2024, «Año Lenin»: la herencia que defendemos

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Editorial del número 101 de Lucha de Clases – Este mes se cumplen cien años de la muerte de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin. Esta efeméride llega en un momento crucial para el movimiento comunista internacional. Cuando la juventud de todo el mundo está de nuevo volviendo la vista hacia las ideas del comunismo, la figura del dirigente del primer estado obrero de la historia aparece como una referencia ineludible. Sin embargo, es preciso rescatar las verdaderas ideas y tradiciones del leninismo tanto de las calumnias de sus enemigos como de las tergiversaciones y distorsiones de muchos de sus supuestos partidarios.

La teoría y la acción revolucionarias

La figura de Lenin está indisolublemente ligada al triunfo de la Revolución Rusa. Pero dicho triunfo nunca hubiera sido posible sin las décadas previas de elaboración teórica y de construcción del partido revolucionario a la que Lenin dedicó la mayor parte de su vida consciente.

Lenin siempre tuvo muy claro, y así se lo transmitió a sus camaradas, que las ideas eran la base de cualquier movimiento revolucionario. La historia le ha dado la razón. Muchos partidos a lo largo y ancho del mundo, incluso muchos que se consideraban a sí mismos leninistas, que llegaron a reunir a centenares de miles y millones de trabajadores, terminaron derrumbándose como castillos de arena precisamente por su incapacidad para orientarse precisamente por su falta de comprensión de las ideas del marxismo.

La necesidad de la claridad teórica, de la defensa escrupulosa de las ideas, métodos y tradiciones del marxismo, fue el hilo conductor de la vida de Lenin desde que discutía El Capital de Marx con pequeños grupos de obreros en los bosques de Rusia hasta que agrupó a millones de personas en todo el mundo en las filas de la Internacional Comunista. Fue el genio teórico de Lenin, junto con su visión estratégica y su genio táctico, el que hizo posible la victoria de la Revolución de Octubre. UnLenin escritorioa victoria para la que también fue decisiva la alianza con el otro gran revolucionario marxista ruso, León Trotsky.

Contrariamente a lo que aún hoy sostienen los estalinistas, ni Lenin ni ningún otro dirigente bolchevique concibieron nunca la Revolución Rusa como una revolución nacional aislada ni contemplaron nunca la posibilidad de construir el socialismo en un solo país. Para Lenin, la Revolución Rusa era parte de la revolución mundial y el partido comunista ruso era parte del partido mundial de la revolución.

Junto con la Revolución de Octubre, el más grande logro de la vida de Lenin es la construcción de la Internacional Comunista, la más grande organización de masas que el mundo haya visto y que estableció para siempre la idea del comunismo entre las capas más avanzadas de la clase obrera en todo el mundo. Los documentos y resoluciones de los cuatro primeros congresos de la IC son un tesoro de estrategia y táctica revolucionarias que todo comunista de hoy tiene que conocer y estudiar a fondo.

Leninismo frente a estalinismo

La idea de que el estalinismo deriva necesariamente de las ideas y, en especial, del “modelo de partido” de Lenin, ha sido cultivada con esmero a lo largo de estos cien años tanto por los enemigos de la revolución rusa como por los partidarios de la casta burocrática que se adueñó del poder en la Unión Soviética. Incluso hoy, los teóricos de referencia del Movimiento Socialista del Estado español creen ver en Lenin una suerte de “Pecado Original” que condujo necesariamente a la degeneración burocrática del partido y el estado soviéticos.

Lo cierto es que un vistazo somero a la actividad de Lenin en sus últimos años, limitada por la enfermedad que finalmente lo condujo a la muerte en enero de 1924 y de la que dejó constancia en numerosos escritos y en el documento conocido como “Testamento político”, desmiente categóricamente todas las teorías que a lo largo de estos cien años han insistido en trazar una línea de continuidad entre Lenin y la burocracia estalinista.

Para comprender las características del Partido Bolchevique y lo que lo diferenciaba de otras organizaciones, es necesario leer el Qué hacer, sin lugar a dudas. Pero para tener un cuadro más completo del verdadero carácter del bolchevismo es necesario también leer con atención La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, un libro en el que Lenin responde por adelantado muchos de los falsos argumentos que aún hoy en día se esgrimen, bien contra el bolchevismo, bien a favor de una falsa identificación de éste con el estalinismo.

En palabras de León Trotsky: “Lenin estaba lejos de ser un dictador en su Partido. Además, un Partido revolucionario no hubiera tolerado dictaduras”. En efecto, el funcionamiento del Partido Bolchevique no tenía nada que ver con el de las maquinarias burocráticas que lo sucedieron. El propio Lenin nunca fue el “secretario general” del partido, este cargo no existió hasta bien entrados los años 20 y no tenía más que funciones administrativas, aunque el posterior ascenso de la burocracia lo dotó del poder y las atribuciones que conocemos hoy.

La ejecutiva del Partido Bolchevique era una dirección colegiada en la que Lenin era primus inter pares por su autoridad política. Y en esta dirección Lenin quedó más de una vez en minoría, incluso en plena revolución rusa, frente a las tendencias más conservadoras y oportunistas de dirigentes como Kamenev, Zinoviev o el propio Stalin. Fue de nuevo su autoridad política, su percepción táctica y su conexión con la base del partido lo que posibilitó que sus tesis ganaran la mayoría en la célebre conferencia de abril, sin la que la victoria de la Revolución de Octubre tampoco hubiera sido posible.

El principio del centralismo democrático, tan reivindicado como poco comprendido o directamente tergiversado por los herederos de la burocracia estalinista, se puede resumir en la máxima libertad de discusión, crítica y enmienda unida a la máxima disciplina en el cumplimiento de los acuerdos y en la aplicación de la línea política democráticamente aprobada. A lo que hay que unir la máxima flexibilidad táctica unida a la máxima firmeza estratégica.

Es esta y no otra la manera en la que debe funcionar un partido revolucionario, asegurando el óptimo desarrollo de los cuadros a través de la formación teórica y el debate, así como la correcta eficiencia de la organización en su capacidad para intervenir en los acontecimientos. La prueba de la historia corrobora la corrección del método de Lenin también en este aspecto, así como el fracaso de los herederos de Stalin a la hora de mantener con vida unos partidos reducidos a meros aparatos burocráticos sin democracia interna ni elaboración teórica digna de tal nombre.

El legado de Lenin

Tras su muerte, la burocracia soviética no sólo embalsamó el cadáver de Lenin, sino que trató de hacer lo mismo con sus ideas. Para Stalin y sus sucesores, la teoría no era la base para la acción, sino la justificación a posteriori de sus decisiones tácticas basadas exclusivamente en sus intereses de casta y no en las necesidades de la revolución mundial. La Internacional Comunista dejó de ser el partido mundial de la revolución para convertirse en una herramienta de la política exterior de la URSS. El marxismo-leninismo quedó instaurado como dogma oficial de la Unión Soviética y la Internacional Comunista, una teoría funcional, fría y sin vida muy alejada del genio teórico de Lenin y del ímpetu revolucionario del viejo Partido Bolchevique.

Desde el colapso de la Cuarta Internacional, las verdaderas ideas y tradiciones del leninismo han sido defendidas en solitario por la tendencia marxista que hoy representa la Corriente Marxista Internacional. Para nosotros el Año Lenin es un motivo de celebración y una tarea esencial en un momento como éste de gran desarrollo de nuestras propias fuerzas. La CMI va a celebrar el centenario de Lenin en todo el mundo con un gran despliegue de actos públicos y publicaciones, con seminarios sobre Lenin como el que ya ha realizado nuestra sección italiana y con la edición del segundo volumen de sus obras escogidas que vamos lanzar en el Estado español en los próximos meses.

La defensa y la difusión de las ideas de Lenin es fundamental para la construcción de una organización comunista. Estamos convencidos de que el legado de Lenin es más importante hoy que nunca y de que este tesoro de conocimiento, esta guía inigualable para la acción revolucionaria, va a ser redescubierto y asumido por la nueva generación de revolucionarios que se está gestando en las turbulencias de la crisis capitalista. La Corriente Marxista Internacional está empeñada en esta tarea de divulgación y defensa de estas ideas y en la construcción de la organización revolucionaria capaz de vencer y asegurar el futuro socialista de la humanidad.

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