Editoriales
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Las elecciones andaluzas han provocado una honda conmoción en la izquierda española y en millones de trabajadores, militantes y activistas sociales. Ahora, la extrema derecha de Vox ha extendido sus expectativas electorales en todo el Estado, y está la posibilidad de que un frente PP-Ciudadanos-Vox alcance una mayoría parlamentaria en unas eventuales elecciones generales. Debemos entender por qué hemos llegado hasta aquí, y ver la manera de transformar la preocupación actual en furia y lucha en la calle contra la amenaza de la derecha franquista.

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La responsabilidad del gobierno y de Unidos Podemos 

Esta situación, propiciada por la desmovilización electoral de la izquierda, tiene responsables claros: el gobierno del PSOE y la dirección de Unidos Podemos (UP).

El gobierno de Sánchez está resultando un “bluff”. Nada ha cambiado sustancialmente: los precios de la luz y de la vivienda siguen por las nubes, continúan la precariedad laboral y la odiada reforma laboral del PP, la Ley Mordaza sigue vigente, el frente único con la derecha respecto a Catalunya se mantiene en lo sustancial brindando argumentos a la reacción a favor del patrioterismo franquista, la Iglesia mantiene sus privilegios insultantes, y la momia de Franco sigue en su sitio. La reciente subida del salario mínimo a 900€, que beneficia a un sector limitado de la clase trabajadora, no compensa las expectativas frustradas.

El miedo a enfadar al IBEX35 condiciona toda la política timorata de Sánchez. Para peor, la derecha susanista del PSOE considera a Sánchez demasiado izquierdista y está abogando por un frente con Ciudadanos, el partido que lo ha desalojado del gobierno andaluz con el apoyo de la extrema derecha de Vox.

Esta situación era esperable. El PSOE es un partido del régimen y su cometido es salvarlo de la ira popular cuando el capitalismo español ya no puede mantener las conquistas sociales y democráticas del pasado. Unidos Podemos perdió una oportunidad única. Podía haber emergido como el principal ariete contra la derecha, dando apoyo crítico a Sánchez en los (pocos) aspectos progresistas de su política, pero manteniendo una crítica contundente a sus medias tintas y vacilaciones sin comprometerse con su gobierno, oponiendo audazmente su propio programa.

Iglesias y Garzón hicieron lo opuesto. Se mostraron como los defensores más entusiastas de Sánchez, exigieron entrar en su gobierno y se comprometieron en un acuerdo fallido de presupuestos que, además de limitado, les obligaba a renunciar a su propio programa. No se conoce hoy una sola propuesta programática de Unidos Podemos que despierte algún entusiasmo.

“Con la que está cayendo” no tienen ni el valor de exigir la nacionalización de las compañías eléctricas, ni de las viviendas vacías de bancos y promotoras, ni la gratuidad de la universidad, ni guarderías públicas suficientes y dignas en cada barrio, ni locales municipales de ocio para niños y jóvenes que alivien la presión sobre la vida familiar y de la mujer trabajadora en particular, ni de lanzar una campaña contra el corrupto régimen monárquico y su aparato de Estado que es utilizado por la derecha y las grandes empresas y bancos para sus sucios negocios. Ni siquiera mencionan ya la derogación de la Ley Mordaza. Todo su énfasis es puesto en salvar a toda costa al gobierno de Sánchez, limitando sus exigencias al mínimo. Mantienen su participación en el gobierno del susanista García-Page en Castilla-La Mancha, y aspiran a extender la experiencia más allá. Así, ayudan a poner expectativas en Sánchez a cambio de reducirlas en sí mismos. No ofrecen una perspectiva de cambio radical de las condiciones de vida para la mayoría. Y esa es la clave. 

Hoy, UP recuerda amargamente la IU de la época de Gaspar Llamazares, de 2000 a 2008 –sin uñas, sin dientes, sin rostro–  que vio reducirse su apoyo electoral al mínimo histórico, completamente a rastras del entonces PSOE de Rodríguez Zapatero. Para mayor humillación, vemos los “renuncios” de Pablo Iglesias: sobre su apoyo pasado a la revolución bolivariana en Venezuela, por llamar a un “frente antifascista” tras las elecciones andaluzas, etc. 

En un artículo reciente en El País, Íñigo Errejón, afirmaba: “Hemos de construir un amplio campo democrático… Un campo transversal que no se cierra sino que se abre, que no renuncia a incorporar a buena parte incluso de quienes hoy son adversarios”. Esto es: mantener y ampliar la convergencia con el PSOE. Así, el “miedo a la ultraderecha”, a esos bocazas “pijos” de Vox que sólo agrupan polvo social y que no representan nada serio en la calle, está sirviendo para disciplinar aún más a la dirección de UP, dentro de los límites dispuestos por el régimen.*

Cómo responder a las provocaciones de Vox 

Las declaraciones provocadoras de la derecha sobre la violencia machista, la inmigración y el patriotismo español son cortinas de humo para esconder la explotación capitalista y la falta de un futuro digno para la mayoría. Esto es lo que hay que denunciar. Vox es simplemente la bota de extrema derecha del régimen, carece incluso del perfil “anti-establishment” de otros partidos de derecha radical europea. Defiende al Rey y a la UE. Calla ante los banqueros y los ricos porque sus dirigentes mismos son ricachones y pequeños burgueses adinerados. 

Es un grave error entrar al trapo de las provocaciones de Vox apelando a valores hipócritas y abstractos sobre “democracia” y “derechos humanos”, que tanto escepticismo generan en la gente común por su vaciedad. Deben ser respondidas con una explicación de clase. Explicar que “las mujeres” de Vox y del PP no tienen los problemas de las mujeres trabajadoras, porque pueden pagarse guarderías y trabajadoras del hogar y ni siquiera necesitan trabajar para vivir holgadamente, por eso desprecian los derechos sociales de aquéllas. Que la criminalización de los inmigrantes busca aislarlos socialmente para que sean explotados brutalmente por los empresarios y así rebajar los salarios de todos, y que los mismos argumentos de Vox se utilizan contra los jóvenes emigrantes españoles en Europa. Que el patriotismo de la derecha y su bandera rojigualda tienen la función de encubrir el enorme saqueo de los recursos del Estado por parte de los jefes militares y policiales, de la Iglesia, de los altos jueces, funcionarios y diplomáticos que disfrutan de privilegios insultantes y practican todo tipo de corruptelas, comenzando por  la Casa Real. 

Hay que vincular a los dirigentes de Vox –como a los del PP y Ciudadanos- con los grandes empresarios y banqueros, e indagar en sus fuentes de financiación; y mostrarlos como una operación del IBEX35 para desviar la atención de los verdaderos problemas de las familias trabajadoras e introducir la división en las mismas para que no luchemos contra los ricos y explotadores. 

Por una alternativa de clase y socialista 

El problema político fundamental es que los dirigentes de UP no consideran central la orientación a la clase trabajadora y carecen de un programa acorde con esto. Prefieren  dirigirse preferentemente a un sector de la pequeña burguesía educada y progresista, cuyas preocupaciones están alejadísimas de las que tienen las familias obreras, con su atención desorbitada al feminismo (dejando a un lado los problemas reales de la mujer trabajadora, para centrarse en cuestiones de representación, lenguaje, etc.), la cuestión LGTB, el animalismo, etc. Esta desconexión con las condiciones reales de vida de la clase es lo que explica el escepticismo y la abstención electoral creciente de ésta, como ya vimos en Andalucía. 

Lo que se necesita es una política de clase y socialista, que levante un gran ideal por el qué luchar, un modelo alternativo de sociedad que encienda la imaginación de millones, y que hoy está ausente en UP. Lamentablemente, no vemos ningún atisbo en las direcciones actuales de Podemos e IU de avanzar en esta dirección. Sólo vemos una capa acomodada de cargos públicos sin ideas ni horizontes. Lo que ha dejado patente la situación es la bancarrota de la pequeña burguesía académica como dirección competente y la necesidad de construir una corriente y una dirección alternativa de clase, socialista y revolucionaria dentro y alrededor de Unidos Podemos, que agrupe el malestar existente y señale un camino para avanzar.

La reacción es débil 

Mientras tanto, debemos impulsar la lucha en la calle contra la derecha franquista y sus amenazas. No existen bases materiales para el desarrollo de un movimiento fascista de masas, ni siquiera para un movimiento masivo de la ultraderecha. En el país del 14D de 1988, de las manifestaciones contra la guerra de Irak, del 15M, de las Mareas, de la lucha contra la opresión de la mujer, de las luchas obreras de los trabajadores más precarios, del “otoño catalán”, del republicanismo  antifranquista, cualquier asomo significativo de la ultraderecha y del fascismo será barrido de las calles. 

Como siempre ha ocurrido en estos años, la primera señal del movimiento no ha venido desde arriba, sino que ha surgido nuevamente desde abajo, como acaban de mostrar las concentraciones de masas del pasado 15 de enero contra la constitución del nuevo gobierno “trifachito” andaluz.


 * Este editorial ha sido escrito días antes de que Íñigo Errejón hiciera pública su ruptura con Podemos; dicho esto, el análisis general sigue teniendo plena vigencia.