Declaración del Comité Central de la sección venezolana de la Corriente Marxista Internacional - Horas de máxima tensión se viven actualmente en nuestro país. Desde antes de la autoproclamación de Guaidó como presidente encargado de Venezuela, el ambiente de conflictividad institucional –que envuelve al Ejecutivo y a la AN– había comenzado a extenderse a los cuarteles y a las calles del país. Desde el exterior, todas las fuerzas reaccionarias aumentaban las presiones sobre Maduro; mientras a lo interno un alzamiento militar y la reaparición de las guarimbas (piquetes violentos), daban cuenta del alto grado de inestabilidad que estaba alcanzado la situación. Sobre esto último, el establecimiento de barricadas callejeras había iniciado esta vez no en las comunidades de clase media-alta –como históricamente ha ocurrido, sino fundamentalmente en los barrios y sectores populares. Sin duda, hemos entrado en un estado crítico de cambios, saltos y giros bruscos, donde la inusitada rapidez con la que se presentan los hechos no da espacio para el respiro.

Como hemos venido denunciando, en Venezuela está en marcha un golpe de Estado promovido por el imperialismo y sus lacayos del cártel de Lima, y ejecutado por sus títeres de la oposición. Hoy, 23 de enero, el golpe ha entrado en una fase superior de su ejecución con la auto juramentación del diputado Guaido como presidente encargado de la república.

En medio de una turbulencia política y diplomática, Nicolás Maduro Moros ha sido investido para ejercer un nuevo mandato presidencial. El injerecismo imperialista encabezado por la Casa Blanca, y secundado por gobiernos e instituciones multilaterales como: Canadá, la Unión Europea, el Grupo de Lima y la OEA; sumado a las maniobras desestabilizadoras de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora; han abierto una crisis política de gran envergadura en Venezuela y la región. 

Venezuela es un país de sendas riquezas naturales. Gozamos de tierras fértiles, quizás lo suficientemente adecuadas para eliminar el hambre. Del subsuelo brotan petróleo, oro, coltán, diamantes, entre otras materias primas, cuya acumulación podría impulsar un desarrollo industrial de tal magnitud, fuerza y vigor que podríamos instaurar un verdadero paraíso.  Por otro lado, el trabajo real, padre y señor de todas las riquezas que existen en el mundo moderno, se dinamiza en los brazos de un pueblo que lo ha aguantado todo. Paradójicamente las riquezas y el trabajo, la primera como fruto de lo segundo, sufren una contradicción agobiante, típica del sistema de producción capitalista.

El dirigente del Partido Comunista de Venezuela, Luís Fajardo, fue asesinado en la noche del miércoles 31 de octubre, cuando regresaba a casa con su cuñado, Javier Aldana, quien también murió en el ataque. Ambos iban en una motocicleta a las 9 pm cuando recibieron una ráfaga de disparos de un vehículo en marcha. Los dos hombres eran activistas campesinos y militantes comunistas involucrados en la lucha por la reforma agraria en la región del Sur del Lago de Maracaibo y ya habían solicitado protección porque habían recibido amenazas de muerte. 

Hay que decirlo claramente, lo que está sucediendo en Venezuela es un intento de golpe de estado. El 10 de enero se juramentó el presidente Maduro para un nuevo mandato. Había ganado las elecciones del pasado 20 de mayo, en las que un sector de la oposición decidió participar y otro boicotearlas. El 11 de enero, Juan Guaidó, el presidente de la opositora Asamblea Nacional (en desacato desde 2015) desconoce al presidente Maduro y se declara dispuesto a asumir la Presidencia “con el apoyo de las fuerzas armadas, el pueblo y la comunidad internacional”.

A las 5:41 pm del 4 de agosto, se escuchó una potente explosión cerca de la tribuna desde la cual el presidente venezolano Nicolás Maduro se dirigía a un desfile en la Avenida Bolívar en Caracas para conmemorar el 81 aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana. El presidente Maduro resultó ileso, pero siete miembros de la Guardia Nacional resultaron heridos.