¿Qué hay detrás de la crisis en Catar?

Escrito por Hamide Alizadeh Viernes 15 de Septiembre de 2017
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Desde hace un mes, Catar ha estado siendo bloqueado por sus vecinos del golfo Pérsico Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Bahréin, que junto a Egipto han cortado todas las relaciones diplomáticas con aquel país. Estos eventos han iniciado una situación de crisis en la región del golfo, que es vista con inquietud por las grandes potencias mundiales.

(Nota: Tal parece que, como predijimos, un acuerdo impulsado por la administración estadounidense está teniendo lugar, pero esto no cambia nada fundamental para este artículo, que fue escrito hace unos días)

Catar

Alrededor de una tercera parte de la provisión de alimentos y bienes de consumo de Catar son importados de Arabia Saudita y de EAU. Además, la mayoría de las inversiones en Catar tienen vínculos con inversores de estos países. Consecuentemente, las sanciones han llevado a una crisis económica en Catar, cuyas acciones financieras han caído 8% desde inicios de junio, abriendo un agujero de 13 mil millones de dólares en su economía. Los residentes en este país han concurrido a los supermercados acumulando provisiones de alimentos y otros consumibles domésticos, lo que en el mediano plazo precipitará en desabastecimientos si el bloqueo continúa. Los dos millones de extranjeros que componen la mayoría de la población (muchos de los cuales trabajan en condiciones de semi-esclavitud) han quedado varados en este país sin una ruta de salida clara.

El camino diplomático que supuestamente llevó a esta situación cuando un emergió un informe del sitio web de la Agencia de Noticias Catarí en mayo, en el que el Emir de Catar Tamim bin Hamad al-Thani decía: “No es sabio acumular hostilidad contra Irán”. Catar ha dado de baja desde entonces el referido sitio web, aduciendo que el informe era falso y que había sido producto de un hackeo.  Oficiales estadounidenses añadieron su contribución tomando la conveniente excusa de “los hacekers rusos lo hicieron”. Pero el asunto completo es bastante sospechoso cuando uno considera cómo las noticias saudís estuvieron escupiendo decenas de artículos e informes atacando a Catar casi inmediatamente después de la filtración, que por cierto pasó, ¡a la medianoche! Estos artículos planteaban que Al-Thanis había probado su alianza traidora con Irán y con el “terrorismo” – por lo que severas medidas debían tomarse.

El 23 de junio, Arabia Saudita promulgó una lista de demandas que Catar debía cumplir en 10 días para que el bloqueo fuera levantado. Estas incluían distanciarse de Irán, cortar todas las relaciones con la Hermandad Musulmana y Hezbolá (una medida a favor del Estado Islámico y de Al-Qaeda), dar de baja la Red de Noticias Al-Jazeera y entregar a los disidentes políticos de los Estados vecinos del Golfo.  Catar estaba siendo presionado en términos directos para que se reencarrilara a los intereses de sus vecinos más poderosos. No se ha aclarado, sin embargo, cómo la situación escalaría si las demandas no fueran cumplidas.

Las demandas completas

  1. Detener las relaciones diplomáticas con Irán y cerrar sus misiones diplomáticas allí. Expulsar a miembros de la Guardia Revolucionaria Iraní y cortar cualquier cooperación militar con este país. Sólo intercambios comerciales que cumplan con las sanciones estadounidenses e internacionales serían permitidos.
  2. Cortar todas las relaciones con “organizaciones terroristas”, específicamente la Hermandad Musulmana, el Estado Islámico, Al-Qaeda y el Hezbolá Libanés. Declarar formalmente todas estas entidades como grupos terroristas.
  3. Dar de baja a Al-Jazeera y a sus estaciones afiliadas.
  4. Cerrar fuentes de noticias financiadas directa o indirectamente por Catar, incluyendo Arabi21, Rassd, Al-Araby Al-Jadeed y Middle East Eye.
  5. Terminar Inmediatamente con la presencia militar turca en Catar y detener cualquier cooperación militar con Turquía dentro de Catar.
  6. Impedir todos los medios de financiación de individuos, grupos u organizaciones que hayan sido designadas como terroristas por Arabia Saudita, los EAU, Egipto, Bahréin, los Estados Unidos y otros países.
  7. Entregar las “figuras terroristas” e individuos buscados de Arabia Saudita, los EAU, Egipto y Bahréin a sus países de origen. Congelar sus activos, y proveer cualquier información requerida de su residencia, movimientos y finanzas.
  8. Terminar con la injerencia en los asuntos soberanos e internos de los países. Dejar de dar ciudadanía a nacionales buscados de Arabia Saudita, los EAU, Egipto y Bahréin. Revocar la ciudadanía catarí para los nacionales en que tal ciudadanía  viole la Ley de estos países.
  9. Detener todos los contactos con la oposición política en Arabia Saudita, los EAU, Egipto y Bahréin. Entregar todos los archivos que detallen estos apoyos y contactos con los grupos opositores.
  10. Pagar reparaciones y compensaciones por la pérdida de vida y otras pérdidas financieras causadas por las políticas catarís recientes. La suma sería determinada en coordinación con Catar
  11. Consentir auditorías mensuales por un año después de aceptar las demandas, luego trimestralmente durante el segundo año. Por los siguientes 10 años, Catar sería auditado anualmente sobre el cumplimiento a las demandas.
  12. Alinearse así mismo con el resto de países del Golfo en aspectos militares, políticos, sociales y económicos, así como en asuntos económicos en línea con los acuerdos alcanzados en Arabia Saudita 2014.
  13. Aceptar todas las demandas en 10 días después de haber sido sometidas a Catar o la lista quedará invalidada. (Fuente: The Guardian)

Hasta el momento, Catar ha rechazado la presión. El Ministro de relaciones exteriores, el jeque Mohammed bin Abdulrahman Al Thani dijo el sábado que ellos no temen las acciones militares que pueden tomar las naciones bloqueadoras. El régimen Catarí asevera que las demandas que han sido expresadas son hasta inverosímiles y fueron diseñadas para no ser cumplidas. Los catarís se han resistido al plazo límite de 10 días impuesto y que luego fue extendido 48 horas más, hasta que finalmente fue descartado por Arabia Saudita.

El Ministro de Relaciones Exteriores alemán, Sigmund Gabriel, que tomó parte en el diálogo entre los países involucrados, en un intento de difuminar las tensiones se hizo eco de los temores de un comentador burgués cuando dijo: “Hay un peligro de que esta disputa termine en guerra”. Esta conclusión es un poco drástica, a pesar de que los EEUU y otras potencias imperialistas están viendo estos eventos con preocupación seria, en gran medida porque Catar alberga la base militar estadounidense más grande en el Medio Oriente, la base aérea Al-Udeid.

Dada la severidad de la crisis, es importante que podamos entender lo que está pasando. Es también importante contar con la desinformación de las fuentes burguesas de noticias, las cuales –junto al Presidente estadounidense Donald Trump– parecen estar especialmente conmovidas por el sorprendente compromiso de Arabia Saudita de combatir el terrorismo.

Arabia Saudita y el contraterrorismo

Arabia Saudita es la principal fuente de terrorismo islamista del mundo. Desde sus inicios, el régimen saudí ha ayudado e incitado abiertamente la expansión del fundamentalismo Wahabí a través del Medio Oriente. La familia Real saudí siempre ha considerado que la principal amenaza a su poder dentro de Arabia Saudita vendría del islamismo radical Sunní que, a pesar de ser la base ideológica de su régimen, prefiere un Califato en lugar de una monarquía. Para matar dos pájaros de un tiro el régimen se alió con la rama más extremista del islamismo Sunní para oprimir movimientos revolucionarios, a la minoría chií y a otros grupos de personas que ellos ven como sus enemigos comunes.

Los saudís han puesto consecuentemente más de 100 mil millones de dólares en los cofres de los líderes religiosos wahabís (mulás wahabís) y los organizadores de ataques terroristas masivos desde Occidente hasta Indonesia. Zacarías Moussaoui, uno de los conspiradores del 11/9, confesó a las autoridades estadounidenses que miembros de la familia Real saudí habían estado dando dinero a al-Qaeda antes de los ataques. Más recientemente, Arabia Saudita se convirtió en la principal fuente de financiamiento para Jabhat Al-Nusra, la rama siria de al-Qaeda que ha canalizado armas y fondos al Estado Islámico.

Es risible que los saudís estén ahora demandando a otra nación que “corte toda relación con organizaciones terroristas”. El que Donald Trump le haya dado crédito a este movimiento, solamente lo ratifica como partidario del régimen más bárbaro sobre la faz de la Tierra. Esto no quiere decir que el régimen catarí no esté financiando varios de los mismos grupos terroristas que Arabia Saudita y que no deba reprochársele sus acciones. Aparte de mantener a muchos de sus habitantes en condiciones que no son muy diferentes a las que se vivían en la Antigua Grecia o Roma, Catar es más que feliz patrocinando cualquier organización reaccionaria o terrorista que sirva a sus intereses internacionales. Pero irse del lado de Arabia Saudita y creer que el “contraterrorismo” tiene algo que ver con las actuales sanciones contra Catar es caer en la fantasía.

Es verdad que Catar ha apoyado formalmente a otras organizaciones claves a las que el resto de países del Golfo se oponen. Muchos observadores se han enfocado en la conexión con la Hermandad Musulmana, dado que Egipto se ha unido a las sanciones contra Catar. Pero a pesar de que Arabia Saudita ha desconfiado históricamente de la Hermandad, ni Hamás ni Hezbolá significan una amenaza inmediata a los intereses de Arabia Saudita, EAU, Bahréin o cualquiera de sus respectivos aliados en la región.

Cuando la Hermandad Musulmana era una amenaza –mientras estuvo en el poder en Egipto– Arabia Saudita guardó silencio sobre el apoyo que recibía de Catar. Y cuando la Hermandad fue derrocada y Sisí tomó poder, Catar de hecho lo apoyó, probando el punto general de que en el Medio Oriente, así como en cualquier parte, no hay aliados permanentes, sólo intereses permanentes. El rol de Egipto en la crisis actual no es más que el de lacayo de Arabia Saudita y, de hecho, es un papel que está desarrollando muy bien a medida se vuelve más y más desesperado por el apoyo financiero de las potencias del Golfo.

Las causas reales

Para encontrar las razones reales de la crisis actual en Catar solamente hace falta mirar la primera y la última (12ª) de las demandas listadas por Arabia Saudita. Catar ha empezado a ir demasiado lejos en su papel regional para los gustos de Arabia Saudita. Comparado a su poder dominante en el Golfo, es un Estado minúsculo con pequeña influencia política y un ejército diminuto. No obstante, su acceso desproporcionado a grandes reservas de gas natural le ha valido la acumulación de un portafolio de inversiones alrededor del mundo que compite con los de sus vecinos mucho más grandes.

Catar también ha sido tradicionalmente un puesto remoto para el imperialismo occidental en el Golfo. Desde los años 20s, primero Gran Bretaña, y luego los Estados Unidos, han usado el país como base para campañas militares. De hecho, desde las épocas del imperio Otomano, Catar ha sido apoyado por una o varias potencias imperialistas para hacer contrapeso a otros clanes y feudos de la Península Arábiga.

El gobierno Catarí gastó más de mil millones de dólares en la construcción de la base al-Udeid después de las operaciones militares conjuntas a los Estados Unidos durante la Guerra del Golfo. Cuando los Estados Unidos invadieron Irak, movieron sus operaciones aéreas centrales de Arabia Saudita a la base al-Udeid, y han permanecido allí durante la intervención en Siria. Aunque muy cercanamente vinculada a sus vecinos, ambos factores, grandes ganancias provenientes del gas y su importancia estratégica para los Estados Unidos, han permitido a Catar crear su propio peso político regional y actuar independientemente de los saudís.

Mientras Arabia Saudita era la potencia predominante entre las naciones árabes y la economía mundial estaba creciendo, esto fue tolerado por los saudís. Pero después de la Guerra de Irak y de la revolución árabe en 2011, Arabia Saudita emergió debilitada tanto internamente como regionalmente, donde el poder de Irán estaba expandiéndose. El rol independiente de Catar en la región se convirtió en una amenaza más grande para los intereses de los Saudís, tanto como cuando apoyaba al régimen Morsi en Egipto después de la revolución, al que Arabia Saudita se oponía tan ferozmente. A medida que  ordenamiento previo en el Medio Oriente se estaba quebrando, Catar iba abriéndose su propio camino y esto suponía un peligro para el entonces frágil régimen de los Al-Saud. La red de noticias Al-Jazeera y la revista web Middle East Eye por ejemplo, se habían convertido en armas claves de propaganda por toda la región, representando una amenaza directa a la naturaleza totalitarista del mandato Saudí.

El pivote de divergencia de los intereses saudís que ha provocado la crisis en la región es la creciente alianza de Catar con Irán. Ambos países comparten el control sobre las reservas de gas natural más grandes del mundo, South-Pars/North Dome en el Golfo Pérsico. A comienzos de este año, casi simultáneamente, primero Irán y luego Catar decidieron desarrollar la explotación del yacimiento, en el caso de Catar por primera vez desde 2005.

Cuando fueron cuestionados si esto implicaba una colaboración conjunta, el jefe ejecutivo de Catar Petroleum, Saad al-Kaabi dijo “Lo que estamos haciendo hoy es algo completamente nuevo y lo haremos en el futuro por supuesto… compartir información con ellos (Irán)”. Esto vino 3 años después de que Catar ofreciera abiertamente ayuda a Irán para avanzar en la extracción de gas, con un funcionario que dijo “Tenemos muchos estudios en este campo que estoy seguro que pueden beneficiar a Irán”. A cambio de esto, Catar espera expandir su porción del yacimiento compartido con Irán.

Pero en una época en que Arabia Saudita está  poniéndose peligrosamente incómoda con la creciente preeminencia de Irán como potencia en la región, la cercanía de Catar con su rival ha creado tensiones entre los Estados del Golfo.

Algo central en la dinámica cambiante de la región es el repentino giro en la fortuna de Irán. El país ha emergido de la sangrienta guerra civil en Siria con una fortalecida autoridad militar regional y con nuevas oportunidades de comercio abriéndose con Occidente. La Guardia Revolucionaria Iraní ha jugado un papel vital en los golpes decisivos contra Jahbat al-Nusra, afiliado de al-Qaeda y apoyado por Catar y Arabia Saudita, así como al Estado Islámico en Siria, todo ello mientras que apuntala al régimen de Bashar al-Assad. La victoria en Siria fortaleció aún más la posición iraní y es claro que Catar está dialogando con Irán y Turquía un trato sobre Siria que posiblemente incluya inversiones para la reconstrucción del país. Tal trato, dejaría a los Saudís con las mayores pérdidas, financieramente, políticamente y geoestratégicamente.

El resurgimiento de Irán representa una amenaza existencial para Arabia Saudita, no solamente por sus ambiciones imperialistas en la región, sino también por sus ambiciones militares e internas dado el potencial mostrado por el movimiento chií en las regiones ricas en petróleo al este del Reino. Para subir la apuesta, los saudís respondieron iniciando una guerra en Yemen que ha probado ser necia e irresponsable aún para sus propios intereses; reclamando dos islas de Egipto en el Mar Rojo a cambio de un paquete de ayuda financiera; alcanzando un acuerdo de armas de proporciones históricas con los Estados Unidos; y sancionando ahora a su vecina potencia junior, amenazándola con un severo ultimátum.

La otra alianza catarí que ahora está incomodando a Arabia Saudita es con Turquía. Las relaciones diplomáticas entre los dos países se han ido robusteciendo últimamente. En diciembre de 2015, el presidente turco Recep Tayyib Erdogan anunció el establecimiento de una base militar turca en Catar, tras el inicio de ejercicios de entrenamiento conjunto entre los ejércitos catarí y turco. Mientras Arabia Saudita es una potencia en declive, Turquía ha surgido con la economía y milicia más fuertes del Medio Oriente. Los anatolios que respaldan a Erdogan han tenido siempre ambiciones neo-Otomanas, y en la Península Arábiga, hogar de de la Meca y de Medina, que están incluidas en estos planes. Erdogan está determinado conquistar a largo plazo la posición de Arabia Saudita como “Líder del Mundo Islámico”. La relación con Catar y la construcción de una base militar ahí le han dado a Turquía el primer pie en la península Arábiga desde la caída del Imperio Otomano.

La administración de Obama reconoció la debilidad de Arabia Saudita, razón por la cual promovió un acuerdo con Irán. El acuerdo sobre la energía nuclear con el Consejo de Seguridad de la ONU en 2015 fue un resultado reflejo de la nueva posición de poder que Irán estaba ocupando y puso fin a las sanciones que habían debilitado esta posición por décadas, todo lo cual no hizo sino mejorar su posición con respecto a Arabia Saudita.

Pero Donald Trump, respaldado por capas religiosas anti-iranís dentro de la burocracia estatal estadounidense, como el Secretario de Defensa James Mattis, se ha comprometido a reducir la influencia de Irán. Ese fue la base del viaje de Trump por el Medio Oriente en abril y mayo, cuando firmó un supuesto acuerdo por 350 mil millones de dólares con Arabia Saudita y apoyó el establecimiento de una “OTAN árabe” esencialmente enfrentada a Irán. Con el apoyo completo de los Estados Unidos, los saudís decidieron trabajar en el restablecimiento del balance de fuerzas previo.

Primeramente, el hijo del Rey, Muhammad Bin Salman (MBS), en un movimiento sin precedentes marcó su propio terreno internamente, aplastando a las facciones opositoras en la podrida familia Real y estableciéndose é mismo como el heredero del trono. Habiendo sido Ministro de Defensa desde que su padre llegó al poder, bin Salman ha sido quien ha impulsado la guerra en Yemen y estuvo sin duda muy involucrado en el acuerdo armamentístico con los Estados Unidos. A cambio de vender acciones de sus propias compañías –que incluyen Aramco, la compañía estatal de petróleo– MBS planea para Arabia Saudita el establecimiento de un fondo soberano de 2 billones de dólares a través del cual el país exportaría capital. MBS es ahora el verdadero dirigente del Reino y ha concentrado todo el poder en sus manos. La dirección hacia la que el país se está moviendo en ambos frentes se expresa en la persona de este joven e impulsivo príncipe.

¿Cómo terminará esta crisis?

En segundo lugar, sintiendo el falso confort del apoyo de la administración de Trump, MBS pensó que podía dibujar una línea, “O estás con nosotros o estás contra nosotros”. Sin embargo, la ilusión de la unidad Árabe suní y de la “OTAN árabe” colapsó antes de que la tinta de la línea se secara.

La administración Trump que se pavoneó arrogantemente a través de Medio Oriente –para mostrarle a Obama “cómo se hacen las cosas”- ha estado desde entonces corriendo frenéticamente para evitar un choque entre estos dos aliados claves, Arabia Saudí y Catar. El Secretario de Estado de los EEUU Rex Tillerson ha estado negociando día y noche con ambos lados para conciliarlos y minimizar los daños. Los estadounidenses están muy preocupados por la crisis, teniendo considerables intereses financieros y militares vinculados a ambos bandos en disputa. La maniobra completa que estaba dirigida para aislar Irán e impulsar a Arabia Saudita, solamente ha logrado fortalecer las relaciones de aquel con el Consejo de Cooperación del Golfo y para Turquía el conseguir meter un pie militar en la península arábiga.

Los EAU han sugerido que si Catar fracasa en cumplir con las demandas, entonces el siguiente paso es una indefinida continuación de las sanciones actuales. Pero Catar ha resistido el bloqueo por un mes –ellos no han experimentado los efectos que Arabia Saudita deseaba. Cuanto más tiempo sea ignorado el problema, otros problemas seguirán acumulándose.

El punto es, ¿cómo Arabia Saudita hará valer cualquiera de sus demandas? Esto nos lleva a la raíz del asunto. El Reino ha sugerido una potencial invasión en varias ocasiones. Pero esto es una quimera. El primer problema es la base aérea al-Udeid, que hospeda a fuerzas estadounidenses. Arabia Saudita no puede invadir un país con una base militar estadounidense sin la plena cooperación de los Estados Unidos, que no está interesado en invadir un nuevo país en el Medio Oriente en el corto plazo. En segundo lugar, estaría enfretando a las fuerzas turcas que no van a aceptar una invasión saudí y posiblemente las fuerzas iraníes también intervendrían.

En todo caso, esta crisis no ha hecho sino empujar a Catar más cerca de Irán, que se ha posicionado fuertemente contra el bloqueo. Irán se ha comprometido con aliviar el desabastecimiento de alimentos enviando más de 1,100 toneladas de frutas y vegetales y 66 toneladas de carne a Catar diariamente. Más aún, el gobierno turco se ha opuesto al bloqueo y ha enviado dos divisiones extra de su ejército a Catar desde que la crisis inició. Así mismo, es necesario tener en mente que la Guardia Revolucionaria Iraní (GRI) ha estado cooperando con el ejército catarí desde 2010, cuando un oficial de la GRI anunció: “La GRI y la armada catarí pueden tener una cooperación cercana en inteligencia, seguridad y campos de entrenamiento”. El Ministro de Defensa de Catar confirmó después que su país estaba listo para iniciar ejercicios de entrenamiento militar junto a Irán.

El ejército saudí no tendría oportunidad de hacerle frente a ninguna de estas fuerzas. De hecho, el ejército saudí nunca ha estado en una guerra real. Aún en Yemen está basándose en mercenarios emiratíes organizados y en clanes reaccionarios locales en lugar de sus propias fuerzas armadas. La razón es la debilidad histórica de Arabia Saudita como  régimen. El régimen ostenta poca o ninguna legitimidad entre la población que está conformada por extremistas Wahabí anti-realeza, chiís oprimidos, una juventud con aspiraciones democráticas, trabajo migrante semi-esclavizado y elementos tribales, todos los cuales se oponen al régimen por sus propias razones. Es esta debilidad fundamental de Arabia Saudita que la crisis del capitalismo está haciendo surgir como una amenaza existencial. Una guerra entre EAU y Catar es inconcebible. Todo este asunto no hará sino resaltar estos hechos y avivar la crisis saudí.

Claro está que esto no significa que Catar no vaya a moverse para nada. La economía catarí está fundamentalmente atada a los acuerdos del Consejo de Cooperación del Golfo, principalmente con Arabia Saudita y los EAU. El escenario más probable es que se negocie un acuerdo y que una normalización gradual de las relaciones se logre con el tiempo. Catar puede dar algunas concesiones menores, pero el verdadero perdedor será Arabia Saudita que habrá expuesto sus propias debilidades. Sin embargo, un acuerdo parche solamente retrasará que las tensiones que se desarrollan en la región salgan a la superficie, particularmente la relación antagónica entre Irán y Arabia Saudita.

La relación entre Catar, Irán y Turquía solo refleja la situación real de la región, donde Arabia Saudita está en declive, mientras que Irán y Turquía están avanzando para convertirse en las potencias de la región. Mientras que Irán y Turquía (así como Egipto) son los únicos Estados-nación reales en el Medio Oriente, Arabia Saudita es un Estado artificial que solamente ha podido sobrevivir debido a la posición particular que tenía, sobre todo como fuente primaria de petróleo para el imperialismo estadounidense. Pero ahora el régimen se ha podrido desde dentro, como es evidente por la miopía de sus representantes, al mismo tiempo que su posición internacional ha sido aminorada por la nueva autosuficiencia petrolera estadounidense.

Mientras tanto, Turquía e Irán están expandiendo su influencia, y para las potencias mundiales no hay forma de evitar esto. La idea promovida por Trump de “reducir la influencia iraní”, tal como se ha podido apreciar, solamente podrá acelerar el proceso.

La crisis económica, la revolución árabe y la crisis del imperialismo estadounidense, todas las cuales emergen de la crisis del capitalismo, han lanzado a los herederos de Al-Saud a una violenta lucha por su propia existencia. Como un animal acorralado y herido está sangrando por todos lados. La crisis catarí solamente ha llevado esta lucha más cerca del corazón del Reino. 

10 julio de 2017