Movilizaciones en Colombia: paso lento, pero seguro

Escrito por Federico León Lunes 25 de Junio de 2012
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2011 fue un año crítico: una segunda ola invernal con víctimas mortales y miles de damnificados que aún no han recibido atención y se suman a los del 2010, asesinatos a sindicalistas, ataques contra el movimiento obrero por parte del Estado y el narcoparamilitarismo, desplazamiento forzado, derrota electoral del Polo Democrático Alternativo (PDA), etc. Sin embargo, una luz de esperanza nos acompañó desde abril hasta diciembre y fue el movimiento estudiantil que permanentemente ocupó las calles, logrando tumbar el proyecto de reforma a la Ley 30 de 1992 que ponía a la educación pública en riesgo de extinción.

Aunque muchos esperaban retomar las movilizaciones con el año académico en febrero, los dirigentes estudiantiles de la MANE (Mesa Amplia Nacional Estudiantil) optaron por concentrarse en la labor organizativa y fortalecer el movimiento a partir de diferentes encuentros regionales y locales. Sin embargo, esto no significa que este haya sido un año de obediencia a las clases dominantes.

Las protestas del Transmilenio

La primera expresión del descontento popular en Bogotá no vino del estudiantado, ni del sindicalismo, ni de ninguna organización política. El 9 de marzo, en horas de las mañana, los usuarios del sistema de transporte público Transmilenio en el Portal del Sur, iniciaron una protesta espontánea. La noticia de la misma se esparció y ya en cuestión de horas las protestas se multiplicaron en otras estaciones de la ciudad. Ante la represión del ESMAD (Escuadrón Móvil Anti-Disturbios) de la Policía Nacional y el descontento acumulado en más de diez años de un servicio deficiente por el que el usuario paga una tarifa costosa[1] y se ve sometido al hacinamiento, los carteristas y el acoso sexual, la protesta devino en la destrucción de estaciones y buses.

El bastón policial y los gases lacrimógenos fueron la única respuesta del alcalde de Bogotá Gustavo Petro Urrego ante la protesta ciudadana. Por si fuera poco, a través de las redes sociales responsabilizó de los hechos a la OCE (Organización Colombiana de Estudiantes), que en ese momento se encontraba reunida en Manizales como parte de la reunión nacional de la MANE, y al PDA, partido que fundó y al que perteneció hasta que fue derrotado en la campaña presidencial del 2010. Las acusaciones, por supuesto, resultaron infundadas. De hecho, había sido él quien días antes había promovido la movilización de los usuarios del sistema de transporte.

La ineptitud de Petro y el nivel de violencia mostrado en las protestas, promovió por algunas semanas un debate en los medios de comunicación sobre el transporte público en la capital de la República que con el pasar de los días se difuminó.

Marcha Patriótica

Los días 21, 22 y 23 de abril de 2012 delegados de más de 1600 organizaciones sociales, sindicales y políticas, provenientes de todo el territorio nacional, se tomaron las calles de Bogotá para presentarle al país la iniciativa Marcha Patriótica.

Aunque se fundamenta en iniciativas claras y urgentes, como la construcción de una Colombia soberana e independiente de toda intervención extranjera, la solución negociada al conflicto armado y la lucha contra la corrupción política, todavía no está definida la identidad de Marcha Patriótica: ¿es un gran movimiento social?, ¿un movimiento político?, ¿un nuevo partido de izquierda? ¿un frente popular? Por lo pronto se definen a sí mismos como un proceso.

Aunque varias tendencias y cuadros importantes del PDA son parte de Marcha Patriótica, el Polo ha declarado que saluda pero no participa de Marcha Patriótica. Aunque el PDA se ha caracterizado por apoyar todas las iniciativas populares de los trabajadores, campesinos y estudiantes de Colombia, en esta ocasión ha preferido abstenerse de sumar sus banderas a una propuesta que movilizó, según los reportes menos favorables, a 35.000 personas en su última jornada. La decisión tomada por el CEN (Comité Ejecutivo Nacional) se basó en reportes del Gobierno, emitidos semanas antes, que indicaban que la marcha podía estar infiltrada por las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo). Sin embargo, nunca se presentaron pruebas contundentes de esta acusación y, además, no es la primera vez en la historia que el gobierno acusa alguna iniciativa de oposición política de tener nexos con alguna organización guerrillera. Por lo demás, ¿no habrían tomado iniciativas más agresivas las Fuerzas Armadas ante la posibilidad real de que las FARC-EP movilizasen decenas de miles de personas hasta la capital de la República?

Más allá de que algún puñado de guerrilleros haya logrado colarse en esta ingente movilización que sumó a obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales de todos los rincones del país, Marcha Patriótica representa a una importante masa que sin esperar nada del poder establecido está dispuesta a luchar por la soberanía nacional, la redistribución de la riqueza y las víctimas de la violencia estatal.

Luego de una derrota electoral en la que el PDA pasó de obtener más de 900 mil votos a poco más de 30 mil para la Alcaldía de Bogotá, una iniciativa como Marcha Patriótica surge como el aliado perfecto para fortalecer las bases del partido y construir una propuesta política revolucionaria. Ya antes de que se dieran las infortunadas acusaciones de Gustavo Petro sobre el Transmilenio, varios sectores del PDA, incluyendo su presidenta, la compañera Clara López Obregón, promovieron la posibilidad de adelantar alianzas con Progresistas. Sin embargo, el CEN rechazó cualquier posibilidad de alianza con Marcha Patriótica sin siquiera debatirlo con las bases. Según algunas fuentes al interior del PDA sectores como el MOIR (Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario) y Polo Que Suma ven en Marcha Patriótica una amenaza a sus intereses electorales para el 2014. De acuerdo a esto, se explicaría por qué el MOIR acusa al PCC (Partido Comunista Colombiano) de doble militancia por pertenecer a Marcha Patriótica.

El 1o de mayo

El violento sabotaje promovido por la Policía Nacional el año pasado contra la celebración en Bogotá del Día Internacional de los Trabajadores[2] tuvo resultados: este año la participación fue menor. Sin embargo, a pesar de que la Policía promovió disturbios en la Carrera 7a con Calle 19 (sabiendo que entre los participantes se encontraban niños, personas discapacitadas y de la tercera edad), se pudo realizar la marcha y llevarla hasta la Plaza de Bolívar. Allí, cada una de las centrales obreras (CUT, CTC y CGT) dio sus respectivos discursos y saludos.

El movimiento obrero colombiano pasa por una situación muy dura. Colombia es el país más peligroso del mundo para ejercer el sindicalismo y cualquier iniciativa de asociación proletaria es perseguida. Sin embargo, ante un público ávido de orientación revolucionaria, los voceros de las centrales obreras se limitaron a repetir las frases de siempre que tuvieron por respuesta la apatía general. Para cuando los representantes de la MANE lograron que la jefatura sindical les diera cabida en la tribuna, ya el auditorio se encontraba bastante disperso.

A la 1:00 pm el acto había concluido. De todas formas, algunas personas se quedaron en la Plaza de Bolívar en espera de un grupo de manifestantes que venían marchando desde el sur de la ciudad. Luego de su llegada, algunos ultraizquierdistas y anarquistas que difícilmente alcanzaban los veinte años de edad procedieron a lanzar pelotas de pintura contra agentes del ESMAD apostados frente a la Catedral Primada.

A la 1:35 p.m. los agentes del ESMAD lanzan una granada aturdidora e inician el ataque contra los pocos manifestantes que todavía se encontraban en la Plaza de Bolívar con gases lacrimógenos y bastonazos. Algunos ultraizquierdistas quisieron resistir el ataque con palos y piedras, mientras que la mayoría corría por las calles del centro perseguidos por agentes motorizados. La Policía llegó a acordonar con tanquetas un área de cinco cuadras a la redonda. El resultado fueron 193 detenidos, muchos de ellos menores de edad. Ciertamente una respuesta desproporcionada a un ataque con pintura.

El mensaje quedó claro: Ante las quejas del proletariado colombiano, la burguesía tiene por única respuesta la represión violenta. Tiene razón Marcha Patriótica en no esperar nada del poder establecido.

La era del TLC

Ya desde el 2005, ante el fracaso del ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), la oligarquía colombiana empezó a promover un TLC (Tratado de Libre Comercio) con los Estados Unidos. Para agosto de 2006 George W. Bush habría entregado al Congreso de su país el texto final del acuerdo, pero éste sólo fue aprobado hasta octubre del 2011. El principal motivo de esta dilación fue la oposición de sindicatos cercanos al Partido Demócrata yanqui que cuestionaban la situación de Derechos Humanos en Colombia bajo el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez. El ascenso a la Presidencia de Juan Manuel Santos y la Vicepresidencia del ex-sindicalista Angelino Garzón, acompañado de una campaña mediática que promovía un discurso conciliador, permitió dar vía libre al TLC que entró en vigencia el pasado 15 de mayo.

Para esta fecha se habían organizado varias protestas en el país que fueron suspendidas luego de que el ex-ministro uribista Fernando Londoño Hoyos fuera víctima de un atentado. La oligarquía organizó una manifestación en contra del atentado, que algunos presumen organizado con el consentimiento del mismo Londoño, pero a esta asistió apenas medio centenar de gentes.

Una semana después, el 22 de mayo, 200 estudiantes en la Universidad Nacional promovieron una jornada de protesta en contra del TLC la cual fue reprimida por la Policía Nacional. Al día siguiente mil transportadores protestaron contra el abuso en las alzas de combustibles. Esa noche, en Cali, un trabajador fue asesinado y sus compañeros llamaron a una protesta en contra de este crimen para el día siguiente.

Para el 28 de ese mes 400 empleados de la Rama Judicial protestaron en contra a la Reforma a la Justicia. Una iniciativa del Gobierno Nacional propuesta por el banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo, que politizaría y aumentaría la corrupción del poder Judicial, a la vez que fortalecería la Unidad Nacional promovida por el presidente Santos.

El 30 de mayo

Si la difícil situación que viven los estudiantes los llevó a ocupar las calles en diversas ocasiones el año anterior, no son menos los motivos de los docentes para manifestarse en contra de un régimen enemigo de la educación, la investigación científica, el desarrollo tecnológico, las artes, el deporte y la cultura.

Si en Colombia es insuficiente el número de instituciones educativas de calidad, también lo es el de docentes calificados. Estos, además, reciben salarios ínfimos y no cuentan con las condiciones necesarias para ejercer su labor, incluso en las instituciones privadas. Además, en el caso de las instituciones universitarias se ha promovido la figura del docente-cátedra que convierte al educador en un obrero a destajo y lo somete a un modelo de explotación en el cual los perjudicados siempre serán los estudiantes. Algunos rectores y decanos corruptos protegidos por políticos burgueses sacan provecho económico de este desolador escenario mientras que los reclamos de miles de educadores y funcionarios decentes son la voz que clama en el desierto. El Gobierno Nacional prefiere aumentar el presupuesto de Defensa que adelantar alguna iniciativa por la mejora de la educación en Colombia.

Ante este patético panorama, FECODE (Federación Colombiana de Educadores) convocó a sus afiliados a una gran huelga general que contó con el apoyo del estudiantado. Sólo en la ciudad de Bogotá se movilizaron más de quince mil personas. Los bicitaxistas de la ciudad también marcharon en apoyo a los maestros y contra los excesos de los que son víctimas por parte de los agentes del estado. A pesar de los esfuerzos del ESMAD por perturbar el orden de la marcha, esta se llevó a cabo en total normalidad.

Indignación obrera

La chispa que encendieron los tunecinos enero de 2011 cuando derrocaron el régimen de Ben Ali se ha convertido en una llama que se esparce por el mundo, y en todas partes es la juventud quien lleva la antorcha.

Los pueblos de Egipto, Yemen, Bahrein, Libia, Israel, España, Grecia, Estados Unidos, Chile, México y Québec se han rebelado contra sus opresores, y a pesar de que todos estos procesos son diferentes entre sí y de que ninguno ha llegado a trascender en una verdadera revolución política, su accionar resulta a inspirador para los trabajadores de todos los países. Colombia, en donde ya son demasiados los motivos que tienen los obreros para emanciparse, también ha encontrado inspiración en estas luchas. A pesar de toda la campaña desatada en nuestro país por el neoliberalismo en contra de las acciones de masas, los trabajadores se movilizan y vemos incluso que sectores de la derecha han intentado sin éxito apelar a estos métodos para defender posiciones demagógicas.

De acuerdo a la Secretaría de Gobierno de Bogotá, en lo que va corrido del año, la capital de la República ha sido testigo de un promedio de ocho manifestaciones por mes. Con obreros sometidos a un régimen laboral y pensional criminales, un sistema de salud asesino y una educación escasa, costosa y deficiente; empresarios medianos y pequeños amenazados por el libre comercio; damnificados que no han recibido ningún apoyo del estado; desplazados por la violencia; mujeres víctimas de abusos y sindicalistas perseguidos, se entiende que el 99% de los colombianos tenga un motivo para quejarse del actual estado de cosas.

Incluso hechos que trascienden lo político llegan a tener como respuesta la movilización. Valga citar como ejemplo la reciente violación, tortura y asesinato de Rosa Elvira Cely, una trabajadora que se ganaba la vida atendiendo un puesto de dulces ambulante que ni siquiera le pertenecía. Aunque en Colombia no hay cifras contundentes sobre la violencia de la que son víctimas las mujeres, sabemos que casos como el de Rosa Elvira son parte de nuestra luctuosa cotidianidad. Aquí la diferencia es que el criminal llevó a cabo sus acciones en pleno Parque Nacional, en el corazón de  Bogotá, a pocos metros de la Carrera 7a, que atraviesa la ciudad de norte a sur. Los medios adelantaron campañas demagógicas a las que se sumó el Gobierno exigiendo muchos años de cárcel para el perpetrador y promoviendo denuncias. Este tipo de estrategias que en años anteriores habría tenido un resultado anestésico, apenas y ha aplacado la indignación de las mujeres colombianas.

La muerte de Rosa Elvira no sólo develó los peligros a los que se enfrentan las trabajadoras, campesinas y estudiantes de Colombia, sino que además la atención que recibió por parte de las autoridades demostró que el Estado tiene como último interés la vida de los ciudadanos. Rosa Elvira no sólo fue víctima de un crimen, también fue víctima de la Ley 100 que rige los servicios de salud y cuyo espíritu pone los intereses del capital privado por encima del bienestar y la calidad de vida de los colombianos. Fue víctima también de la ineptitud de las instituciones, ya que el criminal había sido denunciado por estupro y no había sido siquiera procesado por la Fiscalía General hasta que se produjo todo este escándalo.

Es sabido que la mayoría de agresiones sexuales provienen de personas que cuando niños fueron víctimas de algún tipo de abuso. En Colombia cada día hay cincuenta ataques sexuales contra menores de edad, y sin embargo, el Gobierno no desarrolla ninguna política, no digamos orientada a eliminar esta situación, pero por lo menos a indagar por sus causas. Es decir, no importa cuántos menores de edad o mujeres sean víctimas de abusos sexuales en Colombia, el Gobierno no hará otra cosa distinta a pedir más cárcel para los perpetradores.

Asimismo, cada hecho noticioso empieza a ser analizado por los trabajadores desde una perspectiva política, muy instintiva la más de las veces, pero asimismo con la conciencia de que la clase dominante defiende intereses opuestos a ellos. Un senador que se niega a una prueba de alcoholemia, la cárcel para una víctima de la violencia que robó un cubo de caldo de gallina son motivo para cuestionar al Gobierno y el actual sistema que nos rige.

El pueblo colombiano ha despertado y dentro de poco lo veremos dispuesto a decir basta y echar a andar. Sin embargo, padece el mismo problema que los movimientos populares que agitan el globo: carece de una dirección revolucionaria.

Propuestas desde el marxismo

Todo parece indicar que las movilizaciones no se detendrán en los próximos meses. El 8 de junio, fecha en la que se conmemora el Día del Estudiante, la MANE convocó a una marcha como preludio al Primer Encuentro Social y Popular “Por una nueva educación para un país con Democracia, Soberanía y Paz”. Dentro de pocos días se realizará la Marcha del Orgullo Gay, cada vez menos glamurosa y más politizada. Marcha Patriótica promueve además la realización de un gran paro cívico nacional para el mes de octubre. Es muy probable, además, que continúen las movilizaciones por la salud, el desempleo, etc.

Sin embargo, como apuntábamos arriba, toda esta fuerza popular no se corresponde con su dirigencia. Los eventos previos al Congreso Ideológico Nacional del PDA han mostrado que ante jefes que promueven debates superficiales y evaden las discusiones importantes, el grueso de la militancia pide reforzar el trabajo de base, formación política y compromiso de los jefes a actuar de acuerdo al Ideario de Unidad. Asimismo, cada vez son más las voces que exigen avanzar hacia el socialismo.

Todo parece indicar que muy poco de estas iniciativas llegará a la dirección. Según informes no oficiales, más de cuarenta miembros de Marcha Patriótica han sido asesinados y muchos padecen persecución política. En lo que va corrido del año, 29 líderes sindicales han sido asesinados y el narcoparamilitarismo sigue cobrando víctimas entre campesinos inocentes. Los trabajadores de Colombia están en una situación desesperada que exige concentrarse en las tareas importantes. Así se los dicta su experiencia de lucha, pero esto no parecen entenderlo sus líderes.

A pesar de esta situación, diferentes comités de base del PDA adelantan  iniciativas para fortalecer el partido desde abajo. Cada vez son más los reportes que recibimos desde distintas ciudades del país en donde los trabajadores buscan respuestas al porqué de su situación. La JUCO (Juventud Comunista) adelanta por estos días en Bogotá un importante evento teórico alrededor del texto ¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento de V. I. Lenin. En esta misma ciudad, con apoyo de la Corriente Marxista Internacional, un pequeño grupo obrero estudia y discute los clásicos del marxismo.

Nadie salva a nadie. Paulatinamente, el pueblo colombiano ha tomado conciencia de que esperar un mesías que lo socorra de sus desgracias es una quimera. A la falta de una dirección revolucionaria surge la posibilidad real de crearla desde la base a partir de la reflexión teórica.

Para los espíritus románticos y aquellos dados a la acción, puede parecer un retroceso en la lucha promover el estudio de las ideas marxistas y la formación teórica, se nos dirá que en tiempos de dificultad se hace necesaria la acción directa. Empero, el mínimo repaso de la historia del movimiento obrero en Colombia nos demuestra que lo que necesitan trabajadores y campesinos en nuestro país no es más ejercicios aventureros, ni la supuesta combinación de todas las formas de lucha. Precisamente la gran constante ha sido la carencia de un liderazgo revolucionario, no sólo capaz de analizar en toda profundidad la condición obrera, sino además capaz de orientar a la clase obrera por la senda del socialismo. Esta dirección no surgirá de la nada. Sólo el ejercicio permanente del trabajo teórico permitirá elevar el nivel de conciencia de los trabajadores y crear las condiciones para el surgimiento de revolucionarios profesionales capaces de convertirse en verdadera vanguardia del movimiento obrero.

 

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[1] Un boleto de Transmilenio cuesta $1.750 (U$ 0,96) siendo el salario mínimo en Colombia de $566.700 (U$ 312,14)