Cuba: ¿qué significan las reacciones a la destitución del director de Alma Mater?

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La destitución de Armando Franco como director de la revista cubana Alma Mater (Revista Alma Mater) el 26 de abril causó enorme revuelo a todos los niveles. Al final del día de ayer hubo dos declaraciones públicas que considero bastante importantes y significativas.

En primer lugar la declaración de Ronquillo Bello, presidente de la Unión de Periodistas y Escritores de Cuba, y subdirector editorial en Juventud Rebelde. La misma empieza así: “Nos entristece, como a tantos colegas y seguidores de Alma Mater, la decisión adoptada con relación a Armandito y la publicación.” Y sigue haciendo una lista de las virtudes de Alma Mater, los premios que ha recibido, etc.

La declaración no dice abiertamente estar en contra de la decisión, pero si manifiesta “tristeza” por la misma. Pero quizás el núcleo central de la misma es este: “Las búsquedas pueden conducir a errores y estos basta ventilarlos, como siempre aconseja Raúl Castro, cuyas ideas acaban de condensarse y presentarse en un texto tremendo, mirándonos a los ojos y hablándonos con sinceridad. Ese es el nuevo modelo de prensa que se defiende desde la Upec, con el apoyo decidido y público del Partido Comunista, que acaba de expresarse en el Pleno que terminó este miércoles.”

En mi opinión esto es una respuesta a los que quieren, temen o auguran que el cese del director de Alma Mater marque el inicio de un nuevo Quinquenio Gris de represión estalinista. El presidente de la UPEC se posiciona claramente en contra, pero además afirma que esa postura tiene “el apoyo del Partido”.

Para reforzar ese punto, la nota de Ronquillo se ilustra con el tuit de Enrique Villuendas Callejas, funcionario del Departamento Ideológico del CC del PCC, y responsable de medios de comunicación, emitido en horas de la noche del día de ayer. El tuit dice lo siguiente:

“Me reuní con Armando Franco Senén, periodista joven y talentoso, quien tiene mucho que aportar. Escuché sus preocupaciones sobre la @AlmaMater_Rev, y le ratifiqué la voluntad del @PartidoPCC de atenderlas.»

El tuit de Villuendas fue después replicado por la cuenta oficial del PCC que añadió este comentario:

“#Cuba @DiazCanelB llamó hoy a articular emociones, inteligencia, con acciones que revolucionen nuestro desempeño, sin perder el entusiasmo y el optimismo revolucionario, sin permitir el reblandecimiento del espíritu, conscientes de que necesitamos esfuerzos y entrega. Coherencia»

Aunque es más difícil entender el significado del comentario emitido por el PCC, el mensaje de Villuendas es claro: Armando Franco es talentoso, tiene quejas y las vamos a escuchar. Veremos en qué queda.

Ya en la madrugada del 28 de abril se pronunció Gerardo, uno de los Cinco Héroes, que es ahora Coordinador Nacional de los CDRs y miembro del CC del Partido y del Consejo de Estado. Su tuit dice:

“Para un buen soldado no es tan importante la trinchera en la que combate, como saber bien por qué y contra quién lucha. Me atrevo a asegurar que Armandito y su equipo de valiosos jóvenes nunca han tenido dudas al respecto. Es todo lo que sé, y todo lo que opino. #Cuba #AlmaMater”

Aquí lo importante es que una figura muy destacada de la revolución sale a defender la moral revolucionaria no solo de Armando Franco sino del equipo de Alma Mater, justamente cuando acaba de ser cesado de su puesto por motivos políticos.

¿Cómo interpretar todo esto?

En primer lugar, a mi no me cabe duda que la destitución del director de Alma Mater fue una decisión política de censura a la línea editorial crítica de la revista. Durante meses se la había atacado de manera estridente en las redes y probablemente ante las instancias. Finalmente esa campaña se saldó con la decisión de la UJC de cesarle del puesto.

Pero la cosa no es tan sencilla. La revolución cubana vive un momento muy delicado, que ha generado muchos debates internos. Se enfrenta a una aguda crisis económica, cuyas causas son múltiples: el bloqueo imperialista por encima de todo; la pandemia y su impacto económico en el comercio mundial, los precios y el turismo; pero también la gestión burocrática de la economía, y el impacto negativo de las medidas del Ordenamiento y de otras de apertura al “mercado”.

Todo esto mina la legitimidad de la dirigencia cubana. Los elementos contrarrevolucionarios, pagados por Washington, aprovechan estas dificultades para agudizar las contradicciones, tratar de generar un movimiento de masas contra la revolución. Así lo vimos con el Movimiento San Isidro, el 11J y el 15N que no fue. Estos elementos existen, y manejan mucho dinero. Pero no podemos cerrar los ojos al hecho de que el terreno ahora es más favorable a su actividad, está más abonado. El 11J no ocurrió hace 10 ni 15 años, sino ahora.

Ante esta situación se ha abierto un amplio debate dentro de las filas de la revolución. Algunos ven con temor que el proceso de cambios en la economía conduzca hacia la restauración del capitalismo. Eso lo vimos durante el debate sobre la Constitución. Las referencias al comunismo que se habían eliminado del borrador inicial volvieron a aparecer en el texto final después de numerosas propuestas.

Otro sector, que podríamos llamar estalinista, quiere lidiar con la discusión por el viejo método de acusar a todo el que critica de contrarrevolucionario, centrista, socialdemócrata, etc. y utilizar métodos administrativos de censura y represión. Es cierto que algunos de los críticos son socialdemócratas y por lo tanto contrarrevolucionarios. Conozco personalmente muchos casos de compañeros que empiezan con críticas a la burocracia y terminan abiertamente en el campo de la contrarrevolución en Cuba e internacionalmente. Pero eso no quiere decir que todos los críticos lo sean.

Hay un sector claramente que plantea que para defender la revolución es necesario hacer una serie de cambios, critican el burocratismo y hablan incluso de democracia obrera. No se les puede acusar de contrarrevolucionarios de ninguna manera, pero son también objeto de la fúria verbal y las represalias en algunos casos, por parte de la burocracia y los estalinistas.

Este sector se puede encontrar por ejemplo en los colectivos que impulsaron la Tángana de Trillo a final de 2020 y que luego fueron más o menos los mismos que lanzaron el movimiento de Los Pañuelos Rojos en noviembre de 2021.

¿Cual ha sido la respuesta de la dirigencia cubana ante este sector? Yo diría que por lo general, el presidente Díaz-Canel, sobretodo después del 11J ha tratado de mostrar una imágen de apertura, de escuchar, de bajar a las bases. Cuando los Pañuelos Rojos organizaron su sentada, se presentó a compartir con ellos, dándoles un espaldarazo público.

Después de la sentada de los Pañuelos Rojos tuvimos el evento de La Comuna, en febrero de este año que terminó con una declaración conjunta de colaboración entre las organizaciones oficiales (UJC, FEU, FEEM, etc) y las organizaciones que han tratado de impulsar la organización y el debate de la juventud revolucionaria por fuera de las mismas (muchas de las cuales impulsaron los Pañuelos Rojos).

Eso se puede interpretar de muchas maneras, claro, incluyendo como un intento de las organizaciones oficiales de cooptar a los críticos. En cualquier caso, lo que no sucedió fue que la burocracia aplastara a los críticos.

Sin embargo, posteriormente, durante la celebración del 8M, en la Habana algunos cuestionaron si los Pañuelos Rojos tenían permiso para su actividad.

En resúmen, lo que podemos ver son señales contradictorias. La destitución de Armando Franco apunta en una dirección. La reunión de la Comuna en la contraria.

También hay que señalar que la respuesta de Villuendas se produjo al final del día, después, y yo diría que por lo menos parcialmente como consecuencia, de las protestas que la decisión del cese del director de Alma Mater había provocado durante todo el día.

En mi opinión eso revela profundas divisiones en el seno de la burocracia y de las estructuras, con diferentes grupos cada uno pujando en una dirección.

Estas diferencias en cuanto a la cuestión de la forma política, se repiten también en el terreno de la política económica. Algunos abogan abiertamente por medidas que llevan a la restauración del capitalismo, algunas de las cuales ya se están aplicando. Otros, sin oponerse a la necesidad de este tipo de medidas, quieren poner líneas rojas, límites claros de hasta dónde se puede llegar, por ejemplo mantener el monopolio del comercio exterior. Finalmente otros plantean la necesidad de la democracia obrera.

En estos debates, importantes y cruciales para el futuro de la revolución cubana, la Corriente Marxista Internacional ha tomado, desde hace años, una posición clara:

– contra el bloqueo y la agresión imperialista

– en defensa incondicional de la revolución cubana y sus conquistas, que se asientan sobre la propiedad estatal de los medios de producción

– por el internacionalismo proletario como única manera de romper el aislamiento de la revolución

– contra la restauración capitalista, venga de donde venga, contra la “vía china o vietnamita”

– contra los cantos de sirena de la socialdemocracia, que no es más que otra cara de la contrarrevolución

– contra las medidas que aumentan las desigualdades sociales

– contra los privilegios de la burocracia

– por la libre discusión de ideas de todos los que defienden la revolución, incluyendo el acceso a los medios de comunicación del estado

– contra las arbitrariedades, las imposiciones y la represión burocrática que mina la revolución – por la democracia obrera y el control obrero

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