Movimiento Obrero
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Autoridad Portiaria MálagaLa del 14 N fue la huelga de mayor seguimiento en la APM de Málaga. Cerca del 90 por ciento de la plantilla secundó el paro, entre ellos el cien por cien de los servicios operativos y un porcentaje como no se había visto nunca entre el personal de oficinas, entre ellos bastantes “fuera de convenio”. Muchos que jamás habían hecho huelga en anteriores ocasiones no vinieron a trabajar ese día. Hay que destacar también la mayor implicación en las movilizaciones que tuvieron lugar durante la jornada, tanto en las concentraciones en el puerto como en la asistencia a la manifestación.

Autoridad Portiaria MálagaEsto se debe sin duda al clima de incertidumbre sobre nuestro futuro, que se suma a la serie de agresiones a nuestras condiciones de vida. Sufrimos la rebaja del 5% sobre nuestro salario, a la que sigue la congelación salarial que se prolonga ya varios años, reducción a la mitad de la aportación al Fondo Social, supresión de la paga de Navidad, etc., etc.

Edificio de la APM de Málaga el día de la huelga

Pero aparte de esto, y más grave aún, es el futuro nada esperanzador que nos espera. Ya, en su primer discurso, Rajoy mencionó a los puertos como objeto de privatización y, si bien es cierto que poco a poco se han ido perdiendo servicios que han ido a parar a manos privadas, ahora el ataque que preparan es frontal y directo.

Un paso más en este sentido ha sido el Real Decreto 1483/2012, de 29 de octubre sobre despidos colectivos mediante el cual podemos decir que a los empleados públicos nos pueden poner en la calle en cuanto les de la gana, y además a “bajo precio”. Justo 24 horas después de este decreto, se anuncia un ERE en AENA por el que serán despedidos 1.600 trabajadores. Y podemos decir que, en cierto modo, AENA es un referente nuestro, somos por así decirlo como primos hermanos, tanto es así que muchas de las medidas que se toman en AENA son trasladadas más tarde a Puertos del Estado y Autoridades Portuarias. Por otra parte, las palabras del nuevo presidente de la APM, José Sánchez Maldonado nombrado por la Junta de Andalucía contestando a una pregunta de El Observador de si va a hacer ajustes de personal, no son desde luego nada tranquilizadoras:

“... Tenemos muy poco margen de maniobra. Ocurrirá aquí lo que ocurre en esta clase de grandes empresas públicas que tiene el Estado. Si se desea privatizar, o hacer un ERE, serán acciones políticas que nos vienen dadas de manera central por los Presupuestos Generales.”

Ya no podemos decir que “esto no va con nosotros”, ya no solo le hemos visto las orejas al lobo, sino que sentimos su aliento sobre nuestro cogote, y esto se debe traducir, es más, se está traduciendo, en movilización. La respuesta a la convocatoria de huelga el 14 N es muestra de ello.

Pero lo ocurrido en el 14 N no debe quedar ahí. Los trabajadores nos preguntamos ¿y ahora qué?. Esta movilización ha demostrado el enorme poder de convocatoria con que cuentan los sindicatos de clase a pesar de su errática política y del no menos desprestigio y ataque al que son sometidos por parte de la derecha y poderes económicos, interesados en su destrucción, conocedores de que son un arma que, en manos de los trabajadores y que con una línea y método de trabajo adecuados, son un peligro para sus intereses.

No es correcto decir que el gobierno se equivoca, que está desorientado, que no sabe lo que hace. Tanto la Troika como el gobierno de Rajoy sí saben muy bien lo que hacen, tienen una hoja de ruta perfectamente trazada, saben lo que quieren y cómo lo quieren. El problema está en el otro lado, en el nuestro. Los dirigentes sindicales deben entender que la respuesta no puede consistir en un acto de protesta puntual a cada ataque y luego esperar a que rectifiquen. Es necesario un plan con un objetivo claro, derribar al gobierno y sus medidas que tratan de acabar con lo poco que queda del llamado “Estado de Bienestar”. Un plan con sus objetivos claros y con los pasos a dar bien definidos, un plan progresivo, sostenido en el tiempo, única forma de salir de este túnel en el que nos han metido.