España aparece como un Estado fuertemente secularizado. La asistencia a misa es residual, y ni siquiera en la actual crisis del coronavirus está habiendo un repunte de la religiosidad, tan común en otros momentos de grandes convulsiones. Sin embargo, pese a tanta modernidad, la Iglesia Católica sigue impertérrita como una de las mayores instituciones del país. Aquí explicamos nuestra posición sobre este tema en particular, y el programa que defendemos.

Me llamo Enrique, soy un trabajador y tengo 52 años. Mi mujer y yo fuimos contagiados por el coronavirus a finales de febrero. Cuando nos hicieron los tests y dieron positivos nos obligaron, para superar la enfermedad y no contagiar a nadie, a recluirnos en casa y medicarnos a domicilio. Así lo hicimos. Como yo tengo bronquitis y no paraba de toser decidieron que fuera ingresado en el Hospital de Txagorritxu.

Hoy, mañana y toda la semana nos despertamos con el minuto a minuto de la crisis del SARS-Cov-2, comúnmente llamado Coronavirus. La población se encuentra en un estado de histeria colectiva que se alimenta cada día que pasa, navegando entre la realidad y los cientos de bulos y noticias falsas que se filtran. 

La epidemia global de coronavirus y la declaración del Estado de Alarma han provocado el cambio más drástico en la vida de la población española desde los primeros días y semanas de la crisis de 2008-2009. Millones de personas permanecen recluidas en sus casas y se anuncia que más de un millón perderá, temporal o permanentemente, su puesto de trabajo. Estando de acuerdo con tomar medidas enérgicas y audaces contra esto, ¿es el plan aprobado ayer por el gobierno, la manera más efectiva de luchar contra la epidemia y asegurar el empleo y las condiciones de vida de las familias obreras, o sólo es "pan para hoy"?

El movimiento Pensionista de Euskal Herria nos cruzamos por tercer año consecutivo con la conmemoración de aquel 3 de Marzo de 1976. Los que estamos manifestándonos más de 100 lunes somos precisamente los que estuvimos en aquellas luchas. Resulta evidente el nexo entre aquella realidad política y social de la Transición y la realidad económica y política actual. Se puede afirmar sin exagerar que el “Contrato Social” y el “Derecho del Trabajo” a día de hoy han quedado prácticamente rotos o bien son papel mojado.

La crisis sanitaria generada por la epidemia del coronavirus COVID-19 ha puesto el planeta patas arriba y alterado la vida cotidiana de cientos de millones de personas, particularmente en los países capitalistas desarrollados y China, origen de la infección. Cierre de extensas áreas geográficas y de ciudades, suspensión de clases en todos los niveles de la enseñanza, limitaciones a la actividad laboral en numerosos sectores, prohibición gubernativa de reuniones masivas y de manifestaciones, reducción significativa de la vida social y cultural, entre otras, son las consecuencias de una epidemia que afecta a más de 130.000 personas en todo el mundo y que ha dejado hasta el momento cerca de 5.000 muertos, la gran mayoría personas de edad avanzada con patologías previas.

Uno de los aspectos centrales de la investidura de Pedro Sánchez fue el acuerdo al que llegaron PSOE y ERC para encauzar el conflicto catalán y avanzar en su resolución. La derecha ha organizado un tremendo alboroto sobre esto. Pero si se analiza en detalle, este acuerdo no compromete a nada en concreto. Simplemente califica de “político” el conflicto, lo cual es una obviedad y sirve como una concesión al independentismo, y establece la creación de una “mesa de diálogo” entre los gobiernos español y catalán, para acordar una serie de conclusiones y propuestas que serán sometidas a consulta entre la población catalana.