Durante el año 2018, en España murieron por enfermedad 411.946 personas (https://www.ine.es/prensa/edcm_2018.pdf). A 27 de marzo, 4.858 personas han muerto con Covid-19 en todo el Estado. Es una cifra alarmantemente alta y, sin embargo, no se encuentra muy alejada de los fallecimientos provocados por otras causas como el suicidio (3.539) o las caídas accidentales (3.143).

El pasado domingo 1 de marzo, “domingo de piñata” en Cádiz, se terminó el Carnaval de 2020. El de este año ha sido un Carnaval extraño, muy marcado por la desaparición de dos estandartes de la fiesta como han sido Juan Carlos Aragón y Manolo Santander. El recuerdo de ambos autores ha atravesado toda la celebración, en especial las coplas y las puestas en escena del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas (COAC). Asimismo, las coplas del concurso y del Carnaval de la calle han vuelto a ofrecer un retrato certero de cómo está el nivel de ánimo y de conciencia de la clase trabajadora y de los temas que le preocupan, este año de forma muy especial la amenaza de la ultraderecha y de la reacción.

In Defence of Marxism (la web de la Corriente Marxista Internacional) ha hablado con Leonid Shaidurov: un joven activista de 17 años que ha desempeñado un papel destacado en Rusia en el movimiento de huelgas escolares por el clima. Ha ayudado a organizar a los estudiantes en las escuelas y es miembro tanto del consejo de coordinación de Fridays for Future a nivel internacional como del comité de organización en Rusia. Aceptó ser entrevistado para dar consejos a los estudiantes de las escuelas que desean construir el movimiento en torno al cambio climático

No es casual que las matemáticas sean una de las asignaturas más difíciles en la educación básica y esto no se debe sólo a la existencia de malos profesores. La mente humana es esencialmente concreta y poco acostumbrada a trabajar con abstracciones tan desarrolladas como las que implica el pensamiento matemático. De hecho, así como los niños suelen sufrir con esta materia, la humanidad tuvo que pasar por un largo proceso de comparación cuantitativa antes de que depurara el concepto de número y operara con él como un objeto abstracto.

La cultura de un país no se define sólo por monumentos de piedra ni por figuras consagradas por la academia. La cultura popular, y en el siglo XX la cultura de masas, nos dice a veces mucho más sobre la idiosincrasia y los avatares históricos de una nación. Los años 60 y 70 fueron una época revolucionaria en todo el mundo, y también en Cataluña; y al mismo tiempo fueron la época en la que la cultura de masas, cristalizada en el rock, alcanzó su más alto grado de desarrollo y de calidad artística.

Entre los pasados días del 2 al 15 de diciembre de 2019 se celebró en Madrid la 25ª Conferencia de las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 25), tras la renuncia del gobierno de Chile a su realización en Santiago debido a las importantes movilizaciones contra la agenda neoliberal. La cumbre, más allá de ser un nuevo encuentro entre parte de las élites del capitalismo mundial bajo patrocinio de las grandes corporaciones, y del protagonismo que ha tenido en gran parte la activista sueca Greta Thunberg, no se ha saldado con compromisos reseñables, como viene siendo habitual en dichos encuentros.

Una sociedad socialista, liberada del dominio del beneficio privado, podría avanzar rápidamente en contener y mitigar el cambio climático. Por supuesto, se necesita un período de transición hasta desarrollar una alternativa energética global a los combustibles fósiles y a la energía de fisión nuclear. Por un tiempo sería inevitable seguir utilizando estas energías para evitar un colapso de nuestras sociedades, pero desde el primer momento su uso se iría reduciendo progresivamente. Lo que sí podemos afirmar es que la transición hacia un sistema energético global no contaminante  avanzaría con rapidez. Ya en la sociedades actuales nos maravilla la enorme rapidez con que se extienden y homogeneizan a nivel mundial la técnica, los descubrimientos científicos, y los nuevos inventos y objetos de consumo, gracias al avance tecnológico, el desarrollo industrial, las telecomunicaciones y el transporte ¡Cuánto más sería posible avanzar en una economía planificada a nivel mundial, liberada de la propiedad privada, con la participación de toda la sociedad, y atendiendo solamente los intereses humanos y medioambientales!