La semana del 25-30 de noviembre presenciamos uno de los ciclos de lucha económica y contra la austeridad más intensos de los últimos años. La clase obrera ha salido a la palestra marcando el curso de los acontecimientos políticos con su impronta y propiciando un cambio cualitativo en el humor social de Catalunya. Bomberos, profesores, estudiantes, funcionarios y, con un merecido protagonismo, los médicos y el personal de los Centros de Atención Primaria fueron a la huelga y se movilizaron masivamente, confluyendo en una gran manifestación la mañana del jueves 29 de noviembre en Plaça Universitat.

Andalucía está ahora en el ojo del huracán con las elecciones que tendrán lugar el 2 de diciembre en la región. Hace un año fue manoseada y abusada por la reacción españolista contra Catalunya como ejemplo de “buenos españoles”. Ahora, esta misma reacción derechista, previendo una derrota electoral humillante, no cesa de exponerla como ejemplo de “malos españoles”.

Contra la ultraderecha, la juventud marca el camino luchando en las calles - Lo que parecía imposible hace un año puede ser realidad en poco tiempo: el PSOE está a punto de perder el gobierno de la comunidad que ha gobernado ininterrumpidamente los últimos treinta y seis años. Susana Díaz ha cosechado el peor resultado de un PSOE de Andalucía carcomido por la corrupción y abandonado por gran parte de su base social, que se ha abstenido de votar en estas elecciones autonómicas.

La campaña de las elecciones andaluzas arrancó con un terremoto en forma de barómetro del CIS, según el cual el 2D se produciría un empate PP, Ciudadanos y Adelante Andalucía, por detrás de un PSOE que se mantiene en cabeza con relativa comodidad. El sondeo también augura la entrada de Vox en el Parlamento de Andalucía con un escaño por la provincia de Almería, lo que está generando no pocos lamentos.

La putrefacción del capitalismo español y de su aparato de Estado cada vez huele peor. Un elemento que está ventilando este hedor es el excomisario Villarejo. Es éste un asunto que se plantea difícil de gestionar, con muchas espinas punzantes que están generando serios dolores de cabeza a la clase dominante. La burguesía española y sus lacayos están preocupados.

La polémica desatada por el acuerdo entre PSOE y PP para renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) –el organismo rector del sistema judicial– que a su vez deberá nombrar a los nuevos integrantes del Tribunal Supremo (TS) cuyo mandato también caduca en pocas semanas, ha puesto de manifiesto la falacia de la “independencia” del poder judicial, añadiendo un nuevo elemento de desprestigio a este estamento.