Argentina
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Por la unidad de toda la comunidad educativa. Fuera Macri y su gobierno

 

Todos: estudiantes, padres, docentes y trabajadores,  a la Marcha Nacional Educativa

La lucha de la juventud estudiantil es una inspiración para todos los que padecen las consecuencias de este sistema bárbaro y explotador que se llama Capitalismo.

La juventud, y particularmente los jóvenes de las familias trabajadoras, somos el sector que más agudamente sufrimos las injusticias de una sociedad que está organizada para que los grandes empresarios, terratenientes y banqueros vivan a costillas de los trabajadores y del resto de sectores populares oprimidos.

Los hijos de las familias trabajadoras estudiamos, en la mayoría de los casos, en escuelas con falencias edilicias, escasez de docentes y de medios materiales; pero también sufrimos un sistema de salud deficiente, barrios carenciados y, aquellos que trabajan, empleos basura y mal pagos.

Somos simple mercadería para los ricos; nos consideran sujetos descerebrados para consumir compulsivamente, mientras nos llaman vagos y delincuentes. Pero cuando nos levantamos para luchar por nuestro futuro, para estudiar y trabajar en condiciones dignas, nos califican de extorsionadores, violentos, y trangresores de la ley. Esa es la moral de ricachones del tipo Macri, Bullrich o Michetti.

Hay que extender la lucha

La toma de escuelas tuvo el efecto positivo de instalar este debate en la sociedad y generar simpatía en la población. La lucha desnudó los recortes de dinero destinados a la educación pública en la ciudad de Buenos Aires, y cómo gran parte del dinero presupuestado para la educacion fue desviado para incrementar las subvenciones a la educación privada. Y esto, en una situación donde hasta mediados de este año sólo se gastó el 7% del dinero presupuestado para gastos de infraestructuras en las escuelas. No obstante, la batalla no está ganada. Macri juega al desgaste para aislar la lucha.

La lucha ha sido ejemplar hasta ahora. Esta semana se contabilizaron 29 escuelas tomadas, algunas desde hace un mes. Pero también es verdad que las tomas como método principal de lucha tienen sus límites, porque no involucran a la mayoría de los estudiantes. Para incorporar a más compañeros en las movilizaciones y aumentar la simpatía de nuestra lucha entre la población hay que salir a la calle e incorporar a la movilización activa a padres y docentes. Hay que evitar el "luchismo", el hacer de la lucha un fin en sí mismo. De lo que se trata es de luchar para ganar. Frente a las propuestas de tomas con paros indefinidos, resultan mucho más efectivos unos pocos paros (con o sin toma) en días bien elegidos pero que sean masivos y acompañados de movilizaciones multitudinarias que incorporen a toda la comunidad educativa: estudiantes, padres y docentes.

Esta tarde se espera una marcha multitudinaria marcha en la ciudad de Buenos Aires, en la conmemoración del 34º aniversario de La Noche de los Lápices, cuando varios estudiantes secundarios de La Plata que luchaban en plena dictadura militar por el boleto estudiantil fueron secuestrados y desaparecidos casi todos ellos. Esta movilización será extraordinaria y mostrará el camino a seguir y la enorme fuerza que tiene la lucha unida de estudiantes, padres y trabajadores por una educación pública digna y de calidad.

El problema se llama capitalismo: luchá por el socialismo

Las condiciones en que estudiamos y trabajamos son una muestra del fin que el capitalismo destina a los trabajadores y sus hijos. No existe un capitalismo malo (al estilo del que defienden la derecha y Macri) y otro bueno, como el que dice defender la Presidenta Cristina. El capitalismo es siempre injusto y explotador para los trabajadores y sus familias porque persigue el lucro de una minoría a costa de la inmensa mayoría que trabaja o está desocupada.

La lucha por una educación digna para los hijos de los trabajadores forma parte de la lucha histórica de la clase trabajadora por una Sociedad nueva, sin explotadores ni explotados, por el Socialismo, donde la riqueza generada por la mayoría que trabaja pertenezca al conjunto de la sociedad y no a una minoría opulenta como ocurre hoy.

Ese debe ser el objetivo al que deben ir encaminados los esfuerzos de los luchadores obreros, juveniles, populares y revolucionarios.