Cuestión nacional
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La política del Tripartit abre la puerta a la derecha

Los partidos del Tripartit han sufrido una derrota histórica. En conjunto, pierden  477.000 votos, mientras que CiU gana 263.000 y el PP 68.000 votos. Como consecuencia, CiU obtiene una mayoría clara que le permitirá gobernar casi como si tuviera mayoría absoluta. El PP sale fortalecido como tercera fuerza política en Catalunya, donde se consideraba hasta ahora un partido francamente minoritario.

 

 

Los datos

 

2010

 

CiU

 

 

 

1.198.010

 

 

38,47%

 

 

62

 

 

 

48

 

 

935.756

2006

 

31,52%

 

 

CiU

 

 

PSC-PSOE

570.361

18,32%

28

 

37

796.173

26,82%

PSC-CpC

 

 

P.P.

384.019

12,33%

18

 

14

316.222

10,65%

PP

 

 

ICV-EUiA

229.985

7,39%

10

 

12

282.693

9,52%

ICV-EUiA

 

 

ERC/ESQUERRA

218.046

7,00%

10

 

21

416.355

14,03%

ERC

 

 

SI

102.197

3,28%

4

 

 

 

 

 

 

 

C's

105.827

3,40%

3

 

3

89.840

3,03%

C's

 

 

PxC

75.321

2,42%

 

 

 

 

 

 

 

 

RI.cat

39.922

1,28%

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el cuadro aparecen los votos obtenidos, porcentaje y número de escaños en las elecciones del 2006 y del 2010

 

En primer lugar, hay que destacar la participación, el 60%, con un aumento de casi cuatro puntos con respecto a 2006. Al igual que en 2006, la abstención es mayor en los barrios obreros, donde la participación ronda el 55%, mientras que en barrios de clase media alta o de votantes convergentes, la participación es del 65-70%, aunque en todos el aumento  de participación es similar.

 

CiU gana en todas las comarcas, incluidas El Baix Llobregat, El Vallés (donde la izquierda pierde en Terrassa y Sabadell) y la de Barcelona. En Barcelona Ciudad CiU gana en todos los barrios, excepto en Nou Barris, lo que supone un serio aviso de cara a las elecciones municipales, donde se puede dar la circunstancia de que por primera vez en 30 años, el PSC pierda la alcaldía. Dentro del Baix Llobregat  se salvan Cornellà -el PSC pierde 5000 votos y CiU gana 2000- y l´’Hospitalet, donde el PSC pierde 9000 y CiU gana 6000. En Badalona, en cambio, gana claramente CiU y aumenta el PP.

ERC sufre una debacle. Pierde casi la mitad de sus votantes, de 416000 a 218.000. SI, el nuevo partido del antiguo presidente del Barça, el demagogo Laporta, no absorbe todo este voto, obtiene 102.000 votos. Reagrupament, la escisión de ERC, no llega a 40.000. En su conjunto, el voto independentista pierde más de 56.000 votos, es decir, una parte de las capas medias que agrupaba ERC ha votado CiU contra un gobierno que les defraudó.

Iniciativa también pierde 53.000 votos y el voto en blanco aumenta en más de 30.000.

El Tripartit ha defraudado

Estos resultados son los previstos, los que se palpaba en el ambiente antes de las votaciones.

Siete años de Tripartit han defraudado las esperanzas de cambio. El primer gobierno de izquierdas en la Generalitat fue visto con gran esperanza, después de 23 años de los de la derecha nacionalista de CiU. Se esperaban cambios sustanciales en la educación, sanidad, políticas sociales… Lejos de esto, el primer Tripartit llegó a toda una serie de  llamados Pactos Nacionales,  que suponían una claudicación ante CiU, dejando los cambios en la política social en un segundo plano.

Desgraciadamente, la política del segundo Tripartit no ha sido diferente. Catalunya ha sido la comunidad con más ERE’s (cierres temporales de empresas ante la crisis que, puede ser o no autorizados por la autoridad autonómica) aprobados en todo el Estado (100.000 trabajadores afectados), llega al  17% de paro, sufre constantes deslocalizaciones. Ha habido todo un aluvión de empresas industriales cerradas.

Se calcula en casi 5.000 las empresas cerradas (el 78% eran industriales), en la que es la principal zona industrial del estado español: más de 166.000 trabajadores despedidos en el conjunto de la comunidad. Destacan los cierres de Sony, Samsung, Panasonic, Pirelli, Philips, Braun, …, a los que ha seguido un gran reguero de pequeñas y medianas empresas. El PSC no proponía ninguna alternativa al problema del desempleo, aparte de presentar al ministro de la reforma laboral, Celestino Corbacho en los primeros lugares de la lista.

Muchos tertulianos y columnistas de la prensa y TV exclaman: “son las fuerzas del ciego mercado”; “los gobiernos son impotentes ante la crisis internacional” …

¿No había alternativa?

Cuando la Nissam planteó el despido de miles de trabajadores (entre los de la planta principal y los de las empresas auxiliares), decenas de miles de trabajadores salieron a la calle para defender esos empleos. Nunca al gobierno del Tripartit se le ocurrió basarse en el apoyo de esos trabajadores, y de muchos más, que le hubieran apoyado de manera decidida frente a la multinacional, que recibió anteriormente cuantiosas subvenciones por parte de ese gobierno “de izquierdas”.

Para todo el mundo (hasta cualquier tertuliano de derechas lo plantea francamente en la tele), queda claro que la crisis ha supuesto, entre otros aspectos, la salvación de los banqueros por los gobiernos. Esa verdad ha quedado grabada para millones, mientras sus gobiernos han permanecido inertes ante el drama del desempleo o de no poder pagar la hipoteca de quiénes les votan.

El PSC (y las otras formaciones que gobernaron con él) renunciaron a que los ricos pagaran por el coste de la crisis. Evidentemente, el gobierno catalán, no es el único responsable de esta situación. También el gobierno central del PSOE era el que podía haber desarrollado, junto con el gobierno catalán, una política en defensa de los trabajadores. Precisamente, los votantes tradicionales del PSC, por esta misma razón, le han pegado una patada en las posaderas, no solo a Montilla sino, a través de éste, al propio Zapatero.

En lo concreto, en el reducido ámbito autonómico, mientras la Generalitat planteaba un duro recorte del presupuesto regional, al mismo tiempo, bajó el impuesto de sucesiones a los ricos.

Prácticamente, al final de su etapa de gobierno, se sumaron entusiastamente a los recortes sociales del gobierno Zapatero, pidiendo incluso más.

En Educación aprobaron la LEC (Ley de educación catalana), rechazada mayoritariamente por la comunidad educativa con varias huelgas de profesores y estudiantes. En cambio, esta ley fue apoyada entusiastamente por  CiU, las escuelas concertadas y los directores más reaccionarios.

En sanidad, el gobierno catalán proponía el “copago” de los medicamentos.

Montilla se presentaba a sí mismo como un gestor, más que como un político de izquierdas. Eso lo demostró con creces. Demostró ser un mero gestor de la crisis económica capitalista, más que un dirigente de los trabajadores que presentase una política socialista para luchar contra los desmanes de la economía de mercado.

Con todo esto, era evidente que no habría entusiasmo precisamente en el voto al PSC. El único argumento que ha hecho que el PSC no pierda más votos aún ha sido el de “cerrar el paso a la derecha”, que funciona en las generales contra el PP, mucho más odiado obviamente. Ese mismo argumento demuestra la falta de alternativas del “reformismo sin reformas” que representa el PSC, o el PSOE.

AL fin y al cabo, en los principales temas, CiU y el PSC han estado básicamente de acuerdo. Si acaso, en el tema nacional, ante la arremetida de la derecha españolista del PP y de la reacción de la judicatura más rancia, que tuvo su representación en el fallo del Estatut, ha sido CiU, lógicamente, quien con su demagogia supo sacar rendimiento de la casi inacción del PSC catalán, al que se vio arrastrado a estas movilizaciones.

ERC e Iniciativa per Catalunya

Por su parte, ERC tuvo un importante aumento de votos en otras elecciones. En las elecciones del 2003, y antes de ellas, cuando el PP gobernaba con Aznar, éste gustaba de presentar a ERC y a Carod Rovira como a “antisistemas”. Y así lo vio mucha gente, en particular lo apreciaron así decenas de miles de jóvenes, que veían todavía por entonces en ERC a un partido “puro”, que no había “tocado poder”, y que era el representante de la lucha contra el aznarismo.

Los hechos ponen a cada uno en su sitio. ERC es un partido de capas medias, no se reivindicó nunca como una organización “de la clase trabajadora”, sino como una organización interclasista, incapaz de defender una línea propia que represente a un sector fundamental de la sociedad, en un momento como el actual, donde lo que queda de manifiesto cada vez más son las contradicciones entre las dos clases fundamentales de la sociedad, la clase trabajadora y la capitalista.

Sus llamamientos de sirena, en época electoral, bien a CiU, o bien al PSOE, eran bien representativos de su afán de tocar poder. El fraude a las expectativas que representó para una generación de jóvenes le ha hecho a ERC volver a su sitio. Su sangría y su división electoral, en al menos tres trozos, la hacen retroceder veinte años atrás.

ICV ha sido la única fuerza del Tripartit que no ha sufrido una debacle, aunque pierda votos, más de 52.000. La pregunta es: “cómo es posible que su referente estatal, IU gane apoyos en las encuestas e ICV los pierda”. Cayo Lara se presenta con un discurso claramente obrero, anti capitalista, sin ambigüedades. En cambio, ICV ha apoyado, en los hechos, los recortes en Catalunya y ha reivindicado –al final en solitario- “la obra de gobierno” del Tripartit. Si no bajó más se lo debe indudablemente a las expectativas que está representando IU a nivel estatal, fruto de la decepción con el PSOE.

Conclusiones

La mala acción de gobierno del Tripartit y, por tanto, de Iniciativa Per Catalunya, debe suponer una clara advertencia para Izquierda Unida en otras autonomías y ayuntamientos. El “tocar poder” como sea no debe tener cabida dentro de IU. Julio Anguita, opinando sobre la política de pactos, explicaba en el diario Público (27-11-2010) (): “(…) Si no hay un acuerdo sobre un programa, vote al alcalde del PSOE y pase usted inmediatamente a la oposición, y una vez allí, negocie punto a punto cada tema. La historia de las pinzas[con el PP] se guarda ya en un arca porque es la idea más suicida y perversa que podemos tener (...)”.

Ya desde mi opinión propia, IU debe dejar claro hoy en día que es la mejor opción para defender los derechos de los trabajadores. Eso empieza por la lucha en la calle. Después de más de 30 años de elecciones, promesas y decepciones de todos los colores, mal andaremos si no conseguimos llamar a las cosas pos su nombre. Lo fundamental de las conquistas sociales que se consiguieron en estas últimas tres décadas y media, como siempre, fue luchando.

El principal activo que debemos recuperar como bandera señera es el de la lucha y el de movilización por los compromisos y derechos de los trabajadores, más del 80% de la sociedad. Tenemos aspiraciones de gobernar pero si, y solo si, con ello cambiamos las condiciones de vida de la clase trabajadora. Seremos los principales luchadores contra las políticas de los partidos capitalistas, se llamen CiU, PP o PNV. Pero no podemos mancharnos las manos con una acción de gobierno que se basa en apuntalar las reformas precapitalistas, en recortes en los ayuntamientos (“porque hay que ser realistas”), o en bajar el sueldo a los funcionarios en las empresas públicas.

En Catalunya, un gobierno de CiU será más lesivo para los intereses de los trabajadores, aunque gran parte del trabajo sucio ya lo hizo el Tripartit (admitir como organismo público los ERE’s;  los recortes, en parte, están hechos ya ...).

En el conjunto del estado español, el desastre en Catalunya manda un mensaje para las elecciones municipales y regionales de la próxima primavera: los trabajadores no van a cerrar filas en torno al PSOE como en el 2008 para “frenar al PP”. Hay un cansancio pertinaz, un asqueamiento y decepción con las políticas socialdemócratas de derechas. IU debe subir, pero para consolidarse debe construirse como un proyecto con ideas claras que demuestren a la mayoría de la sociedad cómo se puede luchar contra la crisis capitalista y cómo plantear una alternativa viable a la misma.