Gran Bretaña se encuentra en medio de una profunda crisis, como no se había visto desde hace muchas décadas. Por todas partes hay conmoción. Éste no es el sentir desde algún periódico de izquierda, sino la opinión oficial de la clase dominante británica. En el pasado, los poderosos intereses capitalistas tomaban todas las decisiones. Pero hoy han perdido el control de la situación.

Desde la destitución de Oliver Cromwell del Parlamento de Rump, con las palabras "¡En nombre de Dios, vete!", no se había visto sumida Gran Bretaña en una crisis nacional y constitucional tan profunda.

LA CRISIS MIGRATORIA: ¿HAY SOLUCIÓN? Los tiempos en los que nos toca vivir reina la sinrazón de este sistema económico y social, el capitalismo. Esta sinrazón avanza junto con su cada vez mayor decadencia. En vez de buscar una respuesta coherente y científica que dé respuesta a lo que está sucediendo, se encuentran soluciones totalmente demagógicas para no aceptar el lastre que supone para la sociedad tener este modelo económico y social.

El 28 de mayo, los estibadores que trabajaban en el puerto en el Golfo de Fos en Marsella se negaron a cargar el barco saudí, Bahri Tabük, que estaba destinado a llevar armas francesas a Arabia Saudita, cuyo régimen está librando una guerra bárbara en Yemen.

Los resultados de las elecciones generales griegas del 7 de julio destacaron dos elementos dominantes: la enorme polarización de clase y la consolidación del fenómeno de la abstención generalizada de votantes. La expresión de la polarización de clase (a pesar de haber adquirido un carácter distorsionado debido a la completa sumisión política de los líderes de SYRIZA al capitalismo) fue evidente en el gran aumento de los votos para ND (Nueva Democracia) y SYRIZA en comparación con las elecciones europeas del 26 de mayo. Las elecciones europeas fueron hace tan solo 42 días, y vieron el mismo nivel de participación electoral.