Europa
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La huelga de los ferroviarios dio un claro impulso a la movilización de otros sectores de los asalariados y a la movilización de los estudiantes. Recolectores de basura, empleados de Air France, funcionarios, abogados, carteros, trabajadores de hospitales y residencias de ancianos (entre otros): cada día, nuevos sectores están entrando en la lucha o se declaran dispuestos a ello. La "convergencia de las luchas" ya no es solo una consigna; es un hecho.

Sin embargo, para hacer retroceder al gobierno, esta dinámica tendrá que amplificarse, porque Macron y sus ministros están decididos a no ceder nada. Quieren infligir una dura derrota a los ferroviarios, - el batallón de "vanguardia" de nuestra clase - para, después, atacar con mayor facilidad no solo a todas las demás categorías de trabajadores, sino también a los desempleados, pensionistas y estudiantes.

Los ferroviarios llevan a cabo una huelga combativa bajo una lluvia torrencial de insultos mediáticos. Durante todo el día, en los platós de televisión, los periodistas y los políticos empatizan con las dificultades de los usuarios y vierten su odio hacia los huelguistas. En cada movimiento de los ferroviarios, vuelve el mismo coro hipócrita, en los grandes medios. A pesar de esto, muchos usuarios apoyan a los trabajadores ferroviarios en lucha, porque la mayoría de ellos no solo son usuarios de la SNCF: también son trabajadores que son víctimas de las políticas reaccionarias de los sucesivos gobiernos, incluido el de Macron.

El apoyo a la huelga de los trabajadores ferroviarios se expresa de diversas maneras, incluido el éxito de los fondos de huelga. Es importante y significativo. Pero la mejor manera de apoyar esta lucha -y, de hecho, la única que puede garantizar su victoria- es la movilización de un número creciente de sectores asalariados en una huelga indefinida. Las direcciones sindicales deberían arrojar todas sus fuerzas en esta dirección. En cambio, llevan a cabo las llamadas "concertaciones" con el gobierno. Desde el punto de vista del gobierno, el papel central de estas "concertaciones" es debilitar la lucha sobre el terreno proclamando que el "diálogo social" continúa, y que, por lo tanto, no hay razón para hacer huelga.

Dicho esto, la pasividad de las direcciones sindicales no constituye un obstáculo absoluto para la extensión del movimiento. Francia es el país del junio de 1936 y del  mayo de 1968: estas dos poderosas huelgas generales ilimitadas no partieron de las cúpulas sindicales, sino de la base. Tanto en el sector público como en el privado, no faltan trabajadores y sindicalistas combativos que miran lo que sucede todos los días y se preguntan si no es el momento para ellos también de pasar a la acción. Las diferentes categorías de asalariados intercambian miradas, lanzan señales y se estimulan unas a otras. En este contexto explosivo, un ataque fuerte en uno o dos sectores puede ser suficiente para desencadenar una rápida expansión del movimiento de huelga.

El aumento de la movilización de los estudiantes es otro elemento importante de la situación. En el lapso de algunos días, se movilizó una gran cantidad de universidades. Se celebran AG masivas, se organizan bloqueos y ocupaciones, se crean vínculos entre los estudiantes y el movimiento sindical. El gobierno reacciona con violencia policial, a lo que se agregan los ataques de grupos de extrema derecha. Pero cada vez, esta violencia masifica el movimiento de los estudiantes. También aumenta la ira de los trabajadores. Si el gobierno quisiera "repetir" el mayo del 68 para celebrar su aniversario, ¡no lo haría de otra manera!

Las diferentes categorías de trabajadores movilizados tienen sus propias reivindicaciones sectoriales, por supuesto. Pero tomadas como un todo, todas estas reivindicaciones convergen. Contratación, salarios, condiciones de trabajo, precariedad: en cada ocasión, los trabajadores se movilizan contra la austeridad salarial y el deterioro de sus condiciones de trabajo, que han ido empeorando a lo largo de los años. Pero precisamente, el gobierno de Macron quiere ir aún más lejos en la precariedad de los trabajadores, en la disminución de su poder adquisitivo y, en general, en la destrucción de las conquistas sociales del movimiento obrero. Incluso suponiendo que Macron retroceda, en esta ocasión, volverá a la carga más tarde.

Como resultado, las diversas luchas sectoriales deben converger en una lucha política, una lucha general contra el gobierno de Macron y toda su política. Las manifestaciones políticas pueden representar una palanca poderosa para la huelga, abriendo la perspectiva ya no sólo que el gobierno retroceda en tal o contrarreforma, sino la de la caída del gobierno mismo, es decir la disolución de la Asamblea Nacional y la organización de elecciones legislativas anticipadas.

Por supuesto, esto supone un poderoso movimiento de huelga en las empresas. La movilización del 14 de abril en Marsella muestra la vía. A nivel nacional, se ha establecido la fecha del 5 de mayo. El principio de tal manifestación política es absolutamente correcto. Pero, ¿pueden los ferroviarios, por ejemplo, aguantar hasta el 5 de mayo? Una fecha anterior habría permitido conectar la manifestación política nacional con el movimiento de huelga, el único en poder hacer retroceder -o incluso hacer caer- al gobierno. En sí misma, una manifestación política no será suficiente, incluso si es masiva. Dicho esto, es imposible predecir la dinámica de la lucha en los días y semanas por venir. La manifestación del 5 de mayo puede ser masiva y tener lugar en un contexto de ascenso del movimiento de huelga, o incluso puede que haga revivir este movimiento. Pero en el futuro inmediato, la iniciativa del 14 de abril, en Marsella, es un ejemplo que debería tomarse a nivel nacional. Y cuanto antes mejor.