Mundo árabe y oriente medio
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La Gran Pirámide de Giza ha durado 3.800 años. Hosni Mubarak ha durado algo menos, pero le gustaría sobrevivir un poco más. La diferencia de su régimen con la pirámide de Keops es que es una pirámide invertida. Toda su fuerza está en la parte superior, pero sólo hay un pequeño punto en la parte inferior. Las leyes de la gravedad y la arquitectura nos dicen que tal estructura es inherentemente inestable. El menor empujón puede hacer que toda la estructura se derrumbe.

Todo Egipto está ahora en un equilibrio precario. Esa misma precariedad es aplicable al papel de las fuerzas armadas, el único punto de apoyo que le queda al régimen. Sobre el papel es una fuerza formidable, tan sólida como la mencionada pirámide. Sin embargo, los ejércitos se componen de seres humanos, y están sujetos a las mismas presiones que cualquier otro estrato social o institución.

De un momento a otro, los manifestantes esperaban la orden del presidente al ejército para que éste dispersara a la multitud. "Los soldados no están aquí para el pueblo, están aquí para el presidente", dijo un hombre de mediana edad. Según caía la noche, el fuerte zumbido de helicópteros militares podía escucharse de nuevo sobre el centro de El Cairo. A pesar de ello, los rebeldes continuaron gritando airadamente pidiendo la renuncia de Hosni Mubarak, algunos ondeando la bandera de Egipto. Aviones de la Fuerza Aérea hicieron varias pasadas sobre sus cabezas. Pero en tierra las tropas no hicieron ningún intento por romper las protestas.

Los tanques que rodaron por la plaza Tahrir estaban destinados a intimidar. Sin embargo, fueron rodeados de inmediato por una masa humana que les impedía seguir. Ha habido muestras de solidaridad, con los manifestantes compartiendo su comida con los soldados y, en un caso, llevando a un joven oficial sobre sus hombros. Cuanto más tiempo esté el ejército en contacto con las masas revolucionarias, mayor será el efecto y más difícil será que lo utilicen para aplastar la revolución.

La exhibición de poderío militar estaba destinada a tener un efecto psicológico en las decenas de miles de manifestantes reunidos en la plaza Tahrir. Sin embargo, los tanques no han logrado detener las protestas. Mubarak, un ex oficial de la fuerza aérea, decidió que los aviones de combate podrían obtener mejores resultados, ya que es difícil confraternizar con un piloto de alto vuelo. Ayer, aviones de combate volaban a baja altura sobre los manifestantes en un intento de causar pánico. Pero igual que se habían adaptado rápidamente a la presencia de los tanques en las calles, los manifestantes siguieron sin inmutarse.

En lugar de miedo, sin embargo, este gesto intimidatorio provocó ira. "¡Mira! Enviar a la fuerza aérea contra nosotros. A partir de este momento no tenemos Presidente. Vamos a deshacernos de Mubarak, o vamos a morir aquí". Esa fue la reacción de uno de los manifestantes. "Al principio, yo estaba asustado por el ruido de los aviones, pero ahora es como si estuviera escuchando música", comentó un estudiante que había salido a protestar por primera vez. "Está bien, no nos van a matar", dijo, y agregó, "aunque alguna gente dice que el presidente podría matar a todo el país sólo para poder quedarse".

En una revolución, como en una guerra, el tiempo es esencial. Lo mismo puede decirse de una contrarrevolución. Es necesaria una acción decisiva si se quiere imponer el orden por la fuerza de las armas. Pero aquí no hay una acción decisiva, sino vacilación, prevaricación e indecisión. Mubarak está "dispuesto a herir y, sin embargo, tiene miedo a golpear". Esta es una receta segura para el menoscabo de cualquier autoridad que todavía pudiera haber tenido. Maquiavelo dijo que para un gobernante es mejor ser temido que ser amado. Apenas hace una semana Mubarak no era amado, pero era temido. Ahora se le considera con desprecio. Ha perdido la iniciativa y le será imposible recuperarla.

Huelga general

Es obvio que la sociedad no puede seguir así. O el viejo orden vuelve a imponer su autoridad –una perspectiva que se está volviendo cada vez más improbable– o las masas imponen un nuevo orden. Se habla de una huelga general. Grupos de manifestantes acamparon en la capital durante la noche, decididos a no marcharse hasta que Hosni Mubarak se vaya. El impulso del movimiento continúa creciendo a medida que escribo estas líneas. Miles se reunieron el fin de semana en Alejandría y también hubo manifestaciones importantes en Mansoura, Damanhour y Suez.

De nuevo, multitudes están llegando a la plaza Tahrir de El Cairo, a pesar de los controles militares diseñados para limitar el acceso. Una marcha anunciada como la "protesta de los millones" se está llevando a cabo hoy (martes). Hay más de un millón de personas en la plaza Tahrir, 300.000 en Suez, 250.000 en Mahalla, 250.000 en Mansoura, y 500.000 en Alejandría. Hay manifestantes en cada ciudad y pueblo de Egipto, aproximadamente cuatro millones en todo el país. Es el momento de la verdad.

Incluso sin una huelga general, la vida económica normal ya se ha paralizado. El fabricante japonés de automóviles Nissan ha anunciado que va a detener la producción en su planta de Egipto durante una semana, y ha instado a los empleados no-egipcios a que salgan del país. El impacto ya se siente en los mercados mundiales. El Nikkei cayó en las primeras operaciones en Tokio cuando los disturbios de Egipto llevaron a los inversores a deshacerse de activos con riesgo.

La mayoría de las tiendas y negocios en El Cairo están cerrados. Las clases medias se apresuran a retirar dinero de cajeros automáticos de los bancos. Los pocos supermercados que están abiertos quedan rápidamente vacíos, con los compradores acumulando alimentos. En las zonas pobres, las panaderías se están quedando sin los panes redondos que son un elemento básico de la dieta nacional. Se dice que las calles están acumulando basura, con las tiendas y los hoteles agotando sus suministros básicos, y con la infraestructura rompiéndose debido a los disturbios.

En una vacilación más, se le ha ordenado a la policía que vuelva otra vez a las calles. La televisión estatal ha advertido que hay pandillas arrasando, aunque algunos creen que está exagerando la amenaza para asustar a la gente. El régimen está tratando de crear una atmósfera de tensión para justificar una represión. Algunas fuerzas de seguridad vestidas con ropa civil se dedican a destruir la propiedad pública a fin de dar la impresión de que muchos de los manifestantes representan un peligro público. Un reciente informe de Stratfor indicaba que policías vestidos de paisano del aparato de seguridad interna de Egipto son los principales impulsores de la creciente inseguridad en las calles durante los últimos días. Dice:

"Es importante tener en cuenta que, históricamente, ha existido animosidad entre la policía egipcia y los oficiales del ejército. El Ministerio del Interior, según fuentes de Stratfor, quería evitar que los militares impusieran control en las calles. Parece que la ausencia de la policía en las calles el 29 de enero era (al menos en parte), alentada por el Ministro del Interior saliente, quien fue despedido el mismo día junto con el resto del Gabinete. Policías de paisano egipcios supuestamente estaban detrás de una serie de fugas de la cárcel, robos de los principales bancos y la propagación de ataques y allanamientos en los barrios de clase alta. La idea detrás de la violenta campaña fue la de presentar a los manifestantes como una amenaza pública y provocar una represión dura por parte del ejército para enredar a los militares en una crisis aún mayor".

La reacción de la gente ha sido la de comenzar a hacerse cargo de la gestión de sus áreas de residencia. Los manifestantes están formando comités populares para proteger la propiedad pública y también para coordinar las actividades de los manifestantes, incluyendo el suministro de los alimentos, bebidas y primeros auxilios. En algunos barrios, los residentes están erigiendo puestos de control improvisados. Se están armando con palos y pistolas contra los saqueadores. Algunos utilizan equipamiento abandonado por la policía después de que cedieran sus posiciones habituales.

Las imágenes de las escenas según se desarrollan están siendo transmitidas a todos los hogares de Egipto y del mundo árabe, y hay grandes audiencias mirando y esperando a ver qué pasa. Las autoridades están tratando de obtener un monopolio sobre los medios de comunicación e Internet mediante la restricción de su uso. El Ministerio de Información ha cerrado la oficina local de Al-Jazeera en un nuevo intento por controlar la información. Sin embargo, estos esfuerzos parecen inútiles. Los egipcios, siempre emprendedores, continúan sintonizando la televisión por satélite para escuchar las noticias.

Una "transición ordenada"

En medio de crecientes temores en Londres y otras capitales europeas de que "los extremistas podrían tratar de explotar la situación", el Primer Ministro británico, David Cameron, habló con el rey Abdullah de Jordania el domingo sobre la situación en el Oriente Medio y África del Norte. (*) El Ministro de Asuntos Exteriores británico, William Hague, dijo a la BBC: "Para evitar riesgos y atender las quejas y aspiraciones legítimas del pueblo egipcio estamos instando a las autoridades egipcias… a crear un Gobierno de base más amplia". Dijo que las reformas deberían ser "reales y visibles" y las elecciones "libres y justas".

Pero hay un pequeño problema con todos estos consejos bien intencionados. Mubarak parece decidido a no salir corriendo como Ben Ali hizo. Y, de hecho, los estadounidenses no quieren eso tampoco. Pueden ver que el vacío de poder resultante sería muy peligroso para ellos. Los estadounidenses han advertido con urgencia al presidente Mubarak que no debe haber más asesinatos. Saben que un choque sangriento sería suficiente para dividir el ejército en pedazos. A continuación, las compuertas se abrirían. Es por eso que el ejército ha declarado que no va a usar la fuerza para reprimir las manifestaciones. Este es el beso de la muerte para Mubarak.

El Baradei y los otros "reformistas" están rogando a los estadounidenses que intervengan: "Es mejor para el presidente Obama que no aparezca como el último en decirle al presidente Mubarak: 'Es hora de que te vayas'". Sin embargo, Obama no ha dicho esto, por lo menos, por ahora. Las masas quieren una transformación completa. Pero Barack Obama sólo quiere una "transición ordenada". Una transición ordenada ¿hacia qué? No lo sabemos. Pero sí sabemos que Obama ha pedido el señor Mubarak que la inicie. Es decir, está dispuesto a dar al viejo dictador un papel clave en la toma de acuerdos para el futuro de Egipto. Sabemos también que Washington considera que Egipto es un "aliado" clave en Oriente Medio. Le ha dado miles de millones de dólares de ayuda, y quiere sacar provecho de su dinero.

La Casa Blanca dice que Obama hizo una serie de llamadas acerca de la situación durante el fin de semana a algunos líderes extranjeros, entre ellos el primer Ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, el Rey Abdullah de Arabia Saudita y el Primer Ministro británico, David Cameron. Las protestas en Egipto son el primer punto del orden del día de una reunión de ministros de Exteriores de la Unión Europea en Bruselas el lunes. Todos están aterrorizados por el efecto de "contagio" desde Egipto.

El corresponsal de la BBC, John Simpson, dice: "Desde el punto de vista americano, lo mejor que podría ocurrir sería un fin pacífico de las protestas, la jubilación del Sr. Mubarak y la continuación de una parte (al menos) del sistema que él ha creado, despojado, esperemos, de su corrupción". Pero añade una advertencia: "No será fácil y no resultará muy llamativo a los manifestantes, que han condenado toda la estructura política del Sr. Mubarak y quieren derribarlo".

Los estrategas del capital están confiando en el hecho de que la gente se canse, y de que habrá un deseo general de volver a la vida cotidiana, y esto traerá un fin gradual de la protesta. A continuación, el sistema, si no el propio presidente, podría sobrevivir. Pero todo depende de los manifestantes: si resisten, una "transición ordenada" no será posible, y el movimiento podría ir mucho más lejos de lo que nadie sospecha.

Ayer por la noche en las noticias del Canal Cuatro (británico) se produjo un debate entre un estadounidense y un "experto" británico. El americano –un típico tipo torpe de extrema derecha– se mostró optimista acerca de una "transición controlada hacia la democracia". Su homólogo británico no estaba impresionado. "Esta es una situación revolucionaria", respondió con sarcasmo helado. "Usted no puede esperar poder gestionar una situación como esa". No puede haber duda de que la segunda evaluación es la correcta.

Mientras tanto, China ha añadido su voz al coro pidiendo un retorno al "orden". Un portavoz de la cancillería china dijo el domingo: "Egipto es un amigo de China, y esperamos que la estabilidad social y el orden volverán a Egipto tan pronto como sea posible". El régimen chino está interesado en la estabilidad económica mundial, ya que quiere seguir ganando mucho dinero de las exportaciones. Pero también tiene miedo de todo lo que podría proporcionar un impulso a las huelgas y protestas en la propia China. Eso explica por qué el régimen chino ha bloqueado el uso de los motores de búsqueda de Internet para encontrar noticias sobre el desarrollo de los acontecimientos en Egipto.

Las masas luchan, los políticos intrigan

Los estadounidenses están maniobrando desesperadamente entre bastidores. Durante la última semana se han producido intensos debates con altos funcionarios de EE.UU., el Gobierno y la cumbre del ejército. Los militares están preparando el momento de la salida política de Mubarak. Hasta que esto suceda, los disturbios en las calles continuarán. Pero, ¿quién y qué va a tomar su lugar?

La prensa occidental, en su búsqueda de una "transición ordenada", está tratando de promocionar la figura de Mohamed El Baradei. Las cámaras de televisión siempre se las arreglan de alguna manera para localizarlo entre una masa de manifestantes. Sin embargo, trae a la mente la siguiente anécdota. Un hombre fue visto caminando sin rumbo detrás de una multitud de manifestantes. Cuando alguien le preguntó quién era, respondió: "¿Yo? Yo soy su líder".

A pesar de que no desempeñó ningún papel en la organización de las protestas, no obstante, se le presenta como el líder de una misteriosa "coalición de la oposición", que al parecer incluye a los islamistas Hermanos Musulmanes, que tampoco jugaron papel alguno en la organización de las protestas y al principio ni siquiera participaron en ellas. Esta "coalición" está pidiendo que se cree un Gobierno de unidad nacional. ¿Quién va a estar en este Gobierno? Nadie lo sabe. ¿Quién eligió a esta "coalición de la oposición"? Nadie lo sabe. Sin embargo, a espaldas de las masas, estos señores ya están haciendo planes para apoderarse de las riendas del poder.

Los líderes están compitiendo por el poder. La oposición está unida en su odio contra Mubarak, pero dividida en casi todo lo demás. Ya había indicios de desunión dentro de la oposición "unida". Los Hermanos Musulmanes están teniendo dudas sobre su apoyo a la principal figura de Mohamed El Baradei como negociador con el Sr. Mubarak. Un portavoz de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Morsy, dijo a la BBC:

"La gente no ha elegido a Mohamed El Baradei para que se convierta en un portavoz de ellos". Eso es muy cierto. La gente no ha elegido a Mohamed El Baradei, pero tampoco  han elegido a los Hermanos Musulmanes. No han nombrado a nadie porque no han sido consultados. Ellos están peleando y muriendo en las calles, y su objetivo no es promover las carreras de los políticos oportunistas, sino cambiar sus vidas.

Las revueltas en Túnez y Egipto son en gran medida seculares y democráticas y, a menudo, deliberadamente, excluyen a los islamistas. La creencia convencional de que sólo los Hermanos Musulmanes pueden organizar los movimientos populares de oposición en el Oriente Medio es falsa, al igual que lo es la idea de que es la "única oposición real". Las protestas indican el grado en que los egipcios han rechazado la ideología yihadista. Demuestran que los islamistas no tienen el monopolio de los movimientos de base. Las reivindicaciones básicas de los manifestantes egipcios son por trabajo, comida y derechos democráticos. Esto no tiene nada que ver con los islamistas y es un puente hacia el socialismo, que tiene profundas raíces en las tradiciones de Egipto y otros países árabes.

El momento de la verdad

Las tensiones están creciendo entre el ejército y la policía, y entre la policía y los manifestantes. La revolución ha provocado una crisis en el Estado. Hay informes de una gran confrontación que  ha tenido lugar detrás de los telones entre el Ministerio del Interior y el ejército. El ejército debe intentar poner fin a las protestas en las calles, pero no será fácil, ya que las masas han adquirido un sentimiento de su propio poder.

La estructura política del Estado se está desmoronando, lo cual ha obligado al ejército a asumir la responsabilidad directa de la gestión de la sociedad. El ejército se supone que es el garante del Estado. Pero los militares no son una entidad monolítica. El ejército de Egipto no es como el ejército de Gran Bretaña o los Estados Unidos. Los rangos inferiores y medios de la casta de oficiales reflejan la presión de las masas. Toda la historia de Egipto pone la posibilidad de un golpe de Estado de los coroneles en el orden del día. El resultado podría ser un régimen nacionalista como el de Gamal Abdel Nasser, un coronel de las fuerzas armadas, que derrocó a la monarquía respaldada por los británicos en 1952.

En la situación actual, es posible que la historia se repita. Pero cualquiera que sea el gobierno de "transición" que se forme, estará bajo estrecha vigilancia. Sentirá el aliento caliente de las masas en su cuello. La clave de toda la situación es el movimiento de masas. Todas las contradicciones están llegando a un punto crítico. Las próximas horas serán decisivas. El momento de la verdad ha llegado.

Londres, en la mañana del 01 de febrero 2011
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(*) Nota: No hay duda de que Cameron estaba asesorando al Rey de Jordania sobre qué hacer para aplacar a las masas. La última noticia es que el rey Abdullah II de Jordania ha destituido a su gobierno. Esto ha ocurrido después de grandes protestas callejeras inspiradas por las revoluciones en Túnez y Egipto. Esta es la confirmación de que, después de las protestas en Yemen, Argelia y otros países, lo que comenzó en Túnez podría extenderse al conjunto del mundo árabe.