Contra la monarquía y el régimen del 78, por un proceso constituyente republicano y socialista en todo el Estado

El día de ayer, 27 de octubre, fue una jornada histórica. Por primera vez en 80 años, se proclamaba la república como forma de gobierno en una parte del territorio del Estado español. Así, el parlamento catalán declaraba a Catalunya como Estado independiente en forma de república. El gobierno español no tardaba en responder con un auténtico golpe a la democracia, anunciando la destitución del gobierno catalán, la disolución del Parlament, y la convocatoria de elecciones en Catalunya para el 21 de diciembre, usando las atribuciones que le otorga el artículo 155 de la Constitución de 1978, avalado por el Senado con el apoyo de PP, Ciudadanos y PSOE.

El pasado sábado 450.000 personas se manifestaron en Barcelona (según la policía local) junto a decenas de miles más que se concentraron en otros pueblos y ciudades de Cataluña, para exigir la libertad de los dos Jordis (detenidos sin fianza por cargos de sedición) y rechazar el golpe del artículo 155 anunciado por Rajoy durante la mañana.

El proceso independentista catalán se encuentra en un momento crítico. La disyuntiva es avanzar o retroceder. El Tribunal Constitucional ha prohibido la celebración del pleno del Parlament de Catalunya del lunes, que debía ratificar el resultado del Referéndum del 1-O y proclamar la República catalana. Desairando el discurso Real, han surgido iniciativas de diálogo por todas partes, con escasa probabilidad de salir adelante. Por su parte, la burguesía catalana se ha alineado abiertamente con el régimen español, y ha iniciado una guerra mediática de amenazas económicas contra su propio pueblo.

Después de 9 días de euforia españolista desatada en todo el Estado, la crisis en Catalunya podría tomar un nuevo giro con la detención de los máximos dirigentes de dos de las principales organizaciones independendistas, Jordi Sanchez y Jordi Cuixart, de la Asamblea Nacional Catalana y de Òmnium Cultural. En la noche de ayer hubo caceloradas masivas en toda Barcelona y otras ciudades. En Girona, hubo una gran manifestación nocturna y cortes de carretera en algunas poblaciones, como El Masnou. Hoy martes, hay convocadas movilizaciones al mediodía de los estudiantes y concentraciones a la tarde en las delegaciones del gobierno de las cuatro capitales de provincia. El Estado español, envalentonado ante el impasse que atravesaba el movimiento independentista desde el paro del 3 de octubre, rebosa de soberbia. Una vez más, el látigo de la reacción puede provocar un alza del movimiento de masas en Catalunya.

Ayer 3 de octubre, Catalunya vivió una protesta gigantesca contra la represión del Estado, en un clima insurreccional en algunas partes de la comunidad. El gobierno del PP quemó en apenas 15 días todo su arsenal represivo en su intento vano de abortar el Referéndum sobre la independencia del 1-O, y lo hizo arrojando gasolina sobre el fuego en un pastizal seco, provocando un incendio de dimensiones colosales. La acción directa de las masas en la calle ha maniatado todo intento del Estado de aplastar el movimiento por la autodeterminación. Desairado por todo un pueblo, y suspendido en el aire sin apoyos parlamentarios sólidos, el Rey ha acudido en ayuda del gobierno del PP y de Ciudadanos, en un intento agónico de disciplinar las filas “constitucionalistas” y de cortar cualquier vía de negociación con la Generalitat. La monarquía ha atado así su destino a lo que pase en Catalunya.

Parecía como si todo estuviera decidido de antemano.El presidente catalán, Carles Puigdemont, iba a acudir al Parlamento catalán y anunciar la formación de una república independiente, como estaba obligado a hacer por los resultados del referéndum del 1 de octubre. Esto sería seguido por la suspensión de la autonomía catalana por parte del Estado español, que había declarado ilegal el referéndum, y tal vez incluso por la detención de los miembros del gobierno catalán por rebelión. Al final, el choque se retrasó, pero con toda probabilidad no se evitó.

La represión policial brutal no logró detener el referéndum de la independencia catalana ante la determinación de cientos de miles de personas de superar todos los obstáculos para participar.Lo que vimos ayer en Catalunya fue, por un lado, la verdadera fea cara del régimen español creada durante la llamada "Transición" al final del franquismo y, por otro lado, la movilización masiva y la autoorganización del pueblo catalán para ejercer su derecho a la autodeterminación.