría una participación masiva. En segundo lugar, la composición de clase de la protesta, que consistía principalmente en jóvenes universitarios, belgradenses urbanos de clase media y elementos lumpen, con la notable ausencia de trabajadores organizados, dejó en claro que los beneficios de participar en las protestas eran dudosos en el mejor de los casos. Esto se reflejó en el hecho de que la protesta no ha presentado demandas claras. En tercer lugar, nos quedó claro que esta protesta, aunque entusiasta y enérgica, es sin embargo estéril. Un curso de acción mucho mejor, en estas circunstancias concretas, era recurrir a formas de lucha que sean epidemiológicamente más seguras y potencialmente más dañinas para el sistema capitalista. La principal forma de lucha que planteamos es una huelga general en sectores no esenciales, para evitar infecciones en el lugar de trabajo y en el transporte público. También pedimos a los sindicatos de trabajadores de la salud que establezcan su propio Personal de Crisis, independiente y sin compromisos con el gobierno para coordinar la lucha contra el COVID-19 sin implicarse ni ser saboteado por el gobierno. Esto evitaría exponer innecesariamente a las capas más avanzadas que entran en la lucha a la represión doble de la policía y de sus infiltrados fascistas. Ambos pasos tienen el potencial de debilitar o incluso derrocar al régimen de Vučić mucho más de lo que cualquier arrebato espontáneo podría tener, especialmente un arrebato de escala relativamente pequeña con casi ninguna participación de la clase trabajadora.

Esto no significa que no debamos ser conscientes del carácter fluido de los movimientos amorfos y espontáneos. Independientemente de su esterilidad inicial, o incluso general, tales movimientos tienen una cierta gravedad social y política sobre ellos y siempre hay un grado de posibilidad de que atraigan a las capas más combativas de la clase trabajadora. Los comunistas deben estar preparados para tal cambio en la situación y estar dispuestos para responder en consecuencia, estando al lado de sus compañeros trabajadores si deciden intervenir.

En la tercera noche de la protesta, el 9 de julio, surgió una situación que proporcionó un rayo de esperanza de que tal cosa podría suceder. Un sector de los jóvenes involucrados en la protesta desarrolló una táctica para identificar y eliminar a los provocadores de derecha. Cada vez que alguien intentaba iniciar algún tipo de violencia, la multitud se sentaba para señalar a los provocadores y luego los grupos se levantaban y los sacaban físicamente de la protesta. Además de eso, había un pequeño número de trabajadores de la salud sindicalizados de los hospitales que atienden el COVID-19, que asistieron a la manifestación para compartir sus experiencias y quejas. Por estos motivos, decidimos intervenir en la protesta la noche siguiente, con una versión ligeramente modificada de nuestra declaración del mes de abril. Esta declaración incluyó un conjunto de medidas para luchar contra la pandemia y sus consecuencias económicas. Los lectores serbocroatas pueden encontrar el documento original aquí. Sin embargo, al día siguiente, 10 de julio, el tamaño de la multitud fue significativamente menor, lo que hacía que los provocadores de derecha se visibilizaran más fácilmente. El 11 de julio, las cosas se volvieron aún más surrealistas, con solo alrededor de 1.000 personas presentes y la protesta dominada por los fundamentalistas ortodoxos haciendo alarde de íconos y un sacerdote loco y furioso con el megáfono. Llegados a este punto, es muy probable que la protesta esté disminuyendo y que se necesiten diferentes formas de lucha para enfrentarse al régimen de Vučić de manera efectiva.

A lo largo de estos días hubo una serie de grupos de izquierda presentes, que imaginaban que podrían ser capaces de hacerse cargo de la protesta y hacerla girar hacia un carácter obrero simplemente irrumpiendo en la multitud con pancartas y megáfonos. Sin embargo, todo lo que lograron fue aparecer como un objeto extraño en una multitud que ya estaba aterrorizada y temerosa de infiltrados y de llegar a un conflicto abierto con los fascistas. Por supuesto, no hay nada de malo en entrar en conflicto con los fascistas per se. Sin embargo, se puede cometer el error de permitir que se desarrollara una pelea a gritos entre los dos grupos que empañara el eje de su intervención e impidiera su comunicación con la mayor parte de la multitud.

La intervención en protestas no tiene el objetivo de desfilar, o de mostrar insignias frívolas. Si bien las insignias y la iconografía a menudo tienen su lugar en las intervenciones de protesta, y pueden servir como herramientas de reclutamiento altamente eficientes en reuniones laborales o de estudiantes, pueden ser un tiro en el pie en manifestaciones espontáneas donde la gente está cansada o desconfía de los partidos y organizaciones políticas. Los comunistas siempre deben emplear tácticas flexibles y tener en cuenta que no existen enfoques mecánicos de talla única. Es imperativo evaluar siempre el estado de ánimo de la multitud, las circunstancias concretas que le afectan, y poder cambiar rápidamente su evaluación y su enfoque si se ven cambios repentinos sobre el terreno.

Lo que hizo la sección yugoslava de la CMI, la Organización Marxista «Rojos», bajo estas circunstancias, fue destacar primero las ideas concretas, y la iconografía al final. Nuestro principio para este tipo de protesta fue: individuos invisibles, ideas visibles. Nuestros camaradas no formaron un bloque separado, ya que no estábamos allí para alejar de nosotros a los manifestantes y atraer a la policía. En cambio, nuestros camaradas distribuyeron copias de nuestra declaración, con información sobre nuestra organización y las formas en que la gente puede comunicarse con nosotros si está de acuerdo con lo que está leyendo. Claro, hubo una serie de reacciones negativas y rechazos para leer cualquier cosa comunista. Pero hubo muchas más respuestas muy positivas y curiosas, y muy pronto varios jóvenes buscaron a nuestros camaradas en la multitud y pidieron copias de nuestro material. Algunos de ellos incluso participaron en discusiones y dijeron que iban a buscar en nuestro sitio web y leer más.

¿Qué sigue?

Como en cualquier gran protesta, podemos ver que un elemento social y de clase siempre está presente de una forma u otra. Si bien solo aparecía tímidamente y latente entre algunas capas de la juventud de Belgrado, en realidad logró salir a la luz en Novi Sad. Esta era la única ciudad donde las demandas de protesta tenían una postura de clase clara, exigiendo, entre otras cosas, el fin de los despidos y la reincorporación de los trabajadores que perdieron sus empleos debido a la crisis de COVID-19. Sin embargo, estas demandas fueron presentadas por intelectuales de izquierda, que las suavizaron con reivindicaciones estériles de una serie de dimisiones de funcionarios del gobierno, que no tienen ningún propósito. Peor aún, las demandas se hicieron menos atractivas por las tácticas teatrales y aventureras de los dirigentes izquierdistas de la protesta (la única dirección izquierdista de la protesta en el país en este momento), que toleraba los disturbios y constantemente exageraba su papel al sugerir tácticas extravagantes, tales como bloquear una carretera. Tal actitud refleja el círculo vicioso del izquierdismo pequeño burgués: sus tácticas son extravagantes y descabelladas porque no hay participación del movimiento obrero, y el movimiento obrero no se une a ellos porque las tácticas extravagantes y descabelladas son arriesgadas y pueden poner en peligro los empleos de los trabajadores, amenazando la seguridad de sus familias.

Está cada vez más claro que el modelo de «protesta civil», que ha sido fetichizado y utilizado como un enfoque predeterminado desde el derrocamiento del régimen de Milošević, no es una manera de derrocar con éxito un régimen, y mucho menos cambiar todo el sistema. Cuando las personas analizan las protestas de la década de 1990 y las ‘revoluciones de colores’ a principios de la década de 2000, a menudo se olvidan de que estas ‘protestas civiles’ a menudo eran solo un apoyo para una táctica de cambio de régimen, debajo de la cual una serie de acuerdos, deserciones y sabotajes estaban siendo orquestados por el imperialismo occidental. En sí mismas, las «protestas civiles» son carnavales sin dientes, incluso con las demandas más justificadas, y siempre sirven a los intereses de las fuerzas que ejercen el poder físico más fuerte detrás de ellas.

Sin embargo, esta fuerza no siempre tiene que ser el imperialismo. Debemos tener cuidado con las diversas teorías de conspiración como que «todo está planeado por Soros», etc. La clase trabajadora también tiene el poder y la capacidad de ponerse a la vanguardia de los disturbios civiles más amplios. Lo ha demostrado en numerosas ocasiones a lo largo de la historia y lo demostrará nuevamente más pronto que tarde. Para hacer eso, sin embargo, se requieren esfuerzos de organización minuciosos. En cada centro de trabajo, en cada rama y confederación sindical, se necesita una articulación política de las demandas de clase, en esta situación más que nunca. Esto no surgirá de la nada. Solo se puede hacer con la participación de los comunistas. Aquí es donde radica hoy nuestro principal objetivo. Si bien no somos sordos a los cambios repentinos, ni siquiera a los menores, en la composición de clase de las protestas civiles, nuestro objetivo principal en este período es brindar nuestro apoyo a las luchas sociales clave que tendrán lugar en los centros de trabajo y las escuelas, para ayudar a vincularlos y luchar por una solución duradera e integral que ataque la raíz de nuestra crisis: el sistema capitalista.

Cuando se envió este artículo para su edición, recibimos noticias de que tres miembros de la “Coalición Techo Sobre Nuestras Cabezas” habían sido arrestados y sentenciados sumariamente a 30 días de prisión. Sus nombres son Igor Šljapić, Mario Marković y Dr. Vladimir Mentus. Igor Šljapić estaba protestando pacíficamente, sosteniendo una pancarta que decía «¿Qué harás cuando te quedes sin gases lacrimógenos?» y fue sentenciado sin el debido proceso por «insultar a un funcionario de turno». Mario Marković ni siquiera participó en la protesta, pero fue arrestado mientras montaba su bicicleta en su trabajo de entrega de alimentos, y fue sentenciado por cargos igualmente falsos. El Dr. Vladimir Mentus, asociado del Instituto de Ciencias Sociales, no participó en los disturbios, pero fue arrestado, brutalmente golpeado por la policía y sentenciado por el mismo cargo falso. En los tres procesos sumarios, ninguno de los acusados ​​tenía derecho a un abogado y los únicos testigos que el tribunal permitió fueron los policías que los arrestaron. Nos gustaría extender nuestro apoyo a estos tres activistas. La Organización Marxista «Rojos», la sección yugoslava de la CMI, se solidariza con ellos y exige su liberación inmediata.

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