Análisis Político
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El adelanto electoral va a poner muy pronto a Adelante Andalucía ante sus tareas concretas. En el momento de escribir estas líneas, el PSOE de Andalucía y Ciudadanos están escenificando la ruptura de su pacto de gobierno, por lo que tendremos elecciones este otoño. Es probable que el agitado calendario judicial del PSOE andaluz, con la sentencia de los EREs a la vista, influya a Susana Díaz a la hora de plantear el adelanto electoral, pero sin duda también influyen su necesidad de engancharse a la cola del “efecto Sánchez” antes de que éste se diluya y, sobre todo, la visible debilidad de la izquierda.

Tanto los inscritos de Podemos como los afiliados de IU respaldaron en julio el acuerdo de confluencia que, con el nombre Adelante Andalucía, se presenta como un proceso de unidad que vaya más allá de los partidos que lo conforman y que sirva para disputar el gobierno de la Junta al PSOE de Susana Díaz siendo a la vez un muro de contención contra las derechas de PP y Ciudadanos. Este planteamiento es un avance con respecto a la descafeinada confluencia estatal de 2016, pero por sí solo no basta para ganar.

La última encuesta publicada sobre intención de voto para las elecciones autonómicas, elaborada en junio (en pleno “efecto Sánchez”), daba a la suma de IU y Podemos un total de 16 escaños, cuatro escaños menos que su suma actual y sólo un escaño por encima del resultado de Podemos en 2015. Estas malas perspectivas de la izquierda, junto con la división de la derecha, explican que al PSOE andaluz le convenga adelantar las elecciones. Por supuesto que Adelante Andalucía tiene margen de mejora, pero para eso debe encarar con urgencia sus tareas de construcción organizativa, elaboración programática y movilización de su base.

El caso es que, empezando el mes de septiembre, sólo tenemos sobre la mesa el calendario de las primarias de Adelante Andalucía, a celebrarse del 21 al 30 de este mes y cuyos resultados se proclamarán el 2 de octubre (relativamente tarde si, como se prevé, las elecciones autonómicas se celebran entre finales de octubre y principios de noviembre). A parte de eso, los militantes del espacio Unidos Podemos en Andalucía no cuentan aún con un calendario de asambleas y actos públicos para la elaboración del programa y la organización de la precampaña electoral, ni planes concretos para extender y hacer efectiva la confluencia en el territorio andaluz y para implicar a los militantes y simpatizantes en las tareas que tenemos por delante. En estas condiciones, existe el peligro de que la campaña se rija por la improvisación y la rutina acostumbradas en la izquierda andaluza y que el tan mentado “desborde” no llegue a producirse.

Esta atonía no puede achacarse solamente al periodo vacacional que ha mediado entre las primarias de Podemos Andalucía y las de Adelante Andalucía, sino que es parte de la situación general del espacio Unidos Podemos y en especial de Podemos. En un momento en que Ciudadanos en Cataluña y la ultraderecha en Europa convocan movilizaciones reaccionarias bajo sus propias banderas, en el Estado español la izquierda parlamentaria ha renunciado a la calle, concentrando todas sus energías en un trabajo institucional de resultados más bien magros y que no hace más que profundizar la deriva burocrática y reformista de Unidos Podemos y su alejamiento de las masas en un momento de fuerte polarización política.

Hitos como la entrada al gobierno de Castilla – La Mancha o la destitución de Albano Dante Fachín al frente de Podem Catalunya (por su oposición a la política tibia de la dirección estatal de Podemos con la cuestión catalana) han ido jalonando este camino a la adaptación institucional de la “nueva política”. Los círculos de Podemos están vacíos de militantes y copados por arribistas y burócratas de nuevo cuño y viejas costumbres, mientras que su implantación territorial fuera de las grandes capitales es enormemente débil. La reciente dimisión de Xavier Domènech al frente de Podem y los Comunes da una medida del grado de descomposición y desmoralización que afecta al partido en este momento.

No es ajeno a esta deriva el acercamiento al PSOE, que ya se dio en Castilla – La Mancha y que se ha profundizado desde la investidura de Pedro Sánchez. En su primera entrevista tras su baja por paternidad, Pablo Iglesias planteó las condiciones políticas que permitirían a Unidos Podemos “ser socios de gobierno y cogobernar desde el Parlamento” con el PSOE. Entre estas condiciones están una subida del IRPF a las rentas más altas, medidas para bajar los precios de los alquileres, subida de las pensiones, gratuidad de los libros de texto… etc. Aunque es improbable que el gobierno asuma todas estas demandas, la propuesta de cogobierno (aunque sea “desde el Parlamento”, sin entrar propiamente en el gobierno) es muy peligrosa y puede profundizar esta deriva de subalternización de Unidos Podemos respecto al PSOE; más aún, ser la “pata izquierda” del régimen sería nefasto para Unidos Podemos cuando se abre la perspectiva de una nueva crisis económica y de más recortes y austeridad.

Es precisamente este acercamiento al PSOE, aparte de los equilibrios de poder en el aparato, lo que está detrás de las tensiones entre la dirección estatal de Podemos y la dirección andaluza de Teresa Rodríguez. Dicho acercamiento es inasumible en la Junta de Andalucía, donde se concentra el núcleo duro del ala derecha del PSOE. Al margen de los pasados enfrentamientos entre Susana Díaz y Pedro Sánchez, ambos coinciden en la necesidad de “disciplinar” a Unidos Podemos para garantizar la estabilidad del gobierno y mejorar sus expectativas electorales, y la oposición frontal a Susana Díaz que representa Teresa Rodríguez es un obstáculo para ello.

Los dirigentes de Adelante Andalucía tienen la oportunidad de desmarcarse por la izquierda de sus direcciones estatales, planteando una verdadera oposición a la derecha y a las políticas de derechas del PSOE y recuperando el pulso de la calle. Para eso hay que ponerse a trabajar desde ya.