Movimiento Obrero
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“La semana pasada echaron a 18 compañeros nuestros y no se hizo nada… A nosotros [los conserjes] se nos dice que solo servimos para encender la luz y abrir puertas. No se nos da valor… La semana pasada teníamos que haber hecho 5 días de huelga seguida y haber cerrado todas las conserjerías, y toda la universidad ¡¡Entonces ya verían si nuestro trabajo vale o no!!”. (Aplausos y ovación del resto de la Asamblea).

Esta escena se produjo ayer en la Asamblea que realizaron los trabajadores de la Universidad de Málaga, después de un huelgón que hizo que hubiera un paro entre los trabajadores y estudiantes superior al 95%.

Tres semanas antes, tres trabajadoras administrativas de Telecomunicaciones, hartas de cruzarse con una de sus compañeras a la que iban a echar después de llevar años trabajando con ellas, se fueron a las oficinas de CCOO, CGT, UGT y resto de representantes sindicales. Forzaron una Asamblea semiespontánea de Personal de administración y Servicios de la Universidad en la que ellas fueron la Mesa Presidencial, viniendo a explicar con sus palabras lo que el bedel de Psicología dijo en el párrafo anterior: “que basta ya”, “que si nos matan, pues también morimos matando”… Frente a todas las miradas vueltas hacia él, el representante del sindicato mayoritario, presente en la asamblea semiespontánea, decepcionó a los presentes viniendo a decir que “él estaba allí únicamente de oyente”… Se ganó el que la mayor parte de las intervenciones posteriores, en la práctica, pusieran en entredicho su acción sindical consistente únicamente en “reuniones”, “reuniones” y “únicamente reuniones”, cosa que es común a la mayoría de las universidades y centros de trabajo.

Este ejemplo es otro más de otras decenas que hemos visto en el último año (sobre todo tras el estallido del 15M), de indisciplina sindical y presión por los trabajadores a sus dirigentes desde abajo: lo vimos en las movilizaciones de la sanidad catalana el pasado verano; o en las asambleas de profesores a final de 2011 y principios de 2012… Cada vez más, hay un estado de ánimo que amenaza con sobrepasar a los dirigentes sindicales por todos lados.

La primera huelga laboral de todos los niveles educativos

Una huelga laboral tuvo lugar ayer, desde Preescolar hasta la Universidad, pero fue mucho más que eso: “es una huelga social, no laboral”, decían en Madrid los representantes de UGT y CCOO, junto a CGT, el sindicato progresista STE´s, y el resto de organizaciones de profesores; pero también junto a las organizaciones de padres y madres de alumnos, organizaciones estudiantiles, la convocatoria unitaria de la lucha hizo que se alcanzara ayer otro día de movilización de masas en todo el Estado.

Según los sindicatos, las comunidades con mayor seguimiento de la huelga han sido Asturias (80%), Cantabria (75%) y Murcia (75%) en los ciclos no universitarios; y Murcia (98%), Andalucía (95%) y Asturias (90%) en el universitario.

Capas más combativas de trabajadores, que empezaron muy fuerte, como en Madrid, andan un tanto más cansadas, pero siguen uniéndose nuevos sectores en lo que fue una movilización general donde los estudiantes universitarios tiraron de los estudiantes de medias, desnivelando la balanza hacia una huelga total en la Universidad, que fue ayer quien empujó decisivamente hacia el éxito de la huelga y de las movilizaciones aparejadas a ella.

Sin embargo, también ayer hubo muchos trabajadores de la enseñanza que por primera vez en sus vidas han hecho huelga, incluidos trabajadores tradicionalmente conservadores, pero que no han podido librarse del ambiente general que les ha envuelto en muchos centros de trabajo.

El ministro Wert dio las gracias "a la mayoría de docentes que no se sumaron" a la huelga. En TV3, en Catalunya, sin embargo se vieron forzados a sacar a profesores que explicaban que no hacían huelga, pero en las imágenes a alguno de ellos se le mostraba explicando a los pocos alumnos que habían acudido a clase la situación de la “escuela pública que está en peligro”.

"SinWertgüenza", le gritaban en las manifestaciones al ministro.

Las manifestaciones

A las manifestaciones afluyeron familias enteras, con muchos niños pequeños y, por supuesto, muchos jóvenes, sobre todo universitarios.

En Madrid fueron 100.000 los asistentes a la manifestación. Es la 12ª huelga contra los recortes educativos en lo que llevamos de curso académico a la que han sido convocados los docentes en Madrid, cifra no alcanzada ningún año, ni siquiera durante la Transición. Diferentes medios periodísticos se hacen eco hoy de cómo muchos profesores, interinos sobre todo, en Madrid (y no solo en Madrid) acudían a clase a regañadientes, enfundados en su tradicional camiseta verde en defensa de la enseñanza pública (amarilla en el caso de Catalunya): “no puedo más, quiero hacer huelga, pero en mi caso ya me descontaron bastante del sueldo”.

80.000 asistieron a la manifestación en Sevilla; 60.000 en Valencia, que lleva meses de dura movilización de toda la comunidad educativa para defender la escuela pública, que ha impregnado cualquiera de las movilizaciones que se han convocado allí en los últimos meses; 30.000 en Alicante y Zaragoza; entre 20 y 30.000 en Málaga…

Un participante narra la manifestación de Málaga:

“Grandiosa y emocionante la tarde del martes 22, concentración que pasó a sentada con corte de trafico en la Plaza de la Marina, que seguidamente se convirtió en manifestación itinerante por las calles de Málaga, el pueblo ejerció su libertad de ir por donde quería sin que nadie le ordenara por donde ir ni que hacer (…) La policía no pudo hacer nada contra la avalancha de manifestantes que íbamos, conforme la policía cortaba el paso de una calle se cogía la de al lado (…) Los ciudadanos quedaban atónitos al paso de la manifestación y la gran mayoría hacían signos de apoyo…”.

Pero la manifestación más importante, con diferencia, fue la de Barcelona: duró casi tres horas, alargó su recorrido (no podía caber en Plaça Sant Jaume) y tuvo que seguir hasta el espacio mucho mayor de Pla del Palau, adonde llegó hacia las 14:40 horas. Para entonces, mucha gente había desistido de tomar la salida desde Plaça de la Universitat, al no poder entrar en Via Laietana, totalmente colapsada. Los convocantes cifraron a los medios de comunicación muy tempranamente en 150.000 los asistentes, como podían haber dicho otra cantidad superior si hubieran contrastado más datos al final de la manifestación.

Hacia una explosión de la juventud en otoño

La Asamblea de estudiantes en Sevilla a media mañana, en el Rectorado de la Universidad, con miles de asistentes (a la que se añadieron trabajadores de la Universidad) fue realmente impresionante, como lo han sido las previas asambleas masivas sevillanas, facultad a facultad, que ratificaron el paro convocado por las dos universidades de Sevilla de diez días de huelga ¡En plena época de exámenes!

Igualmente, los estudiantes de la UB (Universitat de Barcelona) siguen hoy en huelga indefinida.

Estas movilizaciones no van a poder mantenerse más allá de principios de junio porque los estudiantes se juegan su futuro académico. Pero anteceden muy probablemente una auténtica explosión de la juventud mucho mayor de lo que hemos visto en lo que llevamos de año.

Conclusiones

Muchos trabajadores, acertadamente (fueran o no a la huelga), pensaban que esta movilización era tardía, a final del curso académico, sin perspectiva de seguir adelante ante unos exámenes finales que ya comenzaron… Eso incrementó más aún las dudas sobre la viabilidad de la huelga, aunque las manifestaciones se demostraron masivas nuevamente.

Los dirigentes sindicales, después del éxito de las movilizaciones de ayer, anunciaron movilizaciones en la enseñanza tanto antes como después del verano, pero reflejan una estrategia de movilización timorata e improvisadora.

Se sabía desde hace más de un mes de lo fundamental de los recortes y últimas contrarreformas educativas que han dado a conocer el Ministerio de Educación y las diferentes consejerías autonómicas: si esta huelga hubiera sido convocada antes, el paro entre los trabajadores hubiera sido superior aún.

Realmente, en general, la estrategia de la convocatoria de movilizaciones por parte de los sindicatos mayoritarios es claramente desacertada. Hay una actitud errática de los dirigentes sindicales tras el 29 de marzo: se vio claramente en las dos movilizaciones convocadas durante el puente del 1º de mayo (29 de abril y 1 de mayo), demasiado juntas, que impidieron una convocatoria seria de ambas. Igual ocurre ahora, con la huelga de la enseñanza seguida al día siguiente de las concentraciones "Noche y Día" un día después. En vez de preparar pormenorizadamente cada movilización, se juntan demasiadas movilizaciones parciales como queriendo demostrar "que se hace algo".

Muchos trabajadores no han asistido a otras movilizaciones convocadas después de la Huelga General en la medida que no han sido vistas como algo útil que esté a la altura del 29 de marzo, que sirva realmente para detener los ataques.

Los máximos dirigentes sindicales deberían de tomar muy cumplida nota de lo que se dice en las asambleas de trabajadores, por ejemplo en las de enseñanza: de cómo masivamente, de una punta a otra del país, los trabajadores han expresado la necesidad de confluir con los estudiantes, de cómo los profesores en muchos casos estaban dispuestos a dar aprobados generalizados, o los trabajadores administrativos a jugarse el puesto en septiembre dando entrada en matrículas y becas a los estudiantes que no cumplan los requisitos… Estas propuestas muestran una voluntad clara de lucha, pero chocan con una realidad: el presupuesto de becas, si se recorta, solo llegará a unos estudiantes determinados, se eleve el umbral de notas o no.

Cualquier estrategia de luchas debe pasar por la máxima organización y unidad del movimiento. Para eso están los sindicatos. Pero si no se ponen al frente de las luchas con una estrategia clara, van a ser sobrepasados. Y, como demuestra la experiencia cada vez más, no se puede separar la lucha de los recortes en educación de la de los recortes en sanidad, de la de los gastos de ayudas a dependientes… Todo ello forma parte de nuestro salario social diferido, que complementa nuestro sueldo para recibir una atención social básica, que se pretende destinar ahora a tratar de llenar infructuosamente el agujero creado por los banqueros, nacionalizando sus pérdidas, amputando para ello nuestras conquistas sociales más básicas. Es la misma lucha, en definitiva, que la de la Reforma Laboral.

Los dirigentes sindicales han entrado en un bucle, del que aparentan no saber cómo salir: salir de él implica dar una alternativa viable a cómo seguir con las movilizaciones, a un nivel superior, después de una huelga exitosa de 24 horas el 29 de marzo, ya hace dos meses.

Lo hecho después de ella, con un Gobierno cada día más débil, en caída libre en las encuestas y a punto de ser intervenido, demuestra no estar a la altura de las circunstancias.

Sólo el convocar una movilización superior a lo que fue el 29 de marzo, empezando por una Huelga General de 48 horas, sumando en la Plataforma Reivindicativa todos los ataques y recortes que hemos recibido los trabajadores, sin aceptar ni uno solo de ellos, puede dar salida a la situación para posibilitar una lucha exitosa.

Más tarde o más temprano, los trabajadores, finalmente, obligarán a nuestros dirigentes a ir más allá de la actual estrategia conservadora de lucha, que trata de separar la movilización conflicto a conflicto.

Cada vez más se demostrará como el Gobierno es cada vez más débil: no podemos ni debemos aceptar esperar tres años y medio más de ataques continuos: si el PP no retrocede, abajo con el Gobierno y convocatoria de elecciones anticipadas. Sí hay una salida realista por la que luchar.

Ayer, la impresión predominante a nivel estatal era la de la fuerza demostrada. Un profesor comentaba en la web de Público:

“Ha sido impresionante, muchos decían que no valdría para nada salir a la calle, pero sí vale (…) No hay que parar con estos actos, yo he estado con alumnos y con mis hijos, estudian en la pública, y lo de hoy quedará en su memoria y en su escala de valores para siempre”.