Economía
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La nueva factura de la luz que ha entrado en vigor el 1 de junio, plantea que el precio de la luz se verá regulado por tramos horarios, con el objetivo de avanzar en la descarbonización. Una de las principales claves de esta nueva factura es que «no importa el cuánto, sino el cuándo» se consuma electricidad. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) afirma que dará lugar a un ahorro del 3,4% a 19 millones de consumidores, pero debemos preguntarnos, ¿será tal el beneficio?, ¿para quién?

De este modo, la CNMC afirma que el consumo en horas valle (la tarifa más económica, es decir, de 00:00 a 8:00 a.m. y fin de semana) puede ser un 95% más barato que en hora punta, y que para hogares con alto equipamiento puede suponer un ahorro de 200€ o 300€. Sin embargo, se trata de una medida absolutamente inoperante y alejada de la realidad de la clase trabajadora, pues el cansancio tras una larga jornada laboral o el madrugar para trabajar impide ocuparse de las tareas del hogar a esas horas. Hay personas que incluso trabajan en estos tramos horarios, o simplemente la precarización y las horas extra dificultan una gestión del tiempo adecuada para la clase obrera.

La realidad es que la clase trabajadora acabará pagando más por su factura de la luz, un bien básico. Según la Organización de Consumidores y Usuarios, aunque la subida del precio en un hogar rondaría el 8,5%, podría alcanzar el 27,3%. Además, el coste de poner electrodomésticos en horas valle es un 16% más elevado esta semana que la anterior, según Selectra. En cualquier caso, uno de los aspectos más graves de esta medida es que están responsabilizando a la inmensa mayoría de la sociedad de un problema provocado por las grandes empresas mundiales, pues cien de estas son responsables de más del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Estas son las verdaderas beneficiadas de las reformas que se están llevando a cabo, pues siguen subiendo el precio de la luz cada año a pesar de ser estas empresas quienes han provocado el problema.

Endesa, privatizada en su totalidad en 2003, es precisamente una de las empresas más contaminantes en el Estado español, llegando a emitir el 62% del total de emisiones fijas y el 25% de las emisiones totales del Estado, según el Observatorio de Sostenibilidad. A pesar de ello, son estas grandes empresas las que controlan la gestión y comercialización de la electricidad, lo cual se refleja en el beneficio neto de 1.394 millones de euros obtenido por Endesa en 2020, un aumento del 715% con respecto a los 171 millones del año anterior.

Además, hay que añadir al aumento del precio, el incremento de impuestos como el tributo eléctrico o el IVA, que afecta principalmente a los trabajadores y que tampoco ha parado de subir. Por si fuera poco, hay que sumarle el coste de los cargos y peajes que suponen el 55% de la factura ¡y son regulados (al igual que el IVA) por parte del gobierno! Por tanto, la distribución de la energía también revierte en grandes beneficios para estas empresas y en enormes costes para las familias trabajadoras, y nuestro gobierno lo consiente. A estos beneficios que generan hay que sumarles además los extraídos de las subastas energéticas, que son un saqueo al bolsillo de las familias trabajadoras y los pequeños autónomos. Esto se debe a que el precio de la energía eléctrica se estipula en función del precio de la última oferta de las empresas generadoras de luz hasta cubrir la demanda. Es decir, los trabajadores pagan siempre el precio más alto de la energía suministrada. Es así como el Estado español se convierte uno de los países con precios más elevados de la luz en la Unión Europea, según Eurostat.

Se trata de un negocio muy rentable para las eléctricas y, a pesar de ello, pretenden que paguemos aún más por la catástrofe medioambiental que ellos mismos están generando por su codicia. Con esa cantidad de beneficios, a costa del trabajo de miles de trabajadores y del consumo de decenas de millones de personas, estas empresas tendrían capacidad de sobra para llevar a cabo un proceso de reconversión hacia energías limpias, sin embargo, no resulta rentable, pues prefieren maximizar sus beneficios a través de la explotación de los recursos naturales y humanos, pero, claro, ¡«no importa cuánto, sino cuándo» los exploten!

No podemos confiar por tanto en la bondad de estas grandes empresas, pues la producción no se orienta más que por su beneficio privado, generando derroche, desigualdad y opresión de la clase trabajadora. Unidas Podemos no ha sido capaz de desafiar este problema de manera consecuente, pues temen entrar en un enfrentamiento con los grandes empresarios, y tampoco confían en la fuerza de la clase trabajadora. Los marxistas sí confiamos en la clase obrera, y debemos movilizarnos para acabar con esta explotación, es decir, con el capitalismo. A través de la nacionalización de las principales empresas y su gestión por parte de los trabajadores, se realizaría una administración eficaz de los recursos y se obtendrían los medios para revertir la contaminación llevada a cabo anteriormente, a la vez que se garantizarían los suministros básicos de energía a toda la población. Para ello, es necesario movilizarnos y organizarnos, y llevar un cambio verdaderamente revolucionario y consecuente, pues lo demás será poner parches.
Mientras tanto, debemos exigir:

  • Nacionalización del sistema energético: eléctricas y compañías de hidrocarburos; sin indemnización salvo a pequeños accionistas.
  • No distinguir el coste de la luz por tramos horarios. Electricidad accesible a cualquier hora del día y garantizar este bien básico a toda la población.
  • Nombrar un comité auditor en todas las compañías eléctricas, formada por los trabajadores de esas empresas, sindicatos y organizaciones de usuarios representativas, con plenos derechos para acceder a los datos de las empresas con el fin de exponer las cuentas reales de las compañías, investigar sus inversiones y despilfarros, y estimar el verdadero coste de la generación, distribución y comercialización de la energía eléctrica.
  • Instituir el control obrero en las empresas de energía
  • Plan progresivo de eliminación de las energías contaminantes y su sustitución paulatina por energías renovables y limpias, hasta donde lo permita el desarrollo tecnológico y científico en cada momento.

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