Análisis Político
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euskadiEl 25 de septiembre tendrán lugar las elecciones al Parlamento Vasco. Con estos serán once los comicios celebrados desde la aprobación del Estatuto de Autonomía en 1978. En estos años la hegemonía del PNV ha sido abrumadora: 4 de los 5 lehendakaris que han gobernado Euskadi durante 33 años han sido suyos, con la única excepción del gobierno del PSE 2009-2012, legislatura que coincidió con los primeros años de la crisis económica más grave desde los años 30 del siglo pasado. En 2012, la combinación de los  efectos sociales de la crisis y el alto el fuego de ETA se expresaron en las urnas con un importante incremento del voto de la coalición EH Bildu, que llegó al 25%.

euskadiAhora el panorama es incluso más complejo que en las anteriores elecciones del 2012. La irrupción de Podemos en las últimas elecciones generales como primera fuerza política en Euskadi ha supuesto un terremoto político sin precedentes, que visualizó la radicalización política de amplios sectores de la juventud y los trabajadores vascos. Con este ambiente social, y a pesar del carácter muy diferente que tienen unas elecciones autonómicas, por primera vez existe la posibilidad de que la suma de escaños que obtengan las candidaturas de Unidos Podemos y EH Bildu supere con creces los del PNV. De hecho, en todas las encuestas publicadas desde junio, el PNV seguiría como primera fuerza -con una horquilla entre 23 y 27 escaños-, pero para formar gobierno no serían suficientes los votos del PSE y necesitarían al menos de la abstención del PP. Estamos por tanto ante los resultados más inciertos desde 1980.

La Euskadi oficial y la real

Al tiempo que en su discurso mediático el PNV justifica su política antisocial, con el recurso al victimismo y a la comparación positiva frente al gobierno central, sus preocupaciones reales las resumía el lehendakari Urkullu en el diario El Correo, el 31 de agosto, valorando la sesión de investidura de Rajoy:

“La gravísima situación de bloqueo político en Madrid, refleja la quiebra del modelo de Estado forjado hace cuatro décadas y no es achacable al PNV en ningún caso, sino a la incapacidad demostrada por los grandes partidos de ámbito estatal para forjar pactos de estado, especialmente de aquellos que han desempeñado tareas de gobierno. Soy pesimista respecto a la salud del andamiaje institucional español. Incluso aunque se salvase el trámite de la investidura, el Ejecutivo resultante no ofrecería las garantías de estabilidad necesarias en un contexto de incertidumbre económica como el actual”. Sobran comentarios.

Para justificarse ante el electorado, los dirigentes del PNV se limitan a comparar la desastrosa situación económica de otras zonas del Estado, con la relativamente mejor situación de la economía vasca: con un mayor peso de la Industria en torno al 24% del PIB; un PIB per cápita de 30.459 euros, 30% mayor que la media estatal; y una tasa de paro del 13%, también mucho más baja.

Con su mensaje recurrente de “no os quejéis que aquí estamos mucho mejor que en el resto del Estado”, pretenden que los jóvenes y trabajadores vascos demos por buenos sus recortes. El problema es que, cada día que pasa, se amplía más el abismo que existe entre el idílico paisaje de la Euskadi oficial y la cruda realidad que viven decenas de miles de familias trabajadoras. Basta con analizar las cifras de la economía y de la realidad social vasca para comprender que pese a la propaganda oficial la situación en Euskadi es más que preocupante.

Situación económica, distribución del PIB y política fiscal

El primer dato a resaltar, fiel reflejo de la gravedad de la crisis, es que a pesar de un incremento del 2,8% del PIB en 2015, aún no se ha alcanzado el volumen del PIB de 2008, con lo que en el contexto actual de incertidumbre a nivel internacional, el horizonte para la economía vasca se presenta más que oscuro.

En cuanto al aspecto decisivo de cómo se reparte la riqueza y cómo se ha distribuido el peso de la crisis, el diagnóstico es concluyente:

* Desde 2008 las rentas del trabajo reducen su peso en el PIB en un 2%, pasando del 50% al 48%. Paralelamente, se incrementa el excedente neto de explotación de las empresas.

* La presión fiscal en Euskadi es de las más bajas de Europa. En 2012, en la UE-28 la media era de un 39,4% del PIB; en Euskadi, del 30,2%. Sólo se pagan menos impuestos en Irlanda, Eslovaquia, Rumania, Letonia y Bulgaria. El total de impuestos recaudado por las diputaciones en 2015 -12.612,6 millones de euros- fue un 1,8% inferior a los del 2008, es decir 221,6 millones de euros menos.

Más clarificador aún resulta analizar el detalle de la evolución de cada impuesto y quién los paga:

* En 2015 el total recaudado en impuestos directos ascendió a 5.958,60 millones de euros, con una caída respecto al 2008 del -9,7%. De impuestos indirectos se recaudaron 6.538,80 millones de euros, con un incremento en 8 años del 6,9%.

*De los impuestos directos, el IRPF supuso un 75,10% del total, es decir, 4.929 mill de euros, un 6,5% del PIB. De éstos, el 92,10% procedía de rentas del trabajo -4.473,90 millones-, con un incremento desde 2008 del 3,5%. Por rentas declaradas de actividades empresariales, profesionales y artísticas se recaudaron 455,10 millones, un 6% del total, con una caída desde 2008 del -23,7%. Según el último dato disponible del 2011 la renta media declarada por trabajo fue de 23.038,60€, por sólo 11.944,30 euros declarados de de media por el impuesto de actividades económicas.

* Por impuesto de sociedades, en 2015 las empresas pagaron 1.039,10 millones de euros, el 1,5% del PIB, frente al 2,4% del PIB de 2008, con una reducción del -38,6%. De las 69.158 declaraciones presentadas en 2011, en el 80% se declaraban pérdidas o beneficios anuales menores de 6.000 euros.

*El gasto o elusión fiscal,- es decir los impuestos que se dejan de pagar legalmente-, previsto en los presupuestos de la CAV de 2016, asciende en el caso de los impuestos concertados que recaudan las Diputaciones -IRPF, Sociedades, Patrimonio y Transmisiones Patrimoniales y AJD- a 2.456,78 millones de euros.

* En cuanto al fraude fiscal, un reciente informe elaborado por los catedráticos de la UPV –Ignacio Zubiri, Javier Fdez. Macho y Mª Carmen Gallastegui–, estimaba que sólo por la economía sumergida –actividad no declarada por autónomos y pequeñas empresas sobre todo del sector servicios que en Euskadi se calcula que representa un 17% del PIB– se dejan de ingresar anualmente 2.320 millones de euros en impuestos concertados. Y esto sólo es el chocolate del loro de lo defraudado, considerando el fraude –no estimado- de las grandes fortunas a través de ingeniería financiera, rentas ocultas en paraísos fiscales y mil triquiñuelas más.

El pernicioso efecto colateral de la combinación entre "menos impuestos y más necesidades sociales", se concreta en un crecimiento espectacular en la deuda pública vasca, hasta sumar 8.686,70 millones de euros en 2016. De esta forma, el gasto anual del gobierno vasco en deuda pública se dispara desde los 83,6 millones de 2009 a los 1.170,10 previstos en 2016 ¡¡14 veces más!!

Los efectos sociales de la crisis y el gasto social

Las consecuencias de la crisis en Euskadi han tenido un efecto social dual. El vértice de la pirámide que conforma el 1% de los más acaudalados aumenta su porcentaje en el PIB. Hasta el punto de que en la lista recientemente publicada de las 200 personas más ricas del estado, 26 son vascos. Por el contrario, en la base de la pirámide, crecen la precariedad laboral- 24% de contratos temporales y 19% a tiempo parcial- bajan los salarios y la lacra del paro forzoso sigue afectando a más de 150.000 trabajadores.

¡Mientras los de arriba se enriquecen aún más, se degradan las condiciones de vida de sectores cada vez más amplios de la población! Así, según la encuesta de necesidades sociales de 2014, desde 2008 la pobreza ha crecido en un 41%. Hoy, las personas afectadas por lo que eufemísticamente llaman ausencia de bienestar real son 248.000, el 11,5% de la población de Euskadi. En este colectivo, donde las carencias alimentarias, la pobreza energética y la falta de recursos son la norma, las madres de familias monoparentales, los menores y los ancianos conforman el núcleo más numeroso.

Para enfrentar esta situación de emergencia social, los organismos oficiales argumentan que en Euskadi la cuantía que se garantiza con la RGI -Renta de Garantía de Ingresos-, es la más alta del Estado y gracias a ello se ha mejorado la situación de 170.000 personas- más de 75.000 siguen sin cobertura-. Como colofón publicitan que el gasto social por persona en Euskadi -7.940 euros- supera casi en 1500 euros la media estatal y es similar al promedio de la UE 28. Convenientemente se olvidan de publicitar el esfuerzo que en relación al PIB supone el gasto social en la rica Euskadi, indicadores que nos pintan un cuadro muy diferente.

Por capítulos de gasto la evolución ha sido como sigue:

*El gasto en salud en 2009 ascendió a 3.508,90 millones de euros es decir un 5,3% del PIB. En 2016, lo presupuestado son 3.416,20 millones el 4,8% del PIB. El gasto medio en salud de la UE 28 en 2013 era del 7,2% del PIB, la cifra para España fue 6% y en Euskadi del 5%, ocupando el puesto número 21.

* La evolución en el presupuesto para educación es: en 2009, de 2.824,10 millones, un 4,3% del PIB; en los presupuestos de 2016, 2.602,70 millones, el 3,6% del PIB. Comparando con Europa, Euskadi ocupaba en 2013 el penúltimo lugar, sólo por encima de Rumanía. La media de la UE-28 era del 5% del PIB.

*En el gasto por vivienda se pasa de los 217,4 millones, el 0,33% del PIB en 2009, a 108,90 millones en 2016, el 0,15% del PIB.

Por último, la dotación presupuestaria para la Renta de Garantía de Ingresos y otras ayudas complementarias, destinadas a combatir la pobreza, suman en 2016 un total de 483 millones de euros, un magro 0,7% del PIB.

La exclusión de Otegi

Sin duda, un elemento presente en esta campaña electoral es la exclusión antidemocrática de Arnaldo Otegi como candidato por Gipuzkoa por EH Bildu a estas elecciones, y que desde la corriente Lucha de Clases condenamos sin paliativos.

Ya la sentencia que provocó el encarcelamiento de Otegi, que supuestamente le sigue inhabilitando para concurrir a estas elecciones, fue una sentencia política que perseguía bloquear el derecho a la participación política de una parte significativa de la sociedad vasca y formaba parte de una “venganza de estado” contra la izquierda abertzale. Por eso defendemos el derecho de Arnaldo Otegi a participar en las elecciones, independientemente de las diferencias políticas que tengamos con el propio Otegi y con la izquierda abertzale.

En este sentido, saludamos la oposición de Unidos Podemos y sus principales dirigentes, Pablo Iglesias y Alberto Garzón, a esta medida antidemocrática. En nuestra opinión, esta posición debe ir acompañada de una denuncia clara y rotunda de toda la legislación represiva que se ha aplicado en este caso, y que se aplica también, como siempre advertimos los marxistas, contra la lucha de la clase trabajadora en todo el Estado.

Aprovechar la oportunidad para cambiar el rumbo

Los representantes políticos del establishment y de sus voceros en los medios, con este o aquel matiz, es el mismo sea en Madrid, Vitoria o en cualquier otro país: “Hay que huir de los cantos de sirena del populismo. La única política realista - si queremos que crezcan la inversión y el empleo- pasa por reducir el déficit como marca Europa y olvidarnos de las mejoras o reformas del pasado”.

Frente a esto se contrapone la necesidad imperiosa de la mayoría asalariada de que el peso de la crisis no recaiga exclusivamente, como hasta hoy, sobre sus hombros. Los compañeros de Unidos Podemos, haciéndonos eco del reclamo social tenemos que proclamar a los 4 vientos ¡Basta ya de mentiras! Otra política sí es posible, es hora de acabar con el egoísmo de los privilegiados ¡Que el peso de la crisis recaiga sobre los que más tienen!

Es vital que nuestros candidatos abanderen la reivindicación popular defendiendo la necesidad de un giro social radical. De esta forma, nuestros candidatos, a la vez que denuncian el fraude y las mentiras oficiales, deberían defender la necesidad de acabar con el fraude fiscal y que los ricos paguen en proporción a lo que tienen. De manera inmediata, para hacer frente a la emergencia social de los sectores más desfavorecidos, habría que proponer duplicar los presupuestos destinados a combatir la pobreza y sus secuelas –RGI, vivienda y dependencia- e incrementar en un punto del PIB el gasto en sanidad y el de educación. Estas medidas urgentes supondrían un incremento en el gasto de 1.900 millones de euros, cantidad que representa una parte ínfima del fraude fiscal real.

Con una campaña electoral militante y enérgica, en la que además de este plan explicásemos que para llevarlo a efecto necesitaríamos no sólo del voto sino también de un apoyo activo en la calle, existiría el potencial para un vuelco electoral aún mayor, y se abriría la posibilidad para poder conformar un gobierno de la izquierda entre Unidos Podemos y EH Bildu, que basándose en la movilización y apoyo populares, supondría un vuelco de la situación en Euskadi y un referente para el resto de los pueblos del Estado y de Europa.