La batalla de Waterloo fue el último gran evento que marcó el final de ese gran proceso histórico que se inició en 1789 con la Gran Revolución Francesa. Con la derrota de Napoleón, se apagaron los últimos rescoldos parpadeantes de los fuegos encendidos por la Francia revolucionaria. Un período largo y gris se estableció en Europa como una gruesa capa de polvo sofocante. Las fuerzas de la reacción triunfante parecían firmemente al mando.

A comienzos del siglo XX, el Imperio otomano se encontraba en un estado de decadencia terminal. En 1908, el Imperio austro-húngaro se anexionó Bosnia y Herzegovina. Tres años más tarde, la burguesía italiana proclamó sus ambiciones coloniales tomando Libia en el Norte de África a los otomanos. Más tarde se hizo con las islas de Rodas y Kos. Un año más tarde, la Liga Balcánica (Serbia, Bulgaria, Montenegro y Grecia) expulsó a los otomanos de sus últimas posiciones en Europa.

Hace cincuenta años Malcolm X fue brutalmente asesinado y con él fue eliminada una de las más sonoras voces contra la injusticia. En el último periodo de su vida estaba evolucionando hacia una comprensión de clase de la sociedad. Como él dijo, “nosotros estamos viendo hoy una rebelión global de los oprimidos contra los opresores, de los explotados contra los explotadores”. Publicamos aquí un artículo escrito en el 40º aniversario de su asesinato sobre el hombre y sus ideas.

Rusia entró en la sangrienta lucha por la dominación mundial como una potencia de segundo rango dentro de la Entente, la alianza de Francia, Gran Bretaña y Rusia. La fuerza aparente del imperio ruso ocultaba sus contradicciones internas y sus debilidades estructurales. El zarismo ruso combinaba elementos propios de un país semi-feudal y semi-colonial, que dependía enormemente del capital extranjero, con las características más agresivas del imperialismo. De hecho, a pesar del subdesarrollo económico de Rusia, que jamás había exportado ni un kopek en forma de capital, Lenin consideraba que Rusia estaba entre los cinco países imperialistas más importantes.  

Se cumplen 25 años de la caída del Muro de Berlín y del inicio de los acontecimientos que condujeron a la desaparición, en los meses y años subsiguientes, de los regímenes estalinistas en la Europa del Este y la ex-Unión Soviética. La burguesía está utilizando esta efemérides para tratar de desacreditar una vez más el socialismo y el marxismo, y oculta que lo que cayó en realidad fue una caricatura burocrática y totalitaria que nada tuvo que ver con el socialismo y el comunismo genuinos. Lo que es inocultable, veinticinco después, es la podredumbre del Capitalismo a escala planetaria y cómo las masas trabajadoras en todo el mundo vuelven a buscar en el socialismo y el marxismo la manera de transformar la realidad que les rodea. Para conmemorar este evento, reproducimos un artículo de Alan Woods escrito hace 5 años, al cumplirse 20 años de la caída del Muro de Berlín, y que mantiene toda su actualidad. 

¿Cómo conmemorar una guerra que barrió a cuatro imperios, mató a 18 millones de personas y dejó decenas de millones de vidas destrozadas? Muy buena pregunta, a la que tenemos respuesta. Con la conmemoración del centenario de la Gran Matanza, las pantallas de televisión se han llenado de programas dedicados a la  banalización sistemática de la catástrofe.

http://www.fundacionjuanmunizzapico.org/img/actividades/200807_SemanaNegra/cartel.jpgEsta semana se cumple el 80º aniversario de la Revolución de Asturias de octubre de 1934, una de las grandes gestas de la Revolución Española de 1931-1937. Este episodio heroico, que duró varias semanas, fue impulsado por el proletariado minero al grito de ¡Uníos Hermanos Proletarios!, y también quedó registrado en la memoria colectiva como la Comuna Asturiana. Para conmemorar este evento, reproducimos un artículo publicado hace 10 años en marxist.com para conmemorar el 70º aniversario de este hecho que nos trae importantísimas lecciones que debemos aprender y utilizar en nuestras luchas actuales contra la explotación capitalista.