La huelga contra Tesla en Suecia muestra el poder de la clase obrera

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Trabajadores de la construcción, pintores, estibadores, obreros industriales, electricistas, empleados de correos: todos han entrado en acción unificada para conseguir el derecho a convenio colectivo para los trabajadores de Tesla, en una batalla que se ha convertido en un enfrentamiento decisivo. En Dinamarca, Noruega y Finlandia, los estibadores y camioneros han anunciado que se unirán a la lucha.

Para un hombre que no duda en escribir las tonterías más espeluznantes en su reino privado X (anteriormente Twitter), Elon Musk ha estado notablemente callado sobre la huelga de Tesla. Sólo soltó una breve frase cuando al conocer toda la fuerza de las huelgas de solidaridad en Suecia:

«Esto es una locura», escribió.

Realmente es un mundo de locos, en el que los trabajadores desafían su poder… ¡y demuestran que pueden ganar!

No es sorprendente que «no esté de acuerdo con la idea de los sindicatos», como dijo unos días más tarde en una de sus muchas entrevistas incoherentes. No le gustan las cosas que «crean una especie de señores y campesinos», por citar su justificación al New York Times.

Al parecer, prefiere la relación entre capitalista y esclavo asalariado, en la que este último le agradece humildemente al jefe cualquier migaja de su mesa. Esto es precisamente a lo que ahora se oponen sus trabajadores.

El silencio inusual del Sr. Musk no es una cuestión de modestia. El problema es que todas las encuestas indican un sólido apoyo al derecho de los trabajadores de Tesla a la negociación colectiva. Y la batalla en Suecia podría inspirar a más de sus trabajadores en todo el mundo a organizarse contra su explotación. Cuanta más atención reciba la huelga, más gente se inspirará.

Las terribles condiciones de Tesla

En una carta a todos los suecos que compraron un Tesla, la empresa dice que sus empleados son «recompensados» con «condiciones justas y un buen ambiente de trabajo». Esto es, por supuesto, mentira.

El salario medio de los mecánicos de Tesla en Suecia está por debajo de la media del sector. Las cotizaciones a la pensión también son inferiores. La productividad de los trabajadores se evalúa según un sistema de puntuación del uno al cinco, en el que los que obtienen un uno -es decir, no son suficientemente productivos- corren el riesgo de ser despedidos.

El salario final de cada mes se fija según un sistema de trabajo a destajo, que mide el tiempo que tarda cada trabajador en realizar las distintas tareas. Todo con el fin de maximizar el ritmo de trabajo.

Las condiciones supuestamente favorables de Tesla para los trabajadores consisten únicamente en un programa de opciones sobre acciones, pero éste sólo puede utilizarse tras un periodo de cuatro años. La poca fiabilidad de esto no sólo se refleja en los altibajos del mercado bursátil. La propia Tesla lo dejó meridianamente claro al amenazar con retirar las opciones adquiridas a los huelguistas. Este «beneficio» se utiliza ahora como una herramienta más para doblegar a los trabajadores.

Olof Sjöström, técnico de coches eléctricos en Tesla, muestra en DN el amplio abanico de consecuencias de la política antisindical de Tesla.

«Nadie conoce la normativa sobre jornada laboral… Los jefes no saben con qué productos químicos trabajamos y no se hacen evaluaciones de riesgos», explica.

Dice que la gente no se atreve a plantear los problemas.

«No hay seguridad básica, los trabajadores  ser despedidos de un día para otro. No es imposible que despidan a todos los que están en huelga para evitar firmar un convenio colectivo».

En una frase resume cómo se ve la  batalla desde el punto de vista de los trabajadores.

«No vamos a permitir  que las empresas extranjeras vengan aquí y hagan lo que les dé la gana».

Una batalla decisiva

IF Metall se pasó seis años intentando negociar con Tesla y trató de convencerla de «las ventajas de los convenios colectivos», en palabras del secretario de convenios, Veli-Pekka Säikkälä / Daniel Roos, IF Metall

Antes de convocar la huelga, el sindicato IF Metall se pasó seis años intentando negociar con Tesla y trató de convencerla de «las ventajas de los convenios colectivos», en palabras del secretario de convenios, Veli-Pekka Säikkälä. Tesla se negó en redondo.

La razón no es tanto su actividad en Suecia, sino el riesgo de que los trabajadores de países con grandes industrias de Tesla emprendan la misma lucha. Suecia es una parte muy pequeña de los casi 130.000 empleados (subcontratistas incluidos) de todo el mundo que producen beneficios para el señor Musk. Sólo la gigantesca fábrica de Texas emplea a más de 12.000 trabajadores, y se está construyendo una aún mayor en México. En Europa, la mayor presencia está en Alemania, con 11.000 empleados.

El nerviosismo es palpable. En Alemania, el sindicato del metal ha informado de un rápido crecimiento del número de afiliados en las fábricas de Tesla y, para evitar una evolución al estilo sueco, Tesla subió el salario a sus trabajadores alemanes un cuatro por ciento de golpe.

En Estados Unidos, los trabajadores de Tesla llevan años intentando formar un sindicato para sus centros de trabajo. En febrero, los trabajadores de Tesla en Buffalo intentaron organizarse. Tesla respondió despidiendo a unos 30 trabajadores. Ahora, tras una exitosa huelga contra los tres mayores fabricantes de automóviles de EE.UU., la United Auto Workers (UAW) se prepara para la batalla contra Tesla.

«Uno de nuestros mayores objetivos tras esta histórica victoria contractual es organizarnos como nunca antes lo hemos hecho», declaró el Presidente Shawn Fain en octubre.

Si los trabajadores de Alemania y Estados Unidos luchan por mejorar sus condiciones, perjudicarán los beneficios del multimillonario Musk. No puede permitirlo. Por tanto, hay que aplastar a los trabajadores suecos.

Los trabajadores suecos tampoco pueden permitirse perder. Musk se opone a los convenios colectivos precisamente porque garantizan los salarios, las condiciones de empleo, los seguros, la salud y la seguridad, etc., precisamente porque protegen contra la cruda explotación de los trabajadores.

Si pierden en Tesla, otras empresas les seguirán.

«Si dijéramos que una gran empresa como Tesla no necesita convenios colectivos, sería muy difícil justificar que otras deban tenerlos», explica Veli-Pekka Säikkälä, de IF Metall, en Dagens Arbete.

Ataques a un nuevo nivel

En concreto, el uso sistemático de rompehuelgas por parte de Tesla es una declaración de guerra contra todo el movimiento obrero. Hay que remontarse 90 años atrás para ver a la burguesía utilizar rompehuelgas a tal escala en Suecia.

La batalla decisiva hace 90 años tuvo lugar en Ådalen. En mayo de 1931, los militares fueron llamados para «proteger» a los rompehuelgas en Ådalen. Durante una manifestación, mataron a tiros a cinco trabajadores desarmados. Cientos de miles de personas respondieron con manifestaciones masivas en todo el país. En Ådalen estalló una huelga general a gran escala, en la que los trabajadores, a través de la Confederación Sindical (LO), tomaron efectivamente el control de la sociedad.

Fue la lucha de masas de los años 30 la que obligó a la burguesía a cambiar de estrategia. Los enormes beneficios del boom económico de la posguerra hicieron entonces más práctico para el capital comprar la paz laboral que arriesgarse a grandes conflictos.

Pero hace más de 40 años que el capitalismo no es capaz de ofrecer mejoras reales a los trabajadores suecos. Y con la crisis actual, por el contrario, la burguesía pasa a la ofensiva.

Bajo el gobierno socialdemócrata de Löfvén, se debilitó la Ley de Seguridad Laboral (LAS) y se recortó el derecho de huelga. Durante casi dos años de crisis inflacionista, los capitalistas han hecho campaña -junto con los sindicatos- para que los trabajadores paguen con salarios reales reducidos. El resultado es que los salarios reales han caído casi un 10%. El gobierno conservador de Kristersson ha desencadenado otra oleada de recortes en las prestaciones sociales y -por primera vez desde la matanza de Ådalen- ha abierto la puerta a llamar a los militares a las calles contra los civiles.

En ninguna cuestión la burguesía se ha enfrentado a una oposición seria del movimiento obrero, sino todo lo contrario. Esto les ha permitido ser aún más despiadados.

En relación con el conflicto actual, el grupo de interés de la burguesía, la Confederación de Empresas Suecas (Svenskt näringsliv), se ha mostrado en gran medida pasiva. Para ellos, «los beneficios de los convenios colectivos», como dice Säikkälä de IF Metall, han sido tangibles. Cada pocos años, se han enzarzado en conflictos casi rituales con la dirección del sindicato, para después firmar acuerdos de «no huelga», ilegalizando las huelgas, sin conceder ni una sola mejora significativa.

En las últimas décadas de ofensiva de las grandes empresas, éste ha sido, desde su punto de vista, un acuerdo excelente. Por eso no les gusta especialmente que Musk se niegue a firmar convenios colectivos. Más bien, los capitalistas suecos expresan su irritación por el hecho de que Tesla esté agitando la olla y provocando huelgas, innecesariamente, desde su punto de vista.

Están visiblemente preocupados por la eficacia de las huelgas de solidaridad. El ex secretario de Estado PM Nilsson, más tarde director general del think-tank burgués Timbro, escribió en DI sobre cómo: «Tesla está luchando por la libertad de todas las empresas». Su actitud es sintomática de la actitud de la burguesía sueca: defiende el derecho a la huelga (ineficaz) de IF Metall, pero se alarma por las huelgas de solidaridad.

«IF Metall es uno de los sindicatos más serios de Suecia. Nadie piensa que el sindicato entre en conflicto innecesariamente; al contrario, el sindicato del metal tiene una reputación bien fundada de ser una parte constructiva en el lugar de trabajo. IF Metall también tiene derecho a entrar en conflicto con Tesla. El problema son las medidas de solidaridad no reguladas que, combinadas con la actitud frívola y brutal de la dirección de LO -han dicho que pueden echar a Tesla del país-, han hecho que el conflicto sea irresoluble.»

Aunque la huelga de Tesla en sí puede calificarse, en el mejor de los casos, de parcial -han abierto, por ejemplo, un nuevo centro de servicios en Jönköping, donde no hay ni un solo trabajador en huelga-, los trabajadores han paralizado de hecho las operaciones:

  • Los trabajadores portuarios se niegan a descargar coches Tesla en todos los puertos suecos.
  • Los electricistas se niegan a reparar los talleres y las estaciones de carga de Tesla.
  • Los limpiadores se niegan a limpiar varios talleres.
  • Los trabajadores de correos se niegan a hacer entregas en sus talleres, lo que significa, entre otras cosas, que no pueden conseguir matrículas para sus coches.
  • El sindicato de músicos ha impedido que se reproduzca determinada música en los coches Tesla.
  • Los pintores se niegan a pintar coches Tesla en más de 100 empresas.
  • Los trabajadores de la construcción se niegan a revisar, reparar y reconstruir coches Tesla.

Es el intento de Tesla de eludir esta situación lo que ha obligado a la huelga a internacionalizarse. Desde el 20 de diciembre, los sindicatos daneses, noruegos y finlandeses bloquean todas las importaciones de coches Tesla a Suecia, tanto por puerto como por camión.

En miniatura, vemos aquí un brillante ejemplo de la fuerza de la clase obrera internacional. Si los trabajadores deciden colectivamente bloquear a Tesla, ni siquiera el hombre más rico del mundo puede vencerlos. Esto es una inspiración para los trabajadores de todo el mundo. No es de extrañar que los capitalistas suecos hayan empezado a murmurar acerca de restringir el derecho a la huelga en simpatía también.

Endurecer la batalla, por un movimiento obrero combativo

7 de cada 10 personas creen que la huelga de Tesla es correcta, sólo 1 de cada 10 se opone. El 83% considera importante que los convenios colectivos suecos se apliquen en Suecia.

Esto refleja bastante bien el equilibrio objetivo de poder entre las clases en Suecia. La clase obrera-los que vendemos nuestra fuerza de trabajo a cambio de un salario- constituye la inmensa mayoría de la sociedad. Además, existe un grado de organización casi sin precedentes a nivel internacional. Aunque ha descendido en los últimos años, el nivel de afiliación sindical todavía se sitúa en torno al 60 por ciento en el caso de la confederación sindical LO, y por encima del 70 por ciento en el de la confederación de funcionarios TCO.

Y los fondos de huelga de los sindicatos están casi desbordados. Sólo IF Metall cuenta con 10.000 millones de coronas (casi 1.000 millones de euros). Si fuera necesario, la huelga en Tesla podría mantenerse «durante unos 500 años», según un responsable de prensa. Objetivamente, la clase obrera nunca ha sido tan fuerte como ahora.

Hay que hacer activo el apoyo pasivo que existe actualmente de la huelga / Revolution

Sin embargo, los sindicatos no han emprendido ni una sola lucha seria en 20 años. Bajo la ofensiva del capital, no han hecho más que retroceder y retroceder, mientras que las condiciones de los trabajadores se han deteriorado de forma generalizada. Cuando se opusieron a los aumentos salariales para los trabajadores el año pasado -en una situación de enormes beneficios empresariales- debieron batir algún tipo de récord en autolesiones.

Hicieron todo lo posible para no tener que enfrentarse a Tesla. Pero si hubieran dado marcha atrás en la cuestión de los convenios colectivos, habrían renunciado a su propia razón de ser. Una y otra vez, la dirección de IF Metall insiste en que, desde su punto de vista, sólo se trata de eso en la batalla.

«Sólo queremos un convenio colectivo en Suecia. Nos importa un comino Musk», enfatizó el secretario de convenios Säikkälä en SvD.

También admitió algo que es dolorosamente obvio para cualquiera que haya seguido la situación:

«No estamos acostumbrados a estar en huelga».

El periódico del metal Dagens arbete describió acertadamente el primer día de huelga como «cualquier día gris de otoño», «crudo y frío».

«Una pequeña carpa con el logotipo de IF Metall a las puertas del taller de Tesla, a las afueras de Uppsala, delataba que algo estaba pasando. Algunas personas vestidas con chalecos amarillos estaban repartiendo folletos sobre los convenios colectivos y la huelga. Un par de periodistas de los medios de comunicación locales habían acudido. A cierta distancia, Veli-Pekka Säikkälä, secretario de contratos de IF Metall, se paseaba de un lado a otro».

Fue un primer día crucial. Los informes del resto del país suenan aún más sombríos. No es de extrañar que hayan fracasado tan estrepitosamente a la hora de frenar los rompehuelgas.

Los trabajadores de cuello blanco de las plantas de Tesla están organizados por Unionen. Se han negado a convocar la huelga porque creen que primero tienen que seguir negociando con Tesla y construir una «posición más fuerte». Es difícil imaginar una idiotez mayor. Si IF Metall gana los convenios colectivos, será fácil que Unionen haga lo mismo. Si IF Metall pierde, será difícil que Unionen gane por sí solo. La moral y la confianza en uno mismo es una cuestión crucial en las huelgas. Si los trabajadores de cuello blanco van a la huelga, se reforzará enormemente la determinación de los trabajadores del metal. Unidos resistiremos, divididos caeremos.

IF Metall ha tratado de aumentar el número de huelguistas elevando la indemnización al 130% del salario y prometiendo acciones legales para apoyar a quienes pierdan su empleo por hacer huelga. Pero aunque acaben ganando en los tribunales laborales, no se trata de eso. Los trabajadores quieren un empleo al que volver cuando acabe la huelga. Para que todos salgan a la huelga, hay que demostrar a los trabajadores que se va a ganar. Sobre todo teniendo en cuenta que hasta ahora han cedido sistemáticamente a las exigencias de los capitalistas.

Hay que hacer activo el apoyo pasivo que existe actualmente de la huelga. El hecho de que todos los dirigentes sindicales hayan expresado su apoyo es bueno, pero hay que empezar a movilizarse en los centros de trabajo. La cuestión del derecho a los convenios colectivos afecta a todos.

Sólo con movilizar a los representantes de seguridad e higiene laboral y a los sindicatos, se conseguiría que miles de personas salieran en manifestaciones de apoyo por todo el país; y si empiezan a debatir seriamente la cuestión en los lugares de trabajo, estamos hablando de decenas de miles.

Un movimiento así haría 100 veces más para convencer a los trabajadores que aún no están en huelga en Tesla de que lo hagan que incluso las ofertas más maravillosas de la dirección de IF Metall. Si se consigue que la huelga parcial sea total, no importa lo mucho que Elon Musk intente eludir las medidas de solidaridad.

Pero para movilizar seriamente a la gente, habría que demostrar que se está dispuesto a luchar por algo más que los convenios colectivos de siempre, con unas condiciones laborales que ya son insostenibles. Esta lucha tendría que ser el primer paso de una contraofensiva contra el capital: contra la creciente presión en el lugar de trabajo y para invertir inmediatamente la caída de los salarios reales en los últimos años.

En lugar de no «importarnos un comino por Musk», como dijo Säikkälä, deberíamos estar hablando de cómo se podría llegar a «una lucha mundial contra Tesla», como ha hecho el presidente del sindicato de trabajadores del transporte Tommy Wreeth. El potencial está claramente ahí. Por eso Elon Musk está tan obstinadamente decidido a derrotar a los trabajadores suecos.

Todo esto rompería con décadas de política de colaboración de clases de los sindicatos suecos, pero eso es exactamente lo que se necesita. La colaboración de clases durante la crisis del capitalismo sólo significa que los trabajadores ceden a las demandas de los capitalistas. Hay que poner fin a esto.

¡Movilizar ampliamente contra los rompehuelgas de Tesla! ¡Seguir ampliando las huelgas de solidaridad!

¡Por un movimiento obrero combativo!

¡Viva la fuerza de la clase obrera, viva la solidaridad internacional! ¡Juntos podemos vencer!

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