Unidos Podemos
Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

PODEMOS se ha convertido en el punto focal de la política española. No hay partido político ni medio de comunicación del régimen que no disfrace su pánico aludiendo al peligro del “populismo”. Desde que PODEMOS comenzó a inscribir militantes a través de su página web, en julio pasado, se han afiliado más de 350.000 personas. Decenas de miles participan semanalmente en sus reuniones de círculo. Según algunas encuestas, es el partido con mayor intención de voto. Habría que remontarse al año 1.977, recién caída la dictadura, para encontrar un fenómeno político similar de entusiasmo, ilusión, y organización masiva.

Introducción

PODEMOS se ha convertido en el punto focal de la política española. No hay partido político ni medio de comunicación del régimen que no disfrace su pánico aludiendo al peligro del “populismo”.

Desde que PODEMOS comenzó a inscribir militantes a través de su página web, en julio pasado, se han afiliado alrededor de 275.000 personas. Decenas de miles participan semanalmente en las reuniones de sus más de 1.000 círculos repartidos por todo el país. Con apenas un año de vida, PODEMOS ha pasado de la nada a convertirse, según algunas encuestas, en el partido con mayor intención de voto con cerca del 30% de apoyo, y alrededor de 6,5 millones de votos previstos. Habría que remontarse al año 1.977, recién caída la dictadura, para encontrar un fenómeno político similar de entusiasmo, ilusión, y organización masiva.

Por el contrario, los viejos partidos en que se ha apoyado el sistema se hunden ante la desconfianza general. El PSOE (socialdemócratas) y Partido Popular (derecha) representan ahora en conjunto menos del 50% del voto, una caída de apoyo sin precedentes.

Así, la indignación contra este sistema de explotación, de abusos e injusticias sociales, se ha transformado en militancia política, en lucha consciente por transformar esta sociedad. Esto no ha caído del cielo. La movilización social incesante durante los 4 años precedentes ha servido para resquebrajar la confianza de millones de personas en este régimen podrido, y templar su conciencia y determinación. Pero la lucha social por sí misma ha demostrado der insuficiente para cambiar el estado de cosas. La profunda crisis económica que azota al sistema capitalista deja muy escaso margen para detener los ataques o mantener las viejas conquistas. Por eso está abriéndose paso la idea de que necesitamos tomar el poder político y económico en nuestras manos para “echarlos a todos”.

El contexto económico y social

Los ataques sufridos por la clase trabajadora y demás sectores populares no tienen precedentes en décadas. Y no sólo fueron la reducción brusca de los gastos sociales en educación, sanidad, cultura, servicios sociales municipales y regionales, sino también las pérdidas de derechos laborales, sociales y democráticos. El último de estos ataques ha sido la denominada “Ley Mordaza” que, entre otras medidas reaccionarias, prohíbe fotografiar o filmar a la policía en manifestaciones y protestas populares.

Todo esto contrasta fuertemente con el fabuloso nivel de vida de los ricos. Las 100 personas más ricas del país han incrementado su fortuna un 9,4% en un año, y acumulan 164.424 millones de euros, un 15,6% del PIB del país, según la revista Forbes; y estos son los ingresos públicos reconocidos. El dato más obsceno, recogido por la ONG Oxfam, es que los 20 españoles más ricos tienen los mismos ingresos que los 14 millones españoles más pobres. No es casualidad, por tanto, que España se sitúe como el segundo país más desigual de Europa, por detrás de Lituania, y el segundo con más pobreza infantil.

En el mejor de los casos, la patronal CEOE pronostica un nivel de desempleo del 20% para 2018-2019. Los nuevos contratos de trabajo ofrecen salarios un 20% y un 40% más bajos que hace un año, de ahí que el 34% de los trabajadores gane menos del salario mínimo, 645 euros, por la proliferación de contratos temporales y a tiempo parcial. Desde el 2008 el poder adquisitivo de los asalariados ha caído un 17%.

Sin un potente auge económico internacional, es imposible una recuperación económica real: se ha reducido el mercado interior por el descenso del nivel de vida de la población, y hay una enorme deuda que sigue creciendo y roza el 100% del PIB, que implica un drenaje de dinero de más de 35.000 millones de euros anuales para el pago de intereses.

Los últimos datos conocidos sobre la economía de la Unión Europea, el principal mercado español, indican que está estancada y bordeando la recesión. Eso ya está afectando al crecimiento económico en España que está ralentizándose.

Descartado un crecimiento significativo, eso implicará nuevos recortes y ajustes. Por lo tanto, nada sustancial se ha resuelto.

El gobierno confiaba en que la mejora raquítica de la actividad económica mantendría e incrementaría su base social de apoyo, y se ha encontrado con lo contrario. Ha tenido el efecto de incrementar la furia contra el gobierno por la precariedad de las condiciones de vida, el hartazgo contra su política de ataques y su insensibilidad social, unido a los escándalos indignantes de la corrupción e impunidad generalizada en las altas esferas. Esto explica por qué en medio de los “mejores” datos económicos desde 2008 el descrédito de PP y PSOE sigue creciendo y PODEMOS eleva día a día su apoyo popular.

Pánico en la clase dominante

Es inspirador sentir cómo el miedo de este lado se ha transformado en entusiasmo y desafío, y la arrogancia y desprecio del otro bando se han convertido en pánico y preocupación. Esto ya quedó expresado con la retirada de los reaccionarios proyectos de reformas de la ley del aborto y de elecciones locales, y la dimisión de los ministros Gallardón y Ana Mato como ministros de justicia y sanidad, respectivamente. Tampoco es ajena a esto la campaña oficial lanzada contra la corrupción, con la detención repentina de multitud de políticos implicados en fraudes y delitos fiscales.

El principal vocero de la burguesía española, el diario El País, ejemplificaba magníficamente el pánico de la clase dominante en una de sus editoriales (“Amenaza al sistema” 28/10): "La corrupción exige el saneamiento urgente de las instituciones para evitar males mayores". ¿A qué males mayores se refería El País? ¿Quizás a la pobreza, al desempleo, a los bajos salarios, a los desahucios, a la degradación de los servicios públicos? Nada de eso. He aquí su preocupación: "El carácter sistémico de la corrupción proporciona fácil y demagógica munición a quienes propugnan una ruptura, no con el sistema corrupto, sino con el constitucional, incluso para buscar soluciones de signo opuesto a la democracia". La democracia que entiende El País es aquélla donde el pueblo vota cada 4 años y son las grandes corporaciones y empresarios quienes deciden las políticas del gobierno. Justamente, contra esa “democracia” luchamos. El miedo de El País es al pueblo levantado y organizado para cambiar esta sociedad de arriba abajo.

Ahora, cuando empiezan a soplar las primeras brisas de la revolución, la burguesía española se encuentra desprovista de dirigentes obreros amancebados con una mínima autoridad para abortar las aspiraciones de millones por un cambio radical de sociedad.

Los dirigentes del PSOE, de las centrales sindicales UGT y CCOO carecen de toda autoridad. Los escándalos de corrupción los salpican por todas partes y han revelado cómo las cúpulas políticas y sindicales, que anteayer se enseñoreaban en la izquierda y el movimiento obrero, han sido completamente integradas, corrompidas y fagocitadas por el sistema.

Una situación prerrevolucionaria

El ataque brutal contra las condiciones de vida de la población, y de la clase trabajadora en particular, como consecuencia de la aguda crisis que atraviesa el Estado español, ha provocado tal dislocación en la vida de millones de personas y ha expuesto de tal manera la podredumbre del régimen, que ha conducido a una crisis aguda del sistema de dominación de clase de la burguesía.

Lo que tenemos delante son los elementos clásicos del desarrollo de una situación prerrevolucionaria que, en sus rasgos generales, contiene las siguientes características:

a) Crisis, división y pánico en la clase dominante; descrédito creciente de los partidos e instituciones en los que sustenta su dominación, que se ven arrastrados por acontecimientos que no controlan en una agenda que pasa a ser impuesta por la calle.

b) Giro a la izquierda de la sociedad que afecta no solamente a la clase obrera sino a sectores de las clases medias, que buscan una alternativa política para transformar la sociedad.

c) Salto cualitativo en la participación política de las masas, no sólo en manifestaciones callejeras sin precedentes y en votos para expresar su protesta; sino en organización política, y afiliación a organizaciones.

Si aceptamos como válida la definición clásica de León Trotsky de que una revolución es: “La irrupción brusca de las masas en la escena de la historia para tomar su destino en sus manos”; sin duda, el Estado español se encuentra en la antesala de un proceso revolucionario.

Un punto de inflexión

El punto de inflexión que marcó el inicio de este período fueron las elecciones europeas del 25 de mayo de 2014. Al descrédito de los dos partidos principales, PP y PSOE, que sacaron el 49% de los votos, se sumó el hecho de que nunca antes los partidos ubicados a la izquierda de la socialdemocracia habían sacado un apoyo electoral tan elevado, como fue el 18% obtenido conjuntamente por IU y PODEMOS, cerca de 3 millones. El dato más relevante fue el apoyo a PODEMOS, que emergió “de la nada” con 1,25 millones de votos, el 8%. Pocas semanas después, PODEMOS dejaba atrás a IU en las encuestas de opinión y comenzaba a amenazar la supremacía tradicional de PP y PSOE.

Sin embargo, no debemos perder la perspectiva de los acontecimientos. El resultado de las elecciones del 25 de mayo, y los acontecimientos posteriores a que dio lugar, son la primera expresión política significativa de la gigantesca experiencia de movilizaciones de masas que se ha dado en los 4 años precedentes en España. A falta de conocer los datos de 2014, según cifras oficiales, en 2012 y 2013 se produjeron un promedio de 123 actos de protesta diarios, de diverso tipo y amplitud. El 25% de la población ha declarado haber participado en manifestaciones. Sin esta experiencia acumulada, jamás podría haber surgido PODEMOS.

Tales fueron acontecimientos y movilizaciones de masas, como: el movimiento de los “indignados” de 2011-2012; las luchas contra los recortes presupuestarios y los ajustes, con el surgimiento de las llamadas “Mareas” (de sanidad, educación, cultura, etc.), 2 Huelgas generales masivas en 2012, la marcha minera a Madrid a fines de junio de 2012, la lucha contra los desahucios, la lucha contra la represión policial y judicial, la oleada de huelgas indefinidas desde el otoño de 2013 a la primavera de 2014 contra los cierres de empresas, reducciones de salarios y condiciones de trabajo; el levantamientos popular del barrio de Gamonal (Burgos) en enero de 2014; la Marcha de la Dignidad del 22 de marzo de 2014, que concentró a un millón de personas en Madrid; las movilizaciones de masas en Cataluña por los derechos democrático-nacionales del pueblo catalán; o la creación de una red de organizaciones populares (Mareas, Plataforma de Afectados por las Hipotecas-PAH, Stop Desahucios, Redes de Solidaridad Popular, plataformas contra la represión, contra la restricción del derecho al aborto, a favor de la república, etc.) sin control directo de ninguna organización, donde participan decenas de miles de personas.

Todo esto ya marcaba un punto de ruptura con el régimen y el sistema político por parte de varios millones de personas, e indicaba la búsqueda de una capa creciente de la clase obrera y de la juventud de una alternativa política de transformación social.

A partir del 25 de mayo se desataron toda una serie de acontecimientos políticos que provocaron por primera vez, desde el inicio de la crisis, el miedo y el pánico de la clase dominante ante los cambios políticos producidos. Así, tuvimos la crisis de dirección del PSOE, con la dimisión del Secretario General, Alfredo P. Rubalcaba, y la abdicación de Juan Carlos, reflejando el profundo descrédito de la monarquía, implicada en numerosos casos de corrupción. A las pocas horas del anuncio de la abdicación tuvieron lugar manifestaciones espontáneas por todo el país con cientos de miles saliendo a las calles flameando decenas de miles de banderas republicanas..

Otro fenómeno político no menos relevante que PODEMOS ha sido la creación de las plataformas GANEMOS para las elecciones municipales de mayo de 2015, como la expresión más genuina de frente único de la izquierda y de los llamados movimientos sociales, a raíz de la iniciativa tomada por la dirigente de la PAH, Ada Colau, en Barcelona con GUANYEM BARCELONA (GANEMOS BARCELONA, en catalán).

La mayoría de las encuestas colocan a las plataformas GUANYEM-GANEMOS en disposición de disputar las alcaldías de las ciudades más importantes, lo cual constituye otro terremoto político.

La primera reacción de la clase dominante y de sus partidos ante la irrupción de PODEMOS fue de furia. Durante meses, lanzaron una campaña histérica de insultos, criminalización y odio contra PODEMOS y sus dirigentes, acusándolos de complicidad con la organización armada vasca ETA, de estar financiados por Venezuela y Cuba y de querer implantar en España una “dictadura bolivariana”, etc. Pero esto no ha tenido ningún efecto en cortar el ascenso de PODEMOS, lo cual demuestra el profundo descrédito de los dirigentes y partidos oficiales del sistema.

Ahora vemos una actitud diferente. Aunque la burguesía y sus medios mantienen levantado el palo, comienzan a ofrecer al mismo tiempo una zanahoria a los dirigentes de PODEMOS, para tratar de integrarlos en los engranajes del sistema y desviar las aspiraciones potencialmente revolucionarias que están detrás de su apoyo de masas.

¿Qué ha pasado con Izquierda Unida?

Los acontecimientos de Grecia a principios de 2012, y la rápida escalada de SYRIZA que la llevaron a convertirse en el primer partido de oposición, centraron repentinamente todas las miradas en IU en el Estado español a lo largo de 2012. Fue cuando en pocas semanas, IU subió su intención de voto desde el 7% obtenido en las elecciones legislativas de noviembre de 2011 hasta el 16% en el otoño de 2012.

Era el momento decisivo de que IU emergiera como una fuerza enfrentada al “Establishment”, agitando consignas radicales y despertara una esperanza real de cambio en los millones que, ya por entonces, agitaban y conmovían las calles de todo el país con sus movilizaciones masivas.

Sin embargo, incluso en esos momentos, los dirigentes de IU marcaban su territorio y reforzaban sus vínculos con el “Establishment”, ajenos a la nueva realidad del país, imponiéndose los intereses materiales de varios miles de cargos públicos en su afán de permanecer aferrados a sus puestos y componendas a nivel estatal, regional, provincial y local. Así, establecieron pactos de gobierno con el PSOE en Andalucía, comprometiéndose con la política de ajustes “por imperativo legal”; dieron apoyo parlamentario al gobierno minoritario del PP en Extremadura, o se sumergieron en el descrédito en la Comunidad de Madrid, con un aparato caracterizado por el ahogo de la vida interna de la organización y su implicación en escándalos de corrupción, como el de los consejeros de IU en la principal entidad financiera de la región, Bankia. (la antigua Caja Madrid).

La realidad fue que, desde comienzos del 2013, IU vio estancarse su apoyo en las encuestas. La razón principal, además de ser vista en gran medida como parte del sistema, fue que la dirección congeló el giro a la izquierda iniciado un año antes porque temía convertirse en “la Syriza española” y despertar unas expectativas entre la población sin una alternativa política en la que confiaran. Sobre todo, IU no lanzó ni una sola consigna radical que estimulara o entusiasmara a las masas, a diferencia de lo que hizo PODEMOS posteriormente.

Alberto Garzón, el joven dirigente de IU, caracterizado por sus posiciones más a la izquierda en la organización y que ahora se ha postulado para las elecciones primarias que deben elegir al candidato de IU a presidente de gobierno, expresaba su frustración con la política de IU de estos años, de la siguiente manera: “IU ha tenido muy poca ambición política y el tiempo histórico de la sociedad ha ido más deprisa que el de la propia organización (…) La candidatura que represento pretende hacer autocrítica, pretende decir que IU es un instrumento útil para transformar la sociedad...” (Público).

Sin embargo, el “ala izquierda” de IU tampoco ha planteado ninguna batalla para desafiar a la dirección actual. La impresión que dan gente como Garzón y otros dirigentes emergentes del ala izquierda, como Tania Sánchez en Madrid, la eurodiputada Marina Albiol, y otros, es que están especulando con el desastre electoral de IU en mayo y noviembre (cuando tendrán lugar elecciones locales y autonómicas, y legislativas, respectivamente) para tratar de tomar las riendas de IU a partir del descalabro de la organización, quizás con el argumento de que no es la primera vez que IU se hunde hasta el 4% o 5% de apoyo electoral, y que “ya remontaremos el vuelo”.

Es por eso que la capa más activa de las masas no vio en IU esa alternativa que buscaba y miró hacia otras opciones cuando se presentó la ocasión, que sí reflejaban de manera más exacta su espíritu, su odio de clase y su indignación a favor de un cambio real en el país, como hemos visto con PODEMOS.

¿Qué es PODEMOS?

El surgimiento y desarrollo de PODEMOS plantea un debate teórico importante sobre el surgimiento de organizaciones políticas de masas.

En general, cuando las masas irrumpen en política, tienden a hacerlo dirigiéndose a las organizaciones tradicionales de masas. Esta fórmula es formalmente correcta, pero no debe ser entendida como un dogma válido para todo tipo de lugar y situación.

Históricamente, las organizaciones tradicionales de masas –los partidos socialistas y comunistas, los sindicatos de clase, etc.– siempre expresaron el movimiento de la clase obrera. Adquirían cierta vida interna en tiempos de convulsión social y decaían en la apatía en los tiempos de auge económico o relativa estabilidad social. Pero siempre, de una u otra manera, se mantuvieron enraizadas y vinculadas directamente con las masas, de manera que en momentos de polarización social y revolución, tendían a experimentar diferenciaciones en su seno, con corrientes de izquierda que expresaban la presión de la clase obrera y corrientes de derecha que expresaban las presiones de la burguesía. Eventualmente, esta diferenciación interna terminaba en escisiones, bien del ala derecha o del ala izquierda. Fueron las escisiones de masas de las alas de izquierda de los partidos socialistas en los años 20, bajo los efectos de la Revolución Rusa, de donde se formaron los Partidos Comunistas.

Situaciones similares volvimos a verlas en los años 30 y 70 del siglo pasado, la última convulsión revolucionaria global antes de la actual.

Sin embargo, ahora vemos un fenómeno peculiar en algunos países, que hay que explicar. En el mayor momento de convulsión económica y social de la historia reciente de Grecia y España, los viejos partidos socialistas, que llegaron a obtener un apoyo electoral aplastante durante décadas, pero cuyas direcciones se han implicado hasta las últimas consecuencias con las políticas de ajuste y de ataques a la clase obrera, no han experimentado ningún crujido serio en su seno; ni una sola voz significativa se ha levantado dentro de estos partidos antes de que acabaran hundidos en las encuestas (en el caso del PASOK) para denunciar la claudicación de sus dirigentes y exigir la defensa de un programa, no ya socialista, sino reformista de izquierdas; mucho menos se ha formado ninguna corriente opositora de izquierda significativa en su interior.

Lo que esto significa es que estos partidos, al menos en Grecia y España, han degenerado tanto, han perdido de tal manera sus vínculos con la clase obrera, han sido cooptados de tal manera por el aparato del Estado y sus agentes burgueses en la dirección, que no han conseguido reflejar en su interior las convulsiones y terremotos sociales de las luchas y la indignación de las masas trabajadoras. En el caso de Grecia es un hecho consumado. El PSOE, aunque no podemos todavía ser concluyentes, podría seguir el mismo camino del PASOK.

Por otro lado, no es casualidad que la podredumbre completa de la socialdemocracia quede en evidencia en este gran viraje histórico, con el inicio de la revolución europea en el sur del continente.

Entonces, ¿qué es y cómo surgió PODEMOS concretamente? PODEMOS es un reflejo de la agitada situación política y social española. Pero, paradójicamente, la iniciativa de su creación no partió de ningún organismo creado por el movimiento de masas ni de sus activistas más destacados, sino de un grupo de comunicadores sociales y de profesores de universidad alrededor de la figura de Pablo Iglesias –vinculados a IU en el pasado– junto con la organización Izquierda Anticapitalista, activistas del Frente Cívico de Julio Anguita (ex dirigente estatal de IU), y el apoyo del diario online Público, seguido ampliamente por la militancia y el activismo de izquierdas. Pero, muy rápidamente, se fue llenando de activistas sociales y sindicales de la amplia red de movimientos sociales a que dio lugar el movimiento del 15M, el movimiento de los Indignados.

En realidad, PODEMOS surge y adquiere su desarrollo por el vacío político e ideológico en el movimiento obrero y la izquierda españolas, debido a la incapacidad de la dirección de IU para haber emergido como una referencia con la suficiente autoridad política y moral.

Ahora bien, una iniciativa política como PODEMOS, que pudiera conseguir el alcance de masas que ha adquirido, en las condiciones sociales y políticas descritas, no podía ser lanzada con éxito por el mero voluntarismo de un pequeños grupo de personas. Si fuera así, cualquier pequeño grupo audaz podría crear un movimiento de masas de la nada. Hace falta algo más: una tarima, un altavoz, estar colocado en un punto de mira a la vista de millones de personas.

Por uno de esos accidentes históricos que expresa una necesidad, esta tarima, este altavoz fue proporcionado por las pantallas de la TV. Pablo Iglesias fue en el último año y medio un participante asiduo en programas de tertulias y debates políticos, de gran audiencia. Las ideas radicales de Pablo Iglesias, se metieron en la casa de millones de familias diariamente durante meses y conectaron con el ambiente de rabia, malestar e indignación. Fue a partir de la conciencia de su popularidad cuando lanzó este movimiento político, hace justamente un año.

En poco tiempo, PODEMOS organizó decenas de actos públicos muy concurridos por todo el país, y se crearon decenas de círculos que comenzaron a agrupar a varios miles de personas. A raíz de su gran resultado en las elecciones europeas del 25 de mayo de 2014, el movimiento experimentó el crecimiento explosivo que vemos actualmente.

PODEMOS y la “cuestión nacional”

Uno de los efectos más positivos que ha ejercido la irrupción de PODEMOS y de GUANYEM-Barcelona ha sido cortar de raíz el peligroso proceso de división y enfrentamiento de la clase obrera catalana y vasca con respecto a sus hermanos de clase del resto del Estado. La defensa enérgica y valiente del “derecho a decidir” por parte de los dirigentes de PODEMOS ha hecho ver, por primera vez, a la población catalana y vasca que en el resto de España hay un apoyo y comprensión a sus derechos democráticos, minando los enfrentamientos y divisiones de la clase obrera fomentados por la derecha española y los nacionalistas catalanes y vascos. El hecho de que en GUANYEM, en Cataluña, cohabiten partidarios de la independencia con partidarios de permanecer dentro del Estado español también corta de raíz el intento de los nacionalistas catalanes de levantar un muro de división dentro de la clase obrera de Cataluña en líneas nacionales.

Las encuestas también otorgan a PODEMOS una fuerza creciente en ambas comunidades, catalana y vasca, al punto de desplazar al PSOE como fuerza principal en la izquierda no nacionalista. Concretamente, PODEMOS aparece ahora como la fuerza con mayor intención de voto en Cataluña en unas eventuales elecciones generales, así como en Álava y Navarra.

La Asamblea Ciudadana y el modelo de debate interno

Entre los meses de octubre y noviembre, PODEMOS celebró su congreso constituyente, la Asamblea Ciudadana. El momento central fue el acto presencial del 18-19 de octubre en Madrid. Fue un evento extraordinario, con 8.000 personas entusiastas: jóvenes, veteranos luchadores de los 70, trabajadores, parados, amas de casa, jubilados. Se aprobaron resoluciones en favor de la sanidad y la educación públicas, contra los desahucios y la corrupción, y a favor de una quita sobre la deuda.

Hubo un debate vibrante, donde la mayoría de las intervenciones se posicionaron por la democracia más amplia en la sociedad y dentro de PODEMOS, contra los bancos y el capitalismo, a favor de la nacionalización de los sectores estratégicos de la economía. Las referencias a la clase obrera provocaron encendidos aplausos que desmienten el carácter supuestamente desideologizado que algunos pretenden atribuir a la militancia de PODEMOS.

No obstante, PODEMOS sigue careciendo de un programa socialista, basado en la expropiación bajo control obrero del gran capital, única forma de llevar a la práctica las reformas planteadas en su programa. Y también debe dotarse de una estructura consistente que garantice el máximo control de la dirección por la base.

Aunque nadie puede negar el carácter democrático del debate congresual, merece la pena reflexionar sobre si el modelo organizativo utilizado en la Asamblea Ciudadana es el más adecuado para favorecer la participación más amplia y consciente de la militancia. Desde nuestro punto de vista, el sistema seguido contiene algunas deficiencias que podrían subsanarse con un método alternativo.

Proe ejemplo, no se organizaron asambleas presenciales locales, provinciales y regionales, previas a la Asamblea Ciudadana, por medio de delegados elegidos por la base. Esto ha sido así porque, lamentablemente, la dirección de PODEMOS se ha hecho eco, y ha potenciado conscientemente, los prejuicios de las capas más atrasadas o recientemente incorporadas a la lucha política contra las asambleas compuestas por delegados elegidos democráticamente por la base, que es la manera más eficiente y democrática de debatir y decidir dentro de las organizaciones de masas, excepción hecha de las asambleas de base en los Círculos o agrupaciones de barrio.

De esta manera, la militancia estaba obligada a leer y debatir en una circunscripción estatal única todos los documentos y enmiendas hasta del último de los círculos, a través de internet. Esto condujo a que fuera una minoría de miembros con tiempo suficiente quienes realmente pudieron participar a fondo en los debates y decisiones de manera plena.

Esto se agravaba porque el sistema de debate permitía a cada miembro presentar enmiendas y borradores alternativos a los documentos oficiales con la única condición de tener el aval de otros 4 miembros de su círculo ¡que no estaban obligados a estar de acuerdo políticamente con ellos! De esta manera, alcanzaron la misma representatividad las posiciones de un miembro de un círculo que 30, 40 o 50 personas de ese mismo círculo que hubieran acordado una posición común. Esto favoreció la presentación de cientos de enmiendas y documentos alternativos que convirtió el proceso de debate interno en algo extraordinariamente farragoso e imposible de manejar. Para poner un poco de orden, se creó un comité anónimo designado por la dirección provisional hasta la Asamblea Ciudadana (el Equipo Técnico), no sometido a control alguno, que tenía la tarea de proponer la fusión o transacción de enmiendas y documentos que, a su criterio, consideraran similares. Finalmente, la militancia tuvo que enfrentarse a la tarea imposible de tener que decidirse en el plazo de una semana por los 3 documentos (político, organizativo, ético) que consideraran más apropiados, de entre una masa de 55 borradores (23 de documentos políticos, 22 organizativos y 10 éticos), lo que implicaba leer y estudiar 8 documentos diarios, de media, durante una semana.

También causó gran controversia el sistema de votación de los documentos político, organizativo y ético, que obligaba a votar o descartar en bloque los documentos presentados por un mismo equipo, en lugar de permitir a cada militante votar individualmente cada documento de su preferencia. Esto favoreció al equipo dirigente de Pablo Iglesias, cuyos documentos fueron votados en bloque por la mayoría de la militancia; más aún cuando aquél vinculó su permanencia en la dirección con la votación de sus documentos.

Para la postulación de candidatos a Secretario General, Consejo Ciudadano –el máximo órgano de dirección, compuesto por 62 personas- y Comisión de Garantías- compuesta por 10 personas- el procedimiento fue similar. Presentándose finalmente 30 candidaturas en listas cerradas y varios cientos de candidaturas individuales que se repartieron de la siguiente manera: 72 candidatos a Secretario General (10 en listas y 62 de manera individual), 693 candidatos al Consejo Ciudadano (233 agrupados en 21 listas y 460 de manera individual) y 268 candidatos a la Comisión de Garantías (93 agrupados en 13 listas y 175 de manera individual). Así, la militancia de PODEMOS tenía también que elegir y votar por internet sus preferencias, en el plazo de una semana, de entre este volumen de candidatos (1.173), de quienes se desconocía casi todo de la inmensa mayoría. Como es conocido, el equipo de Pablo Iglesias obtuvo también el apoyo abrumador de la militancia para la dirección.

Creemos que un sistema de debate auténticamente democrático a través de delegados elegidos directamente en los círculos, superada la primera instancia del círculo de barrio o localidad, habría simplificado muchísimo el sistema de debate y habría puesto a disposición de la militancia los 3 o 4 documentos y listas de candidatos que concentraran las diferencias más significativas entre ellos en materia de orientación política, programa y organización interna.

No obstante lo dicho, nuestro movimiento aún es joven, y hay que confiar en que la experiencia creará las condiciones para superar estas debilidades, tanto políticas como organizativas.

La necesidad de la clarificación ideológica: nacionalismo, izquierda, marxismo

Los principales referentes de PODEMOS han rendido tributo desde sus inicios, justamente, a la maravillosa experiencia revolucionaria de las movilizaciones y movimientos políticos que han tenido lugar en Latinoamérica durante la década pasada. Experiencias como la revolución bolivariana de Venezuela, la “revolución ciudadana” de Ecuador, y procesos similares en Bolivia y Argentina, han tenido un gran impacto en sus concepciones políticas y organizativas.

De ahí han tomado el nombre de los Círculos para sus agrupaciones territoriales y sectoriales, y el bagaje ideológico nacionalista de “Pueblo frente a Oligarquía” donde, supuestamente, la clase obrera aparece diluida dentro de la “nación oprimida” junto a los pequeños propietarios y empresarios, que tienen enfrente a una oligarquía “apátrida” aliada al imperialismo.

Por otro lado, renuncian a catalogar a su movimiento como de “izquierdas” –pese a que se reconocen como tales, a nivel personal– argumentando que la dicotomía “izquierda-derecha” ya no sirve para aglutinar grandes mayorías, ya que el término “izquierda” puede causar rechazo en sectores populares provenientes de la derecha. Apuestan, en cambio, por usar la expresión “unidad popular”.

Desde nuestro punto de vista, muchas de las conclusiones políticas y organizativas sacadas por estos compañeros suponen una traslación mecánica de ideologías y formas organizativas latinoamericanas –enraizadas en su historia y experiencia de luchas– que no se corresponden con la realidad europea y española, en particular.

Para empezar, la gran mayoría de los países latinoamericanos –en general, más atrasados desde el punto de vista del desarrollo económico capitalista, y relegados en muchos casos a ser exportadores de materias primas dentro de la división internacional del trabajo imperialista– tienen una composición de clase más compleja que la española. En la mayoría de estos países, el proceso de diferenciación de clases principal, entre clase obrera y clase capitalista, no se ha desarrollado de maneta tan completa, perviviendo formas sociales y económicas que combinan elementos capitalistas y coloniales; sumado al hecho del empobrecimiento y desarraigo masivo de una parte de la población venida del campo que se concentra en la periferia de las grandes ciudades y que vive en el desempleo o subempleo crónico, los llamados pobres urbanos.

Por eso, el nacionalismo “de izquierdas” latinoamericano tiene una base material sobre la que desarrollarse y aún juega un papel relativamente progresista en la lucha contra el capitalismo y el imperialismo. Así, el nacionalismo de un trabajador o campesino venezolano o mexicano juega un papel útil en su movilización contra el saqueo y la expoliación a que es sometido su país por las multinacionales extranjeras y las élites locales compinchadas con él.

Sin embargo, España es un país imperialista, aunque de segunda fila. La clase obrera constituye cerca del 80% de la población activa, el campesinado y el artesanado urbano son una minoría de la población. En el Estado español –sin grandes recursos naturales ni materias primas relevantes expuestos al saqueo a gran escala de multinacionales extranjeras– el sentimiento de clase está muy desarrollado entre los trabajadores, y no está mediatizado por sentimientos de opresión imperialista, sino por la explotación de “los de casa”.

En realidad, el nacionalismo español se nutre del viejo y decadente pasado imperial de los siglos XVI al XIX, y de la explotación y expolio con que las multinacionales españolas someten actualmente a los países latinoamericanos y del norte de África, como Marruecos, Argelia, etc. Tiene una tradición reaccionaria que es utilizada, además, para negarles los derechos democrático-nacionales a los pueblos catalán, vasco o gallego, como el derecho de autodeterminación. Ni la clase obrera, ni otras capas populares excluidas, han sido movilizadas jamás a favor de la justicia social, en nuestra historia contemporánea, bajo el ideario del nacionalismo español. Lo opuesto ha sido el caso.

Por eso, lo marxistas de Lucha de Clases seguimos defendiendo el carácter de clase de la lucha por la transformación de la sociedad. Es decir, que es la clase obrera el sector de la población más fuerte, numeroso y consciente para llevar a cabo una transformación completa de la sociedad- arrastrando tras de sí al resto de capas populares oprimidas y excluidas. Dicha transformación sólo puede llevarse a cabo con medidas socialistas de expropiación del gran capital, con una planificación racional de las fuerzas productivas bajo el control democrático de los trabajadores, en un régimen de auténtica democracia obrera y popular, basado en comité de delegados elegibles y revocables en cualquier momento en cada empresa, fábrica, barrio y pueblo, coordinados entre sí a todos los niveles.

Para decir toda la verdad, también el nacionalismo “de izquierda” o “popular” latinoamericano ha demostrado importantes limitaciones. Pese a todo, en estos países, la clase obrera es la única fuerza que puede dirigir a la nación oprimida contra el capitalismo y el imperialismo; como ocurrió en Rusia en 1917, también un país atrasado y oprimido por el imperialismo. Sea en Venezuela, Ecuador, Bolivia o Argentina, el nacionalismo “popular” nunca conseguirá sacudirse el yugo de los capitales extranjeros y nacionales, aliados a los primeros, sin la expropiación de los mismos bajo la dirección de la clase obrera de esos países.

También discrepamos con que la caracterización del movimiento como de “izquierdas” sea un obstáculo para conseguir el apoyo de una mayoría significativa de la población. La gente no se guía por etiquetas en sus preferencias políticas sino por el contenido concreto de las políticas y programas de las organizaciones.

La fuerza de arrastre principal de PODEMOS no ha sido desmarcarse de la “izquierda”. Justamente, lo contrario. Ha sido el aparecer como un grupo político “anti-establishment”, y su hábil oratoria contra los banqueros y los ricos y la “casta”, a favor del gasto social y de subir los impuestos a las grandes empresas; características todas que la población asimila a una formación de “izquierdas”. Porque la palabra “izquierda” lejos de suscitar rechazo general, está asociada a la lucha por la justicia social y contra todo tipo de opresión y discriminación. No deja de ser llamativo que, tanto la mayoría de sus simpatizantes y votantes, como la población en general, ubiquen a PODEMOS en las encuestas de opinión tanto o más a la izquierda que IU; y aún así no para de crecer en las preferencias de voto.

La base fundamental de apoyo de PODEMOS es obrera, como muestran todos los estudios sociológicos serios publicados hasta la fecha –incluyendo, incluso, los del gobierno, a través del Centro de Investigaciones Sociológicas. Y el apoyo importante que PODEMOS obtiene en sectores de la clase media, simplemente revela el agudo desplazamiento hacia la izquierda de estas capas de la población, como tantas veces ha ocurrido en la historia, atraídas no por el moderantismo de PODEMOS sino por su radicalidad, por la imagen que proyecta de cambiar de raíz esta realidad insoportable.

Para nosotros, usar la palabra “izquierda” no tiene que ver con defender una “etiqueta”. El problema de renegar de la “izquierda” es el riesgo de caer en una explicación simplista y moralista de la estructura de la sociedad y de los problemas sociales; y, por lo tanto, de no ofrecer la forma adecuada de abordarlos y solucionarlos.

Para nosotros, los problemas sociales y económicos que tenemos son un producto inevitable de la sociedad de clases, y no la obra de “malos” políticos o empresarios, a quienes bastaría con sustituir por “buenos” políticos y empresarios que se atengan a la justicia y al bien común. El empresario más progresista y virtuoso no tendrá más opción que incrementar la explotación de sus trabajadores si la competencia de un empresario rival amenaza con hundir su negocio. Y trataré a de burlar todo lo que pueda al fisco para incrementar sus beneficios, pues es éste –y no otro– el fin de una empresa privada. Si está en su mano sobornar a políticos y jueces para mantener su empresa a flote y ampliar su negocio, no dudará en hacerlo. No es un problema “moral”, sino su interés “de clase social” que vive de explotar mano de obra ajena para conseguir beneficios; beneficios que surgen –como explicó Carlos Marx hace 150 años– del trabajo no pagado a los trabajadores, de la explotación laboral.

¿Y qué tiene que ver esto con la “izquierda”? El contenido político de la palabra “izquierda” ha evolucionado desde sus orígenes a comienzos del siglo XIX hasta adoptar una concepción “de clase” en la sociedad, de los pobres contra los ricos, de los trabajadores contra los patrones o, si se prefiere, de “los de abajo” contra “los de arriba”. Eliminar la palabra “izquierda” de la fisonomía política propia implica eliminar la concepción de la lucha de clases de la misma. Por eso estamos en desacuerdo con este punto con los compañeros referentes de PODEMOS. De todas maneras, no queremos exagerar. Consideramos este aspecto como algo relativamente secundario en el debate dentro de PODEMOS ya que, en la práctica, nunca ha tenido un gran calado en las bases de la organización ni en sus votantes, donde la gran mayoría sigue considerándose de izquierdas y, como tal, considera al movimiento.

Hay otros aspectos a mencionar. Algunos compañeros de PODEMOS justifican el abandono del lenguaje científico del marxismo, con su terminología “anticuada” de “clases sociales”, “socialismo” o “revolución” porque lo consideran un obstáculo para ganar el odio de amplias capas de la población por su apariencia “radical”. De la misma manera, rehúyen entrar abiertamente en debates tan relevantes como la “república”, la “monarquía”, las “nacionalizaciones” de grandes empresas, etc. Argumentan que emplear esas palabras o entrar en esos debates les daría carnaza a los perros de presa de los medios de comunicación burgueses para hacer un gran escándalo público y enajenarles el apoyo de un sector significativo de las clases medias y sectores de trabajadores políticamente más atrasados. Consideran en cambio que términos como “pueblo”, “patria”, “ciudadanos”, “desprivatización”, aparecen como más “inofensivos” y útiles para acercar a esas capas de la población.

Es cierto, que Pablo Iglesias ha declarado que ellos tratan de “dulcificar” sus palabras y expresiones para decir lo mismo que nosotros en algunos temas. Por ejemplo, considera que la palabra “desprivatización” suena mejor que “nacionalización” y dificulta la crítica malévola de la prensa reaccionaria. O cuando se le pregunta por la República y omite pronunciarse explícitamente, declarando en cambio que él está de acuerdo con que el Jefe del Estado sea elegido en unas elecciones.

Ante todo esto, debemos decir dos cosas. Primero, no es la primera vez que dentro de la izquierda se plantean argumentos similares. Tradicionalmente, fueron los socialdemócratas quienes defendieron “suavizar” el lenguaje y el programa para atraerse a la clase media. Lamentablemente, lo que comenzó con una concesión en las palabras a prejuicios políticos atrasados, finalmente terminó en concesiones políticas a los grandes empresarios y en su asimilación al sistema al que decían combatir.

En segundo lugar, no es posible abordar la tarea de transformar la sociedad intentando jugar al escondite con la clase dominante, o pretendiendo ser más astutos que ella en el uso de las herramientas de la comunicación. A la burguesía no la vamos a engañar. Pero sí podemos despistar y desorientar a quienes padecen las injusticias del sistema, oscureciendo los objetivos por los que luchamos. La clase obrera y la juventud merecen que se les diga alto y claro qué queremos y qué hace falta para transformar la sociedad y terminar con las injusticias sociales; comenzando por las capas más activas y avanzadas que se dejan la piel en las reuniones de los Círculos de PODEMOS, en los movimientos sociales, las huelgas, las manifestaciones, etc.

Sólo si la mayoría de la población que padece bajo este sistema tiene clara las causas de sus problemas y la manera de solucionarlos estará dispuesta a darlo todo para cambiar la realidad que la rodea.

Los marxistas no somos “radicales” per se. En realidad, somos los activistas políticos más realistas que existen, porque gracias a nuestro estudio y método de análisis científicos podemos conocer las leyes que gobiernan la sociedad. Esto nos permite ver la realidad tal cual es, y además nos proporciona las claves y el programa que se necesita para transformarla, atendiendo a las necesidades e intereses de la inmensa mayoría.

Aceptamos que convencer a una mayoría clara de la sociedad para nuestras propuestas puede llevar un poco más de tiempo que otras posiciones que ofrezcan una alternativa aparentemente “más fácil” e “indolora”, aunque conduzcan a una salida falsa e imposible de alcanzar – una “tercera vía” que trate de abordar la tarea imposible de lograr la justicia social mientras la economía sigue en manos de una minoría rapaz de oligarcas y super ricos – pero el apoyo que vayamos consiguiendo será más firme y sólido. Y estamos plenamente confiados en que la experiencia y nuestra agitación terminarán ganando tarde o temprano a la gran mayoría de la clase trabajadora y demás sectores populares explotados a favor de nuestro programa de transformación socialista de la sociedad. Más aún, en el período revolucionario en que hemos entrado, que se caracteriza por la rapidez en el aprendizaje de las amplias masas de la población.

El programa de PODEMOS

Como decíamos al principio, la clase dominante española y europea está histérica y en pánico, tratando de atemorizarnos con un desastre económico si PODEMOS aplicara su programa.

Pero, ¿qué plantea este programa? Aunque no existe todavía un programa elaborado y sólo se ha presentado formalmente un "documento de bases" para la discusión, y propuestas aisladas en algunas entrevistas y análisis de prensa; se propone, en líneas generales, que los ricos paguen más impuestos y combatir su fraude fiscal, prohibir los desahucios, derogar la contrarreforma laboral del PP que deja a los trabajadores sin derechos, retrotraer la edad de jubilación a los 65 años, bajar el precio de la luz, dar más dinero a la educación y la sanidad públicas, otorgar una renta a quienes carecen de ingresos, que los bancos rescatados con dinero público devuelvan el dinero, reducir la jornada laboral sin reducción salarial para que más parados puedan trabajar, que los corruptos vayan a la cárcel y devuelvan el dinero robado, entre otras.

Son todas medidas progresistas que apoyamos incondicionalmente y que aliviarían el sufrimiento de millones.

En lo que se refiere a “desastres”, realmente, no hace falta esperar a un gobierno de PODEMOS para verlo. Ya lo padecemos.

¿No lo es acaso que haya 5,5 millones de parados, 750.000 familias sin ingresos, y 300.000 familias desahuciadas con decenas de miles más esperando? ¿Y los 300.000 jóvenes “buscándose la vida” en el extranjero, y los “nuevos” salarios de 600 €, o los contratos por días y semanas?

Horas extras sin pagar, pensiones y salarios congelados; hospitales, escuelas y universidades sin personal ni recursos suficientes, también provocan ya un desastre. Pero, claro, es “nuestro” desastre, para la clase trabajadora y nuestras familias.

¿Cuál es “su” desastre, el de los ricos y privilegiados? ¿Han renunciado, acaso, los ejecutivos de las grandes empresas y bancos del país, a sus millones de euros, para compartir los sacrificios con las familias trabajadoras? Nada de eso. Las empresas están ganando un 64% más que el año pasado, según el Banco de España. Y la banca espera alcanzar este año los 10.000 millones de beneficios, los más altos desde el 2010.

El programa presentado por los compañeros de la dirección de PODEMOS, aunque tenga limitaciones, sólo puede aplicarse si se obliga a los ricos y grandes empresarios a que cedan parte de sus enormes beneficios para atender las necesidades sociales más acuciantes. Ese es “su” pánico y el “desastre” que vaticinan.

No ceder a la presión de los ricos

El momento actual que atravesamos es enormemente inspirador, pero también está lleno de peligros. Las enormes expectativas depositadas en PODEMOS hacen que las grandes empresas y bancos estén ejerciendo una presión descomunal contra los dirigentes de la organización para aislarlos y que moderen su programa, a fin de extender la sensación de que “nada puede hacerse” para transformar radicalmente la sociedad.

Debemos permanecer, por tanto, firmes en nuestras reclamaciones y demandas. Y el primer paso debe ser exigir la reparación plena de todas las conquistas sociales y laborales que los gobiernos del PSOE y, sobre todo, del PP han destruido en estos años.

La única manera de llevar esto a cabo es incluyendo en el programa, entre otras, las siguientes medidas:

a) Repudiar la deuda pública. Es imposible acometer un plan de inversiones en obras públicas, viviendas, hospitales, y restituir los gastos sociales eliminados, sin repudiar el pago de esta deuda, generada en gran parte para rescatar a los bancos y grandes empresas. Sólo habría que respetar, devolviéndoles su dinero, a los pequeños ahorradores que depositaron allí sus ahorros de toda una vida de trabajo.

b) Repartir el empleo sin reducción salarial. Nacionalización de toda empresa que cierre o despida trabajadores. Tenemos 5,5 millones de parados y muchas necesidades sociales insatisfechas. Hay que repartir el trabajo, trabajar menos para trabajar todos, sin reducción salarial para preservar las condiciones de vida de las familias obreras. Si los empresarios ya no juegan un papel en hacer avanzar la sociedad, y sólo buscan su enriquecimiento personal a costa del sufrimiento de millones de familias, deben ser los trabajadores quienes tomemos el control de lo que producimos, sustituyendo el afán de lucro por el fin social de la producción.

c) Plan de desarrollo de infraestructuras, servicios sociales y culturales para terminar con el desempleo y mejorar las condiciones de nuestros pueblos y ciudades.

d) No a la precariedad laboral. Los trabajadores necesitamos estabilidad laboral para aspirar a un proyecto de vida digno ¡Ya está bien que los empresarios se lucren con el chantaje a que nos someten con renovarnos o no el contrato!

e) Escala móvil precios-salarios. Para preservar el nivel de vida de de las familias trabajadoras, es necesario introducir un mecanismo que obligue a subir automáticamente los salarios y pensiones con la subida de los precios.

f) Salario Mínimo Interprofesional, jubilaciones mínimas, y renta básica para personas sin ingresos, de 1.200 euros. Necesitamos ingresos mínimos por encima del nivel de subsistencia. Esto también evitará que los empresarios rebajen el nivel salarial general de los trabajadores. Por eso planteamos unos ingresos mínimos de 1.200 euros, equivalente al 60% del salario medio de un trabajador cualificado.

h) Prohibición de los desahucios. Expropiación sin indemnización de las viviendas e inmuebles vacíos en manos de bancos y promotoras inmobiliarias. Alquiler o hipoteca no superior al 15% de los ingresos familiares.

i) Nacionalizar la banca y los sectores estratégicos de la economía. El repudio de la deuda pública plantearía la cuestión de cómo financiaría sus gastos un gobierno popular y de izquierdas. Esto sólo puede hacerse expropiando sin compensación todo el sector bancario y de seguros, que sirva de instrumento para planificar la economía.

Sin embargo, la nacionalización de los bancos es, en sí misma, insuficiente. Necesitamos nacionalizar los sectores estratégicos que dominan la economía, bajo la administración y el control democrático de los trabajadores y del conjunto de la sociedad.

Debemos comenzar nacionalizando las empresas del IBEX35 (las 35 compañías más grandes del país) y completarlo con la nacionalización de las 100 grandes empresas que cotizan en la Bolsa y controlan el 70% de la actividad económica. Esto sería más que suficiente para iniciar una planificación de los recursos del país que atienda los intereses de la inmensa mayoría de la población.

Debemos rechazar cualquier compensación por la nacionalización de estas grandes empresas, para evitar su descapitalización. Sus propietarios ya consiguieron miles de millones de euros de beneficios durante décadas. Sólo debemos indemnizar a los pequeños accionistas y ahorradores que depositaron en estas empresas sus pequeños capitales y ahorros.

Debemos añadir que muchas de estas empresas monopólicas eran hasta hace 15 ó 20 años, empresas públicas muy rentables y terminaron apropiadas por los “amigos” del poder y la oligarquía española a precios de saldo.

Una alternativa socialista para toda Europa

¿Quién puede oponerse a esto? Por supuesto, las 200 familias que dominan la economía del país, varias decenas de miles de individuos de clase media alta que comen de las migajas que caen de los ricos, los altos jefes militares y policiales, y la casta judicial. Pero ¿qué fuerza representan ellos frente a millones de hombres y mujeres que sostenemos la sociedad con nuestro trabajo y sudor? No hay fuerza más poderosa en la sociedad que la clase trabajadora, movilizada y puesta en pie para defender una política que atienda los intereses de la inmensa mayoría.

La derecha y la socialdemocracia intentan asustarnos diciendo que si un gobierno de PODEMOS y la izquierda aplicara esta política, una política socialista, huirían las inversiones y seríamos expulsados del euro y de la Unión Europea. Es una posibilidad.

Pero esto sólo sería una de las caras de la moneda. Un Estado español socialista despertaría inmediatamente el entusiasmo y la solidaridad de los trabajadores del resto de Europa con movilizaciones multitudinarias. Estas movilizaciones apuntarían también contra la clase dominante de sus países para exigir las mismas medidas socialistas que se aplicaran en España.

De manera que una España socialista no estaría aislada. Los trabajadores de Grecia, Portugal e Italia responderían de inmediato, y pronto serían seguidos por los trabajadores de Irlanda, Francia, Gran Bretaña; y sí, de Alemania también. Y se crearían las bases para el derrocamiento del capitalismo y el establecimiento de los Estados Unidos Socialistas de Europa.

Lo que necesitamos, por tanto, es una acción de gobierno enérgica, complementada con la movilización activa de la clase obrera y de la juventud en las empresas y en las calles, para desbaratar cualquier maniobra de la reacción, y luego apelar a los trabajadores del resto de Europa a que sigan nuestro ejemplo. 

Las elecciones municipales y regionales de mayo

Es complicado tratar de avanzar una perspectiva electoral precisa. Estamos en un momento de cambios rápidos y agudos del ambiente social y de las simpatías políticas. En la actual situación, 4-5 meses (hasta las elecciones de mayo) es un tiempo muy largo y pueden surgir acontecimientos imprevistos que impacten a su vez en el ambiente social explosivo. Por eso, cualquier perspectiva que hagamos debe ser condicional y estar sometida a revisiones. No obstante, parece claro el cuadro general, con tres partidos PP, PSOE, PODEMOS disputándose el primer lugar en una horquilla de votos que oscila entre el 20% y el 25%. También podemos afirmar que, sean cuales sean los vericuetos del desarrollo político, tanto en las elecciones locales y regionales, como en las elecciones legislativas de noviembre, el conjunto de la izquierda alcanzará una victoria arrolladora (incluyendo aquí al PSOE, por su base social de apoyo, pese al declive del partido), y el PP sufrirá una dura derrota y verá desmoronarse el fabuloso poder político local, regional y estatal que acumuló en la última década.

Es de esperar que PODEMOS se integre en las candidaturas GANEMOS para las elecciones municipales en la mayoría de los sitios, aunque esa integración será de digestión difícil en algunos lugares, bien sea porque IU pretenda copar las candidaturas (como en Málaga o Córdoba) o bien por la presión de las bases de PODEMOS, y de algunos cazadores de cargos en su seno, que emborrachados de éxito por la subida en las encuestas miran con desdén cualquier idea de frente único. Sobre todo, en muchos pueblos y ciudades pequeñas es previsible que PODEMOS se presente con sus siglas, bien por la insignificancia de IU en esos lugares, bien sea por las disputas personales y celos de aparato tan típicos de esas zonas.

GANEMOS, con total probabilidad, superará al PSOE en la mayoría de las grandes ciudades; particularmente en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza o Vigo.

Aquí se dará una situación interesante. Aunque puede que GANEMOS no consiga una mayoría absoluta en algunas de estas ciudades importantes, en las que el PP (salvo Barcelona) podría seguir siendo la primera fuerza en votos, la izquierda en su conjunto, incluyendo nuevamente aquí al PSOE, sí tendría dicha mayoría.

Una situación similar se daría en las elecciones regionales, donde todas las encuestas vaticinan mayoría de izquierdas en la Comunidad de Madrid, País Valenciano, Asturias, Aragón, Extremadura, Murcia, etc, y donde PODEMOS podría emerger como primera o segunda fuerza política.

En estas condiciones, quienes tendrían la peor tesitura serían los dirigentes del PSOE. Durante meses han unido sus voces al coro de la derecha calificando a PODEMOS Y GANEMOS de “populistas”. Pero la presión social hacia una mayoría de izquierdas será insoportable ¿qué hará el PSOE siendo, previsiblemente, una fuerza menor frente a PODEMOS-GANEMOS? ¿Permitirá la constitución de gobiernos de ayuntamientos y comunidades autónomas dirigidos por PODEMOS-GANEMOS, o anticipará el futuro gobierno de “unidad nacional” con el PP en el Estado, poniéndolo en práctica en ayuntamientos importantes y en las comunidades autónomas, donde el hastío y el odio hacia los gobiernos del PP es clamoroso?

Si la dirección del PSOE decidiera apoyar a PODEMOS-GANEMOS, el grito de indignación de la prensa burguesa sería atronador, y provocará la oposición en sus filas de los sectores abiertamente proburgueses (Bono, Felipe González, etc.) que verían con gran peligro tal situación porque dejaría sin margen al PSOE para oponerse a un futuro gobierno nacional de PODEMOS (en unión de otras fuerzas de la izquierda con representación parlamentaria, como IU) después de las elecciones generales, si como es previsible los votos conjuntos de PODEMOS-IU-PSOE superan a los de la derecha, con un PSOE con menor número de diputados que PODEMOS.

Pero si, como es posible, la dirección socialista se aliara con el PP y otros sectores de la derecha (nacionalistas, UPyD, Ciudadanos) para frenar a la izquierda, pagará muy cara tal acción y le llevará a un desprestigio de tal calibre que vería desplomarse su voto a niveles tan bajos en las elecciones generales de noviembre que lo conduciría a una situación similar a la del PASOK griego. Seguramente, muchas agrupaciones y dirigentes medios se negarían a acatar la decisión de la dirección federal de apoyar al PP en ayuntamientos y comunidades autónomas, y eso llevará al partido a una crisis importante, a escisiones y a una situación de debilidad extrema.

En esas condiciones, estaría por ver si los diputados que consiguiera el PSOE en dichas elecciones generales de noviembre bastarían para asegurar una mayoría suficiente a un eventual gobierno de “unidad nacional” PP-PSOE. Este es un riesgo muy importante que debe de llenar de pavor a la clase dominante y a la dirección del PSOE.

Lo que parece inevitable es el buen resultado de PODEMOS-GANEMOS en ayuntamientos y comunidades autónomas, lo que propulsará aún más el apoyo popular a PODEMOS en las elecciones de noviembre, donde podría ser la fuerza más votada, aunque probablemente sin mayoría absoluta.

Perspectivas para un gobierno de PODEMOS

La perspectiva de un gobierno de “unidad nacional” es defendida –aunque en voz baja– por miembros relevantes tanto del PSOE como del PP. No obstante, la perspectiva de un gobierno de “unidad nacional” PP-PSOE no tiene necesariamente que tomar forma en un solo acto y de forma inmediata. Esta perspectiva podría darse en dos etapas.

Para no quemar todos los barcos en una primera batalla, podría constituirse inicialmente un gobierno en minoría de PP o PSOE, en el caso de que uno de los dos resultara ser el partido más votado en las elecciones legislativas de noviembre, con apoyo parlamentario de los demás partidos del régimen; si es que no se plantea un adelanto electoral, como ha defendido insistentemente el diario El País, temeroso de que PP y PSOE lleguen desangrados a esa cita.

Sólo cuando este gobierno en minoría diera síntomas de agotamiento o fuera superado por la movilización social podríamos ver finalmente la formación de un gobierno de “unidad nacional” formado por PP, PSOE y posiblemente UPyD-Ciudadanos, con el apoyo parlamentario de los nacionalistas burgueses catalanes y vascos.

Un gobierno de “unidad nacional” de este tipo nacería como un gobierno tremendamente impopular, y se garantizaría inmediatamente el odio y desprecio de la clase trabajadora. Mantendría los ajustes y los ataques antisociales, en un contexto de estancamiento económico. Es bastante improbable que tal gobierno pudiera terminar la legislatura. Golpeado por las protestas sociales, la represión, el estancamiento económico, los recortes, corrupción y demás, se creará una situación insoportable que llevará inevitablemente a una crisis importante de gobierno y a la convocatoria anticipada de elecciones.

En tal situación, se haría irresistible la elección de un gobierno de izquierdas encabezado por PODEMOS en probable coalición con otras fuerzas afines, como IU.

La elección de un gobierno de PODEMOS, en solitario o en coalición con otras fuerzas de izquierda, desataría un enorme entusiasmo popular y se enfrentaría a las presiones opuestas de la clase trabajadora y de la burguesía.

Desde el primer día, habría una presión asfixiante contra el gobierno, con amenazas de huidas de capitales, traslado de empresas al extranjero, cierres de empresas, etc. a fin de poner al gobierno contra las cuerdas.

Al mismo tiempo, se pondrán encima de la mesa demandas democráticas inaplazables tales como el derecho de autodeterminación para Cataluña y el País Vasco, el referéndum sobre la república, o los vínculos que siguen atando al Estado con la Iglesia.

PODEMOS tendrá una elección ante sí: avanzar hacia una política socialista de expropiación del gran capital o ceder a la presión implacable de la clase dominante.

La necesidad de la corriente marxista – Podemos Socialismo

 

Es, por tanto, absolutamente vital, aportar a la clarificación política e ideológica del movimiento ante las tareas que la historia nos plantea. La necesidad de una red o corriente marxista dentro de PODEMOS es una tarea acuciante. Una corriente marxista ajena a intereses de aparato y peleas por puestos, y cuyo compromiso no sea otro que contribuir a dotar al movimiento de las herramientas y propuestas más eficaces para luchar contra la explotación y la injusticia social. Los compañeros de Lucha de Clases, junto a decenas de compañeros de PODEMOS, estamos impulsando un círculo de debate en torno a estas propuestas, llamado Podemos Socialismo. Únete a nosotros para llevar adelante esta tarea.