Entramos al definitorio mes de mayo en un contexto seriamente atípico de cara a los venideros comicios presidenciales del día 20. Mientras el abstencionismo reina entre la mayoría de agrupaciones políticas opositoras (MUD–FAVL y SV), hecho que limita las posibilidades de triunfo de Henry Falcón; Nicolás Maduro se prepara para capitalizar la fragmentación de la derecha, esperando obtener un triunfo que lo habilite para un nuevo periodo constitucional, en medio de una cada vez más aguda situación económica y social que promete dar continuidad al clima de inestabilidad e incertidumbre hoy imperantes.

Tuve la oportunidad de participar en la manifestación del 1º de Mayo del año pasado en Caracas que se dio en circunstancias bastante particulares. Estábamos en mitad de la ofensiva insurreccional de la oposición burguesa y pro-imperialista, con violentas manifestaciones en las calles. La marcha del 1º de Mayo se convirtió en una oportunidad para responder de manera masiva a esa ofensiva golpista cuya intención era la de derrocar al gobierno de Maduro por medios insurreccionales.

Han pasado cinco años desde la muerte de Hugo Chávez. Lo conocía desde hacía casi diez años y sentía un gran respeto por su valor, honestidad y dedicación en la lucha contra la opresión y la explotación. Por esto se ganó el odio de todas las fuerzas de la vieja sociedad: los banqueros, los capitalistas y terratenientes, los imperialistas, la CIA y, por supuesto, la llamada "prensa libre" que no es más que la boquilla servil del viejo orden.

En vísperas a las venideras elecciones presidenciales, a celebrarse el 20 de mayo, nuestro país se adentra en un nuevo periodo marcado por la incertidumbre. La profunda depresión económica, la hiperinflación, el colapso generalizado de los servicios públicos, y como consecuencia, el auge en las luchas obreras y populares; enmarcan el explosivo contexto político nacional, donde la derecha se halla atomizada, el imperialismo norteamericano en plan ofensivo, y la dirección bolivariana cada vez mas divorciada de los intereses de la clase trabajadora y el pueblo en general.

Como hemos venido señalando, específicamente en nuestro artículo “Venezuela: crisis, saqueos y hambre ¿Cuál es la salida?”, la actual crisis que atraviesa el país ha golpeado principalmente a las masas trabajadoras. Esta, enmarcada dentro de la crisis del capitalismo mundial, afecta principalmente a los países que, como el nuestro, se insertan en la economía mundial de forma dependiente, haciéndonos el eslabón más débil de la cadena.

El pasado 26 de febrero, desde la sede del comité central del Partido Comunista de Venezuela en el Edificio Cantaclaro, se firmaría el acuerdo unitario PSUV-PCV a la vez que la tolda del gallo rojo proclamaría a Nicolás Maduro como su candidato a la presidencia de la república. Días antes, el 21 de febrero, pero esta vez desde el teatro municipal de Caracas, el PPT haría lo propio, completando así los partidos del Gran Polo Patriótico que apoyarían la candidatura del PSUV. De esta manera, se cierran las consultas de ambas toldas a su militancia, tanto la Asamblea del PPT como la XIV Conferencia de los comunistas.

Queda claro que en las últimas semanas el imperialismo estadounidense y sus países lacayos han aumentado la agresión contra Venezuela. El objetivo es público y declarado: propiciar un golpe de estado que derroque el gobierno del presidente Maduro y permita a la oligarquía capitalista volver a tomar control. Es necesario responde con medidas revolucionarias que golpeen el poder económico de la oligarquía, los agentes del imperialismo el país.