Sectores de la burguesía española están empeñados en forzar un cambio político en Ciudadanos para que se adapte a las necesidades de sus intereses de clase actuales; esto es, reconstruir el “centro político” con un acuerdo PSOE-C’s. Pretenden así frenar la polarización izquierda-derecha y el conflicto democrático y de clase que subyace en la misma. Además de la cúpula del PSOE, la burguesía parece haber encontrado también para esta jugada un aliado inesperado, Íñigo Errejón y su nuevo movimiento político.

Las elecciones municipales han conmocionado los equilibrios políticos a nivel estatal, con el resurgimiento del PSOE y ERC y el declive de Unidos Podemos y sus aliados. En Barcelona, ​​la victoria por la mínima de Ernest Maragall contra Ada Colau y la pérdida por parte de la CUP de todos sus concejales supone un cambio importante en la situación política.

Hemos derrotado al “trifachito”. La reacción neofranquista no pasó en estas elecciones. Pese a explotar los prejuicios más bajos y ruines de las capas más atrasadas de la población, la derecha mordió el polvo en su intento de alcanzar La Moncloa. Las familias obreras, la juventud, la mujer trabajadora, las nacionalidades oprimidas, y todo lo que hay de progresista en la sociedad española, cerraron filas para impedir la llegada de un gobierno que amenazaba con ser el más reaccionario en 40 años.

Las elecciones del 26 de mayo, municipales, autonómicas y europeas, han vuelto a confirmar la victoria de la izquierda en las elecciones generales del 28 de abril pasado. En las elecciones municipales, las más relevantes, la izquierda estatal y nacionalista consiguió el 48,7%, mientras que la derecha estatal y nacionalista alcanzó el 42%. En las elecciones europeas, con un nivel similar de participación, la victoria del bloque de izquierdas fue aun más marcada: 51,13% frente al 41,33%. Además de esto, están los votos de Junts (el partido de Puigdemont), más de 1 millón (el 4,58%), que sería incorrecto ubicarlos mecánicamente dentro de la derecha, puesto que fundamentalmente  tienen un carácter de reivindicación democrática y republicana y de rechazo al régimen del 78.  

No es casual que los abanderados de la rojigualda y del patriotismo español sean el aparato del Estado, la jerarquía de la Iglesia Católica, la familia Borbón, y detrás de todos ellos, moviendo las cuerdas de los politiquillos de la derecha y de la ultraderecha, los consejos de administración de las grandes empresas del IBEX35. Tampoco es casual que el lema de la “Unidad de España” y la defensa de la bandera rojigualda hayan sido históricamente los estandartes del franquismo, la expresión deformada que adquirió el fascismo español.

Las elecciones generales fueron una derrota sin paliativos para la derecha y una importante victoria para el PSOE que pueden verse confirmadas en las elecciones municipales y autonómicas del próximo 26 de mayo, en las que se juega buena parte del poder regional del PP y la permanencia de los “Ayuntamientos del Cambio”.

Durante la década siguiente a la Gran Recesión de 2008 diferentes procesos de lucha llevaron al gobierno a movimientos políticos con un programa inicial muy parecido al de Unidas Podemos, que contemplaban mejoras, pero que querían convivir con el dominio de la economía por parte de los grandes capitalistas. Se nos explicó que esos caminos eran más "realistas". Hoy todo son lamentos: en Grecia, Latinoamérica... Creemos que el mejor antídoto para el futuro reside en la defensa de un programa que acometa la resolución de las necesidades que padecemos la inmensa mayoría, que no es otro que un programa auténticamente socialista. Los marxistas de "Lucha de Clases" queremos exponer nuestras principales conclusiones para este debate.