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La proximidad de las elecciones generales ha reavivado el debate sobre la necesidad de agrupar a organizaciones y movimientos políticos y sociales progresistas, populares y de izquierdas en una candidatura común de Unidad Popular. Una referencia ineludible de este debate son las llamadas candidaturas municipales de unidad popular que alcanzaron resultados espectaculares en las principales ciudades españolas.

Estos resultados, donde conseguimos las alcaldías de Madrid, Barcelona, Zaragoza, Cádiz, Coruña, Ferrol, Santiago, entre muchas otras, han hecho ver a millones de trabajadores, de jóvenes comprometidos y de activistas agrupados en los movimientos sociales, la necesidad de una candidatura unitaria similar para las elecciones generales.

Creemos que el éxito de las candidaturas municipales de unidad popular se debió a dos razones: primero, porque PODEMOS formaba parte de las mismas; y, en segundo lugar, porque dieron cabida a otras organizaciones sociales y políticas, transmitiendo una imagen de fuerza y unidad que tuvo un efecto indudable de arrastre en el voto.

El papel del carisma y de la militancia

Cierto es que el carisma personal de luchadores como Ada Colau y otros, como ha insistido el compañero Pablo Iglesias, fue un activo importante para conseguir esto. Pero Ada Colau es producto del movimiento de masas y de sus organizaciones, como la PAH. Y ningún carisma personal puede suplir el trabajo abnegado, antes y durante una campaña electoral, de decenas de miles de activistas de organizaciones, partidos y movimientos sociales, que peguen carteles, repartan octavillas, organicen actos, transmitan nuestras ideas en su entorno, se pateen los barrios y pueblos, debatan y discutan el programa, y se sientan entusiasmados con su labor. De ahí la importancia de concebir una candidatura de unidad popular, no sólo como una plataforma donde mostrar a decenas de candidatos carismáticos, sino como un frente único de organizaciones y movimientos populares con presencia real e influencia de masas.

Por eso, fórmulas como las de AHORA MADRID, BARCELONA EN COMÚ, o las MAREAS ATLÁNTICAS serían las más idóneas para garantizar el mayor éxito posible de una candidatura genuina de unidad popular para estas elecciones generales. Ofrecerían enormes garantías para generar el entusiasmo popular necesario que permita derrotar al resto de opciones políticas del régimen y terminar con las políticas de pesadilla del Partido Popular.

Hay que abrir el debate sobre el programa

Dicho esto, creemos que el debate se ha centrado demasiado en los aspectos meramente organizativos de esa unidad (cuál debería ser el nombre de la candidatura, el mecanismo para elegir a los candidatos, el papel de cada partido, etc.), más que en los aspectos programáticos. La unidad debe basarse en un programa comúnmente acordado de medidas concretas que deben adoptarse para revertir los recortes y medidas de austeridad; concretamente: cómo terminar con los desahucios, cómo garantizar condiciones dignas mínimas de vida a toda la población en educación, salud, vivienda, suministro de luz y agua, etc.

Por ejemplo, ¿es compatible terminar con la precariedad laboral y los bajos salarios con la actual reforma laboral? Nosotros creemos que no, que esa contrarreforma debe ser derogada, y debemos decirlo alto y claro, lo mismo con respecto a la Ley Mordaza, a la ley educativa LOMCE, a la contrarreforma de la ley del aborto, a la ley de Costas, etc. Y no para un futuro indeterminado, sino inmediatamente, como primeras medidas de un gobierno de unidad popular.

Tampoco creemos que llevar a cabo un programa de medidas sociales progresistas, que requerirán miles de millones de euros, sea compatible con pagar la deuda, inflada por los rescates bancarios. Debemos estudiar también medidas que prevengan el boicot empresarial a nuestro gobierno. Si los grandes empresarios responden con el falseamiento de sus cuentas, evadiendo capitales o cerrando empresas, debemos proponer medidas de control obrero, llegando incluso a su expropiación sin indemnización para salvar los empleos, el futuro de nuestras familias y el desarrollo económico del país.

Sin un programa que entusiasme, y que las familias obreras y demás sectores populares asuman como propio, nunca podremos arrastrar a millones tras nuestras propuestas y candidatos.

Ampliar la Unidad Popular

Ya entrando en los aspectos organizativos, es cierto que este debate no puede darse con posiciones abstractas. La realidad inapelable es que PODEMOS se ha alzado por méritos propios como la organización con más influencia y apoyo social; y por tanto, es lógico que esté llamada a vertebrar este proceso de confluencia. Esto no quiere decir que deban aceptarse sin rechistar todas y cada una de las propuestas y posiciones que los compañeros de la dirección de PODEMOS han planteado estas semanas sobre este tema.

Por ejemplo, no podemos compartir la posición adoptada por el Consejo Ciudadano Estatal de PODEMOS que ha circunscrito la formación de candidaturas amplias a sólo 3 comunidades del Estado: Catalunya, País Valenciano y Galicia; si bien, en las dos primeras con un criterio restringido a dos organizaciones: ICV y Procés Contituient en el caso de Catalunya, y Compromís en el caso del País Valenciano. Galicia sería el único caso donde la propuesta de PODEMOS sí tendría un alcance más aglutinador ya que las llamadas Mareas Atlánticas, a quiénes se ha ofrecido esta confluencia, agrupan a todo el arco de organizaciones y movimientos políticos progresistas y de izquierdas de la región.

Los argumentos planteados por los compañeros dirigentes de PODEMOS para defender su posición, son dos. El primero es que debe aparecer el nombre de PODEMOS como denominación de la candidatura, solo o acompañado de otra etiqueta. La segunda, que no quieren una suma de siglas o sopa de letras bajo la forma típica de un frente de izquierdas, con la excusa –que no compartimos– de que el término “izquierda” aleja a potenciales votantes procedentes de la derecha.

Sobre el primer aspecto creemos que la cuestión del nombre no es un tema de principios y no debe ser un obstáculo para alcanzar esa confluencia. Sería una irresponsabilidad frustrar esa candidatura común por este aspecto. Si los compañeros de la dirección de PODEMOS lo plantean como una condición inamovible, aunque no lo vemos como esencial y, a priori, pueda resultar chocante para otros movimientos y organizaciones, creemos que podría llegarse a un acuerdo que contemple la inclusión del nombre PODEMOS en la denominación de la candidatura.

Respecto a la segunda condición, es una posición contradictoria con la que los compañeros mantienen en Catalunya y País Valenciano, donde están negociando con las siglas de ICV y Compromís para formar una candidatura común, más aún cuando ambas organizaciones se proclaman abiertamente de izquierdas.

Pablo Iglesias y Alberto GarzónPor esa razón, no entendemos la negativa de los compañeros a cerrar cualquier acuerdo de inclusión con IU. Toda organización progresista o de izquierdas que tenga una influencia social real en el movimiento, aunque sea pequeña, debe tener un lugar en la candidatura de unidad popular, e IU cumple esa condición. Por supuesto, la dirección de IU debe apoyar el programa acordado y someter su lista a las elecciones primarias, como los demás grupos o movimientos sociales que quieran adherirse. Y ya que hablamos anteriormente de carismas, debemos tener en cuenta que Alberto Garzón, el referente más importante de IU actualmente, es el dirigente de la izquierda española con más autoridad y apoyo social, sólo por detrás del compañero Pablo Iglesias. Además, ha sometido a una crítica muy dura la experiencia pasada de IU, en algunos aspectos de carácter similar a lo planteado al respecto por Pablo Iglesias.

Los compañeros dirigentes de PODEMOS plantean que –fuera de Catalunya, País Valenciano y Galicia– su fórmula de Unidad Popular queda salvada porque cualquier persona podrá presentarse como candidata bajo las siglas de PODEMOS, y las listas que se presenten serán votadas en elecciones primarias abiertas. Pero esto es una formalidad vacía, sin otras organizaciones y movimientos sociales, aparte de PODEMOS, que participen en la candidatura. Cientos de candidatos anónimos que se presenten por su cuenta, sin perfil conocido ni programa político que los avale, se representan a sí mismos no a la “ciudadanía”. Además, tendrían una posibilidad remota de resultar elegidos frente a la lista cerrada que propondrá la dirección de PODEMOS, con todos los medios y recursos de la organización a su favor.

El ejemplo de AHORA MADRID

Lo que proponemos es que, en primer lugar, PODEMOS invite a conformar la candidatura de unidad popular a cuanta organización y movimiento social esté interesado; en segundo lugar, a que abra el debate sobre el programa, que funcionará como un filtro contra grupos no comprometidos suficientemente con la lucha contra los recortes y la austeridad; y en tercer lugar, proceder a la elección de la lista de diputados y senadores de la misma manera en que fue elegida, por ejemplo, la candidatura municipal de AHORA MADRID. Aquí, cada persona, partido o movimiento integrante presentó su propia lista, y todas fueron votadas en elecciones primarias por los inscritos en AHORA MADRID, conformándose la lista final con el voto ponderado recibido por cada lista. Si una lista saca el 60% de apoyo, le corresponderá el 60% de los candidatos a diputados y senadores; la que saque el 20% tendrá ese porcentaje de candidatos, y la que saque el 5%, lo mismo.

Por otro lado, creemos mucho más positivo que las diferentes listas unitarias se articulen y se voten en primarias a nivel provincial, ya que los participantes en las primarias de cada provincia tendrían mejor criterio para valorar la idoneidad de un candidato u otro, por la cercanía geográfica, por su conocimiento personal de los candidatos, etc. En ese sentido, compartimos la posición de miles de militantes de PODEMOS y de los Consejos Ciudadanos de Asturias, Euskadi, Aragón, Baleares, y otros, que han manifestado su discrepancia con la votación de listas en circunscripción estatal única, en lugar de hacerlo por provincias, y que han pedido una reapertura del debate sobre la candidatura de unidad popular para abrirla a más organizaciones.

Por eso llamamos a los compañeros dirigentes de PODEMOS a que reconsideren las decisiones ya tomadas y reabran un debate en el seno de la organización y del conjunto de los movimientos sociales y de la izquierda, para conformar dicha candidatura unitaria de unidad popular.

E incluso, si los compañeros insisten en mantener el proceso de elección de listas ya iniciado en PODEMOS –aunque no nos parezca lo más adecuado– la lista finalmente elegida podría ser la candidatura que PODEMOS presentaría en las primarias de una eventual candidatura de unidad popular amplia, que confronte con las listas de otras organizaciones y movimientos sociales adheridos.

Sería lamentable no aprovechar este momento histórico para garantizar una candidatura estatal de unidad popular amplia y genuina. Las posibilidades reales de ganar estas elecciones, o al menos de resultar la lista de izquierda más votada, son evidentes; como ocurrió en las elecciones municipales en las grandes ciudades. Que la candidatura de PODEMOS obtenga un 3%, un 5% o un 7% menos de votos en cada provincia, por no ampliar la confluencia con otras organizaciones, podría resultar fatal para perder uno o dos diputados en muchas circunscripciones, y ser la diferencia entre ganar o perder frente a la suma de diputados de la derecha de PP-CIUDADANOS o del PSOE.

Es algo que merece una reflexión colectiva, por lo que apelamos a la madurez y responsabilidad política de los compañeros de la dirección de PODEMOS para que pongan todo de su parte para hacer realidad la formación de una genuina candidatura de unidad popular para las próximas elecciones generales.