Movimiento Obrero
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Las Autoridades Portuarias se sumaron a la huelga de funcionarios del día 8 de Junio aportando a las razones que llevaron a esta convocatoria algunas más.

Estamos regulados por un Convenio Colectivo que se ha vulnerado completamente. Los acuerdos que se han firmado no sirven, ya que una parte puede unilateralmente cumplirlos o no, de lo que resulta un ataque sin precedentes a las conquistas realizadas hasta ahora. Pero, además, existe el agravante de que el Real Decreto no se aplica a colectivos como RENFE o AENA, y sí a las Autoridades Portuarias, siendo entes de similares características. Esto puede ser debido a la previsión de la posible respuesta sindical que pueda dar cada uno de ellos. En otras palabras, no nos tienen miedo. Dudan de la capacidad de reacción y respuesta por parte de los trabajadores de las Autoridades Portuarias.

No obstante, en este caso se han equivocado, la respuesta ha sido clara en muchos puertos de todo el Estado. En concreto, en el puerto de Málaga, un 80 por ciento de trabajadores (datos reales) secundó la huelga a pesar de la abusiva cantidad de trabajadores afectados por servicios mínimos, que en casos concretos superaban el número de efectivos de un día normal de trabajo.

Ya, antes de la movilización del 8 de junio, se llegó a una unidad necesaria entre todos los miembros del comité de empresa de los diferentes sindicatos, unidad que se había visto mermada en los último años. Este hecho muy positivo tuvo un efecto claro en la jornada de la huelga.

La movilización en sí comenzó el día anterior, con Asamblea en los exteriores del centro de trabajo y posterior encierro de un grupo de trabajadores. Ya esa misma noche se produjo un retraso de cerca de una hora en la salida del barco de pasajeros que une Málaga y Melilla por la avería de una pasarela de acceso al barco, debiendo atracar el que llegaba por la mañana en otro sitio.

En cuanto a los servicios mínimos, a pesar de ser abusivos, hubo orden, quizás por parte de algún mando intermedio (con un evidente celo en su papel de actuar como representante y guardián de la empresa), de abrir una puerta de acceso que no figuraba dentro de los servicios mínimos, ni nunca se ha abierto en situaciones semejantes.

Este intento fue infructuoso, ya que inmediatamente se cerró. Pero, es más, los compañeros de la policía portuaria que atendían el servicio en la puerta que estaba abierta aplicaron estrictamente el reglamento para la entrada de vehículos, por lo que el caos y atasco que se produjo en los alrededores del puerto fue impresionante. Esto, unido al ocasionado en el interior del recinto portuario por el simple hecho de que un grupo de trabajadores se dedicaron a cruzar una y otra vez un paso de peatones que existe justo en la puerta del edificio principal del puerto con el consiguiente embotellamiento sobre todo de camiones y autocares, unido a la imposibilidad de acceso a las oficinas por el bloqueo de las puertas durante un buen rato, hizo que la jornada no fuera ni mucho menos la de un día normal.

Pero el principal miedo de la empresa era el que se viera afectado lo que es “la joya de la corona” del puerto de Málaga, el tráfico de cruceros. En este caso había un barco con unos 4000 pasajeros, los cuales fueron informados de la huelga mediante la pegada de carteles en la estación marítima y el reparto de hojas a los pasajeros a medida que iban saliendo. En cuanto a la salida del barco, se vio retrasada en media hora debido a la acción de un grupo de trabajadores que impidieron el normal regreso al barco de los turistas.

Todo esto demuestra que la huelga en el puerto fue un éxito, pero debemos plantearnos algunas cuestiones. En primer lugar, la huelga no es ni un objetivo, ni constituye un fin en sí misma. La finalidad de una huelga es la de conseguir unas reivindicaciones y la ser un medio de unir y dar confianza a los trabajadores en sus propias fuerzas, y es aquí donde reside su dificultad.

Existe una gran campaña para desprestigiar a los sindicatos, cosa que ciertamente está dando sus frutos, pero hemos de ser conscientes de que gran parte de este desprestigio se lo han ganado a pulso las élites burocráticas, y dirigentes sindicales de este país mediante el ejercicio de un sindicalismo de “corbata y moqueta”, muy lejos de un sindicalismo a pié de tajo. El no tener una alternativa clara a este sistema sino el acomodarse a él, participando de sus “beneficios” y convirtiéndose en gran parte en un aparato burocrático más, sostenedor de dicho sistema, es lo que ha dado lugar a la desconfianza que hoy en día existe.

Por eso, tanto la huelga del día 8 como la huelga general que se ha anunciado, no deben ser por parte de los sindicatos actos para “cubrir el expediente” o el de justificarse ante sus afiliados y resto de los trabajadores, sino que deben servir para lo que ya apunté anteriormente, conseguir echar atrás las medidas del Gobierno.

En el caso concreto del puerto, ante la desmoralización y desencanto que puede ocasionar tanto el recorte en la nómina de este mes, así como el descuento por el día de huelga, que puede llegar a hacer pensar que esto no ha servido para nada, hay que seguir proponiendo acciones imaginativas que hagan ver que la lucha no ha terminado, acciones que generen confianza y que hagan acumular fuerzas tratando de enlazar este movimiento con la huelga general de Septiembre.