Stalin fue el último libro que Trotsky estaba escribiendo cuando el asesino Ramón Mercader le arrancó la vida. El 11 de noviembre se presentó el libro en México DF, frente a un auditorio repleto, en la Casa Museo León Trotsky. Esta publicación inconclusa del legendario revolucionario y mártir de la clase obrera, fue recibida entre la expectación de los viejos militantes revolucionarios y el ánimo de la juventud ahí reunida, en un acto extraordinario. En el Estado español la publicación de esta obra tendrá lugar en pocos días y habrá una presentación pública de la  misma con Alan Woods en Madrid el Lunes 27 de noviembre en el Club de Amigos de la Unesco de Madrid-CAUM  (Atocha, 20). También habrá presentaciones en Barcelona y Vitoria.

 

Existe el reduccionismo en sectores de la izquierda de contemplar la Revolución Rusa de 1917 como una sucesión de acontecimientos que evolucionan indefectiblemente hacia una situación donde, de manera casi irremisible, un Partido bolchevique unido se hizo con el poder esperando oportunamente su ocasión, como si tuviera un plan preestablecido. Pero en las auténticas revoluciones no hay nada parecido a un plan preestablecido que se lleve hasta el final.

 

El 25 de octubre de 1917 (en el viejo calendario ruso) la clase obrera, bajo la dirección del Partido bolchevique, tomó el poder en Rusia. En Petrogrado se estableció un gobierno obrero, como emanación directa de la voluntad de millones de obreros y campesinos, que fue elegido en el II Congreso de los Sóviets de Toda Rusia. Este episodio épico ha quedado registrado en la historia como la Revolución de Octubre. Este artículo, que continúa la saga que le venimos dedicando a la Revolución rusa de 1917 a lo largo de este año, aborda, además del triunfo revolucionario, las discusiones y preparativos finales en el Partido bolchevique y los sóviets que condujeron a tamaño acontecimiento.

El 5 de junio de 1967, la Fuerza Aérea israelí lanzó un ataque sorpresa contra las bases aéreas egipcias en la provincia del Sinaí, iniciando lo que se conoció como la guerra de los Seis Días, que terminó con la ocupación por parte de Israel de Cisjordania, Gaza, toda la Península del Sinaí y, un poco más tarde, los Altos del Golán. Los palestinos sufren las consecuencias desde entonces.

 

Un proceso revolucionario, como cualquier clase de combate, conoce diferentes alternativas. El fracaso o la falta de decisión de uno de los contendientes determinan en gran medida el resultado final. El fracaso de la sublevación de Kornílov en agosto dio un poderoso impulso a la radicalización de las masas, originando un movimiento en sentido contrario que se tornó aun más poderoso no sólo por la derrota física temporal del adversario, sino por las lecciones sacadas del conflicto.

Este año se cumple el 40º aniversario del que fue, sin duda, el año decisivo de la llamada Transición. En el año 1977 tuvieron lugar los asesinatos de Atocha, que elevaron la temperatura revolucionaria de la sociedad a su grado máximo, la legalización de los sindicatos y de los partidos de izquierda, entre ellos el PCE; la celebración de las elecciones semidemocráticas del 15 de junio, así como la firma de los infames Pactos de la Moncloa, que sellarían la traición a las expectativas populares despertadas a la muerte del dictador.