Poco más de 25 años después de su fundación, la Unión Europea parece que podría desmoronarse bajo el peso de sus propias contradicciones. En todos los países donde se mire, los partidos principales se ven sometidos a una enorme presión debido al aumento de la lucha de clases como resultado de 10 años de crisis. El resultado es que, un país tras otro, la clase dominante ya no puede gobernar a la antigua usanza

En la última entrega de la respuesta a las calumnias de la Casa Blanca contra el socialismo, Alan Woods analiza el terrible costo económico y humano del imperialismo capitalista estadounidense. Señala la clara superioridad de una economía planificada y explica que una transición al socialismo en los Estados Unidos (dadas sus grandes fuerzas productivas) sería mucho más fácil que en países atrasados ​​como era Rusia en 1917, y sería un avance colosal hacia la meta del socialismo mundial.

Las protestas de los Gilet Jaunes (chalecos amarillos) en Francia están en un punto de inflexión. Enfrentado a la creciente radicalización de la protesta, que ahora amenaza la supervivencia de su gobierno, Macron cambió su tono desafiante y prometió "suspender" el aumento de los impuestos sobre los combustibles que provocó el movimiento. Este paso atrás se produjo después de las batallas callejeras del fin de semana entre miles de manifestantes y la policía que dejaron más de 200 heridos solo en París y resultó en al menos una muerte.

La situación social y política en Francia evoluciona a una velocidad vertiginosa. En menos de un mes, el desarrollo del movimiento de los chalecos amarillos ha puesto al país en el umbral de una crisis revolucionaria. En los próximos días, dicho umbral puede ser traspasado. 

En este momento está reunida en Buenos Aires la cumbre del G20, teóricamente las 28 mayores potencias económicas del mundo. Macri recién firmó un paquete de ajustes sanguinarios para el año que viene, pero para organizar esa reunión de sanguinarios destinó 3.000 mil millones de pesos. Y una buena parte de esos pesos fue invertido en represión, para contener a estudiantes y trabajadores que se manifiestan contra la ofensiva capitalista en Argentina.

Desde primeras horas del 1 de diciembre, la plancha del Zócalo en la Ciudad de México fue testigo de la llegada de miles de personas para presenciar la toma de protesta del nuevo gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador, quién por la mañana acudió a la Cámara de Diputados a la ceremonia oficial y posteriormente habló frente a 160 mil personas quienes abarrotaron la principal plaza pública del país. Estos acontecimientos son inéditos en la historia reciente, marcada por imposiciones y fraudes electorales; recordemos que en las elecciones locales y federales, el ambiente en las calles durante la toma de posesión de los anteriores presidentes fue de rechazo, oposición y de un profundo malestar entre amplios sectores de trabajadores y la juventud. En esta ocasión no fue así, las masas se volcaron a las calles, a festejar un triunfo que sienten como suyo.

Si se preguntara “¿cuál es la profesión menos proletaria?”, muchos podrían mencionar al diseñador de videojuegos entre los primeros lugares. Hasta hace poco, esa opinión podría haber sido compartida por la mayoría de los diseñadores de juegos. Pero ahora esto está cambiando rápidamente. Se está produciendo una bola de nieve de desarrollo de la conciencia acerca de la explotación extrema en la que se basa la industria de los videojuegos.