Unidos Podemos
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Tras  la victoria de Syriza en Grecia, los ataques contra PODEMOS han vuelto a recrudecerse con la enésima invocación a la Venezuela bolivariana y levantando calumnias sobre su financiación. El pánico del gobierno y de las grandes empresas al avance electoral de PODEMOS está alcanzando niveles tan ridículos como que se dediquen a prometer ahora 3 millones de empleos y reducir el paro al 8% en 3 años, si se les deja seguir gobernando.

En este contexto,  la clase dominante, consciente de las dificultades para que el voto conjunto PP-PSOE le asegure una mayoría decisiva en el futuro parlamento, está promocionando -y financiando- a CIUDADANOS, de manera desvergonzada. Este “nuevo” partido,  barnizado con un progresismo superficial, es esencialmente una organización de derechas rabiosamente españolista, que no cuestiona lo fundamental de la política de recortes y ajustes sociales. Su objetivo es, claramente, disputarle a PODEMOS una parte de los sectores de la clase media y trabajadora recién despiertos a la acción política y descontentos con el sistema, prometiéndoles un “cambio seguro”.

En este contexto, la dirección de PODEMOS se enfrenta a un desafío. Hay un claro giro hacia la moderación en los dirigentes de PODEMOS, que justifican por su pretensión de ganar el apoyo de las capas más moderadas de la población y asegurarse una mayoría absoluta de votos. Esto tiene grandes peligros. Igualmente, la información facilitada de que se han entrevistado con la embajada de Estados Unidos y con altos representantes de las grandes empresas españolas, cuyo contenido permanece sin revelar, es algo que debe llenar de inquietud a la militancia. Se suponía que la “nueva política” consistía en “luz y taquígrafos” en todas las acciones del partido. Declaraciones de Pablo Iglesias en Telecinco tales como “Sabemos que necesitamos a los ricos, pero les vamos a pedir responsabilidad", son del mismo tenor.

La realidad es que no necesitamos a los ricos, cuya riqueza es la fuente de la injusticia social. En realidad, son los ricos quienes necesitan a los trabajadores. Y la experiencia demuestra que no se puede gobernar a favor de ambos al mismo tiempo.

La base social de PODEMOS está en la clase trabajadora y en una capa amplia de las clases medias empobrecidas por la crisis capitalista. Esta base tiene la fuerza y el peso numérico suficiente para garantizar una mayoría absoluta.  Haber conseguido ya un apoyo sólido de en torno al 25% del electorado es un gran logro y una base sustancial para seguir avanzando.  Pretender incrementar súbitamente esa franja por la mera moderación política es un grave error. La impaciencia es la puerta abierta al oportunismo. No se puede acelerar artificialmente la experiencia política de las capas más vacilantes que necesitan de más tiempo y acontecimientos para sacar la conclusión de la inutilidad de los partidos del régimen para solucionar los problemas sociales. Que completen esa experiencia antes de las elecciones de noviembre es algo que está por ver. En el peor de los casos, un gobierno de coalición inestable PP-PSOE-CIUDADANOS sería una fuente de insatisfacción popular y no duraría mucho. Será entonces cuando, tras pasar por esa experiencia, unas inevitables elecciones anticipadas arrojen una mayoría sustancial para un gobierno de “unidad popular”, nucleado en torno a PODEMOS.

El lado fuerte de PODEMOS ha sido transmitir el mensaje de romper claramente con el régimen existente. Debemos conjurar el peligro de ofrecer una imagen vacilante con mensajes contradictorios que transmiten inseguridad. Esto puede alejar a esas capas más inexpertas políticamente, y crear dudas y desorientación en la base y el entorno de la organización.

Afortunadamente, las raíces sociales de PODEMOS siguen profundizándose. La Marcha de la Dignidad del 21 de marzo y las elecciones andaluzas del 22 son eslabones en el camino para ampliar la base social de apoyo a PODEMOS, y estamos seguros de que la organización saldrá fortalecida de ambos acontecimientos. Esto debe completarse con la formación de candidaturas municipales de unidad popular en el mayor número posible de ciudades y pueblos de cara a las elecciones locales de mayo.

De lo que se trata entonces es de complementar la lucha electoral con la movilización social, con posicionamientos claros y firmes contra la desigualdad, las injusticias sociales y la explotación capitalista, y un programa consecuente que dé satisfacción a las necesidades sociales.