Análisis Político
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Muchos de quienes ya hace bastante que cumplimos los 50, hemos oído a nuestros padres y abuelos hablarnos de los años del hambre.

En mi caso, cuando aún era sólo un adolescente, mi padre, Natalio, me contaba cómo recién acabada la guerra civil, en los negros 40, con poco más de 10 años de edad; él, mayor de 7 hermanos, era el responsable de llevar a los más pequeños a la “Casa del niño” donde cientos de niños pobres como ellos, tenían que hacer cola, vigilados de cerca por las “damas de la sección femenina de Falange que no dudaban en usar sus duras varas de caña para mantener el orden y que nadie se colara”. Y así esperaban a que por la caridad del “Auxilio Social falangista” les dieran un “bocadillo”.

Mientras, mi abuela Manuela, al igual que otras muchas madres como ella, le esperaba en la puerta para guardar la magra comida en su capacho de esparto.

75 años después, avanzada ya la 2ª década del siglo XXI, en España, la cuarta economía de Europa, reaparece el “Hambre” con mayúsculas. Cada día que pasa, en colegios de  Andalucía, Canarias, Cataluña, Valencia… se suceden los avisos de profesores que denuncian que cada vez son más frecuentes los casos de alumnos que se marean o desmayan por pura y simple desnutrición.

Se suceden las historias del hambre y del coraje de muchas familias, que no pueden alimentar adecuadamente a sus hijos, todas igual de humillantes y duras, pero que quizás podríamos resumir en lo que le contaba un pequeño a su profesora en Girona:”Seño, hoy para desayunar mi mamá me ha puesto el bocadillo mágico, pan con pan, y yo decido qué lleva dentro”.

La situación se  agrava y extiende como una plaga por toda la geografía de la piel de toro:

En Andalucía, la Junta ha aprobado un plan urgente para garantizar que a 48.000 niños escolarizados, además de tener comedor gratuito, se les proporcione también; fruta, leche y otros alimentos para garantizarles el desayuno y la merienda.

En Canarias, el Departamento de Educación mantendrá abiertos los comedores de varios centros durante el verano, para garantizar  la comida a más de 8.000 alumnos de primaria.

En Valencia, la  llamada  “Casa de la Caridad” (¡qué poco han cambiado los nombres!), repartió comidas a 11.600 menores de entre 4 y 11 años en 2012, el doble que el año anterior.

En este contexto, el gobierno recortó en un 65% el presupuesto de la ya de por sí raquítica “Red Básica de Servicios Sociales” y, como denunció la CEAPA (Confederación Española de Padres de Alumnos), lo mismo ha pasado con las ayudas para Comedores Escolares, que se han reducido de media entre un 30 y un 50% en todo el Estado.

No a todos les afectan los recortes: en sus presupuestos, la Comunidad de Madrid, a la vez que recortaba las Becas para Comedor, destinó una partida de 90 millones de euros a subvencionar los uniformes de alumnos que estudian en escuelas privadas. Igualmente, en Cataluña, la Generalitat, mientras recorta el presupuesto educativo, sigue dedicando entre 25 y 30 millones de euros al año a financiar los conciertos con unos pocos colegios de élite.

La cruda realidad para la mayoría asalariada es que cada día que pasa se engrosa y amplía la geografía del hambre, mientras que las únicas recetas que nos ofrecen desde la Troika en Europa, y aquí sus secuaces del Gobierno PP, sólo suman un recorte tras otro.

Ante este panorama, muchos trabajadores, afiliados o no a los sindicatos de clase, nos preguntamos ¿de qué les ha servido a los dirigentes de UGT y CC.OO la experiencia de estos 5 años de crisis y recortes, para que sigan hablando de la necesidad de un” Pacto” para repartir el peso de la crisis?.

¿A que éesperan  para organizar la respuesta continuada y contundente que acabe con esta política anti obrera y con este gobierno?

Los parados, los pensionistas, los jóvenes, los asalariados, no podemos esperar.