Análisis Político
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Pocos meses después de la histórica victoria del 24M y de la festiva investidura del 13J, el gobierno ciudadano de Barcelona en Comú ya empieza a aplicar medidas contundentes para enfrentar la emergencia social. Pese a la feroz oposición de las élites dominantes de la ciudad, de sus partidos y del papel de los medios de información que esconden lo que se hace.

Foto: Barcelona En ComúNuestro gobierno ha aumentado en 2,8 millones el presupuesto de las becas comedor, esto significa que 6.000 familias más tendrán acceso a este servicio tan básico. Esta medida aumenta a 10.000 las familias beneficiadas por el programa, que tendría que ser competencia de la Generalitat pero que los gobiernos de Artur Mas han ido recortando cada vez más. Otra medida fundamental para llevar a cabo el programa electoral ha sido parar la privatización de las escoletas, puesta en marcha por el gobierno de Xavier Trias. Además, en los primeros días de gobierno, se han parado varios desahucios y se ha empezado a reunir la Comisión Mixta de Desahucios para encontrar soluciones para parar de una vez todos los desahucios por motivos económicos. Por otro lado, se han tomado ya medidas para multar a los bancos que mantienen pisos vacíos durante más de dos años, para incrementar el número de pisos en alquiler social e impulsar el derecho habitacional en general.

De cara al problema del Turismo descontrolado, fruto de un modelo de turismo capitalista que mercantiliza cualquier rincón de nuestra ciudad y la convierte en un parque temático, se ha aprobado una moratoria de un año de las licencias de alojamiento turístico y se ha puesto en marcha un proceso participativo para debatir y decidir entre todos los vecinos de Barcelona qué tipo de turismo queremos.

Barcelona En Comú también propuso una rebaja de los sueldos de la alcaldesa del 27%, de los tenientes de alcalde del 24% y del 20% por los regidores, pero ha sido rechazada de manera vergonzosa por los partidos de oposición. Respetando su código ético, Barcelona en común ha rebajado los sueldos de la alcaldesa y sus regidores a un máximo de 2.200€ al mes y el resto se empleará en donaciones por organizaciones con hasta sociales.

Nuestro gobierno también ha criticado la sobre dimensión de los símbolos monárquicos y ha expresado la necesidad de rendir homenaje a nuestros antepasados republicanos que lucharon por nuestros derechos y por un futuro mejor. Cómo última cosa, aunque no menos importante, nuestra alcaldesa ha colocado otra vez a Barcelona al frente del cambio proponiendo que esta ciudad encabece una red de ciudades-refugio para acoger los miles de personas desahuciadas de sus países por las guerras creadas por el imperialismo occidental. Mientras los gobiernos ponen excusas, Barcelona y las otras ciudades del cambio han empezado a estudiar medidas concretas de acogida y de coordinación de las personas que se ofrecen a ayudar. Miles de personas han enviado cartas manifestando su disposición a ofrecer sus casas y su ayuda. Una Ada Colau visiblemente emocionada, dijo desde el escenario del acto de las Ciudades en común del 4 de septiembre 8 alcaldes del cambio: "si la gente sencilla lo puede hacer, ¿cómo es posible que el Estado español, con todos sus recursos, se niegue? ¡VERGÜENZA!".

Todo esto sólo es un inicio y el camino es todavía muy largo. Es necesario preguntarnos ¿porque nuestro consistorio ha podido poner en marcha estas primeras medidas no obstante el contexto poco favorable y el hecho de gobernar en minoría? La respuesta es que Barcelona en común ha sabido capitalizar las luchas sociales de estos años y trasladarlas al Ayuntamiento, dando voz a los miles de personas que han participado en las movilizaciones. Ada Colau nos recuerda siempre que sin la movilización de la calle no cambiaremos nada. Barcelona en común ha ganado porque ha sabido entusiasmar la gente trabajadora a través de la participación directa en la elaboración del programa, de la campaña electoral y de todas las decisiones. El apoderamiento de la gente sencilla ha hecho que muchas capas de trabajadores de los barrios obreros, desencantados de los partidos del régimen, volvieran a hacer sentir su voz, el "rugir" de las clases populares catalanas. La movilización ha sido la clave de la victoria y será la clave por la aplicación del programa electoral.

Barcelona en Comú nos enseña cuál es el tipo de Unidad Popular que puede movilizar la mayoría social y radicalizar la lucha para ganar.