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Izquierda Unida: Aportación al debate sobre la conformación del Bloque Social y Político

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Publicamos una aportación al debate iniciado en Izquierda Unida sobre la conformación de un Bloque Social y Político, elaborado por un grupo de militantes de Ezker Anitza-Izquierda Unida de Álava, agrupados en torno al periódico y a la web Lucha de Clases. El texto hace eje en tres ideas: que el Bloque Social y Político que persigue IU esté anclado en la clase trabajadora; que IU debe volcarse a la organización y participación de la lucha en la calle; y la defensa de un programa socialista que plantee la nacionalización de las palancas fundamentales de la economía, bajo control obrero, para superar el capitalismo.

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Es imposible derrotar una idea cuando su tiempo ha llegado”

Víctor Hugo

 

El objetivo de nuestra organización de conformar un Bloque Social y Político, que sea capaz de aglutinar la mayoría social suficiente para encabezar un proceso de transformación radical de la sociedad capitalista, es una tarea estratégica que debe ponerse en el primer punto del orden del día de nuestro trabajo a nivel estatal.

 

¿Qué debemos entender por Bloque Social y Político? ¿A qué sectores de la sociedad debería estar dirigido? ¿En qué medida la conformación del Bloque puede ayudarnos a agrupar a la mayoría de la sociedad detrás del proyecto político que representa Izquierda Unida? Por último, y no menos importante ¿Qué puntos fundamentales del programa político deberíamos proponer en el interior del Bloque para orientar la lucha por la transformación de la sociedad?

 

Las bases materiales del actual avance de Izquierda Unida

 

No es posible para IU plantearse la tarea de encabezar la lucha contra el sistema capitalista si no arrastra tras de sí a la mayoría de la población, que además es la que sufre los rigores de la actual crisis económica capitalista. Como bien dice el documento presentado por los compañeros de la Presidencia Federal, nuestro objetivo debe ser convertir a Izquierda Unida en una organización de masas y con una gran capacidad de movilización.

 

Las recientes encuestas de opinión publicadas en los últimos días por diferentes medios confirman el avance de IU, gradual pero sostenido en el tiempo, en intención de voto. En zonas como Madrid y Galicia estas encuestas muestran un empate con el PSOE con tendencia a sobrepasarlo en muy pocas semanas. Y en todas las comunidades autónomas se registran avances, con más o menos intensidad, y con tendencia a continuar.

 

Qué duda cabe que este avance de IU se explica en parte por la política desplegada por nuestros dirigentes en las instituciones, actos públicos y medios de comunicación de masas a los que tienen acceso, y sobre todo por la labor esforzada y sacrificada de la militancia de base en la construcción diaria de la organización y en sus ámbitos naturales de trabajo político: sindical, barrial, movimientos sociales y ciudadanos, universidad, etc. Pero no es menos cierto que la razón más importante está en la aguda crisis social y económica que golpea al país, y a nivel internacional, que ha despertado el interés por la política y ha lanzado a la movilización social de masas a millones de personas que sufren los efectos dramáticos de esta crisis y que antes no tenían participación política ni social.

 

Es el cambio radical en el estado de ánimo de las masas de la población, su exasperación ante las injusticias de los ataques y de los recortes sociales, la falsedad de la democracia burguesa y su corrupción, los efectos del desempleo masivo, lo que está cincelando una nueva conciencia colectiva que las predispone a aceptar, asumir, y luchar por los programas e ideas más radicales que les ofrezcan una salida ante la aguda crisis del sistema.

 

Y no es casualidad, es la misma situación política y social que vemos desarrollarse en los países de nuestro entorno: Grecia, Portugal, Francia y, hasta cierto punto, Italia.

 

La realidad es tozuda. A diferencia de lo que piensan los socialdemócratas no es el trabajo lento, paciente y pragmático en el Parlamento el que crea las condiciones para un crecimiento y desarrollo de la influencia de las fuerzas de izquierda en la sociedad. En general, en momentos de desarrollo capitalista “normal” (momentos de desarrollo que se fueron para siempre dada la crisis orgánica que sacude al sistema capitalista) la mayor parte de la población, incluida la mayoría de la clase trabajadora, no toma apenas interés por la política y acepta los cauces seguros y conocidos del bipartidismo que hemos visto durante décadas.

 

Así pues, no es este trabajo paciente y gris el que asegura automáticamente a una fuerza de izquierda transformadora una mayoría en un parlamento al cabo de unas décadas, ni el aguar ni moderar su programa de cambio social, sino una situación de conmoción social, una situación de fermento revolucionario como en la que estamos entrando, es lo que crea condiciones excepcionales para que una fuerza de izquierda transformadora, ayer pequeña y aislada, se convierta súbitamente en un referente para la mayoría de la población explotada, y pueda adquirir en un corto espacio de tiempo la influencia social para desarrollarse y alcanzar la posibilidad de una mayoría parlamentaria ¿No es esto acaso lo que vimos en Grecia con Syriza? ¿No parece ésta la senda que se abre ante IU en el Estado español, o ante el Frente de Izquierda en Francia? ¿Qué significa, si no, la emergencia del Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo en Italia, pese al carácter confuso y ambiguo de dicho movimiento? De estos procesos debemos extraer lecciones precisas.

 

El papel central de la clase trabajadora

 

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Y no obstante, también es cierto que observamos una contradicción entre este avance en simpatía e intención de voto hacia IU y el crecimiento de la militancia de la organización. Esto último va muy por detrás de lo primero. Debemos esforzarnos por superar esta contradicción y conseguir esa IU de masas con una militancia activa, participativa y protagonista del cambio social que aspiramos a impulsar y dirigir.

 

Es en este sentido, que se justifica propiciar políticas de frente único con otros movimientos y fuerzas sociales y políticas que representan sectores y capas de la población, centralmente de la clase trabajadora, que sufren los embates del capitalismo y que deben constituir y ampliar cada vez más nuestra base social de apoyo. Por eso saludamos la iniciativa de la Presidencia Federal de IU de impulsar y tratar de dar forma a lo que se ha quedado en llamar Bloque Social y Político.

 

Desde nuestro punto de vista, la contradicción más relevante y principal de la sociedad – y no sólo en nuestro país y en nuestro continente – es la contradicción Capital–Trabajo; es decir, la contradicción de intereses irreconciliables entre la minoría de explotadores de trabajo ajeno que conforman los grandes monopolios, banqueros y terratenientes de cada país – y en el nuestro en particular – y la inmensa mayoría de la población que vive de trabajar por un salario, sea en empresas grandes, medianas o pequeñas. La clase trabajadora abarca al 80% de la población activa en el Estado español, es por tanto la mayoría aplastante de la población; e incluye a los más de 6 millones de desempleados que sólo tienen como único recurso sus brazos y cerebros dispuestos para trabajar, exactamente igual que sus hermanos de clase que trabajan, pero que permanecen condenados a una vida de inactividad forzosa desperdiciando el potencial productivo y creativo de 6 millones hombres/día de trabajo.

 

En realidad, la clase obrera, la clase social de los trabajadores asalariados, es el producto más genuino del sistema capitalista. Éste, tiende a producir y a reproducir la separación de la propiedad de los medios de trabajo de quienes los hacen funcionar (los trabajadores) para que los productos de su trabajo y esfuerzo se los apropien los dueños de esos medios de producción (los empresarios o capitalistas). Dichas relaciones sociales de producción, relaciones de explotador y explotado, la apropiación del trabajo ajeno, es la base sobre la que se sustentan todos los privilegios y acumulación de riquezas en que se basa este sistema de explotación y opresión llamado capitalismo, y es la causa última de la gravísima crisis social y económica que estamos padeciendo.

 

Son los trabajadores y sus familias quienes padecen también los problemas y lacras sociales fundamentales de esta sociedad: desempleo y emigración forzada, desahucios, degradación de la educación y sanidad públicas, recortes actuales y futuros de las pensiones, desmantelamiento de los servicios sociales, del ocio y de la cultura.

 

La fuerza y potencia de la clase obrera se ha puesto de manifiesto en los últimos años con las 3 huelgas generales de 2010 y 2012 que han conseguido lo que ninguna fuerza ni clase social han logrado nunca ni lo harán jamás: paralizar la industria, el transporte, el comercio, los servicios y la función pública. Sin el amable permiso de la clase trabajadora no se mueve una rueda ni se enciende una luz. Es la clase trabajadora la columna vertebral del sistema y la responsable de que funcione, o no, cada día.

 

Por lo tanto, no cabría hablar en propiedad de un Bloque Social y Político en nuestro país que se plantee organizar la lucha contra el Capital si no se le asigna a la clase obrera y a sus aspiraciones un lugar central en el mismo.

 

Por supuesto, existen problemáticas específicas que afectan a sectores importantes de la población que hay que atender, contemplar y organizar (opresión de la mujer, marginación de la juventud, discriminación sexual, degradación medioambiental, opresión de las minorías nacionales, derecho de autodeterminación de las nacionalidades históricas, la ruina del pequeño productor y de las clases medias, etc.). Pero gran parte de ellas también afectan a la misma clase trabajadora o a sectores de la misma, y otras sólo pueden encontrar una solución cabal eliminando el dominio sobre la sociedad de los banqueros, monopolios y terratenientes – los enemigos de clase directos de los trabajadores – y su aparato de Estado. Sólo esto puede garantizar a todos los miembros de la sociedad la máxima libertad y dominio sobre sí mismos, con relaciones en pie de igualdad entre todos los individuos sustentadas en la fraternidad, la solidaridad y la colaboración desinteresadas; y con la unión voluntaria de todos pueblos que componen el Estado español.

 

Volcarse en la lucha social en la calle

 

IU debe hacer un llamamiento público, amplio e incondicional a todas las fuerzas progresistas, de izquierda y sociales de carácter obrero y popular para conformar el Bloque Social y Político. Pero no debe ver a esas fuerzas y sectores sociales como ajenos a sí misma. La mejor manera de preparar un Bloque Social y Político genuino y de masas es que IU se vuelque al trabajo barrial, en las MAREAS, a la lucha contra los desahucios con la participación de su militancia en organizaciones como Stop Desahucios, PAH, en el trabajo sindical, entre la juventud estudiantil.

 

Los militantes de IU deberían ser los luchadores más consecuentes en cada aspecto de la protesta social, y deben ser las direcciones estatales, regionales y locales las que en cada ámbito, diseñen la manera de orientar y organizar a la militancia en la lucha sindical, barrial y social. Debemos demandar una mayor presencia de IU, una participación más activa suya como organización en las movilizaciones sociales contra los ajustes. La militancia de IU sí participa activa y entusiastamente en las mismas, pero lo hace en muchos casos sin orientación, de manera individual, sin consignas y sin un programa claro que se haya discutido previamente dentro de la organización. Es esto lo que mantiene separados de IU a miles de activistas que han brotado a la vida política a dos años del estallido del 15M y que no ven por ahora la utilidad de la militancia política.

 

IU es la fuerza central en este proceso que puede ayudar a hacer avanzar organizadamente al movimiento contra los recortes, si colocamos esto como principal prioridad de nuestra agenda, haciendo frente a los sectarismos estériles y demandando la implicación de los dirigentes sindicales en las luchas. IU es la única fuerza de ámbito estatal con activistas reconocidos en las MAREAS, en la PAH, en las organizaciones juveniles y estudiantiles, en todos los sindicatos de clase. El llamado a conformar un Bloque Social y Político contra la política antiobrera y antisocial del gobierno, y por un nuevo tipo de sociedad, encontraría entonces una respuesta entusiasta en todas partes.

 

Hay que señalar contra lo que afirman algunos sectores de la izquierda social y política, que la clase trabajadora del Estado español, y todos los sectores populares afectados, han dado todo lo que podían dar de sí mismos para oponerse y enfrentarse a las políticas ultrarreaccionarias del gobierno del PP: huelgas generales estatales y regionales, incontables manifestaciones de masas durante los últimos 3 años, movilizaciones sociales incesantes contra las privatizaciones y ajustes en la sanidad y la educación, contra los desahucios, contra el cierre de empresas, las luchas emblemáticas de la juventud con el movimiento del 15M, etc. ¿qué más se le puede pedir a la clase obrera y a la juventud española? En realidad, el problema está en la dirección, sobre todo a nivel sindical, que no ha dado ninguna alternativa al descomunal despliegue de fuerzas sociales que se ha manifestado y que seguirá manifestándose.

 

IU por sí misma, y sobre todo dentro del Bloque Social y Político, tiene la oportunidad de proporcionar esta dirección.

 

Para ello debe formular los métodos de lucha y, en especial, el programa y las consignas más apropiadas y correctas en cada momento que conecten con el sentir y la experiencia de los millones que sufren y luchan.

 

Un programa de lucha, un programa socialista

 

¿Qué programa y qué consignas pueden movilizar mejor y dar una alternativa a los acuciantes problemas sociales que padecemos?

 

Aunque apoyamos medidas aprobadas, a instancias de IU, por la Junta de Andalucía en materia de vivienda, exclusión social (comidas gratuitas para 100.000 niños en las escuelas), banco de tierras públicas (reparto de varias miles de hectáreas públicas en usufructo a jornaleros en paro), entre otras; todas ellas tienen necesariamente un alcance limitado en términos de número de beneficiarios y de recursos disponibles, por lo que no pueden resolver integralmente los problemas sociales.

 

Antes hablábamos del problema del desempleo, de cómo esto se concreta en la pérdida de más de 6 millones de hombres/días de trabajo anuales. Eso quiere decir que, con un nivel medio de productividad, si estos 6 millones se incorporasen a la economía productiva, existiría el potencial para que se crease inmediatamente una tercera parte más de bienes que cubrirían necesidades útiles, cada año en la economía española. Este solo ejemplo es una condena diáfana del derroche anárquico que representa, año tras año, el capitalismo. La cuestión es: ¿Quién tiene el poder para decidir que se lleven a efecto la creación de estos empleos y la inversión aparejada? Como el capitalismo es un sistema que se caracteriza por producir mercancías para obtener beneficios (no por producir bienes que sean necesitados porque son útiles, que es lo que defendemos en IU) tenemos AHORA tasas de inversión trimestrales negativas de hasta el 9 y 10%. El capital privado no va a invertir en el corto plazo para solventar la dramática situación que padecemos. Es más, lo que está intentando lograr es reproducir niveles de bienestar “africanos” o “asiáticos”, que suponen la condena para la clase trabajadora a un futuro infernal, como las padecidas por nuestros hermanos en aquellas zonas del planeta.

 

En IU hablamos de la necesidad de un incremento radical de la fiscalidad para las rentas más altas. En nuestra reciente X Asamblea Federal hemos aprobado exigir la subida de los impuestos a las empresas y a los ricos para obtener los recursos para sostener y ampliar el Estado del bienestar. Esto es positivo, pero debemos plantear la pregunta ¿Cómo reaccionarán entonces los grandes empresarios y banqueros? Actualmente, en el caso del Impuesto de Sociedades que pagan las empresas, la contribución efectiva media de éstas fue sólo del 11,6% en el 2011, no del 30% que deberían pagar por ley, debido a la cantidad enorme de deducciones y exenciones fiscales de que gozan los ricos. Pero los 3.000 conglomerados económicos españoles más importantes pagaron apenas un 5% sobre sus beneficios (según GESTHA, el sindicato de técnicos de Hacienda). Por eso debemos estar preparados para que, ante la subida de impuestos a esta gente por un gobierno de izquierdas, como recientemente hemos comprobado con el gobierno Hollande en Francia, estos grandes empresarios y banqueros traten de profundizar el fraude fiscal y, sobre todo, de iniciar una huelga de inversiones para descapitalizar la economía y hundirla, y así extorsionar al gobierno para que dé marcha atrás en sus políticas. No podemos ser ingenuos en esto. 

 

La realidad es concreta. Es imposible aplicar una fiscalidad que grave fuertemente a las grandes empresas sin un control obrero efectivo en dichas empresas y en los bancos para evitar el falseamiento de balances y la fuga de divisas a paraísos fiscales. Es imposible resolver el problema de la vivienda sin expropiar las cientos de miles de viviendas vacías en manos de bancos, promotoras e inmobiliarias; es imposible solucionar el problema del desempleo sin repartir el trabajo entre todos los brazos existentes sin bajar el salario; no es posible recuperar las conquistas sociales eliminadas sin un aumento drástico del gasto estatal; pero es imposible acometer esto último sin repudiar la deuda pública ilegítima y reaccionaria que está en manos, principalmente, de los bancos. Es imposible acometer una planificación real de la riqueza del país sin la movilización de los billones que acumulan la banca y los grandes monopolios para desarrollar la industria, la agricultura y la tecnología para el interés social. En definitiva, no es posible comenzar a dar una solución efectiva a cada problema social que afecta a millones sin tocar la propiedad de los grandes bancos, monopolios y latifundistas.

 

No es posible una verdadera liberación humana mientras la producción social mantenga la contradicción de atender necesidades humanas de decenas y cientos de millones de personas bajo la única condición de que genere una ganancia a un puñado de ricachones, propietarios de los grandes medios de producción. La riqueza social debe estar al servicio del pueblo y no de una minoría que se lucra con la explotación de trabajo ajeno y con el saqueo de los recursos naturales de naciones enteras.

 

El documento facilitado por la Presidencia Federal de IU para este debate es muy ilustrativo cuando dice que deberíamos, entre otras, estudiar la experiencia de América Latina.

 

La experiencia de Venezuela, Ecuador, Bolivia o Argentina (las experiencias de avances sociales más avanzadas del continente) es que los avances habidos sólo han sido posibles en confrontación frontal con las burguesías locales y contra las multinacionales que saquean el continente. Pero también han demostrado que en la medida que estos procesos de transformación social han coexistido con el mantenimiento de sectores claves de la economía en manos de las multinacionales y de las oligarquías locales, éstas están utilizando su poder para boicotear la economía, evadir capitales, fomentar la subida de precios y la escasez, estimular la delincuencia común, maniobrar y conspirar con las fuerzas oscuras de la reacción y del imperialismo para desestabilizar esos gobiernos y propiciar golpes de estado.

 

Un proceso real de transformación sólo puede conducirse con éxito con la expropiación de la minoría de parásitos que controlan las palancas fundamentales de la economía, acompañado con la movilización popular activa en las calles que desarticule cualquier intento de desestabilización.

 

En el Estado español las condiciones son incluso más favorables. A día de hoy los banqueros y grandes empresarios que controlan la vida económica del país son odiados intensamente por la mayoría de la población y están completamente desprestigiados y aislados socialmente, lo mismo que las principales instituciones del Estado burgués (la Monarquía, la judicatura, los políticos del sistema, los mandos policiales y del Ejército); más aún, incluso en los cuerpos represivos (policía, Guardia Civil, Ejército) vemos multiplicarse agrupaciones y asociaciones de miembros de estas fuerzas (AUGC, AUME, y otras) que se solidarizan con las luchas sociales y se enfrentan abiertamente a la política de ajustes y de represión del gobierno y de sus mandos. Cualquier intento desestabilizador que tratara de forzar la voluntad trasformadora popular se enfrentaría no sólo a la movilización popular en las calles sino a una oposición interna en el seno de estas mismas fuerzas represivas que aislaría a los mandos de sus bases.

 

Igualmente, la enorme interrelación de los procesos de lucha y de contestación popular que vemos desarrollarse en toda Europa, haría que una transformación radical, socialista, en el Estado español tuviera un efecto electrizante en todo el continente, comenzando por el sur, en el arco mediterráneo,  y arrastraría a la clase trabajadora y demás sectores populares oprimidos de la sociedad del continente por la misma senda de transformación social, extendiéndose como un rayo de un país a otro.

 

Los desafíos de IU

 

IU se enfrenta a una situación histórica extraordinaria. Debemos esforzarnos por extender la influencia de la organización más allá de nuestras filas. La táctica del frente único con otras fuerzas sociales y populares por medio del Bloque Social y Político nos ofrece la oportunidad de ponerlo en práctica. Resumimos las condiciones para que esta iniciativa tenga éxito, a nuestro juicio. Y son tres:

 

a) Un llamamiento lo más amplio posible a las fuerzas y movimientos realmente representativos con influencia de masas, comenzando por las organizaciones básicas de la clase trabajadora (sindicatos, comités de empresa y secciones sindicales), organizaciones barriales, AMPAS, organizaciones juveniles y movimientos sociales;

 

b) Un fuerte viraje de IU a la calle, con su presencia organizada en la lucha política, sindical y social, orientando y organizando el trabajo de nuestra militancia;

 

c) Un programa con demandas sociales que recoja las necesidades y reivindicaciones más básicas en materia de empleo, salarios, pensiones, vivienda, educación y sanidad, repudio a la deuda, y vinculadas a la necesidad de expropiar a  los grandes monopolios, banqueros y terratenientes, sin indemnización, salvo a pequeños accionistas y ahorradores, y bajo el control democrático de los trabajadores.

 

La contradicción central de la sociedad es la que existe entre el carácter social, colectivo, de la producción y la apropiación individual por un puñado de ricachones de los frutos de esa producción. Los elementos básicos de vida no pueden estar expuestos al hambre de beneficios de un minoría de parásitos sociales. La sed de ganancias entra en contradicción con el futuro de millones de seres humanos y la vida en la tierra. La sociedad en su conjunto debe apropiarse colectivamente de la riqueza social. No hay otra manera de avanzar ni de garantizar un futuro a esta generación y a las siguientes que están por venir.

 

Millones de nosotros lo sentimos, y los pocos de arriba comienzan a intuirlo: el miedo va a cambiar de bando, porque hoy es la época en que “es imposible derrotar una idea cuando su tiempo ha llegado”.

 

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