Las elecciones generales fueron una derrota sin paliativos para la derecha y una importante victoria para el PSOE que pueden verse confirmadas en las elecciones municipales y autonómicas del próximo 26 de mayo, en las que se juega buena parte del poder regional del PP y la permanencia de los “Ayuntamientos del Cambio”.

La campaña electoral encara sus últimos días y aunque todas las encuestas auguran una derrota del “trifachito”, no puede descartarse ningún resultado, dado el alto porcentaje de indecisos que aún permanece, de en torno al 30%. Unidos Podemos, que inició la campaña en una situación de mucha debilidad, ha reforzado su perfil, que mezcla una retórica algo más radical que meses atrás con un canto a las excelencias de los derechos sociales que incluye la Constitución de 1978, exigiendo su pleno cumplimiento ¿Es ésta la manera de acreditar la utilidad del voto para Unidos Podemos?

Hemos derrotado al “trifachito”. La reacción neofranquista no pasó en estas elecciones. Pese a explotar los prejuicios más bajos y ruines de las capas más atrasadas de la población, la derecha mordió el polvo en su intento de alcanzar La Moncloa. Las familias obreras, la juventud, la mujer trabajadora, las nacionalidades oprimidas, y todo lo que hay de progresista en la sociedad española, cerraron filas para impedir la llegada de un gobierno que amenazaba con ser el más reaccionario en 40 años.

No es casual que los abanderados de la rojigualda y del patriotismo español sean el aparato del Estado, la jerarquía de la Iglesia Católica, la familia Borbón, y detrás de todos ellos, moviendo las cuerdas de los politiquillos de la derecha y de la ultraderecha, los consejos de administración de las grandes empresas del IBEX35. Tampoco es casual que el lema de la “Unidad de España” y la defensa de la bandera rojigualda hayan sido históricamente los estandartes del franquismo, la expresión deformada que adquirió el fascismo español.

La industria vasca ha pasado de 423.000 empleos en 1975 a 194.000 en la actualidad. Una pérdida del 54% que continúa ahogando al sector con políticas neoliberales. Fagor, Xey, CEL y La Naval son ejemplos recientes de mala gestión del Gobierno y las diputaciones vascas.

Durante la década siguiente a la Gran Recesión de 2008 diferentes procesos de lucha llevaron al gobierno a movimientos políticos con un programa inicial muy parecido al de Unidas Podemos, que contemplaban mejoras, pero que querían convivir con el dominio de la economía por parte de los grandes capitalistas. Se nos explicó que esos caminos eran más "realistas". Hoy todo son lamentos: en Grecia, Latinoamérica... Creemos que el mejor antídoto para el futuro reside en la defensa de un programa que acometa la resolución de las necesidades que padecemos la inmensa mayoría, que no es otro que un programa auténticamente socialista. Los marxistas de "Lucha de Clases" queremos exponer nuestras principales conclusiones para este debate.