Durante los últimos meses, los medios de comunicación de todo el mundo han estado hablando de una nueva guerra en Europa. Según los servicios de inteligencia estadounidenses, Rusia ha trasladado más de 100.000 soldados a su frontera con Ucrania. También está realizando ejercicios militares conjuntos con Bielorrusia. Estados Unidos y la OTAN han mantenido una serie de conversaciones con Rusia, aunque ninguna ha resuelto aún la situación.

El levantamiento de enero en Kazajistán, y particularmente en Almaty, fue el suceso más notable en la memoria viva de la mayoría de los kazajos. En su discurso ante la sesión extraordinaria de la CSTO [Organización del Tratado de Seguridad Colectiva], el presidente, Kasim-Yomart Tokayev, la describió como “la crisis más grave en los 30 años de historia de la independencia”.

El reciente juicio y sentencia a Ghislaine Maxwell, figura de la alta sociedad británica y traficante sexual, abrió el telón de la repugnante guarida del abuso en la que habita la clase capitalista, con todos los ojos puestos ahora en el príncipe Andrés y la monarquía en crisis.

La revolución sudanesa se encuentra en una encrucijada crítica. Las fuerzas de seguridad están asesinando, violando y atacando a las masas con impunidad. La revolución ha respondido lanzando nuevas protestas, bloqueando barrios y realizando una huelga general de dos días, aunque esta última se vio debilitada por la falta de organización. Debemos ser claros: el tiempo se agota.

La repetida elección a gobernador del Estado Barinas produjo un resultado aparentemente sorprendente: la derrota del PSUV y la victoria del candidato de la oposición reaccionaria Sergio Garrido, de la MUD (es decir la oposición golpista, oligarquica y pro-imperialista).

Las tensiones derivadas de la concentración de fuerzas militares en la frontera entre Ucrania y Rusia han hecho su regreso anual a principios de 2022, aunque últimamente se han visto eclipsadas por los acontecimientos en Kazajistán. Incluso hasta que Kazajistán suplantó el alarde de poder militar en las noticias, había pocos indicios de que alguien creyera realmente que iba a ocurrir algo de la magnitud de una guerra.

Ayer, el ejército y las fuerzas de seguridad de Kazajistán, respaldados por las fuerzas especiales rusas, se movilizaron para reprimir por la fuerza lo que se ha convertido en el mayor movimiento de masas en Kazajistán desde el colapso de la Unión Soviética.