Bancos de Alimentos: ¿Caridad o Solidaridad?

La existencia de los Bancos de Alimentos es una muestra intrínseca de los problemas del sistema capitalista. Pese al gran desarrollo de la tecnología y aumento de la producción a niveles jamás vistos, vemos cómo hay problemas que nunca se terminan de solucionar y en la actualidad, podemos afirmar que incluso crecen de manera alarmante.

La demanda creciente de población necesitada de alimentos de primera necesidad evidencia un aumento generalizado de la precariedad y la pobreza. Ángel Franco, portavoz del Banco de Alimentos, calcula que si en el 2019 los bancos de alimentos atendieron a 1,1 millones de peticiones, temen que la cifra se dispare hasta la registrada en 2014 que fue de 1,7 millones las personas necesitadas de la ayuda de los bancos.1 En Jaén, la demanda de la Fundación Banco de Alimentos ha crecido un 30% tras el impacto del Coronavirus,2 y en el Banco de Alimentos de Gipuzkoa la demanda ha subido un 35%.3 Esto pone en evidencia la falta de planificación y la respuesta tardía de los gobiernos para hacer frente esta situación. Nosotros vemos los Bancos de Alimentos como un parche temporal pero nunca como algo permanente en el tiempo, como sí pretenden sectores pudientes de la sociedad.

Caridad como política social

Caridad proviene etimológicamente del latín caritas, o charitas, que significa “benevolencia, gracia, favor, cariño, amor”. Existen dos acepciones en el término: el de la razón; es decir, en el conocimiento de la necesidad y la búsqueda de un efecto reconfortante hacia la persona necesitada. y el término vinculado a la religión cristina, entendida como una virtud teologal que consiste en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo, que se representa como “clemencia o piedad”, también considerada como una virtud en la vida cristiana.

En esta última acepción es donde se halla el contenido religioso de la palabra, pero en el primer significado vemos ya sinónimos como “favor o benevolencia”, enmarcándolo con un contenido altamente clasista o con una posición superior dentro de la sociedad. De ese modo, no es casual que sea el método que tiene la derecha para afrontar la pobreza debido a que históricamente la burguesía ha estado estrechamente vinculada con el poder eclesiástico, usando la religión como un método de adoctrinamiento y, por tanto, como un vehículo silenciador de las voces disonantes del statu quo.

Concretamente, la burguesía ya desde un principio se sirve de la caridad como una muestra de sus acciones aparentemente desinteresadas al donar comida a los pobres «desgraciados» que no han sido unos “triunfadores de la vida” como ellos. En este sentido, la burguesía consigue a través de la caridad dos objetivos clave: por un lado, mostrarse ante la sociedad como agentes necesarios, generando una propaganda atractiva que a su vez les sirve para limpiar sus conciencias. Por otro lado, esta propaganda que les proporciona la caridad les permite ocultar ante la sociedad su poca o escasa contribución tributaria, es decir, les permite aparecer ante la sociedad como una solución a la pobreza en lugar de ser la fuente de ella. La Iglesia, por su parte, se beneficia desde un principio de su alianza con la burguesía para ganar adeptos y mantener su influencia en la sociedad.

La solidaridad para remover conciencias

Solidaridad, en cambio, proviene del adjetivo latino solidus que significa “sólido, macizo, consistente, completo, entero”. No obstante, la RAE proporciona la definición de Solidaridad como “una adhesión circunstancial, pero sólida, sin vanos artificios, firme, recia, completa, entera a una causa u opinión”, desde la hermandad, como un apoyo para los más necesitados, como una protección.

Contrariamente a la caridad, la solidaridad se enfoca desde la empatía, de igual a igual, entendiendo que aquella situación desagradable que vemos proyectada en otra persona, podría ocurrirnos a nosotros mismos, generando de esta forma una hermandad en base a la solidaridad. En términos marxistas, solidarizarse con diferentes luchas de la clase trabajadora es lo que va a ayudar a unirlas y luchar de manera conjunta contra sus opresores.

Con lo cual, nosotros reivindicamos que la mejor manera de luchar contra la pobreza no es reforzar constantemente a los bancos de alimentos que no dejen espacio a la crítica social y sean utilizados como una forma de apaciguar la rabia de los trabajadores, sino que estos mismos bancos de alimentos deben ser un instrumento para ayudar a tender puentes hacia las diferentes luchas para acabar con la precariedad y la pobreza, no queremos soluciones temporales y precarias sino que queremos un cambio radical que levante los cimientos de esta sociedad y que los trabajadores no tengamos que volver a mendigar las migajas del sistema, queremos transformar esta sociedad y extirpar las injusticias desde su raíz.

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