La huelga general de ayer [jueves 5 de diciembre] contra la reforma de las pensiones de Macron vio una "convergencia de luchas" de toda la sociedad francesa. Según la CGT (la federación sindical al frente de la huelga), 1,5 millones de personas participaron en las manifestaciones, lo que haría de éste el mayor movimiento desde la batalla contra el paquete de ataques de Alain Juppé en 1995. El espíritu de los chalecos amarillos se puede sentir en las calles, donde (a pesar de las limitaciones de su dirección) los trabajadores están dirigiendo su furia, no solo contra la reforma de las pensiones, sino contra el gobierno en general.

Se han abierto fracturas y divisiones en lo alto del gobierno Tory. Dada la parálisis en el parlamento, no saben qué camino tomar. Dependiendo del aplazamiento que ofrezca la UE al Brexit, están divididos entre tratar de seguir adelante con él o ir hacia elecciones anticipadas antes de navidad.

El 5 de diciembre puede marcar un punto de inflexión en el desarrollo de la lucha de clases en Francia. Los sindicatos de la RATP y la SNCF [Red de Transporte Público Parisino y la Sociedad Nacional de Ferrocarriles Franceses, NdT] han marcado este día como el punto de partida para una huelga indefinida. Sindicatos de otros sectores se están uniendo para fortalecer este movimiento, apelando también a la huelga indefinida.

Tal como pronosticaban las encuestas, el Partido Socialista ganó las elecciones a la Asamblea de la República de Portugal del pasado 6 de octubre. Los datos a simple vista indican la aprobación de las políticas del PS de Antonio Costa, pero más allá de los grandes datos, hay otra serie de indicadores que muestran más bien pasividad o hartazgo en partes importantes de la sociedad y en particular, de las clases populares.