Unidos Podemos
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La campaña electoral encara sus últimos días y aunque todas las encuestas auguran una derrota del “trifachito”, no puede descartarse ningún resultado, dado el alto porcentaje de indecisos que aún permanece, de en torno al 30%. Unidos Podemos, que inició la campaña en una situación de mucha debilidad, ha reforzado su perfil, que mezcla una retórica algo más radical que meses atrás con un canto a las excelencias de los derechos sociales que incluye la Constitución de 1978, exigiendo su pleno cumplimiento ¿Es ésta la manera de acreditar la utilidad del voto para Unidos Podemos?

UP ha planteado algunas propuestas nuevas muy positivas: como la educación pública y gratuita desde los 0 años hasta la Universidad, la atención bucodental gratuita por la Seguridad Social, que los contratos temporales acrediten tal carácter y duren un máximo de 6 meses por única vez, crear una empresa pública de energía, entre otras.

El eje principal del discurso del compañero Pablo Iglesias en esta campaña ha sido que la Constitución se cumpla en los artículos que supuestamente garantizan los derechos sociales: empleo digno, vivienda, atención sanitaria, revalorización de las pensiones, educación, progresividad del sistema de impuestos, etc. y que sólo se necesita voluntad política para llevarlos a la práctica.

Desde Lucha de Clases saludamos la mayoría de las propuestas que UP ha presentado en esta campaña, aunque sostenemos que sin atacar fuertemente los intereses y privilegios de los ricos, y si no ponemos las palancas económicas fundamentales (la banca, las grandes empresas y los latifundios) bajo propiedad colectiva y bajo el control democrático de los trabajadores, no podrá solucionarse ningún problema fundamental, pues mientras el gran capital mantenga su poder económico sobre la sociedad siempre encontrará la manera de boicotear a cualquier gobierno progresista que le moleste o no controle.

Nos jugamos mucho en estas elecciones y la amenaza de la reacción del “trifachito” es real. Por tanto, es obligación de todos los militantes, activistas y luchadores de la clase obrera y de la izquierda cerrar filas y poner el hombro para impedir esto, y situar un gobierno en La Moncloa al que podamos exigirle que atienda nuestros intereses. Por eso llamamos a votar a Unidos Podemos.

En este sentido, también queremos contribuir al debate sobre el programa de UP y las propuestas que se plantean si se alcanza el gobierno. En particular queremos contribuir al debate sobre el papel de la Constitución española de 1978 y su lugar dentro del llamado Régimen del 78.

En otro artículo ya hemos explicado cómo se desarrolló la gestación histórica de esta Constitución. Aquí nos limitaremos a consignar unos pocos apuntes sobre el sentido y el papel de los derechos sociales registrados en aquélla.

Nosotros podemos entender, como estrategia para desenmascarar la hipocresía y estafa que supone la democracia burguesa española,  que se exija el cumplimiento de las leyes que supuestamente amparan los derechos sociales y democráticos, comenzando por la propia Constitución en los puntos referidos. Pero debemos hacer esto, no para reforzar la confianza de las familias obreras en la Constitución ni en el sistema, sino justamente para lo contrario: para enseñar a desconfiar de ambos, para mostrar que la incapacidad del sistema capitalista para dar empleo digno, sanidad pública digna, acceso a una vivienda digna y pensiones dignas, para todos, no es debido a malos gestores o a gente malvada que está en el gobierno, sino que la carencia de todo eso es una consecuencia inevitable y necesaria de esta sociedad dividida en clases, donde la minoría opulenta vive de la explotación de la mayoría que trabaja.

Debemos explicar que el sistema capitalista no está organizado para dar derechos sociales a quien los necesita, sino para sacar el máximo beneficio posible de la explotación del trabajador, lo que incluye la evasión de impuestos para sacar más beneficios aún y, por tanto, la desfinanciación de los servicios sociales, mientras que los trabajadores pagan puntualmente todos sus impuestos, directos e indirectos.

Hay que explicar, por consiguiente,  que si esos artículos a favor de los derechos sociales están escritos en la Constitución es sólo para engañar y estafar a la mayoría, para hacerles creer que este sistema les protege y ampara. A la hora de la verdad, la revalorización de las pensiones con el IPC en 2018 y 2019 no la ha traído el artículo 50 de la Constitución – que consagra dicha revalorización periódica-  sino la lucha magnífica y ejemplar durante meses de cientos de miles de jubilados por revalorizar sus pensiones, y que aún continúa.

Un dirigente de la izquierda lo que debe hacer es precisamente esto: dar confianza a la  clase trabajadora en su propia fuerza, organización y conciencia; tanto más honor para nuestros padres y abuelos jubilados que sin guía, orientación ni estímulo por parte de los dirigentes sindicales y de la izquierda, cuando iniciaron su lucha, se han basado precisamente en la confianza en sus propias fuerzas, organización y conciencia para conquistar, temporalmente, ese derecho que otorga una Constitución que, en lo que se refiere a garantizar nuestros derechos sociales en condiciones dignas, sólo es papel mojado.

El artículo 47 de la Constitución que consagra “el derecho a disfrutar de una vivienda digna” y que habilita a los poderes públicos a intervenir para regular “la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”, como bien afirma Pablo Iglesias, no se cumple. Dicho artículo no ha impedido los cientos de miles de desahucios por impago de hipotecas y de alquiler por los precios abusivos de los propietarios, bancos y fondos buitre. Porque, al final, es la estructura económica capitalista la que decide, los propietarios de constructoras y de parques de viviendas privados, y no la Constitución; que vuelve a mostrarse como simple papel mojado.  

El papel de la Constitución es velar, ocultar el dominio del gran capital sobre la vida de millones de personas en nuestro país. Y, al final, como en la lucha pensionista, ha sido la lucha organizada de los afectados por los desahucios, quienes han doblegado o frenado en alguna medida, en miles de casos concretos, los intereses de los grandes bancos e inmobiliarias por encima del papel escrito de la Constitución. El viejo proverbio escolar decimonónico de “la letra con sangre entra”, se ha aplicado dolorosamente en  la “letra” del artículo 47 de la Constitución, a través de la sangre real vertida en el duro pavimento por cientos de suicidados de sus viviendas en estos años.

Hablar de la Constitución como referente para solucionar los problemas sociales es hablar de algo hueco e impotente, ya que estos derechos sociales consignados (vivienda, empleo, sanidad, educación, pensiones, libertad de expresión, etc.) quedan a merced para su aplicación de otras leyes y decretos que los desarrollan y articulan que, en la práctica, los dejan al arbitrio de las leyes del mercado capitalista, de la supremacía de la propiedad privada y del modo de producción capitalista y de la preservación del régimen monárquico y del aparato del Estado, sobre cualquier otro derecho fundamental.

Por eso están bien delimitados y concretados aquellos artículos de la Constitución que se aplican sí o sí: la unidad indisoluble de la nación española salvaguardada por las fuerzas armadas, la inviolabilidad del rey aunque cometa delitos, la suspensión de derechos democráticos (reunión, manifestación, huelga, opinión) por gobiernos y jueces, o la supremacía del poder judicial sobre el parlamento elegido por la población para declarar ilegal medidas aprobadas por los representantes populares, el artículo 135 que da prioridad al pago de la deuda pública por encima del gasto social, o la aplicación del artículo 155 a Catalunya. En cambio, aunque el derecho la vivienda, al empleo, a la sanidad y a las pensiones dignas están reconocidos por la Constitución, no se cumplen, ni siquiera derechos fundamentales como la libertad de expresión y reunión que son violados cotidianamente por la Ley Mordaza del PP y multitud de artículos del código penal.

En definitiva, hablar de la Constitución es hablar de un cascarón más o menos adornado sin fuerza alguna para garantizar plenamente los derechos de la clase trabajadora. Por ello, al defenderla, se defiende algo diseñado para aparentar lo que no es, es decir, una simple puesta en escena para acallar la protesta y crear esperanzas en el mero derecho formal. 

Este cierto cretinismo constitucionalista que parece desprenderse de la agitación política que hace el compañero Pablo Iglesias sólo puede provocar desazón y desencanto en los millones que ya han roto con este régimen tramposo, pero también tiene la consecuencia de reducir el nivel de conciencia de aquellos millones que empiezan a cuestionarlo, ya que el intento del compañero Iglesias de hacerles ver que el régimen es bueno y que el problema son sus malos gestores, les lleva a aquéllos a reconciliarse con el régimen con el que comenzaban a tomar distancias.

Esta es la diferencia fundamental entre el marxismo y el oportunismo. La vía oportunista trata de buscar un atajo aparentemente más “fácil” para tratar de convencer a los demás, que choque menos con los prejuicios existentes, pero lo hace a costa de esconder y ocultar la realidad que no está a la vista, de ocultar la verdad del origen de nuestros problemas, comprometiendo y desvirtuando los principios, las ideas y el programa de nuestra lucha y del tipo de sociedad que queremos construir. Y también se cae en dicho atajo, a costa de preparar mañana el derrumbe de quienes se deslizan por él, cuando las masas trabajadoras enfadadas, educadas por la dura experiencia, los señalen con el dedo como parte del viejo régimen podrido, con el que quedaron asociados.

No debemos temer decir la verdad ni explicar la necesidad de una alternativa socialista, democrática y verdaderamente humana; debemos confiar en que lo que hoy no saben ni conocen las amplias masas de la clase trabajadora, lo sabrán y conocerán mañana, y que por lo tanto nuestra autoridad se verá reforzada y ampliada cuando las masas educadas y convencidas por esa misma dura experiencia de la vida vean en nosotros haber sido consecuentes, sinceros, claros y faltos de doblez, porque nuestras ideas y alternativa habrán sido confirmadas por la experiencia.