Francia: Se está preparando una huelga general masiva

Escrito por Ben Peck y Jerôme Metellus Lunes 21 de Marzo de 2016
Imprimir

El 9 de marzo medio millón de jóvenes y trabajadores se lanzaron a las calles de toda Francia protestando contra los ataques sin precedentes a la legislación laboral por parte del gobierno “socialista”. Esta movilización fue seguida por otras protestas el 17 de marzo.

ToulouseMar17Como siempre, los reformistas han acabado siendo manejados por el sistema que ellos intentan manejar. El presidente François Hollande fue el precursor de Alexis Tsipras de Syriza, un dirigente reformista expuesto por la crisis capitalista como un “rey desnudo”. Dos años después de su elección se deshizo de su promesa de aumentar el impuesto del 75% sobre las rentas más altas. Hasta el día de hoy ha otorgado más de 40 mil millones de euros a las empresas en exenciones tributarias.

Hollande se enfrenta ahora a una economía estancada, un desempleo del 10% y del 24% entre la juventud. En un intento de mejorar la economía, y completamente carente de ideas, Hollande se está basando abiertamente en el programa de los capitalistas. El propio Sarkozy nunca se atrevió a atacar la semana laboral de 35 horas, introducida por el Partido Socialista en el año 2000 (aunque amenazó con hacerlo).

El proyecto de ley de El Khomri

El proyecto de ley que los socialistas quieren presentar en el parlamento, escrito por la ministra de trabajo, Myriam El Khomri, tendría consecuencias profundas sobre los salarios, la jornada laboral y los derechos laborales en general. Esta reforma plantea liberar al capitalismo francés de la actual legislación laboral. Permitiría a las compañías francesas negociar jornadas más largas y más horas extra con los sindicatos. Los trabajadores podrían ser forzados a trabajar hasta cuarenta y seis  horas, con un recorte en la paga por las horas extra.

Las empresas francesas también tendrían más libertad a la hora de reducir horas y salarios, algo que actualmente sólo puede hacer en tiempos de “dificultad económica seria”. El ministro de economía francés, Emmanuel Macron, ha llamado a esto el “fin de facto de la semana de 35 horas”.

La nueva ley haría más fácil despedir a los trabajadores. Según los capitalistas la legislación actual “desincentiva a las empresas” a la hora de contratar empleados permanentemente. Dicen que la razón por la cual una enorme cantidad de trabajadores jóvenes están con contratos temporales es porque, bajo la ley francesa, los trabajos fijos son demasiado fijos.

Para resolver el “problema”, la nueva reforma limitará los subsidios por despidos improcedentes. Esto permitirá al empresario calcular más fácilmente el coste de despido de empleados indeseados, ¡liberando esos puestos para la nueva generación! En las negociaciones, si no se alcanza ningún acuerdo, el sindicato será ignorado por los empresarios y los trabajadores consultados directamente a través de un referéndum.

Sin embargo, la clase dominante puede arrepentirse de esto último. Los sindicatos son el primer punto de organización de los trabajadores en la lucha de clases. Actualmente, el grado de sindicalización en Francia es de sólo un 8%. Sin embargo, las bases están frecuentemente muy a la izquierda de sus representantes. La burguesía subestima a los trabajadores, hacia los cuales sienten un desdén aristocrático. Pero al implicar a la totalidad de la fuerza de trabajo en un referéndum sobre términos y condiciones, pueden llevarse un buen susto.

Para aumentar la competencia entre los trabajadores, la ley de El Khomri busca socavar los convenios colectivos, reemplazándolos con negociaciones a nivel de empresa. Un modelo parecido está siendo aplicado al sistema educativo inglés, con la creación de colegios independientes, libres del currículo nacional creando condiciones desiguales orientadas a fragmentar las negociaciones colectivas con los profesores. En “circunstancias excepcionales”, los empleados pueden trabajar hasta sesenta horas a la semana. La liberalización de las leyes del despido y la posibilidad de trabajar desde casa y por la noche también forman parte de la reforma El Khormi.

El trabajador francés medio produce 45,6€ cada hora, de acuerdo con el eurostat, y trabaja 1.661 horas al año. Esto significa que produce aproximadamente 76.000€ al año para el jefe. Sin embargo, en 2014 su coste medio era de sólo 29.700€. esto quiere decir que produce unos beneficios medios de 45.000€ para el capitalista.

A pesar de ello, y del hecho que los trabajadores franceses son de los más productivos de Europa, trabajan 186 horas menos que los alemanes y 239 menos que los británicos. Eso no es suficiente para el capitalismo francés, que exige que se expriman más plusvalías de los trabajadores.

Lo más importante, sin embargo, es que la eliminación o la liberalización de la semana de 35 horas tienen una importancia simbólica para la clase dominante. Significarían una victoria para la clase burguesa, y darían luz verde a la ofensiva contra los trabajadores en la lucha por la precarización del trabajo en Francia.

EDF

El reciente acuerdo en la empresa eléctrica estatal EDF, que implicaba a un total de 30.000 trabajadores, sienta las bases para nuevos ataques. Los empleados de EDF cedieron parte de sus vacaciones de diez semanas a cambio de un aumento salarial. El acuerdo es opcional, reversible y no está abierto a obreros de “cuello azul”.

Pero como observa el perspicaz Financial Times, “…su verdadero significado se encuentra en el hecho de que sienta un precedente para que los empresarios y los sindicatos acuerden reformas sustanciales a nivel de empresa.”

Las 39,5 horas que ahora trabajan los empleados de “cuello blanco” de EDF de promedio han sido compensadas con veintitrés días adicionales de vacaciones al año, además de los veintisiete habituales. Sin embargo, EDF recientemente negoció entre siete y dieciséis días al año menos de vacaciones, compensados con un aumento salarial del 7,5%. Significa que los empleados del EDF trabajarán mucho más del límite de 35 horas semanales a lo largo del año. Esto crea un modelo a seguir para todos los capitalistas franceses.   

El 9 de marzo

Una petición online exigiendo que el gobierno abandonase la reforma obtuvo la enorme cantidad de 1,3 millones de firmas. Esto preparó el terreno para las enormes movilizaciones del nueve de marzo convocadas por los estudiantes y los sindicatos.

La unidad de los estudiantes y los sindicalistas de base fue inmediata desde el día nueve. Los estudiantes han convocado manifestaciones semanales, en las que participan también muchos trabajadores, y los trabajadores han intervenido en las asambleas generales de los estudiantes. Los dirigentes sindicalistas han sido no obstante un tanto tibios en su apoyo. Esto señala, sin embargo, el inicio de la coordinación nacional de los estudiantes.

Según el Financial Times, “diversos grupos se están uniendo en esta protesta, compartiendo una indignación común hacia la malparada presidencia de François Hollande.” La tasa de apoyo de Hollande se sitúa en un 15%, la más baja de un presidente francés en cincuenta años.

Los trabajadores, los parados y la juventud se lanzaron a la calle el nueve de marzo en más de doscientas ciudades de toda Francia para manifestarse contra la reforma. En París, entre 80.000 y 100.000 salieron a protestar a pesar de la lluvia y el frío. Esto coincidió con una huelga ferroviaria que paralizó un tercio de los trenes ese día en París. Los manifestantes en la plaza de la República coreaban consignas como “loi El Khormi, vie pourrie” (ley El Khormi, vida podrida).

El propio sindicato estudiantil del partido socialista, la UNEF, jugó un papel clave. Alrededor de cien institutos de toda Francia fueron bloqueados con contenedores por los estudiantes. La presencia de la juventud no debe sorprender a nadie, considerando las condiciones a las que se enfrentan los trabajadores jóvenes: uno de cada cuatro están en paro, el trabajo que hay es precario y los alquileres son caros. Están indignados con la élite política y rechazan sus argumentos de que la juventud debería abandonar la seguridad de la legislación laboral francesa.

La Associated Press citó a Maryanne Gicquel, portavoz del sindicato de estudiantes de instituto FIDL: “Describió la experiencia de los jóvenes en el mercado laboral como ‘una sucesión de contratos de prácticas y trabajos mal pagados… ahora nos dicen que será más fácil para las empresas despedir a los trabajadores.”

La BBC informa: “Adolescentes y estudiantes se encontraban entre los miles que se manifestaron en París coreando consignas como ‘El Khomri, estás acabada, la juventud está en la calle’, en referencia a la ministra de trabajo Myriam el Khomri.” El corresponsal de la BBC concluía: “Esta reforma ha cristalizado a todas esas fuerzas en la izquierda que, sintiéndose cada vez más descontentos con la deriva del gobierno, no tenían hasta ahora ninguna reivindicación clara para expresarse”.

Con este ataque, Hollande ha unificado a todas las fuerzas progresistas de la sociedad en contra suya. Una encuesta reciente por la agencia Oxoda mostró que un 70% de los franceses de más de dieciocho años se opone a la reforma.

Hollande ha abierto brechas en el PS (partido socialista) un año antes de las elecciones presidenciales de 2017. Dado su bajo nivel de popularidad, es improbable que sea reelecto, habiéndose ganado el rechazo de gran parte de la clase trabajadora que le aupó al poder. Los trabajadores más avanzados le han dado la espalda al PS asqueados, retirando así la presión desde abajo al partido. En estas condiciones, Hollande tiene libertad para actuar abiertamente como un lacayo de la burguesía, poniendo a prueba los límites de los trabajadores hacia el PS.

La alcaldesa del PS de Lille, Martine Aubry, en un artículo reciente en Le Monde, titulado “Ya basta”, ataca al gobierno, preguntándose, “¿Quién se imaginaría que facilitar los despidos… creará empleo?” Añadió que las reformas estaban inspiradas en el “bando enemigo” y que significarán “…el debilitamiento permanente de Francia y por supuesto de la izquierda”. El espectro del PASOK recorre la socialdemocracia de Europa.

El gobierno socialista a la retirada

El primer ministro Manuel Valls ha tenido que posponer la presentación de la ley ante la amenaza de protestas por los sindicatos y estudiantes y por la oposición interna en su partido. Valls ha propuesto una nueva ronda de consultas con la patronal y los sindicatos antes del 24 de marzo. El gobierno del PS pretende aprobar la reforma en el parlamento para el verano.

El 14 de marzo Valls anunció una retirada parcial. Afirmó que la reforma ya no limitaría lo que pueden obtener los trabajadores en caso de despido improcedente. La posibilidad de flexibilizar el empleo en pequeñas y medianas empresas ha sido matizada, comparada con la primera propuesta de reforma, aunque los principales ataques se mantienen.

Pero las multinacionales seguirán pudiendo recortar puestos de trabajo en sus filiales con pérdidas en Francia. Un juez estará encargado de verificar la “racionalidad económica” de tales recortes. MEDEF, la patronal, expresó su “decepción” ante el repliegue del gobierno.

La nueva propuesta cuenta con el apoyo de los sindicatos CFE-CGC y CFDT, pero el ex-comunista CGT se sigue oponiendo. Junto con FO y el mayor sindicato estudiantil, UNEF, han exigido que se retire la totalidad de la reforma.

Si el gobierno insiste en ir adelante con esta reforma, la gente tendrá que salir a la calle”, dijo el dirigente de la CGT Philippe Martinez. Una encuesta muestra que dos tercios de la gente cree que habrá grandes protestas si se impone la reforma.  

El 17 de marzo

Una semana más tarde los estudiantes tomaron las calles una vez más, y se les unió un fuerte contingente de trabajadores. Sin embargo, sin un llamamiento claro de la dirección nacional de la CGT a la participación, no consiguió movilizar los números del nueve de marzo. Pero sí se vio un aumento de la participación de estudiantes de universidad y de secundaria. Esto es significativo, ya que evidencia la tendencia que los marxistas hemos estado señalando desde hace tiempo: la extrema radicalización de la juventud, que necesita tan sólo un canal para expresarse.

El movimiento esta todavía en su etapa inicial, pero se está expandiendo tanto en las universidades como en los institutos. Los estudiantes bloquearon las entradas de 115 institutos en toda Francia. Existe un ambiente muy radical, que está enfrentándose a las provocaciones de la policía antidisturbios y a los lock-outs de la administración de las universidades, por el miedo existente hacia adonde puedan llegar los estudiantes. Así es precisamente como empezó el mayo del 68, ¡y los poderes fácticos han tomado nota! Se disparó gas lacrimógeno en París, se ha arrestado a estudiantes y algunos han resultado heridos.

Está claro que el gobierno está desesperado por frenar el desarrollo de este proceso, y está haciendo lo posible por separar a los trabajadores de los estudiantes radicalizados, temiéndose un contagio. Así pues, ofreció una zanahoria a los sindicatos el jueves, afirmando que levantaría la congelación de los salarios del sector público que existe desde 2010. Al mismo tiempo, se ha enfrentado a los estudiantes con el palo, tratando de amedrentar al movimiento estudiantil con la fuerza. Tales esfuerzos serán en vano, la represión sólo radicalizará aún más a los estudiantes y movilizará a nuevas capas. Otra manifestación ha sido convocada por las organizaciones juveniles y estudiantiles para el 24 de marzo. Esto será parte de la preparación para la huelga general del 31 de marzo, que será una gigantesca muestra de fuerza por parte de la clase obrera francesa.

El presidente François Hollande dijo en la víspera de las protestas que quería ayudarles a “tener más estabilidad laboral… también queremos dar a las empresas la oportunidad de contratar más, de dar seguridad laboral a los jóvenes para toda la vida, y permitir la flexibilidad a las empresas ¿Lo hemos intentado todo? Veamos lo que ocurre en otras partes ¿Qué ha pasado? Han evolucionado, han hecho cosas”, dijo.

“En otras partes”, en Europa, vemos sólo extrema precarización, congelamiento de salarios, el desmantelamiento del Estado del bienestar y austeridad a la griega. Pero la retórica contradictoria del presidente no tiene importancia para la clase dominante francesa, ya que les permite confundir sobre el tema en cuestión. Entienden que la “estabilidad laboral” es incompatible con la “flexibilidad para las empresas” incluso en el mejor de los períodos de bonanza, y olvidémonos ya en un contexto de crisis del capitalismo sin precedentes. Una vez hayan liquidado al PS el año que viene, la burguesía se deshará de éste como de un trapo sucio.

Sin embargo, la destrucción de la autoridad del PS, desde el punto de vista de la burguesía, es como aserrar la rama sobre la que están sentados. Los capitalistas se apoyan en la autoridad de las direcciones reformistas y la utilizan para que su programa sea aceptado por el movimiento obrero. Sin embargo, haciendo esto, también exponen a los reformistas. Lo que vemos en Francia, por tanto, es la crisis del capitalismo destruyendo la autoridad del reformismo. Este es un fenómeno internacional.

Se está preparando la radicalización de la situación en Francia. Esto da una respuesta a los escépticos que sólo veían un “giro a la derecha” en Francia con el auge del Frente Nacional de Le Pen. Lo que está teniendo lugar es una polarización, tanto a izquierda como a derecha. Y lo que veremos al final es que las fuerzas que giran a la izquierda son más fuertes que las de la derecha.

Las manifestaciones del 9 y el 17 de marzo señalan una unión importante de los trabajadores y la juventud, las fuerzas vivas de la sociedad francesa. Los jóvenes están luchando por asuntos claramente de clase, en apoyo a los trabajadores y en una lucha por su futuro. La huelga general que se está preparando tendrá un tremendo impacto, y tendrá repercusiones por toda Europa, añadiéndose al proceso que está teniendo lugar en el Estado español donde tras años de protestas surgió Podemos, y al proceso en Gran Bretaña donde hemos visto el auge del fenómeno Corbyn, y los desarrollos en Francia fortalecerán estos procesos. También darán un empuje a los trabajadores y jóvenes de Italia. La marea está cambiando en Francia y la ola se notará a escala internacional.