Cuando se cumplen 40 años del régimen del 78, su falta de autoridad nunca ha sido tan grande como ahora. No sólo se ha intensificado el malestar popular a partir de la crisis iniciada en 2008, por la degradación de las condiciones de vida de la mayoría de la población; sino que esa mayoría social ha percibido y padecido que las instituciones oficiales –Justicia, fuerzas represivas, Monarquía, Parlamento– han defendido a los ricos y poderosos, y a su corrupción, y se han ensañado con los pobres y las familias trabajadoras a través de leyes injustas y de la represión.

El gobierno del PSOE y Unidos Podemos han anunciado un acuerdo de legislatura hasta 2020 que incluye un acuerdo sobre los Presupuestos del Estado para 2019, con un aumento del gasto social de 5.000 millones de euros. Para ello, se pretende incrementar la recaudación a través de un aumento de impuestos a las grandes empresas y contribuyentes. También se acuerda “suavizar” la reforma laboral del PP de 2012 y la Ley Mordaza, pero no derogarlas.

El descrédito del régimen monárquico nunca ha sido tan grande. Cada vez  resulta más evidente que nada puede cambiar siguiendo los trámites convencionales marcados desde arriba. Nos dicen: esperad y confiad en las próximas elecciones, esperad y confiad en la justicia, esperad y confiad en los empresarios para conseguir un trabajo digno, esperad y confiad en el Rey… “Esperad, esperad, y confiad”. Este es el falso consejo de los que no quieren que cambie nada, de los que se lucran y benefician con que nada cambie.

100 días después de su llegada al gobierno, tras múltiples anuncios de buenas intenciones, guiños a izquierda y derecha, marchas atrás, y escasas medidas concretadas, Sánchez se enfrenta a su verdadera prueba de fuego tras el período de gracia concedido por las vacaciones de verano.

Editorial de Lucha de Clases nº 48 - Hemos entrado en un nuevo período de inestabilidad que no tiene que ver sólo con la situación de Catalunya, sino con la irrupción de la movilización social tras años de parálisis. Por primera vez en tres años, el gobierno del PP aparece acorralado y con una pérdida constante de apoyo social. De ahí su interés en agravar y empozoñar el conflicto catalán todo lo que pueda, como en el pasado reciente se utilizaban la cuestión nacional vasca y a ETA para desviar la atención de los problemas sociales.

La caída inesperada del reaccionario gobierno de Rajoy muestra el carácter inestable y turbulento de la situación española e internacional. Pedro Sánchez se enfrenta ahora al desafío de satisfacer, o frustrar, las expectativas que ha despertado en millones de trabajadores, mujeres, jóvenes, desempleados y jubilados.

El humo tóxico del chovinismo y del patriotismo español comienza a dispersarse rápidamente, conforme se diluye el ambiente reaccionario de histeria anticatalana y pro-régimen promovido por la clase dominante, sus políticos y sus medios de comunicación. Como venimos explicando desde hace meses, no existe una base material en la sociedad española que dé un sustento sólido a la confianza de las familias trabajadoras en el régimen del 78, alrededor de la bandera rojigualda y de su monarca.