¡No es nuestra guerra! ¡Que no la pague la clase obrera!

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La guerra de Ucrania no es nuestra guerra. Ha sido inducida por las potencias imperialistas para dirimir sobre el cuerpo ensangrentado de Ucrania su disputa por áreas de influencia, prestigio y mercados. Rechazamos esta guerra y la invasión rusa de Ucrania, pero señalamos igualmente la responsabilidad del imperialismo de EEUU y la OTAN, al presionar al gobierno ucraniano para que rechazara cualquier acuerdo con Putin que evitara el conflicto.

No al envío de armas

Señalamos igualmente como responsable a la Unión Europea capitalista, que se dejó arrastrar a este conflicto por EEUU, pese a saber que sufriría las consecuencias económicas y sociales más costosas en esta disputa. Para peor, después de la invasión rusa, la UE se ha convertido en el partidario más belicoso de la guerra, implicándose directamente con sanciones económicas muy serias a Rusia y con el envío de armas e infraestructura militar al gobierno títere ucraniano, gastando para ello cientos de millones de euros. Esto no cambiará sustancialmente la correlación de fuerzas militares a favor de Rusia, y sólo conseguirá alargar innecesariamente el sufrimiento y la destrucción.

Rechazamos el envío de armas por el gobierno español y lamentamos la actitud servil de una parte de la izquierda española –incluyendo a Yolanda Díaz, Alberto Garzón o el partido de Ada Colau– y de sus intelectuales y periodistas “progres” (como Antonio Maestre, Daniel Bernabé, Ignacio Escolar, entre otros) que se han colocado, independientemente de sus deseos, en el campo del imperialismo de EEUU y de la OTAN.

Quieren que paguemos sus guerras

Las consecuencias son visibles para todos. Millones de refugiados ucranianos se esparcen por media Europa, los precios de la energía (petróleo, gas y electricidad) han roto todos los registros históricos, hay escasez de aceite de girasol y de cereales, miles de pequeñas empresas se enfilan al cierre. La inflación que ya había alcanzado antes de la guerra cotas no vistas en 30 años, se dispara aún más, vaciando rápidamente los recursos de las familias trabajadoras.

Ahora pretenden hacernos pagar –de hecho, ya está ocurriendo– los costes de una guerra que los trabajadores no hemos provocado ni alentado; pretenden que asumamos los costes de su incompetencia, cobardía y calamidad, tratando de desviar la indignación de millones de trabajadores y sus familias hacia el “diablo” Putin, cuando ellos (los gobiernos europeos y sus burguesías nacionales) son tan responsables de la situación como los amos del Kremlin y de la Casa Blanca.

Sólo pueden salir de cada embrollo empeorando las condiciones de las familias obreras. Para bajar el precio de la energía proponen rebajar impuestos y desfinanciar al Estado, ¡nada de tocar los beneficios ni la propiedad de los monopolios! Y encima el gobierno y la derecha votan a favor de más dinero para armas, hasta un 20% más, para contentar a los militaristas y empresas de armamento, mientras la deuda pública crece. Todo ello nos lo harán pagar mañana con más recortes de gastos sociales y pérdida de derechos.

Siempre somos nosotros, la clase obrera, quienes pagamos sus desaguisados e incompetencia criminal: en la crisis de 2008-2012, con el cambio climático, en la pandemia de Covid19 y durante la crisis inducida por ella, y ahora con las consecuencias de esta guerra interimperialista ¡Ya basta!

“Tiempos duros” ¿Para quién?

El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, ha declarado que se avecinan “tiempos duros”, refiriéndose a la situación económica y social. Pero, ¿”tiempos duros”? ¿Para quién? Ahora que han contribuido con su política loca a un encarecimiento desconocido del petróleo y del gas, nos dicen que debemos reducir nuestro consumo de gas y de otros productos básicos. Hasta la presidenta del Banco de Santander, Patricia Botín, se ha permitido la arrogancia de señalarnos que la temperatura que debemos mantener en nuestras casas es de 17ºC.

No está de más añadir que la señora Botín ganó el año pasado 12,3 millones de euros; pero esto es, incluso, menos de lo que ganó el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, que se está haciendo de oro con las subidas del precio de la luz, y que se embolsó 13,2 millones de euros. Las 100 grandes empresas del país obtuvieron 64.021 millones de euros de beneficios en 2021, un registro jamás alcanzado ¿Alguien cree que van a venir “tiempos duros” para esta élite de multimillonarios y parásitos? Nada de eso. Los tiempos duros vienen para nosotros.

Ya en febrero, los precios escalaron un 7,6% más que hace un año. Es la mayor subida de precios desde ¡diciembre de 1986! Pero este porcentaje es la media general de la subida de todos los productos; los productos de consumo básico (como alimentación, energía, transporte y vivienda) que suponen la mayor parte del consumo de las familias obreras aumentaron mucho más que eso. Así, la electricidad rompió cualquier techo de subida y alcanzó en marzo los 600 euros el megavatio/hora, la gasolina se paga ya a más de 2 euros el litro tras subir un 36% con respecto a hace un año, y los alimentos tuvieron una subida interanual del 21%. En cambio, los salarios apenas han subido un 2%. Esto significa una pérdida de poder adquisitivo sin precedentes. Y sólo en febrero, según el INE, la electricidad disparó sus precios un 25,4%, el transporte un 12,8%; y los alimentos y bebidas no alcohólicas un 5,6%.

Hay que añadir que ya, entre 2009 y 2021, el precio de la cesta de la compra había escalado un 15%, mientras que el salario medio apenas lo había hecho un 6,4%, según datos de Adecco. Esto supone una reducción anual del poder adquisitivo de 1.400 euros respecto a 2009, equivalente a un mes de salario. Y para colmo tenemos la actual estampida de precios.

NO al “Pacto de rentas”: Luchar por mantener el poder adquisitivo

Es en este contexto que el presidente Sánchez ha exigido un “pacto de rentas” entre empresarios y sindicatos para evitar, según él, una espiral inflacionista. Hablemos claro: lo que pretende Sánchez (y los empresarios) es limitar el crecimiento de los salarios, ya bastante devaluados, a un porcentaje mínimo. Se trata, entonces, no de que los empresarios contengan los precios y ganen un poco menos al conceder subidas salariales iguales a la inflación; sino todo lo contrario, que aquéllos mantengan sus fabulosos beneficios a costa de una perdida mayor del poder adquisitivo de los salarios. Y esto cuando en 2021, como ya dijimos, los grandes empresarios españoles obtuvieron los mayores beneficios de su historia.

Esto es una trampa inaceptable. Como ya explicó Marx hace mucho tiempo, las subidas salariales no son responsables del aumento de los precios. La realidad es que los trabajadores piden aumento de sueldo solamente después de que aumentan los precios. El beneficio no es más que la parte del trabajo de los trabajadores que no se les paga, y que se apropia el empresario. Así, el aumento del salario no provoca un aumento del precio de las mercancías, solamente hace disminuir el beneficio empresarial, al recuperar los trabajadores en salario una parte del trabajo que no se les paga. Esta es toda la verdad del asunto. Lo lamentable es que estas ideas claras y sencillas, que forman parte esencial del sindicalismo de clase, como el que dicen representar los dirigentes de UGT y CCOO, hayan sido olvidadas por estos hace demasiado tiempo. Mucho nos tememos, que las cúpulas sindicales intentarán pactar aumentos salariales muy por debajo de la inflación real, asumiendo que sean los trabajadores quienes paguen las consecuencias de la crisis del sistema capitalista. En definitiva, esto fue lo que hicieron recientemente firmando la continuidad, en lo fundamental, de la reforma laboral del PP.

Subida salarial del 7,5% y nacionalización de las eléctricas

No podemos aceptar esto. Si la clase trabajadora no quiere retroceder más en la degradación material y moral de sus condiciones de vida, siendo la única clase productora de la sociedad, y su columna vertebral, tiene que responder y luchar, desoír la trampa mentirosa de la “unidad nacional” y del patriotismo de engañabobos alimentados por los vapores tóxicos de esta guerra reaccionaria. No se trata de luchar en abstracto, sino de hacerlo por reivindicaciones concretas, tales como:

  • Subida salarial del 7,5% para todos los trabajadores, para recuperar el poder adquisitivo perdido con respecto a hace un año.
  • Subida automática de los salarios con los precios: Introducción por ley de la escala móvil precios-salarios
  • Nacionalización del sector energético (eléctricas, petroleras) sin indemnización, salvo a pequeños accionistas sin recursos, y bajo el control de los trabajadores. Esta es la única manera efectiva de reducir drásticamente los precios de la luz y de los combustibles.
  • Nacionalización del gran comercio y de las cadenas de intermediarios para terminar con los abusos del capital comercial en la formación de los precios.
  • Nacionalización sin indemnización de toda empresa que despida a trabajadores o cierre, si argumenta no poder incrementar los salarios, y su integración en un plan estatal de producción que atienda las necesidades sociales.
  • No más dinero para armas, sino para gastos sociales.
  • No a la guerra: Ni OTAN ni Putin.
  • Por una alternativa revolucionaria, internacionalista y de clase a la guerra de Ucrania y a la crisis general del capitalismo.

 

Imagen de portada: https://www.informacion.es/fotos/alcoy/2022/02/28/cientos-personas-exigen-alcoy-detener-63280376.html#foto=10 (Foto: Juani Ruiz)

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