La protesta del domingo 8 de septiembre amenaza con llevar el movimiento de Hong Kong en una dirección reaccionaria, abiertamente pro-imperialista estadounidense. Esto es extremadamente peligroso para el movimiento y debe ser rechazado firme e inequívocamente.

Una oleada de tiroteos perpetrados por fanáticos de extrema derecha ha conmocionado nuevamente a todo el mundo. Los tiroteos en el mes de agosto en Gilroy, California y El Paso, Texas, ejecutados por individuos que compartieron manifiestos fascistas e hicieron públicas sus ideas antes de sus ataques, se cobraron la vida de 25 personas. Habría que estar ciego para no ver que los políticos reaccionarios de derecha como el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, son cómplices del aumento de los ataques fascistas.

Desde la muerte de Robert Mugabe el viernes 6 de septiembre, los medios de comunicación occidentales no han hecho más que mostrar su repulsión por el ex dictador. Lo que no se informa es que, durante la mayor parte de su mandato de 37 años, Mugabe fue el favorito de Occidente. Mientras aplicaba fielmente las políticas del imperialismo occidental, éste apuntalaba su régimen y hacía la vista gorda ante sus atrocidades. Pero todo eso se olvida hoy, y se describe a Mugabe como alguien que persiguió sin piedad a sus oponentes y arruinó a su país.

Después de dos derrotas parlamentarias en dos días, Boris Johnson se encuentra bloqueado en el parlamento. Unas elecciones generales están sobre la mesa. La campaña por un gobierno laborista socialista comienza hoy.

El movimiento de masas en Hong Kong acaba de ganar su demanda clave: la retirada del odiado proyecto de ley de extradición que le permitiría al gobierno de Beijing la extradición a China continental de cualquier persona sospechosa de criminalidad. Pero ninguna de las otras cuatro reivindicaciones, como la de una investigación independiente sobre la brutalidad policial, se ha conseguido aún.