Bolivia
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Evo Morales y el partido Movimiento Al Socialismo (MAS) consiguió una sonora victoria en las elecciones del 6 de diciembre en Bolivia. Las multitudes en la capital La Paz recibieron el discurso de victoria de Morales con gritos de: "socialismo, socialismo".

Evo MoralesLos resultados oficiales muestran el alcance de la victoria: más del 64 por ciento (2,9 millones) votaron a Evo Morales y la participación fue del 94 por ciento. El MAS ganó en 6 departamentos (La Paz 80 por ciento; Oruro 79 por ciento; Potosí 78 por ciento; Cochabamba 68 por ciento; Chuquisaca 56 por ciento y Tarija un 51 por ciento). En el feudo obrero de El Alto, el epicentro de los movimientos revolucionarios de 2003 y 2005, el 87 por ciento votó a Evo Morales. Es importante observar que Tarija forma parte de las provincias de la Media Luna (Creciente Oriental), donde la oposición reaccionaria fue capaz de movilizar un apoyo de masas en los últimos años. La oposición de derechas, encabezada por el odiado anterior alcalde de Cochabamba, Manfred Reyes, consiguió ganar en Santa Cruz (52 por ciento frente al 40 por ciento del MAS), y los departamentos poco poblacos de Pando (51 por ciento frente al 44 por ciento del MAS) y Beni (53 por ciento frente al 37 por ciento del MAS).

Incluso en el reaccionario Santa Cruz, el MAS ganó en 9 de las 15 provincias y aunque la oposición ganó en la capital quedó rodeada de votos sólidos al MAS en las zonas obreras de las afueras del centro de la ciudad. La campaña oficial que aquí realizaron los activistas del MAS fue muy impopular, se basó en un "llamamiento a la clase media" diluyendo el mensaje e incluso llegando a formar alianzas con antiguos miembros de la reaccionaria UJC, que habían organizado las bandas fascistas que participaron en la intentona golpista contra Morales en septiembre de 2008. Esta política demostró ser un error y el voto al MAS (que se mantuvo sólido en los barrios obreros) en la capital cayó.

El voto a Morales casi dobló el número de votos conseguidos en 2005 cuando fue elegido por primera vez presidente (con un 53 por ciento y 1,5 millones de votos). En aquel momento había 3,6 millones de votantes registrados, pero ahora la cifra ha alcanzando 5,1 millones. Cientos de miles de personas, principalmente pobres urbanos y rurales, que en el pasado no se molestaban si quiera en registrarse para votar, se han incorporado a la lucha política. Este es el resultado del ciclo de lucha que ha sacudido Bolivia desde el inicio del siglo, del que la elección de Evo Morales en 2005 sólo fue la expresión electoral.

Las esperanzas y aspiraciones de las masas de trabajadores y campesinos en Bolivia se expresaron en el voto masivo a Evo Morales, cuya campaña se basó en la idea de conseguir una mayoría de dos tercios parlamentaria para poder avanzar hacia el socialismo. Ramón Loayza, antiguo portavoz del grupo del MAS en la Asamblea Constituyente y líder de izquierdas campesino, escindido del MAS, criticó al gobierno desde la izquierda. Esperaba conseguir los votos de aquellos que pensaban que Morales no había ido demasiado rápido en su programa de transformación social. Pero al formar una alianza con sectores de pequeños empresarios de Santa Cruz, ya no quedó claro si sus críticas eran desde la izquierda o desde la derecha. Consiguió un 0.33 por ciento de los votos. Evidentemente, las masas bolivianas consideran que al MAS como la expresión política de su lucha por el cambio.

Morales fue muy claro cuando habló a sus seguidores en la noche electoral. Dijo que la victoria significaba: "ahora tenemos una enorme responsabilidad con Bolivia y con su género humano, profundizar y acelerar el proceso de cambio para proclamar el socialismo". Uno de sus primeros movimientos fue el inicio del proceso de expropiación de la hacienda de Branko Marinkovik, el rico terrateniente de Santa Cruz que estuvo detrás de la intentona golpista del año pasado. Sin embargo, otros en el gobierno y en el MAS ya han dicho ¡que es el momento de reconciliarse con la oposición!

Evo Morales estará bajo la presión intensa de los campesinos y trabajadores organizados que han garantizado su creciente victoria, para que haga frente a todos los problemas fundamentales: reforma agraria, empleos, nacionalización de los recursos naturales, sanidad y educación. Eso sólo se puede hacer a través de la nacionalización de los principales monopolios (de propiedad nacional o extranjera), los bancos y la expropiación de la tierra, así la economía podrá estar bajo el control de los trabajadores para planificarla en beneficio de la mayoría de los bolivianos, y no para las 50 familias que han dominado durante décadas el país.

Como vimos en Honduras (y en la propia Bolivia) la oligarquía no vacilará en recurrir a medios ilegales y violentos para defender su dominio económico y político. Cualquier intento de atender a la población mientras se deja intacto el poder de la oligarquía está condenado al fracaso. Si Evo Morales procede de una manera decisiva a aplastar a la oligarquía tendrá el pleno apoyo del movimiento de masas de trabajadores y campesinos, que representan a la aplastante mayoría de la población.