La ciencia española y las universidades en riesgo de colapso

Sábado 27 de Abril de 2013
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El gobierno del PP ha demostrado pleno desinterés, incluso desprecio, por la ciencia y el I+D (Investigación y Desarrollo), y por la formación universitaria en general. Mientras no dudan en inyectar miles de millones de euros a la banca española, dejan la ciencia y las universidades de España en riesgo de colapso. La expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, recortó 175 millones de las universidades madrileñas poco antes de dejar el cargo. Esto supone una reducción del presupuesto de cada institución de entre un 10 y un 20 por ciento respecto a 2011, lo cual se está traduciendo en daños a corto y largo plazo.

España siempre ha estado por debajo de la media europea en la inversión en investigación, pero ahora la situación se está volviendo desesperada. Jóvenes investigadores tienen cada vez menos opciones para empezar sus carreras, e incluso en algunos casos terminan su doctorado subsistiendo de la cotización por desempleo. Luego, obtendrán con mucha suerte un contrato precario de 'postdoc' y cobrarán algo más de 1.200 euros al mes, menos que el sueldo base en Francia. No tienen un futuro seguro, y para la gran mayoría la promoción profesional ya se ha hecho imposible, ya que no se abren nuevas plazas, ni siquiera en muchos casos, para cubrir las vacantes por jubilación; y las plazas actuales pueden desaparecerse en cualquier momento.

En marzo de este año 301 trabajadores laborales e interinos de la Universidad Politécnica (UPM) recibieron la noticia de su despido. Se aprobó a la vez una reducción del 50 por ciento del complemento retributivo de docentes e investigadores. La Universidad Rey Juan Carlos (URJC) ya ha prescindido de varios centenares de profesores, y la Universidad Carlos III (UC3M) ha empezado a seguir estos pasos también.

Los grandes programas para formar y contratar investigadores (el FPU para formar profesorado universitario, el Juan de la Cierva, y el Ramón y Cajal para la incorporación de investigadores) han sido duramente tocados. Las convocatorias con la lista de aceptados del primero salieron seis meses más tarde de lo previsto, con una fuerte disminución del número de plazas, y la resolución de los programas de los dos últimos (Juan de la Cierva y Ramón y Cajal) aún no han salido  -- y acaban de anunciar un retraso de seis meses más. Estos programas que son para atraer 'cerebros' a España, están ahora solamente atrayendo dudas sobre el futuro de la ciencia en España. Más escandalosamente aún, el Estado se ha estado apropiando de dinero de la Unión Europea destinado a contratos de investigación. Y en el caso de proyectos nacionales, el gobierno ha exigido que se endeuden las universidades pagando los proyectos que ellas mismas han ganado de forma competitiva, a cambio de una ligera promesa de ser recompensadas a la finalización del proyecto en cuatro años. Muchas universidades, por supuesto, se niegan a aceptar estas condiciones.

La única opción viable entonces para muchos es salir del país. Y así es, están saliendo miles de jóvenes muy formados a los laboratorios y empresas de Alemania, Francia, y Reino Unido (400.000 jóvenes ya han abandonado el país desde el comienzo de la crisis). Las consecuencias de este exilio forzado serán duras a largo plazo, más allá incluso que las vidas alteradas por tanta inseguridad laboral y falta de trabajo.

La reducción de profesorado en las universidades supone también, por supuesto, la concentración de más alumnos por aula. Estos mismos alumnos que tienen que afrontar la fuerte subida de tasas universitarias y el endurecimiento para la concesión de becas. Si dejan sus estudios se enfrentarán a una tasa de desempleo juvenil de -- como ya sabemos -- casi el 60%, y del 27% para la población en general. Y aunque esta tasa se reduce a 13,7% con formación superior – es todavía mayor que la cifra de desempleo general de la Unión Europea (12,0%). La realidad es aún más triste: de los que encuentran empleo, pocos tendrán un trabajo que corresponda a su nivel de sus estudios, y con toda probabilidad, será un contrato precario de bajo sueldo; o peor todavía es ser becario trabajando casi gratis. Hay que tener en cuenta también que terminar una carrera normalmente implica varios años sin (o casi sin) cotizar. 

Entonces ¿por qué no se valora la ciencia? Otros países como Francia y Alemania han intentado mantener la inversión en investigación frente a sus recortes. Alemania dice que sigue necesitando trabajadores cualificados. El gobierno del PP, por otro lado, ha dicho, que "sobran profesores", que "sobran investigadores". Pero ¿no será que sobran banqueros y políticos, o los seis millones de parados?

 El 'plan' del PP, claramente demostrado en la reforma laboral y en los recortes, es reducir tanto como se permita las condiciones y el nivel salarial de los trabajadores. Con tan poca visión, no cabe ni la ciencia, ni el I+D, ni siquiera la formación universitaria pública. Bruselas suele animar estos feroces ataques a los trabajadores, pero incluso ha avisado en contra de demasiados recortes de este tipo.

 El derroche de talento y capacidad es incalculable ¡Quién sabe los descubrimientos que no se harán porque los jóvenes no pueden considerar el cursar una carrera de investigación o, incluso, porque ni tendrán acceso a la universidad! Es imposible de saber los beneficios que ganaría la sociedad si todos tuvieran un trabajo al nivel de su formación y habilidades. Quién sabe cuánto más podría contribuir un profesor por formar a los estudiantes, en vez de estar en la cola del paro.

Los estudiantes de esta generación siempre han tenido que esforzarse para sacar una carrera y subsistir, mientras tanto, con poco dinero. Igualmente, los profesores e investigadores no han conocido grandes sueldos. Pero ahora, incluso, las esperanzas más básicas -- de poder llegar a tener un futuro estable, un sueldo decente, y tener una casa -- están siendo extinguidas. ¡La gente merece más!

El régimen se está encontrando con más resistencia cada vez. Junto con otros sectores de la sociedad ha habido muchas manifestaciones. Al enterarse de los despidos de la UPM, se organizaron y forzaron la puerta del rector que los había acordado, y salieron a la calle también de protesta (9 marzo), consiguiendo al final que se redujera ligeramente el número de despidos. Pero esto no basta. Hay que aumentar la presión.

El capitalismo se demuestra completamente anticuado, incapaz incluso de explotar a los trabajadores como antiguamente ha hecho; ni de formar talento ni retenerlo. Con el socialismo, la universidad pública será gratuita para todos, la docencia e investigación serán valoradas, y la sociedad crecerá y sacará beneficios a cuenta de ello.