La candidatura de Yolanda Díaz y el conflicto entre Podemos y SUMAR

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Editorial del nº 94 de Lucha de Clases – El domingo 2 de abril, Yolanda Díaz se postuló como candidata para presidenta de gobierno en las elecciones legislativas de final del año, a través de su agrupación SUMAR. Alrededor de esto se ha desatado una dura polémica en torno a la integración de Podemos en esta alianza electoral.

Una lucha de aparatos… y algo más

En dicha polémica no han emergido diferencias políticas sustanciales, habida cuenta que ambos sectores defienden la continuidad de la coalición de gobierno con el PSOE. Además, todos ellos han renunciado a la mayor parte del programa original de dicho gobierno, como la derogación de la reforma laboral del PP, manteniendo sus aspectos más regresivos, y de la Ley Mordaza, de la que antes del fracaso de su reforma en el Congreso habían aceptado mantener los tipos penales introducidos por el PP y sólo proponían rebajar algunas penas. También renunciaron a aumentar los impuestos a los ricos, enfrentarse a la especulación inmobiliaria de los fondos buitre, o imponer a la Iglesia el pago del IBI. La crisis actual se reduce a una discrepancia en cómo elegir los candidatos a diputados y senadores, donde Yolanda Díaz pretende asegurarse los puestos de salida para sus candidatos afines, reduciendo al mínimo la representación de Podemos. En respuesta, Podemos ha propuesto la celebración de primarias abiertas para elegir a los candidatos, como condición para participar en un frente electoral con Sumar, a lo que Díaz ha respondido con evasivas hasta el momento.

En definitiva, estamos ante una lucha de aparatos por puestos en las listas electorales de finales de año. Sin embargo, esto no agota la cuestión.

Está claro que Yolanda Díaz es percibida por los sectores más avanzados de los trabajadores y la juventud, y por la propia clase dominante, como una “moderada” y un personaje político más confiable para el régimen. Frente al mimetismo de Yolanda Díaz con el gobierno de Sánchez, la dirección de Podemos –pese a todas sus renuncias y giros a la derecha de los últimos años– ha tratado de mantener un perfil de “oposición de izquierda” dentro del mismo, aunque eso no basta para encubrir su impotencia y su sometimiento a la política que la dirección del PSOE impone en el gobierno de coalición.

Dime con quién andas…

Los apoyos de Díaz provienen del ala derecha de Unidas Podemos, donde ahora se sitúan la dirección de Izquierda Unida y Alberto Garzón, y los socios catalanes de la coalición, En Comú Podem, de Ada Colau. SUMAR también ha recibido el apoyo de los demás grupos moderados de izquierda del Congreso, como Más País de Íñigo Errejón y Compromís de Joan Baldoví. Todos, sin excepción, se han puesto de perfil cada vez que las ministras de Podemos chocaban con Sánchez (como en la ley “Sólo sí es sí”) y han terminado apoyando la guerra y el envío de armas a Ucrania, alineándose con el imperialismo occidental.

No por casualidad, también fueron invitados al acto de SUMAR derechistas consumados dentro de la izquierda, como el excoordinador general de IU, Gaspar Llamazares, quien declaró: “Empieza un proceso hacia la recomposición de la izquierda española, con una persona al frente que representa a la izquierda constructiva y a la izquierda amable”; es decir, una izquierda constructiva y amable para el establishment.

Más escandaloso aún, también fue invitado Antonio Gutiérrez, exsecretario general de CCOO y exdiputado del PSOE bajo Zapatero, quien inició el giro a la derecha de CCOO a mediados de los años 90 y persiguió al ala de izquierda de los “críticos”, encabezados por Marcelino Camacho, el dirigente histórico del sindicato.

No menos llamativos fueron los apoyos “externos” de Yolanda Díaz. Días antes del evento, SUMAR difundió un vídeo de apoyo de Alexis Tsipras, el dirigente de SYRIZA que traicionó el mandato del pueblo griego obtenido en el referéndum de junio de 2015, cuando el 62% rechazó las políticas de ajuste salvaje que quería imponer la Unión Europea, y cuyo desprestigiado gobierno dejó paso nuevamente a la derecha.

Pero el medidor más fiable del carácter de un dirigente político de izquierda, es cómo éste es percibido por la clase dominante. El País, un vocero principal de los grandes bancos y empresas, dedicó coberturas exclusivas al acto de SUMAR, cubrió de elogios la figura de Yolanda Díaz y denostó la “intransigencia” de Podemos. En su Editorial del 3 de abril, El País celebró que Yolanda Díaz cambiara la “antigua épica del pueblo contra la casta por la más inmediata y material apelación a la ‘política útil’ a través de la negociación y el diálogo”. El cronista de El País, Juan Rodríguez Teruel, se regocijaba con el hecho de que Yolanda Díaz “actualiza el programa de una izquierda institucional y abandona el impulso populista de los orígenes de Podemos”.

¿Por qué SUMAR?

Todo el proceso que ha conducido a SUMAR ha adquirido la forma de un montaje de principio a fin. Díaz fue designada “a dedo” como dirigente de Unidas Podemos por Pablo Iglesias, y su imagen pública ha sido construida por la prensa “progre”, en el contexto del crecimiento económico y del aumento del empleo que siguió a la pandemia, tras haber traicionado, junto con la dirección de Podemos, la promesa de derogar la reforma laboral del PP. Esto pone en su justo valor el “proceso de escucha” que ha organizado por todo el país para, supuestamente, recoger las aspiraciones populares y elaborar el programa electoral de SUMAR. Se supone que ella también había “escuchado” la clara reivindicación de la calle a favor de derogar la reforma laboral del PP y la Ley Mordaza, para olvidarse de lo que había prometido cuando llegó al gobierno.

Yolanda Díaz proclamó en el acto de SUMAR que: “Estamos cansadas de tutelas. No pertenecemos a nadie. Yo tampoco soy de nadie”. Aunque, superficialmente, pareciera que esto iba dirigido a Pablo Iglesias, en realidad viene a decir que no tiene que dar cuentas a nadie ni estar sometida a ningún control de la base ni de sus votantes; es decir, que aspira a ejercer un dominio irrestricto sobre el programa y las alianzas electorales, un modelo de caudillismo ramplón y burdo que a duras penas puede esconder su sometimiento al statu quo.

De aquellos polvos…

Para ser justos, una responsabilidad principal de todo esto recae sobre Pablo Iglesias. Este es el resultado de su concepción caudillista de la lucha política, de su horizonte reformista y, consecuentemente, de su pánico a romper completamente con el régimen. No es casualidad que todos sus “dedazos”: los de Yolanda Díaz, Íñigo Errejón, o Manuela Carmena, tuvieran como objeto poner en los puestos de máxima responsabilidad a gente situada políticamente “a su derecha”, por miedo a un liderazgo más a la izquierda que incrementara la confrontación con el establishment. Esto es la consecuencia de su desconfianza arraigada en la lucha de la clase trabajadora por un cambio radical de sociedad. Al final, sus delfines, terminaron apuñalándolo por la espalda para reconciliarse con el régimen.

En cualquier caso, no está dicha la última palabra sobre esta crisis. Díaz, Sánchez e, incluso, un sector importante de la burguesía que siente pánico ante un gobierno provocador de PP-Vox en un contexto de ascenso de la lucha social como el que vemos, saben que una ruptura “sucia” con Podemos reduciría significativamente la posibilidad de una mayoría de izquierda en el Congreso y reeditar un “gobierno progresista”. Significativamente, el mismo Editorial de El País citado anteriormente, concluía con un mensaje claro a Díaz: “Yolanda Díaz necesita actuar con diligencia y eficacia en ese terreno, y no solo por cálculo electoral. Más tarde o más temprano, necesitará una votación a través de primarias que legitime su liderazgo (tras ser designada en su día por Pablo Iglesias como sucesora). Todos necesitan audacia y generosidad para fortalecer una plataforma que exhibió el domingo respaldo popular y un proyecto esperanzador para una izquierda institucional y de vocación transformadora”. Sánchez se ha manifestado en términos similares, abogando por un entendimiento. También la migración de los cargos públicos más arribistas de Podemos hacia SUMAR podrían ejercer presión en la dirección podemita para tratar de llegar a un arreglo.

De esta manera, no está descartado un acuerdo entre ambas formaciones en algún momento. La única duda es si eso se producirá antes de las elecciones locales y regionales de mayo o después. Aunque el precio sería, seguramente, un protagonismo menor de Podemos en la coalición, que no es sino un reflejo de su prolongado declive político y social desde que apostó todo por el institucionalismo burgués.

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