Argentina: Elecciones PASO 2023: Ni reír ni llorar ¡comprender!

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El pasado domingo tuvieron lugar en Argentina las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias), un mecanismo de filtro que obliga a cada frente electoral alcanzar al menos el 1,5% del voto válido para concurrir a las elecciones, y que elige a sus candidatos en internas propias. Todo ello, de cara a las disputadas elecciones presidenciales y legislativas previstas para el próximo mes de octubre. Ofrecemos aquí el balance de nuestros camaradas argentinos.

Los resultados electorales de las PASO 2023 pusieron blanco sobre negro la compleja y contradictoria situación política, social y económica que viven las masas en Argentina.

Los resultados

La Libertad Avanza, del ultraderechista Javier Milei, fue la coalición política más votada: se impuso en 16 de las 24 provincias llegando a un 30% de los votos, mientras que en Juntos por el Cambio, la derecha tradicional, se impuso Patricia Bullrich sobre su otro candidato, Horacio Rodríguez Larreta, sacando de conjunto un 28,3%. De todas formas, si tomamos los resultados de Javier Milei (30%) en relación a Patricia Bullrich (17%), el primero la superó ampliamente, quitándole una gran cantidad de votantes que Bullrich deberá remontar en las elecciones generales de octubre.

En Unión por la Patria (ex Frente de Todos, peronismo y kirchneristas variados) se impuso Sergio Massa al otro candidato, Juan Grabois, logrando entre los dos un 27,3%.

Por su lado, en el frente de izquierdas, FIT-U, Mirian Bregman le ganó a Gabriel Solano, logrando un 2,7%.

Mientras que el ausentismo fue también el protagonista de la jornada electoral.

La participación ha sido del 69,6%, uno de los registros más bajos en elecciones presidenciales (primarias o no) desde el restablecimiento de la democracia burguesa en 1983, tras la dictadura militar, cayendo aproximadamente un 7% respecto a las últimas de 2019. En las primarias de 2019, la participación fue del 76,40%. Además, se registraron un 4,78% de votos en blanco y 1,21% de votos nulos. En total, fueron 1,4 millones de electores menos que en 2019, superando apenas en 1,2 puntos porcentuales la votación de los últimos comicios legislativos de 2021, cuando había restricciones por el COVID-19.

En realidad, no se puede hablar de una división del voto en “tres tercios” como levantó Cristina Fernández en su momento. Por el contrario, debemos hablar de cuatro cuartos, ya que los espacios políticos no vieron la enorme abstención, que ha impuesto un nuevo elemento en la situación política.

Si analizamos los números y cómo se pintó el país con los diferentes colores políticos, Milei, como señalamos más arriba, ha recibido en parte los votos de Juntos por el Cambio.

El Frente de Todos/Unión por la Patria se descalabró, perdiendo un caudal enorme de votos. En realidad, no hay peor política que la de los gobiernos reformistas aplicando medidas de ajuste, ya que la respuesta de las masas no se hace esperar.

Las elecciones se dieron en un contexto político, social y económico de bronca popular y hartazgo.

La devaluación de la vida en general, el desorden social, sumado a la violencia social y estatal, es la moneda corriente que viven los millones de mujeres y hombres a pie.

La inflación devora los aumentos salariales que se alcanzan. La liberación de las tarifas y el incesante aumento de precios de la canasta de alimentos hacen imprescindible dos o tres trabajos para arrimar comida a las mesas obreras, ya que no alcanza para llegar a fin de mes. Esto se suma al aumento de la pobreza hasta niveles inéditos y una economía informal que sube sostenidamente. Todas estas razones conforman el contexto y dan argumentos de sobra a la bronca acumulada de tiempo, que se expresó el domingo tanto en las urnas como en el ausentismo histórico.

No puede olvidarse, además, que la semana anterior a los comicios la violencia golpeó en la ciudad de Buenos Aires y Lanús con el asesinato de una niña de 11 años por dos delincuentes que le arrebataron el teléfono móvil, y el asesinato del activista social Facundo Molares en manos de la policía de Rodríguez Larreta, el derechista alcalde de Buenos Aires.

Pareciera que la burguesía empuja al país hacia una espiral disolutiva. Los capitalistas muestran claramente que no tienen techo en su avaricia ni escrúpulos en la carrera por obtener mayores ganancias, incluyendo la posibilidad de patear el tablero. Los bonos de la deuda en dólares se desploman en el mayor derrumbe desde la crisis de la deuda en pesos, con la salida de Martín Guzmán de junio de 2022. Las acciones iniciaron con caídas de hasta 15% y ya operan con ganancias, luego de los resultados del domingo y de las medidas del gobierno, siendo más que probable que entremos en un curso devaluatorio en los meses que vienen.

Apenas a unas horas del resultado de las PASO, el gobierno aumenta el dólar oficial imponiendo una devaluación del peso del 22%. El aumento de tasas por parte del Banco Central de Argentina llega a un interés del 118% y produce un aumento generalizado de los precios de la canasta de alimentos. El dólar en el mercado negro se dispara a niveles que empujan a la economía de millones de trabajadores a más miseria, llegando a cotizar a 715/730 pesos.

La economía en general, producto del encarecimiento de la vida, retrocede lentamente en medio de un proceso de estancamiento. No se saben los precios de las mercancías, por lo tanto, los capitalistas no venden y especulan a que suban más para sacar más ganancias, mientras quienes pagamos somos los trabajadores, los de abajo.

¿El electorado se derechiza?

El voto a Javier Milei dejó una estela sombría en el Frente de Todos/Unión por la Patria. Sigue la canturria de la “derrota cultural”, sumado a una serie de justificaciones del por qué ubicaron a su candidato, Sergio Massa, en el tercer lugar.

Milei, un candidato que pintó a la Argentina de violeta, el color de su campaña, no cuenta con una estructura en ninguna de las provincias del país, ni con un solo gobernador. Tampoco cuenta con el apoyo de lo más lúcido de la burguesía, mientras el FMI apostaba por un gobierno peronista, liderado por Sergio Massa. Aunque la candidatura de Sergio Massa llegó a las PASO golpeada por el desmadre de los precios y con un desprestigio creciente ante los ojos de las masas, el Fondo Monetario tiene conciencia que a quien aún le queda cierto “resto de autoridad” sobre la clase obrera, es al Peronismo.

Como también sabe que de ganar Bullrich o Milei y de aplicar los planes que dicen (ajuste brutal y represión), la situación política puede desembocar en una crisis revolucionaria, en línea con el 2001.

Siendo verdad que Massa ya se comprometió con el Fondo Monetario a llegar en 2024 a un “déficit cero”, el gobierno necesita los desembolsos del FMI por 10 mil millones de dólares para llegar a octubre.

Todo se desdibuja, no hay en los partidos del régimen diferentes fisonomías determinadas por los programas. Tanto los peronistas, como la derecha y la ultraderecha, parecen hablar las mismas palabras y compartir ideas similares.

En realidad, Milei cabalgó sobre el desprestigio del régimen político y de sus representantes. Sin embargo, antes de las elecciones parecía que se desinflaba por los escándalos de ventas de candidaturas a cambio de dólares, junto a polémicas declaraciones sobre diferentes temas que levantaron mucho polvo. De todas formas, primó la bronca de los de abajo para castigar a los partidos mayoritarios.

Milei denuncia a la casta política por corrupción y desgobierno, y en el último tramo de la campaña levantó de manera hipócrita la bandera del “que se vayan todos” de 2001. Una mezcla de bronca y discurso aparentemente antisistema.

En última instancia, dependiendo de la evolución económica, la clase dominante puede utilizar a personajes como Milei para instalar mediáticamente una agenda de guerra contra las masas.

El voto para un candidato que aparenta patear el tablero, como es el caso de Milei, es una expresión del repudio de la mayoría de los trabajadores hacia las instituciones del régimen político y hacia los dos partidos mayoritarios, el Partido Justicialista (peronista) y Juntos por el Cambio, que han gobernado estos últimos años, causando su desplome en las elecciones.

Pero lo que fracasó en realidad no fueron los trabajadores que tomaron esta herramienta para castigar al gobierno Peronista y a Juntos, sino la política de conciliación de clases de los dirigentes del Frente de Todos que cayó de maneras estrepitosa ante el Fondo Monetario, cediendo a las presiones del mismo.

Hay quienes intentan instalar la idea en el debate, de que hay un giro a la derecha de la sociedad, del electorado, y en consecuencia se ha instalado una nueva derecha en Argentina, pero esto es falso. Lo que fracasaron son los dirigentes del régimen que hundieron al país en la miseria y la degradación, asfixiando económicamente a millones de personas, no sólo en los 4 años de macrismo que endeudó al país, sino en los años del Frente de Todos que, por otros medios, continuó el ajuste, haciéndole el juego a la derecha y divorciándose de las masas día a día. Los grandes partidos del régimen se alejan de los millones de trabajadores y trabajadoras, y, como respuesta, los de abajo respondieron además con un ausentismo histórico. Los que fracasaron son el peronismo y el macrismo; fracasó el régimen político que en las elecciones y durante estos años no pudieron dar cuenta de los problemas más acuciantes que viven los millones de personas, los viejos, los jóvenes sin futuro, los trabajadores y trabajadoras que sólo tienen como futuro miseria y violencia estatal.

Las elecciones generales de octubre

Luego de los resultados de las PASO, Unión por la Patria va por todos los sectores que pueden serle afines para polarizar con Milei y por este camino entrar al ballotage; desde el peronista de derechas Schiaretti, hasta especulando que los votos del derechista Horacio Rodríguez Larreta –con una cara más “moderada” que la candidata vencedora de la derecha Patricia Bullrich– puedan ser captados por Sergio Massa.

Intentan presentar el tramo a octubre, hacia las generales, con la idea de “lograr un gobierno de unidad nacional en el cual estén todos los que están dispuestos a defender la democracia” (Agustín Rossi, candidato a vicepresidente de Massa), y, para ello la mejor figura que tenemos es Sergio Massa. Por lo tanto, la disyuntiva es dictadura versus democracia, para formular o levantar un “frente antifascista” en la experiencia pasada de transversalidad de Néstor Kirchner.

Para los progresistas ajustadores la lucha no es contra los capitalistas y sus representantes, aunque digan defender a los millones de trabajadores y una buena distribución de la riqueza. Y en efecto, no, no lo es. Para ellos, en nombre de poner en pie el país, quienes deben sacrificarse son los trabajadores, y en pos de poner en pie el país deben someterse a magros sueldos y a las peores condiciones de vida y trabajo.

Por su lado, Patricia Bullrich se prepara para octubre mostrando unidad con Larreta y Gerardo Morales, aduciendo que su bajo resultado se debió a la división interna que le hizo mucho daño. Mientras, se espera que Bullrich modere su discurso para quedar frente a Milei, sacándole votos a Massa.

La izquierda

Los resultados del FIT-U, junto al Nuevo MAS en las PASO del domingo pasado, obtuvieron un total de 777.000 votos. Comparándolas con los resultados de las PASO del 2019, ambas agrupaciones habían logrado 908.000 votos, o sea 131.000 votos más que en las elecciones de este domingo 14 de agosto. Esto representa una pérdida de votos del 15%.

El conjunto de la izquierda fue víctima de su propia política parlamentarista. Los choques en diferentes ocasiones entre sus partidos integrantes con dos candidaturas enfrentadas, a través de cartas desde uno y otro lado, sólo priorizaron los insultos en vez de discutir un programa que conecte con los millones de trabajadores y jóvenes del país, con sus anhelos y demandas más sentidas.

Un programa que debía ser discutido, dirimido en asambleas de base de los diferentes grupos que lo componen, además de convocar al conjunto de activistas y partidos de la izquierda para hacer una sola plataforma, que fuera presentada en los comicios de las PASO y en las generales. Que no solo sea la UNIDAD parlamentaria de la izquierda para denunciar a la burguesía y su régimen político “democrático”. Sino que sea además un espacio Unitario de convocatoria que llame a desconfiar de los representantes del régimen político y de sus instituciones. Haciendo un llamado a la organización consciente, en los barrios, en las fábricas y en las escuelas a los miles que luchan cotidianamente contra las grandes patronales. Preparando y potenciando los plenarios regionales y los organismos de autoorganización hacia un Congreso Obrero, preparando las condiciones para convocar a la Huelga General en las perspectivas de un Poder Obrero.

Por el contrario, priorizaron las disputas sin principios de los lugares o puestos dentro de las listas, eligiendo un método capitalista ajeno a las tradiciones de la democracia obrera.

En vez de conectar con el malestar y la bronca, capitalizando el descontento en los partidos mayoritarios, ubicando a Milei como un falso y oportunista profeta del gran capital, el FIT-U se colocó en la línea del cretinismo parlamentario.

La Unidad de la izquierda que la clase obrera necesita es la Unidad en base al programa revolucionario y es el programa quien depura a los centristas y oportunistas.

Se está preparando un aumento de la lucha de clases. Y la profundización de la crisis después de los resultados de las elecciones se va a dirimir en las calles, en las fábricas, las escuelas, las universidades, en los barrios y los lugares de trabajo a través de la lucha.

Debemos prepararnos para la etapa que viene.

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